LOS NOMBRES

Publicado: 01-09-2015 en Sin categoría

Hace poco, durante el festival Aquelarre, uno de los premios de Artes Plásticas recaía en alguien de nombre Yoemny. Los miembros del jurado la visualizaban como una niña, una joven y talentosa caricaturista. Resultó que Yoemny era un negro de más de seis pies, con dreadlocks y barba. Joven y talentoso, eso sí.

En los setenta eran los nombres socialistas: Liuba, Tatiana, Yordanka, Pável, Iván, Yuri… En las postrimerías de esa década y durante los 80 fue la Era de la Generación Y. Luego vino la mezcla posmoderna, el ajiaco. En los últimos años se ha cerrado el ciclo con la vuelta a los orígenes: aunque el español es un idioma muy rico y hay un montón de santos que se inmolaron para legarnos un nombre razonable, alguna gente se aferra a unos pocos clásicos y va directamente a los reinos de Aragón y Castilla o al País Vasco asumiendo, por lo visto, que en seis siglos no ha aparecido nada mejor que Sebastián, Hernán, Rodrigo, Gonzalo y Jimena.

Pero una cosa son las modas, por raras que resulten más tarde (todos tenemos un abuelo, o conocemos al de alguien, que se llama Cipriano, Dominador, Candelario, Idelgrades. Supongo que hubo una época en que nombrar así a un recién nacido parecía una buena idea) y otra la existencia de nombres que implican ensañamiento, y que demuestran que desgraciar de por vida a una tierna criaturita no es ni mucho menos un deporte olvidado. A veces no es culpa de los padres, porque el baldón no emana del nombre, sino de uno u otro apellido, o de la yuxtaposición de estos. Me hablaron de un tipo que se llamaba A. Mata Vaca…combinación no ya horrenda, sino punible. Para una novela que escribí en los noventa pasé varios días buscando combinaciones curiosas de nombres y apellidos en la guía telefónica de La Habana. Me encontré apellidos como De la Presilla, Ratón… y el más increíble de todos: Espantoso. Sí, un tipo que se llamaba A. Espantoso. Debe ser difícil triunfar en la vida. Qué carajo, debe ser difícil incluso presentarse a una muchacha.

La maldita circunstancia de la insularidad ha llevado a muchos a tender los más increíbles puentes a Norteamérica y Europa. (Y no sólo en Cuba: por ahí andan curiosas listas de ciudadanos ecuatorianos, peruanos o dominicanos que se llaman Email, Cannibal y hasta Shithead). Esbocemos algunas de las líneas más frecuentes y conocidas:

– Los nombres sacados del cine o la literatura, que suenan bien en el cine y la literatura… de ultramar. Una amiga mía quería llamar Nicole a su hija. El esposo tuvo que advertirle: Mami, la niña va a nacer y crecer en Centro Habana. En la escuela la van a fastidiar todo el tiempo con cosas como Nicole ni lechuga… Un socio, fanático de McCartney, llamó a su hija Heather. Distinguido, tal vez, pero difícil de pronunciar para las maestras de primaria y los candidatos a novios: esa muchacha que conocí anoche en la fiesta, ah, cómo se llamaba, creo que lo apunté en el móvil… vaya, no lo encuentro, aquí hay alguien que se llama Heather, pero debe ser un tipo… A la novia de un antiguo conocido la rotularon Ingeborg, un nombre clásico en la cultura germana y otras del norte de Europa. Clásico… y en desuso: las alemanas modernas raramente se llaman así, a sus oídos suena como a los nuestros Brígida o Covadonga. No recuerdo el apellido de la chica, pero era algo como Pérez. Interesante combinación donde las haya. Por demás, alguien debió explicarles a los padres que a las Ingeborg se les llama familiarmente Inge o Inga.

