TOPOGRAFÍA DE LA MEMORIA

Publicado: 03-07-2012 en Sin categoría

 Hace unos días pasé frente a la casa de mi infancia. Nací en Moscú, ya lo he dicho, pero no es, claro está, a mi remoto hogar moscovita al que me refiero; recién llegados a La Habana, mis padres y yo vivimos en un par de sitios más, transitorios, de poca importancia, hasta que nos mudamos a esa casa, la de mi infancia, la primera que recuerdo, por la avenida del Bosque, en el Nuevo Vedado. Ya se sabe lo que ocurre con el hogar de tus primeros años: en tu memoria es siempre más grande. Ahora vive allí otra familia -me fijé que en el portal funcionaba una cafetería o restaurante privado- y el edificio es ciertamente amplio, pero no la especie de palacio interminable que se le antojaba a mis ojos de chiquillo.

 Tenía tiempo esa tarde, así que continué hasta la que fuera mi primera escuela, Mártires del Segundo Frente, a unas cuadras de allí. Reconocí aulas y rincones, pero hay pisos de cemento donde no deberían estar, ángulos equivocados. Con anécdotas tan claras en el recuerdo que casi podía tocar con los dedos, desesperé al descubrir que la topografía de los espacios ha variado: no mucho, lo justo para hacerte dudar.

 Seguí caminando hasta mi siguiente escuela primaria, Hubert de Blanck; allí hice de segundo a sexto. Más o menos lo mismo, el edificio es reconocible en líneas generales, algunos detalles no. Terminé el periplo frente a la casa en que viví de 1969 a 2004, esto es, durante tres décadas y media, en veinticuatro y San Antonio, todavía en el Nuevo Vedado. En el 2004 me mudé adonde vivo hoy.

 Cuento todo esto porque tuve de pronto la incómoda revelación de que he vivido toda mi vida en un área de mil quinientos metros de diámetro. No tiene nada que ver con cuánto haya viajado uno: el hecho es que la base a la que uno corría en busca de seguridad en los juegos infantiles, es poco más que un punto en el espacio… y, lo que es peor, también en el tiempo. Agridulce, como el olor de la coronilla de un bebé, es reencontrarse con esos viejos espacios que ya no son exactamente los que habitamos; no quedó nada nuestro en ellos, pero fotografiamos un instante de su vida, y esa imagen se irá con nosotros. Las fotografías reales, por entonces todavía un lujo reservado a cumpleaños, no son personales como el recuerdo, que magnifica unos detalles y nubla otros, incorpora sonidos, olores, movimiento… La fugacidad de aquello que pervive en nuestra memoria es tan obvia que sólo nos muerde en momentos así, de reencuentro, y entonces hiere bien, hiere profundo. Se siente como si una señora de la limpieza particularmente eficiente marchara dos pasos detrás de nosotros, limpiando deprisa las manchas que vamos dejando en la pared.

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comentarios
  1. El Pesicoloco dice:

    Eduardo:

    En este post parece que te invade la “morriña” de los años vividos y que quedaron atrás. Tengo la impresión que esa “enfermedad” ha comenzado temprano en ti, porque sus síntomas generalmente comienzan alrededor de los 60 años y después van creciendo exponencialmente hasta llegar el momento en que, mentalmente, casi no se sale de ese estado. ! Cuídate que te perdemos!

  2. Omar dice:

    Y por que escogiste usar el tiempo que tenias en hacer ese periplo?

    Omar

  3. Liborio Mendigutía dice:

    Ah, Eduardo el Memorioso!
    ¿Te han diagnositcado cáncer o alzheimer que te has puesto a escribir tus memorias?
    Je je je je.
    Oye, no vayas a olvidarte de contar… bueno, je je, de contar otras… otras cositas, vaya… ya me entiendes… de las que te guardas, calladito, haciéndote el chivito con tontera…
    No quiero ponerme críptico, no sea que Charlitos vuelva a insultarme. Qué tronco de imbécil. Deja ofenderlo primero, porque el que da primero da dos vences: ¡Charlitos, imbécil!
    Je je je, ya puedo irme a dormir tranquilo.

  4. charlitos dice:

    ?Tus recuerdos tan agradables de la infancia serian igual de haber nacido en La Corea ,El Moo o Yerba de Guinea ?

    • Charlitos:
      ¿Ahora me vas a culpar por mi puñetero nacimiento? En realidad, mis recuerdos serían distintos de haber nacido en cualquier otra parte, o en el mismo sitio como otra persona. Si hubiera vivido de niño en los barrios marginales de Santiago de Chile, Río, Caracas o Bogotá, o en los campamentos de indigentes y gitanos en la Zanja Real de Madrid, tendría, desde luego, recuerdos muy distintos.
      E.

      • charlitos dice:

        Eduardo , naci despues que una gran guerra termino , por lo que soy un baby-boomer , y la razon de mi feliz niñez no solo radica en el lugar de nacimiento sino tambien en la epoca ,
        Tuve la suerte de venir a nacer en un pueblo de campo muy lejano de Miramar o el nuevo vedado , donde era mucho mas frecuente ver una vaca que un auto . Por tanto considero que la razon de esa felicidad no radica simplemente en el lugar donde fui a nacer sino en la libertad de que disfrue hasta 1959 . Ahi a los 15 años termino mi niñez y empezar a jugar cabeza para no ser miliciano , oir los discos de los beatles a escondidas y zafarle el cuerpo al servicio militar . Y que conste , mi padre no era un profesional , ni terrateniente , ni diplomatico , era un simple trabajador.

  5. Gonzalo dice:

    Eduardo, con el mayor respeto, ¿Vives en en limbo?, Herma eso le pasa ha todo el mundo y no es nada del otro mundo, vaya que es normal y ademas efimero o ¿Es que vas para poeta?

  6. Jesus del Mar dice:

    Anoranza de la Cuba Socialista, eso es como hecharle demenos a la jeva que te pega gonorrea.

  7. Jesus del Mar dice:

    Ah! Por poco se me olvida, lo mas lindo que tiene la Habana es el malecon, por que sabes que al norte esta lo que esta.

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