REMASTERS

Publicado: 29-11-2010 en Sin categoría

Hace un par de meses me hice de los remasters de los Beatles, la versión estéreo. Se trata, para los que no se hayan enterado, de la discografía clásica de los Cuatro, pasada por el tamiz de la tecnología moderna. El resultado es impresionante, los viejos temas se oyen como grabados ayer por la tarde. Uno descubre frases instrumentales, detalles y hasta errorcitos que jamás supo que estaban allí.

Siempre fue difícil seguirle el paso a la tecnología. Cuando estudiaba en la Lenin, en los setenta, uno iba con una grabadorita mono, de periodista, a casa de un socio que vivía en Luyanó o La Lisa y que tenía el últimodompléin, o el cassetéfabrica, de Led Zeppelin, de Deep Purple, del que fuera. A veces era para grabar en serie, es decir, tres o cuatro grabadoras alimentándose de la primera, porque la operación transcurría en tiempo real y hacer varias copias podía tomar todo el día. Y lo curioso es que el resultado se oía bien. O eso creía uno, que no conocía nada mejor.

Cuando llegaron los CDs a Cuba, casi mediados los noventa, entonces el dilema era qué hacer con la retahíla de cassettes que habías acumulado durante una veintena de años de melómano militante. Cassettes que no siempre te agenciabas con métodos pulcros: más de uno se perdió en una fiesta y apareció en mi casa. Además, descubrías que toda la vida oíste el hiss y ni siquiera lo notabas, que era mucho más cómodo buscar la canción deseada con un mando y no según el expediente de correr trozos de cinta hasta caer más o menos donde querías, que los CDs no se enredaban ni perdían calidad de una copia a otra.

Y luego vino el Mp3, y cualquier cabrón se hace de la discografía entera de Rolling Stones en unos segundos, y con una calidad que en los setenta no podíamos soñar. Hombre, claro que me alegra que exista el Mp3, pero hay que gruñir un poco, al menos, en recuerdo de los viejos tiempos.

Ahora todas las bandas decentes sacan sus viejos discos y DVDs remasterizados, y vuelta a empezar. Con los de los Beatles, al menos, vale la pena. Sólo que uno se pregunta a dónde llegará esto. No dudo que en diez años saquen otra camada de remasters, donde se oiga, no sólo lo que grababan los Beatles en el estudio de Abbey Road, sino los carros que pasaban por la calle o una vecina pariendo media cuadra más allá. Y un par de generaciones de remasters más tarde, si uno acerca bien el oído a sus primeros singles, escuchará mi llanto de recién nacido, a miles de kilómetros de Londres, en el gris Moscú de octubre del 62.

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