LAS INTERMITENCIAS DE LA CENSURA

Publicado: 24-12-2010 en Sin categoría

Hay países y momentos en que la censura debió ser perfecta. Dentro del bloque comunista, Corea del Norte y la RDA se llevarían las palmas. En Cuba, los grises años setenta fueron sin duda los peores.

La censura, ya lo he dicho antes, existe siempre y en todas partes. En las democracias occidentales la más visible es la censura por saturación: las primeras planas y los titulares de los informativos ofrecen puntos de vista supuestamente objetivos o al menos consensuados… que casi siempre coinciden con la visión de las agencias norteamericanas. Para buscar noticias o puntos de vista alternativos hay que ir a breves recuadros en las páginas interiores, a publicaciones independientes, a blogs. Cosas, en fin, para las que el ciudadano común no tiene tiempo, o prefiere pensar que no lo tiene: quizás busque más información sobre un punto concreto, pero acerca del grueso de las noticias aceptará lo que dicen los diarios de mayor tirada y los noticieros habituales, y lo digerirá como digiere la publicidad y los chismes de famosos. Y así vive con la ilusión de estar bien informado.

En Cuba la censura es tan informal como cualquier otra institución. Los censores de la RDA aquí se volverían locos. Un canal de televisión te censura un proyecto, y una semana después otro canal te lo acepta. El ICAIC decide desentenderse de determinada obra audiovisual, y tiempo después –a veces dentro del mismo año- se la debe comer con papas. Un funcionario te saca de un teatro acusándote de diversas infecciones ideológicas, y otro, dos cuadras más allá, te recibe. Te publican un libro que contiene textos sumamente iconoclastas, algunos de los cuales estabas dispuesto a sacrificar por el bien del conjunto… y no te piden quitar ni una coma. Si uno sobrevive el tiempo suficiente sin mandarlo todo al carajo, puede ser hasta divertido. Eso no significa que se vuelva entrañable: la censura es siempre un enemigo.

Puedo entender que existan temas tabúes. Usted puede ser nazi de fibra, o racista, o apostar por la anexión a Estados Unidos, y creo que tiene todo el derecho del mundo a pensar así… pero cualquier discurso público, sea o no artístico, que abogue por esas ideas, merece a mi juicio ser silenciado. Ahora bien, aparte de las antedichas, muy pocas cosas deberían resultar tabú. Y menos que nada los hermanos Castro y su doctrina. Es intolerable que a sus errores sólo puedan referirse ellos, años después, cuando ya mucha gente pagó por intentarlo.

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comentarios
  1. Gerardo Verdecia dice:

    He comentado varios de tus artículos porque aunque me parecen buenos ( incitan al debate) evidencian un desconocimiento significativo del funcionamiento real de las democracias que llamas occidentales. La complejidad que reclamas en los análisis sobre Cuba debes aplicarla también al tema de la democracia y la censura.

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