CUBANO 37,4 POR CIENTO

Publicado: 15-01-2011 en Sin categoría

Durante años nos han hecho creer que los únicos cubanos puros somos los que no emigramos. Los que bailamos en las calles, somos dicharacheros y prestos al choteo, devotos a la pelota y a los chicharrones de puerco. Los que estamos convencidos de que no hay cielo tan azul como mi cielo.

 Todo eso es mentira. Yo mismo soy un cubano bastante raro. Para empezar, nací en Moscú, en 1962, cuando mi padre fue allá a estudiar Economía Política del Socialismo. Como estaba recién casado, se fue con la vieja, y voilá. Así que técnicamente Cuba no es mi suelo patrio, aunque ellos me inscribieron enseguida en el consulado cubano. Dos semanas después vino la Crisis de Octubre.

 No sé bailar. Durante varias décadas, sucesivas voluntarias han intentado enseñarme los rudimentos del baile, y todas fracasaron y se dieron por vencidas y se resignaron a bailar con otros en las fiestas. No es modestia, no se trata de que baile más o menos, de que tire mi pasillo. No sé bailar nada, como si llevara caderas de platino.

 No me gusta el deporte. De hecho, ni siquiera entiendo la emoción deportiva. No sé qué tienen que ver conmigo los azarosos corre-corres de un puñado de tipos sudorosos en un estadio, y porqué debo adorar a unos y odiar a otros. No sabré nunca por qué un gordo de San Miguel del Padrón que gana una miseria, nunca ha salido de Cuba y siempre habla mal del gobierno, salta y chilla cuando el equipo nacional de lo-que-sea obtiene una victoria, por qué grita “¡Ganamos!” Bueno, estoy consciente de que el problema es mío: tantas moscas no pueden estar equivocadas.

 Me gusta el rock, y muy poco la salsa. Esto último se entiende por sí solo, habida cuenta de las confesiones anteriores. Generacionalmente soy de aquellos que abrazaron el rock como una bandera de rebeldía, allá en la Vocacional Lenin en los 70, y luego seguimos abrazados a él porque le habla directamente a mi alma. Me gusta la trova -tradicional, nueva o novísima- el jazz y algunos salseros, pero ya muy cerca de los cincuenta sigo militando en el partido rockero.

 No soy exactamente un tipo divertido y dicharachero. Tengo mis días, pero también puedo resultar un sangrón insufrible… y lo que es peor, hasta un pesado. Ya está, ya lo dije. Y sin embargo, soy cubano. Cubanísimo, cubano con cojones. Como todos los emigrados, como los que bailan, los que se apasionan en el Latino, los mulatos y los negros, los comunistas y los que forman peñas de tango. Los clichés, vengan de aquí o de allá, son para los turistas y los políticos, esa gente rara. Un país unido es una utopía; un país homogéneo es una locura peligrosa.

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comentarios
  1. Bla,Bla, Bla dice:

    Como fue que el % te dio 37.4?
    Por desgracia soy matematico.

  2. Gerardo Verdecia dice:

    Los cubanos que viven fuera de Cuba cuando visitan el país son tratados como extrajeros. Es común que le digan ¡habrás nacido aquí pero vives fuera así que ya no eres cubano! Yo pienso que ocurre gracias a la ideología que el régimen ha inoculado a la gente durante años: una suerte de racismo nacionalista según el cual se deja de ser cubano cuando te vas de Cuba. Es lamentable.

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