EN PROVINCIA

Publicado: 14-05-2012 en Sin categoría

 En provincia todo es más difícil.

 En el ámbito cultural la censura es más obvia, más conservadoras las mentalidades, feudal el control. Es frecuente que mis amigos del interior me cuenten de la defenestración de un escritor por decir algo en la radio, o del retiro de un festival de cine de alguna película que en La Habana fue exhibida con razonable normalidad -al menos en el contexto de la Muestra de Cine Joven-, o bien refieran que alguien perdió el trabajo por autorizar espacios o publicaciones que según sus jefes no debió jamás permitir. La intolerancia y la prepotencia de un funcionario (del gobierno, del Partido) cuando no la simple ignorancia, pueden dar lugar, y dan a menudo, a errores y persecuciones que parecerían cosa del pasado.

 Cuando militaba en NOS-Y-OTROS, allá por los 90, los grupos de provincia con quienes compartíamos escenario acá en La Habana se quedaban pasmados ante las cosas que hacíamos y decíamos frente al público. Por menos que eso explotó fulanito, susurraban. Es verdad que en contadas ocasiones y ciudades específicas ocurría lo contrario, y la provincia tomaba la vanguardia: el Mejunje de Santa Clara era una Meca gay cuando todavía en la capital un sitio así, y además estatal, era impensable. Después del angustioso estreno de Alicia en el pueblo de Maravillas, ningún teatro de La Habana quería saber nada de NOS-Y-OTROS, y estuvimos ociosos durante varios meses hasta que nos invitaron… a Las Tunas. (Por cierto, nos encantaba viajar al interior entre otras razones porque allá era más fácil conseguir comida: el Período Especial era un poco más leve en materia gastronómica).

 Los creadores de provincia se aferran a su arte con mucha más energía y bastante menos esperanza que los habaneros. Aunque no es imposible y hay ejemplos de que se puede llegar a la fama nacional e internacional desde allá, sigue siendo mucho más difícil que triunfar desde La Habana, en particular si el artista se empeña en seguir viviendo en su patria chica. En cambio, a menudo consigue una celebridad local que resulta desconocida para los capitalinos.

 Pero no sólo de artistas se compone la sociedad, aunque el arte salve. En un país donde moverse de una provincia a otra generalmente constituye una odisea, la imagen del mundo que tiene el cubano del interior es diminuta y emborronada como una carta de amor culpable. La falta de perspectivas y la ferocidad de los trámites hacen del nativo un molusco que se aferra resignado a su roca, acaban convirtiendo el parque del pueblo o la discoteca en los únicos sitios de esparcimiento, y el alcohol en el placer universal, pues sólo él resulta accesible e inagotable.

 Claro que hay ciudades hermosas como Cienfuegos, Camagüey, Holguín, Santiago y Santa Clara, con atmósferas propias, luminosas y limpias, de huesos nobles y gente interesante, que por comparación hacen parecer provincianos a muchos habaneros; ciudades cabecera que, por demás, ofrecen otras opciones para no morirse de aburrimiento (eventos internacionales, teatros que funcionan, museos que valen la pena, bulevares, cines, turistas) pero en los pueblos de la Cuba profunda se vive al sol como los lagartos. Quien haya visitado Gibara, por ejemplo, antes y después de convertirse en sede de los Festivales de Cine Pobre comprenderá de lo que hablo. (Ciudad que, por cierto, tenía más periódicos en circulación y mucha más vida a comienzos del siglo XX que en el XXI).

 Cuando se regresa a La Habana, con un trozo de queso o unas cebollas o una ristra de ajos comprados en la autopista, uno experimenta una especie de alivio, el que se siente al penetrar en terreno seguro. Luego uno llega a casa y en dos minutos empieza a cagarse en esta puta ciudad.

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comentarios
  1. […] del Llano, sobre la vida en provincias. Publicado enEn Cuba, 0 respuestas […]

  2. sepia dice:

    Ja.! Cambiando las cosas, lo que acabas de describir es la misma sensacion que tengo al regresar a casa despues de una visita a cuba, a ver la familia: “que reprimidos, que abusados, que increible que el mismo comunismo de hace 20 anos (cdo me fui, a comienzos del periodo especial) siga en pie y..sobre todo…que alivio regresar!

  3. Segundo dice:

    Muy bueno Eduardo.
    Me pregunto: ¿Si en el plano cultural es así como bien dices, que quedara para el resto de las esferas de la sociedad en esas poblaciones y provincias, donde el 1er secretario del PCC es un cacique de marca mayor? ¿Como sera el sistema represivo que ya de por si en la capital es silenciosamente asfixiante?

  4. Gonzalo dice:

    En el caso del duo Buena Fe,vemos un rara excepción de poder venir a la capital, quedarse y pasarla bien, pero ¿Cuantos muy buenos y talentosos artistas están en provincias y ni se conocen. Ellos, por ellos mismos no pueden hacer nada, dependen de una institución oficial de la cultura que los quiera “salvar” y eso que casi nunca ocurre les hace perder la vida en su pueblo o en su provincia.
    ¿53 años para nada?..como dijo Santiaguito Feliu -Quisimos pintarlo todo de un solo color y después nos dimos cuenta de que NO-.

  5. Carlos Cabrera Perez dice:

    Hola, Eduardo, imaginemos un absurdo (uno más entre tantos) que La Habana, ese pedacito que ha dejado la nueva división administrativa, comenzara a hundirse, arrastrando consigo los bordes fronterizos de Mayabeque y Artemisa; pero que siguiera funcionando como hasta ahora. Intuyo a los Consejos de Defensa repartiendo caretas y esnórqueles por Carné de Identidad y Tarjeta del Menor y los fronterizos (me refiero a los que vivan al borde del hundimiento) alquilando sus equipos nuevos a los de Mayabeque y Artemisa para que entren un rato a La Habana sumergida, hagan sus compras y/o chanchullos y luego emerjan a la superficie de su tierra cotidiana; ya sé que habría que instalar grandes ventiladores o alquilar toallas de playas para que se secaran al salir; pero fue lo que me sugirió tu texto.
    Gracias por la provocación y un saludo

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