PROYECTOS DE VIDA (primera parte)

Publicado: 09-02-2011 en Sin categoría

 Todos deberíamos tener un proyecto de vida, un corpus razonado de planes y sueños: adónde queremos llegar, cómo entendemos la felicidad, qué necesidades materiales y espirituales asociamos con ella. Durante muchísimos años ha sido muy difícil tener –y mantener- un proyecto de desarrollo personal que no desemboque una y otra vez enel mismo punto de partida: la emigración al menor plazo posible.

 A partir de la promulgación de la Ley General de la Vivienda, a comienzos de los ochenta, la mayoría de los ciudadanos es propietario de su casa. Esto suena bien, y enmendaba muchas injusticias históricas, pero sonaría mejor si se tratara de una propiedad real, esto es, que reconozca el derecho del propietario a hacer con ella lo que le venga en gana. Como señala Mario Coyula, en la práctica la ley nos dejó a todos quietos en base, más fácilmente controlables, y con muchas menos posibilidades de hacer algo para mejorar nuestro futuro. En el mundo moderno, la gente vive alquilada durante buena parte de su vida, y cambia de un sitio a otro cada vez que algún cambio en las condiciones personales lo aconseje y permita.No es, por supuesto, un sistema exento de trampas y turbiedades, pero, otra vez, que los otros sean malos no nos hace mejores a nosotros.Aquí, estás condenado a no moverte del sitio aunque la familia se hinche, se estire y ramifique, aunque tengas que convivir con tus padres, tus hijos y tus nietos, y las sucesivas parejas de cada uno. Para salirte de ahí sólo podías, en un tiempo, meterte en una Microbrigada y construir tu propia casa… solución impracticable para la mayoría de los profesionales: no puedes apartarte siete u ocho años de tu carrera y después pretender retomarla donde la dejaste. (Aún así, muchos tuvieron que asumirla). La otra solución es la permuta. Claro, tiene que salirte bien la primera vez, en caso contrario tendrás cada vez menos que ofrecer… o poner dinero por encima, lo que ya se sale del increíblemente exiguo terreno de lo legal.

 La permuta me parece un mecanismo positivo, pero sólo si es un mecanismo más de movilidad social, y no el único factible. Resulta un contrasentido absoluto ser dueño de tu vivienda y no poder venderla, o perder el derecho a recolocarla si decides emigrar. O que ahorrar dinero para comprarse una casa dentro de unos años sea un delito. Es humillante, por otro lado, que algunos de los pocos –en términos relativos- apartamentos o cuartos en alquiler tengan un rótulo advirtiendo que se rentanSólo a extranjeros. Incluso cuando algunos de mis conocidos viven alquilados, siempre lo asumen como un breve interregno, no como una forma legítima de habitar la ciudad. Y como no existe una legislación al respecto, que proteja tanto al propietario como al inquilino, el primero puede expulsarte a la semana aunque antes acordaran tres meses.

 Incluso la frase “vivo solo” tiene significados distintos en este y otros países. Afuera, significa eso literalmente; aquí, a menudo quiere decir que vives sin tus padres, pero con un hijo, o con tu pareja, o incluso con una tía empotrada en un sillón.

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