TRES PELÍCULAS, MI LIBRO

Publicado: 12-03-2013 en Sin categoría

 Siete días en La Habana es abominable.

 En la cuerda de precedentes que describían París y New York, el proyecto integró un puñado de directores notables, -incluyendo al serbio Kusturica, que aquí no dirige, sino que se interpreta a sí mismo- actores cubanos de primera fila, algunos en papeles muy pequeños, y actores no profesionales (desde músicos importantes a rostros desconocidos). Empero, la aproximación a la Habana de los cineastas convocados -gente como Julio Medem, Pablo Trapero, Elia Souleiman, Benicio del Toro, Juan Carlos Tabío- es la de una tarjeta postal cagada de moscas. Ofrecen una amalgama de estereotipos y falta de imaginación, o puro y simple desinterés, que intenta la simpatía y sólo consigue ser ofensiva. De los siete cuentos, cuatro se desarrollan en, o desde, el hotel. La imagen de la ciudad es entonces el campo de batalla, lo externo, lo hostil, un terreno incomprensible del cual sólo se está a salvo en el confort de la suite. En la mayoría de las historias los protagonistas son pobres, de los estratos más humildes de la sociedad. En todas se baila, se jinetea, se sobrevive, y casi todos son mulatos o negros. No es que esa Habana sea inventada, es que según la película no existe otra. Las historias de Souleiman y Tabío son de lo poco salvable en un piélago de actuaciones opacas, decisiones artísticas lamentables y oportunidades estropeadas.

 Argo, de Ben Affleck, es de ese grupito de películas sacralizadas por los Óscares que se supone conocerán la eternidad, o por lo menos que la gente recordará el año que viene. La historia está ciertamente bien contada, con suspenso e inteligencia; el mejor hallazgo, la idea misma de una intimidante película de ciencia ficción al estilo de Star Wars que sirve de disfraz al grupo de diplomáticos fugitivos para escapar del fanatismo y la locura. Con todo, esperé más desarrollo de esa línea, más humor relacionado con la asunción de sus nuevos roles por esos falsos cineastas aterrorizados. Y nunca deja de sorprenderme la cosmovisión norteamericana: según admite la película en los primeros minutos, un gobernante que nacionalizó el petróleo fue sucedido por Reza Pahlevi, un dictador implantado por Estados Unidos e Inglaterra, que bañó de sangre al país. Sin embargo, dicho tirano, al ser derrocado por un levantamiento popular, se refugia en Estados Unidos, que -haciendo gala del mismo talante hipócrita con que apoyaron a Pinochet, o, años más tarde, el golpe de estado contra Chávez, el presidente democráticamente elegido en Venezuela (y cuya desaparición prematura lamentamos en estos días)- rehúsa extraditarlo pese a los insistentes pedidos del nuevo gobierno encabezado por el Ayatollah Komeini. Devolver al sanguinario dictador no es una opción ni siquiera cuando los iraníes encabronados toman rehenes norteamericanos: no, el estilo yuma es no confiar en otra justicia que la propia, penetrar en suelo extranjero y rescatar hollywoodescamente a los suyos… en el celuloide al menos, pues en la vida real los fugitivos salieron tranquilamente por el aeropuerto enseñando sus pasaportes, sin ser molestados.

 La tercera película que quiero comentar es noruega: Kon Tiki, de Joachim Ronning y Espen Sandberg. Me devolvió a uno de los héroes de mi infancia, Thor Heyerdahl, cuya Expedición de la Kon Tiki leí nueve veces seguidas. Sin estridencias, la película cuenta la fantástica historia de aquel grupito de nórdicos que en 1947 se lanzaron al mar en una balsa de troncos y fibra de totora para cubrir los ocho mil kilómetros de Perú a Tahití y de esa manera demostrar que los antiguos peruanos colonizaron la Polinesia. Y lo lograron. Es decir, llegaron vivos y sanos; la ironía es que la ciencia moderna considera que la cosa fue más bien al revés, esto es, que los navegantes polinesios fueron quienes alcanzaron las costas peruanas. En cualquier caso, Heyerdahl ciertamente probó que, para el hombre antiguo, el mar no era una barrera sino un medio de comunicación. Y volvió a probarlo cosa de treinta años más tarde, cuando con la Ra II navegó desde Egipto a las Bahamas para probar que los súbditos de los Faraones visitaron América antes que Colón. No, si aquí venía todo el mundo.

 Para terminar, transcribo una crítica de Luis Felipe Calvo a mi novela Cuarentena. Felipe es mi mejor amigo, así que probablemente se muestra más generoso de lo necesario.

 Dicen que “Ensayo sobre la lucidez”, la novela de Saramago (que no he leído, adelanto), “es una reflexión sobre el sistema democrático y las actitudes de los gobernantes ante una posible revolución pacífica proveniente de un pueblo cansado de la politiquería […]”. Me parece que “Cuarentena”, pero sin la gravedad de Saramago (a juzgar por el estilo del sí leído “Ensayo sobre la ceguera”) encaja bastante bien en esa descripción.

