YESTERDAY… AND TODAY

Publicado: 08-08-2011 en Sin categoría

Queda dicho que, del ámbito audiovisual foráneo, serían Les Luthiers, Monty Python, Tricicle y Woody Allen las mayores influencias en el movimiento humorístico que, surgiendo ante todo de las universidades y (a partir de cierto momento) apoyado por Virulo y el Conjunto Nacional de Espectáculos, se desarrolló en Cuba en los años 80 y 90. Desde la literatura nos influirían, entre otros, el propio Allen, Roberto Fontanarrosa, Jardiel Poncela y Mrozek.

De Cuba, estaba en primer lugar la tradición del teatro vernáculo que, si bien muchos grupos pretendían negar (en el sentido dialéctico, esto es, superar, no limitarse a una continuidad acrítica) debían conocer al menos en la superficie; luego, el quehacer del propio Virulo con el CNE, y dos escritores fundamentales: Marcos Behmaras y Héctor Zumbado.

De Behmaras leímos textos agudos e imaginativos, en especial los compilados en el volumen Salaciones del Reader´s Indigest, y conocíamos historietas con guión suyo; la colega Laidi Fernández me recuerda que fue, además, el primer guionista de Detrás de la Fachada. Sin embargo, la circunstancia de estar muerto lo hacía difícilmente accesible al contacto directo; Zumbado, en cambio, era un tipo a quien cualquiera podía abordar, y del que pronto Jorge Fernández Era, Enrisco y yo, en particular, nos hicimos amigos y nos convertimos en discípulos. Sus libros LimonadaRiflexionesAmor a primer añejoEl american wayProsas en ajiaco revelan desde los títulos  no sólo un gusto incisivo por los placeres que generan bebidas y licores, sino, y sobre todo, una vocación satírica que obró en nosotros magisterio.

La Seña del Humor (de Matanzas), la Leña (de Santa Clara), NOS-Y-OTROS, Salamanca, Onondivepa, Humoris Causa, los Hepáticos, Lengua Viva (de La Habana)… La eclosión de humoristas universitarios en los ochenta y comienzos de los noventa fue irrepetible. El hecho de que se actuaba por amor al arte y no por dinero –durante muchos años ni siquiera nos pagaban, y luego, con la creación del Centro Promotor del Humor a comienzos de los noventa, nos pagaban una mierda- no sólo habla de nuestro idealismo: implicaba además que se llevaba a escena lo más ingenioso, lo que uno quería y no lo que consume el público del cabaret. Creo que sería demostrable que se modeló un público específico, que entendía los códigos y buscaba a sus ídolos, en un fenómeno no muy alejado de la manera en que funcionan la trova o el rock. La crisis económica echó todo por tierra, muchos grupos se disolvieron, otros abarataron su repertorio para que encajase en centros nocturnos y gustara a mikis, buscones de ambos sexos y extranjeros idiotas.

Hoy en día el festival Aquelarre –que surgió y tuvo nombre a partir de una idea de Orlando Cruzata, artífice además del universo Lucas- permite de alguna manera que surjan y sobrevivan grupos nuevos. Lo mejor para mí del panorama actual –si bien confieso que en los últimos años no he podido seguir el quehacer humorístico con la tenacidad que mostraba antes- además de algunos sobrevivientes de la vieja guardia, son Komotú de Guantánamo, Caricare de Holguín y el habanero Jorge Bacallao. Caricare es una pareja asombrosamente histriónica, influidos también por Cantinflas y Chaplin. Bacallao es autor de un inolvidable Andar la Habana que hizo mucho ruido hace cuatro o cinco años, y de algunos cuentos tan cásicos como inéditos. Todos ellos estudiaron y aprovecharon no sólo a los artistas que influyeron en mi generación, sino que también nos estudiaron a nosotros.

Como es de rigor, tengo que decir que, en conjunto, mis tiempos eran mejores, y eso sí era humor. Una paradoja donde las haya: es injusto e inexacto, pero es verdad.

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comentarios
  1. El humor es un magnífico antídoto contra la intolerancia, porque no hay nada mas fácil de ridiculizar que las posiciones rígidas e inflexibles. Por eso la labor de los humoristas cubanos es tan importante para construir una Cuba del futuro donde quepan cubanos de todos los puntos de vista.

  2. Humberto Miguel dice:

    AMEN. Y lo mismo quizá para la música, el cine y la literatura en general, en fin… el bar.