– Están, naturalmente, los nombres inventados. Una variante clásica son los nombres al revés, letra a letra (Odraude por Eduardo), por sílabas (Descemer por Mercedes), o bien la unión de varias palabras: Dayessi (la afirmación en tres idiomas) Yotuel (los pronombres personales singulares). Un cuento de mi amigo Jorge Bacallao ilustra otro procedimiento: una chica le comenta al protagonista que su hermano se llama Yuleit y la hermana Maysix. Ante la perplejidad del tipo, ella explica que su padre adora el inglés, así que ha llamado a sus hijos según la fecha de su nacimiento: July eight, May six… El protagonista responde: menos mal que no soy tu hermano, o me llamaría Octobertuentifaíf…

– Están las derivaciones, las infinitas derivaciones de nombres o palabras con suin: las Ladys y Miladys y Mileidis y Ledys y Misleidas y Yunisleidis. Las Anibel, Anilux, Aniley. Las Yenis y Jenys y Jannys. Las Yuliets y Yulys y Juliets y Juliettes…

– Conocí a una chica que se llamaba Meybol. Se escribía así, como Mabel pronunciado en inglés. El caso contrario es el de un vecino que se llama Brian, pero pronunciado en español. En esa área vivaquean los Maikels, los Yanpiérs, los Antuáns y las Dayanas. Puedo imaginarme a los padres: si mi hijo no puede ser extranjero, va a sonar extranjero. Lo importante es eso, que suene, no tanto cómo se escriba, total, si ya nadie lee…        

Hay magia en los nombres. No nos describen, pero nos definen. En Le prénom (2012), de Alexandre de La Patellière y Matthieu Delaporte, los personajes –un intelectual de izquierda y su mujer– se escandalizan porque alguien quiere ponerle Adolfo a su hijo. Oscar Wilde nos advirtió acerca de la importancia de llamarse Ernest (o más bien of being Earnest, de ser serio). A algunos nos conocen por el nombre, a otros por el apellido, a otros por una eufónica combinación de ambos. Y ocho de cada diez personas dicen Juan Grabiel por Juan Gabriel. 

No usamos un nombre: somos un nombre. Así que, si está esperando un hijo, piense por favor que él no tiene la culpa.

(1 de septiembre 2015)

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comentarios
  1. Samuel Smith dice:

    A alguien se le ocurrió ponerle a su primera hija Sunaris. ¿Se imaginan al abuelo llamando a “sunarisita”? Otra señora de la Hata de Guanabacoa estaba embarazada y vio un camión con el letrero delante Nissan Diesel, y así le puso a los jimaguas cuando nacieron: Nisán y Diésel. No los conocí, pero si supe que la película Alien le sirvió de nombre a muchos vástagos. Por último, escuché que una joven madre nombró a su pequeño bebe chicken por los paqueticos de pollo que en los 80’s venían de Canadá.

  2. yolanda dice:

    SIMPÁTICO ARTÍCULO EDUARDO, REALMENTE CONOCÍ UN SUGAR, EN HONOR A UN BOXEADOR DE LOS 50. MIS HIJOS TIENEN NOMBRE EN ESPAÑOL ABEL Y AMANDA EVITANDO CONFLICTOS ORTOGRÁFICOS…..(BUENO A VECES)

  3. Armando dice:

    Cuando se popularizaron las películas italianas por los años 70, el nombre de Giovanni comenzó a “evolucionar” en Cuba. De ahí han salido los Yovani, Yovany, Yovanni, Yovanny, Yobani, Yobany, Yobanni, Yobanny, Yosvani, Yosvany,Yosvanni, Yosvanny, Yosbani, Yosbany, Yosbanni, Yosbanny, Yozvani, Yozvany, Yozvanni, Yozvanny, Yozbani … (créalo o no lo crea, todos están en Google).

  4. ibita72 dice:

    Tengo un pariente lejano que se llama Raymer: Ra (Ramón), Mer (Mercedes). Ramón y Mercedes (nombre de sus padres). También en mi barrio hay un muchacho que se llama Yonayky, verdaderamente horrible! Saludos Eduardo.

  5. Bueno, yo me llamo Liborio… ¿Algún problema?

  6. F. Hebra dice:

    En Costa Rica hay varias mujeres que se llaman Axila. No creo que alguien en Cuba intente nombrar a su hijo Sobaco. Aunque pensándolo bien…

  7. EL BOBO DE LA YUCA dice:

    Creo recordar que en los 70/80 fue aprobada una ley que exigía que los nombres de los nuevos ciudadanos cubanos debían ser registrados “escritos en español”, es decir, tal como se pronuncian.

  8. Peor es cuando nombres y apellidos resultan curiosos como “Alan Brito Prieto ” y “Elvis Nieto Feo”, inquietantes como Aquiles Castro y Déborah Cabezas o francamente desastrosos como “Mónica Galindo” y “Alma María Rico”.