 Creo que la virtud mayor de “Cuarentena”, y a fin de cuentas de una parte de tu obra, es esa mirada aparentemente non docta sobre ciertos asuntos, que el humor con que se abordan parece trivializar en una primera y superficial lectura, pero que resulta bastante incisiva si se ahonda más allá de lo ingenioso del absurdo primario y del interés que despierta la historia delirante que (como Fantomas) se desencadena.

 Porque, digamos, por citar un solo ejemplo, ese punto del Programa del PSI que dice “todos los hombres nacen esclavos”, va más allá de la simple paráfrasis, acaso burlesca, ciertamente herética, del Artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, para expresar una verdad que pone de relieve las ataduras (llámese Patria, Cultura, Ideología, etc.) con que cualquier sociedad, cualquier régimen, nos sujeta aún antes de nacer y, en casos extremos, nos alienta a morir por ellas.

 Poco importa, además, saber si esta y otras heterodoxias provienen de la voz de un autor que se manifiesta en sus criaturas, o si pertenecen a unos personajes que ejercen el libre albedrío con que los dota la ficción; lo que importa es si nos reconocemos como escépticos desdeñosos, aquiescentes silenciosos, o convencidos a rajatabla de la contundencia de las mismas… O cualquier otra actitud posible, pues en “un mundo hecho por locos y controlados por cuerdos” (o viceversa), el Control ejercido por cuerdos o locos, y la adhesión o disensión que le manifestemos, será la medida de todas las cosas. Pues ya se sabe que el Control enloquece y que el Control Absoluto enloquece… descontroladamente

 En fin, bro, que te has sacado un diez en una escala de nueve, con una novela en el que la Partidocracia se revela como lo que es: el cáncer de la democracia, esa que, dijera Churchill, es el peor sistema de gobierno con excepción de todos los demás.

 Un abrazo

Luis Felipe

(11 de marzo, 2013)

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comentarios
  1. OsoMichuacano dice:

    Eduardo:
    Por razones obvias de distancia aun no he leído tu libro, pero por los comentarios que hace tu socio parece estar bueno -que para eso están los socios- pero me gustaría leer la critica por ejemplo del novelero de moda en Cuba, Padura y mejor aun, la de Randy Alonso si en verdad el tema es sobre Partidocracia como cáncer de la democracia. Saludos y suerte.

  2. Javier dice:

    Hola Eduardo , que bueno tenerte de vuelta, trata de ver una película almenada que se llama El Tunel , para que veas hasta que punto Argo es una película facilista, previsible, sosa, y olvidable. Por otro lado quisiera saber si alguna editorial extranjera va a publicar tu libro para poder comprarlo los que estamos fuera de Cuba, al menos en Latinoamerica. ¿Tal vez por Amazon?

  3. charlitos dice:

    Me interesa tu libro , pero vivo en miami , si sabes de alguna forma de poderlo adquirir aqui , nos lo haces saber. Gracias

  4. Diego Cruz dice:

    Cierto, Siete días en La Habana es una M***** con mayúsculas.
    Otra que decepciona bastante es Les Misèrables, donde se saltan momentos importantísimos para entender las tormentas psicológicas de Jean Valjan a la vez que realzan otros que no lo son y además tergiversan un poco las ideas de Vícto Hugo en cuanto a la revolución y sus personajes con una visión muy pesimista (pese a la escena final).Hasta la selección de actores creo que fue pésima porque ni Russell Crowe encaja con el perfil de Javert ni Hugh Jackman con el de Jean Valjean.
    Pero bueno a estas alturas ya debemos saber que los Hollywood y sus Oscars son otra M***** más.
    Felicidades muchas por Cuarentena, es sencillamente espectacular.

  5. mahe dice:

    Comentario sin acentos:
    Hola Eduardo, Llevas totalmente razon con la critica de la peli 7 dias. Es de lo peor que he visto. Si, es ofensiva. El baile, los yumas y la miseria, Voilà, todo lo que nos queda.. en fin.. (y) el mar. También me gustaria leer tu libro!. Y espero que no sea tan pesado a leer como el de Saramago que cita Luis Felipe. Aunque conociendote, un tilin, no lo creo. Tienes mejor pluma, mas ligera,con mas humor.. en fin, que despues diras que tb te conozco y por eso… besos blancos y frios, del color del tiempo.

  6. jeremy dice:

    seria bueno saber eduardo a quien incluyes en el ”lamentamos la desparacion” del macaco. espero que no hables en nombre del pueblo eh. para empezar, a mi me puedes quitar de ahi. este mundo esta mejor sin dictadores como el. saludos.

  7. Edier Valdez dice:

    “y cuya desaparición prematura lamentamos en estos días”!!!Que patetico!!!

  8. Hablando de un libro tuyo, te gustará leer este comentario: http://www.havanatimes.org/sp/?p=82231

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