  3. Say dice:

    Es cierto que a finales de los 80 y principios de los 90 se dio lo mejor del humor en Cuba. Creo que es la época que más he reído en mi vida! Claro, no tenía muchas obligaciones y eso me permitió divertirme aún con los rigores del “período especial”. Sería bueno, si pudieras, que escribieras más sobre los actuales artistas y grupos humorísticos cubanos para hacernos una idea de lo que existe y su calidad.

  4. Ruben dice:

    Si, fue una epoca dorada para el humor en Cuba. Pero te anoto antecedentes que no mencionaste. Mucha influencia en ganar publico para el teatro tuvo presentaciones como aquella “Esto no tiene nombre” y demas del mismo grupo de teatro de cuyo nombre exacto no me acuerdo.

    Del humor mas serio y sarcastico llegaron influencias de Erdwin Fernandez.

    De lo burlesco y vernaculo llego mucho a traves de aquel “San Nicolas del Peladero”.

    No ando en animos de polemica, pero hubo epocas anteriores con muy buen humor tambien, aun cuando rei mucho con aquel “movimiento universitario” del humor y muy buen teatro humoristico que dio la pauta para esa epoca dorada.

    Nota aparte. Me recorde ahora de cierto dia en que regresaba del trabajo a la casa en la inolvidable ruta 68 y me leyendo a Jardiel Poncela me reia solo. Cuando me percate que los demas me miraban extrañados, repare en la jodedera del autor … el libro se llamaba “Lectura para analfabetos”.

  5. Ruben dice:

    Ufff … me acorde … el grupo al que me referia era el del Teatro Musical de la Habana dirigido por Hector Quintero, quien hizo un music hall a lo cubano y de quien queda el recuerdo de un hombre afeminado, culto, bien vestido … que vivia por dentro lo cubano como el que mas. Una vez dijo: “Prefiero hablar de la Loma del Burro que de los Campos Elíseos”. Y asi era.

  6. liza dice:

    Gracias por los posts sobre el humor que has venido publicando.Realmente para gente joven como yo(25) es dificil trazar el hilo de la historia del humor en Cuba,junto a sus desvarios y momentos de luz.Es un tema muy interesante y que tambien, conlleva a darse cuenta de muchas otras cosas que era dificl explicarse o de las que uno solo tenia vagas referencias.

  7. Ray dice:

    Eduardo

    Paradojicamente tengo que decir que estoy de acuerdo que en general tus tiempos fueron mejores, pero también que en el Today, Alexis Valdes, Ulises Toirac y el Guajiro de Manacas están entre los mejores comparándolos con los de aquel yesterday del que hablas.

    • Ulises Toirac es un sobreviviente de Onondivepa, un grupo de entonces. Me encanta Alexis Valdés. Y no me gusta el Guajiro de Manacas: incluso dentro del humor costumbrista me parece demasiado farsesco y chabacano.
      E.

  8. joeBiela dice:

    Me parece apropiado compartir este post publicado por el guionista español Guillermo Zapata en el magnífico blog “Bloguionistas” sobre la escritura de comedia:

    Afronto desde hace semanas la escritura de una comedia. La afronto, porque de alguna manera tengo que llamar a eso que hago de abrir el Celtx, releer lo escrito y huir a escribir algo dramático y llorón. A raíz de mi cobarde y patética actitud he empezado a darle vueltas a ese tópico (cierto) de que escribir comedia es lo más difícil del mundo.
    Vamos a dejar de lado las consideraciones socio-históricas y los contextos culturales (que por otro lado, tanta importancia tienen para escribir una comedia) y vayamos a la mera técnica. A enfrentarse al trabajo concreto. ¿Por qué es más difícil escribir comedia que escribir drama?
    Lo primero que se me ocurre es que la comedia, como casi todo lo que tiene que ver con el goce, no está tan estudiado como el drama. Digamos que el drama se considera “lo normal”, así que los manuales de guión hablan de como hacer eso que es normal y luego, una subsección de ellos, habla de las comedias. O sea, que hay menos escrito, menos talleres (aunque ahora va habiendo más) De entre lo escrito, mi favorito es y será siempre el maestro Vorhaus y su nunca-suficientemente-bien-valorada-teoría de “Dolor Verdad”.