  9. Augusto Juarrero dice:

    y que me dicen de Juan de la Pin Garcia?

  10. Si se burlan algunos aquí de mi nombre, Morrongón para todos.

  11. Alache dice:

    Desde hace mas de 40 anos a nadie se le ocure en Cuba poner a su hijo Fidel, pero en la generacion del globero y despues fueron muchos los que se llevaron ese nombre tan cheo y cursi, por ejemplo el globero aunque no lo dice se llama Eduardo Fidel, de pi…..a ser sovietico y ademas llamarse Fidel, nada cuando lo de punto te cae del cielo……..

  12. Cuco dice:

    Cuando yo estaba en la primaria habia un socito que se llamaba Fidel Ernesto (no es invento) tremendo bofe y engreido, ñoj

  13. Peder Asta dice:

    En nombre de la Liga Contra La Discriminación Onomástica (LCDO) aprobamos el post equilibrado de Eduardo, y condenamos las declaraciones burlescas y peyorativas de Luis Felipe contra nuestros colegas. ¡Abajo la discriminación onomástica!

  14. Eduardo,

    No leo muchos blogs, bueno, ninguno. En este caso, conozco la historia detrás del nombre y te confieso que la quiero para mí.

    Su respuesta es buena, muy buena, y creo la debes leer. Hay un momento en el que las fantasías de escritor tropiezan siempre con la ética, a falta de historias propias se acude a lo ajeno, sin pensar que detrás de ese que pretende ser un chiste, hay una persona.

    Te pongo el texto de Ingeborg, mi amiga, no importa el novio jamás, y piénsatelo.

    Un amigo me envía desde Cuba una cosa escrita por Eduardo del Llano sobre nombres cubanos. “Lee, creo que habla de ti”. Leo y creo que sí, que intenta hablar de mi nombre y mi apellido.
    (A la novia de un antiguo conocido la rotularon Ingeborg, un nombre clásico en la cultura germana y otras del norte de Europa. Clásico… y en desuso: las alemanas modernas raramente se llaman así, a sus oídos suena como a los nuestros Brígida o Covadonga. No recuerdo el apellido de la chica, pero era algo como Pérez. Interesante combinación donde las haya. Por demás, alguien debió explicarles a los padres que a las Ingeborg se les llama familiarmente Inge o Inga).
    Poco me importa la opinión de este señor sobre los nombres cubanos, el mío o el de Yacusaidita. Poco me importa que se refiera a mí como “la novia de un antiguo conocido” o a la que “rotularon Ingeborg”. La cantaleta feminista nunca ha sido mi fuerte. Y en lo único que voy creyendo, cada vez más, es en aquello de “obras son amores y no buenas razones”. Aplica con casi todo en este mundo.
    Espero encontrar por aquí a alguien que sea amigo de este señor, y que sea tan amable de hacerle llegar este mensajito. Gracias anticipadas. Ah! Lo dejo público, para que pueda leerlo directamente, si es que tiene acceso a Internet y cuenta de fb.
    Eduardo del Llano:
    Un amigo acaba de recordarme quien es usted y su vocación de bufón. Mil disculpas, lo había olvidado. Por lo que puder leer, recuerda usted muy bien mi nombre y hasta intentó con el apellido. Tibio, tibio, caliente, caliente, se quema… Vamos que usted puede hombre.
    Me revienta que se meta usted con mis padres, a quienes evidentemente, no conoce. Amable recomendación: próximo número circense debe ensayarlo mejor.
    Cuando usted nació estimado Eduardo, mi padre, de formación jesuíta, ya le había dado la vuelta al mundo en un barco par de veces. Mis padres habían leído lo que usted, ni en tres vidas regaladas, se va a leer. Mi madre y mi padre habían vivido lo suficiente para descubrir el amor y la pasión, que sospecho, está usted aun por descubrir. Como no tuvieron la suerte de tropezarse con alguien tan erudito que les explicara que: a las Ingeborg se les llama familiarmente Inge o Inga, decidieron llamarme, cariñosamente, “cámara lenta”. Desconfíe siempre usted de las apariencias, engañan.
    Un consejito final si me lo permite. Revise a Zumbado y a otros tantos. Creo que cuando uno va a escribir sobre un tema tan llevado y traído es para hacer algo novedoso, superior, y no es definitivamente el caso. Le recuerdo, no todo es pan y circo.

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