LOS FAMOSOS

Publicado: 07-05-2012 en Sin categoría

Celebrity es una película de Woody Allen donde se analizan el peso y las consecuencias de la fama, lo que la gente está dispuesta a hacer para conseguirla y de qué injusta manera suele repartirse. No se trata de una de sus obras más conocidas, pero como casi todas las suyas (excepción hecha de esa incomprensiblemente frívola Vicky Cristina Barcelona) está llena de pequeñas fábulas, a menudo geniales, que ilustran la saga del Perdedor que llevamos dentro.

 Claro que hay un buen número de famosos con sobrados méritos para serlo: un gran deportista, un actor extraordinario, un virtuoso del violín o la guitarra. Ahora bien, la televisión fabrica famosos por simple contacto, y un presentador o un tipo que sale una vez en un programa de participación se convierten en personalidades. La celebridad se contagia a quien se aparea con una famosa o a la hija de un millonario –aunque uno y la otra tengan el coeficiente intelectual de un trozo de molibdeno- como se contagian la risa y los herpes. La belleza importa más que el talento, y menos que la oportunidad. Las famas duraderas necesitan ser alimentadas, siquiera con chismes, en tanto las glorias recién llegadas son a menudo concebidas como amenazas para los establecidos, como el “nuevo Fulano”, aunque Fulano aún esté vivo y actuante. Internet y sus redes pueden hacer noticia instantánea -y también fugaz- absolutamente cualquier cosa, lo que difumina rangos y jerarquías.

 Abundan las celebridades con campaña propia: este es protector de los animales, aquél dice que es feo ensuciar el planeta, el otro va un ratico a ver a los refugiados y tal vez adopte uno con la talla y el peso apropiados. Los embajadores de buena voluntad son generalmente figuras del espectáculo; es interesante, y describe muy bien el estado actual de la cultura occidental, el hecho de que la gente prefiera ver a una cantante pop defendiendo a los niños africanos o a un actor menos talentoso que guapo exigiendo la independencia del Tibet, pues si ven a un político, a un líder de esas mismas comunidades africanas o tibetanas pronunciando un discurso en defensa de su causa, lo más probable es que busquen otro canal donde pasen algo más entretenido.

 Debajo de estos circuitos universales de la fama, existen otros que podríamos llamar gremiales, la clase obrera de la gloria: escritores y pintores, de quienes la gente conoce mejor la obra que el aspecto; médicos, carpinteros, actores de teatro, todos ellos con devotos y seguidores. Para ser un físico reconocible hay que ser Stephen Hawking.

 En Cuba, como en todas partes, hay famosos que disfrutan haciendo gala de sus recursos, su virtud, su parentesco. También hay gente célebre viviendo en duras condiciones, porque aquí el éxito ni significa, digamos, un traslado automático de Centro Habana a Miramar. Un gran actor amigo mío vive hace años con su familia en una casa de visitas de Cultura, y un escritor de fama internacional abandonaba hacía poco un encuentro de Criterios porque tenía que ir a resolver unas tejas de fibrocén. Librándonos del star system, de las revistas del corazón y la publicidad, negamos el endiosamiento y cierta clase de telebasura, pero también (selectivamente)  los beneficios que trae el éxito a las celebridades en el resto del mundo. De ahí que una buena parte se largue a la primera oportunidad.

 Hace unos días, durante el Festival de Cine Francés, conocí a Radu Mihaileanu, uno de mis ídolos del cine contemporáneo, el autor de El tren de la vida, El concierto, La fuente de las mujeres. Tengo para mí que, si sale a la calle junto a cualquier estrella de reggaetón, la gente no le pedirá autógrafos a él. Y no sólo en La Habana: lo mismo le ocurriría si pasea, pongamos por caso, en París junto a Ídem Hilton.

 Los famosos nos hacen sentir derrotados, feos y opacos, pero chillamos al verlos y les pedimos autógrafos. A menudo se trata de gente de pocas luces y mala leche, y sin embargo son el modelo, la cara visible de la humanidad. No es su culpa. Somos nosotros. Habrá que esperar un estallido social que clame por la repartición igualitaria de la fama.

 

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comentarios
  1. Sofia dice:

    He visto “la verdad sobre el g2”. Bueno, bueno, buenísima inyección en esta mañana de martes. Felicidades.

  2. 8 mayo 2012 dice:

    […] LOS FAMOSOS […]

  3. Gonzalo dice:

    Eduardo, muy buena esa verdad sobre el G-2, me sobro Pedrito el Van van pero el director eres tu, de cualquier manera muy buena verdad…… ¿Por el momento?.
    Hoy vi uno de los mejores fucking filmes que he visto en mi vida, me llego tarde, como nos llega todo en este país, es del 2003 dirigido magistralmente por Tim Burton, se llama Big Fish, si no la has visto búscala.
    Un abrazo

  4. LIborio Mendigutía dice:

    En honor a la verdad, usted, estimado Del Llano, no tiene de que precuparse. A lo mejor no es muy famoso,pero no es menos cierto que disfruta de cierta aura… algo así como un cineasta no muy famoso, pero sí de culto.
    Oiga, “La verdad sobre el G-2” está muy buena, ¿sabe? No deje que le digan lo contrario. Le felicito.

  5. Augusto Juarrero dice:

    En marzo pasado tuve la oportunidad de ver “la verdad sobre G-2” en casa de Eduardo y de veras que la encontre genial. Desde mi parecer, una de sus mejores producciones.

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