    El segundo motivo es que, al estar menos teorizada que el drama, se ha entendido que es algo natural, que no necesita preparación y que, si tienes suerte y talento, “sale sola”.
    Creo que ésto se debe a que confundimos “ser ingenioso” con “hacer reír”. Me explico, el ingenio es una cualidad que tienen algunas personas y que se desarrolla en contextos sociales. Los grandes bromistas, insultadores y bocazas lo son en relación al resto. Esto muy poco (o nada) tiene que ver con sentarte a solas delante de un teclado o un cuaderno y escribir algo que, a posteriori, tendrá gracia.
    De hecho, mucha gente es capaz de ser ingeniosa “en diferido” (O sea, escribir personajes ingeniosos) y eso no quiere decir que sean grandes comediantes. Aaron Sorkin escribe diálogos llenos de ingenio y no por eso es capaz de hacerte reír (Si hay alguien que se haya reído viendo El Ala Oeste de la Casa Blanca o Studio 60- especialmente Studio 60, que debería hacer reír- que levante la mano)
    La clave es, creo, que el ingenio suele aplicarse a los diálogos. Y los diálogos no son la comedia. Puede que haya grandes comedias que apoyan parte de su humor en los diálogos, pero no es lo fundamental.
    Lo que sí es necesario es la violencia. Sin violencia (Sin dolor, que diría Vorhaus) No hay comedia. La violencia viene de la situación, de la estructura. Escribir comedia es construir situaciones de comedia. Personajes de comedia también, si. Pero sobre todo, situaciones de comedia. ¿Y que es una situación de comedia?
    Se me ocurre que una buena definición podría ser: “Una situación de comedia es una situación dramática intervenida, variada”. Esas situaciones se dan en la vida real (pocas veces) o se pueden inventar (la mayoría)
    Mi “situación de comedia real” favorita me sucedió hace años. Fuí a casa de mi ex-novia al poco de terminar nuestra relación para coger algo de ropa. Llegué y ella estaba en el salón. La conversación que tuvimos fue fría y dolorosa. Yo quería salir de allí cuanto antes así que fui a por una bolsa de plástico a la cocina (En mis nervios generalizados no había cogido nada para llevarme la ropa) y agarré la primera bolsa que encontré. Empecé a meter ropa en ella y descubrí que era una bolsa de CDs de la Fnac. Una bolsa enana, en la que apenas cabían un par de calzoncillos y unos calcetines. Avergonzado, preferí escabullirme que afrontar la petición de una segunda bolsa.  Dije adiós y me fuí a la calle. Sentado en un banco, con mis calzoncillos rebosando la bolsa y echo polvo por lo sucedido tuve tiempo de pensar “Yo aquí sentado con los calcetines en esta puta bolsa es algo que tiene bastante gracia”.
    Si cogemos esta situación y le quitamos los elementos cómicos (o hipotéticamente cómicos) se vuelve una situación dramática. Lo que define su comicidad son los elementos que la “varían” de una situación dramática normal.
    Si esta historia no fuera completamente real yo habría tenido que inventarla (o algo diferente que tuviera gracia) colocándole a la situación dramática los elementos necesarios para que tuviera gracia.
    Es decir, que el drama es contar las cosas tal y como las vemos y la comedia es intervenir en esas cosas hasta conseguir un efecto.
    El drama aparece (y probablemente sea) algo mucho más sencillo de escribir porque se trata de contar algo tal cúal es. En la comedia no funciona así (Como probablemente no suceda así en el terror y, en general, en cualquier género que implique una intervención en una situación para conseguir un efecto concreto. En la comedia eres consciente de que estás haciendo una especie de trampas buscando que suceda algo. Creo que ese efecto de artificialidad es lo que le da su complicación. Porque cuando la comedia aparece en la pantalla no puede aparecer como artificial, tiene que ser tan normal como todo lo demás, pero encima hacer gracia.
    Evidentemente, se puede hacer drama artificial, pero simplemente es un drama malo. Y se puede hacer comedia artificial, eso es una mala comedia. Pero yo no hablo de los resultados. Hablo del proceso.
    Y en el proceso, sentado uno solo pensando en “hacer gracia”, esos trucos para hacer reír suenan más sucios, más falsos y más grotescos, que cualquier situación autocomplaciente, sobada y llorica de cualquier drama.
    (Publicado originalmente en Bloguionistas el 21 de enero de 2011)

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