EL ROCK COMO ESTIGMA, revisited

Publicado: 20-10-2015 en Sin categoría

Hace un par de meses fui invitado al lanzamiento de Heaven, el álbum debut de la banda cubana Sweet Lizzy Project, grabado en La Habana, mezclado y masterizado en USA, publicado por una casa italiana. Los había visto varias veces en el Submarino Amarillo, pero ya se sabe que allí las normas del lugar exigen que los grupos toquen sólo versiones de rock clásico, de manera que no tenía idea de que contaban además con material propio. Bueno, en el concierto de lanzamiento se centraron precisamente en eso, los temas de su autoría que conforman el disco. Y me parecieron tan interesantes y elaborados como sus interpretaciones de piezas ajenas.

Mi mockumentary La verdad acerca del G2 (2012) es un homenaje personal al rock cubano, si bien el documental definitivo sobre su historia y virtudes está, qué duda cabe, por ser filmado. Y urge. Vaya que sería una película interesante, vaya si habría anécdotas divertidas y aún más momentos dolorosos y dramáticos.

Si tener discos de los Beatles llegó a ser perseguido en la Cuba de los 60 y 70, si escuchar rock devino un crimen y mucha gente fue sancionada y expulsada por el terrible delito de manifestar sus preferencias e imitar a sus ídolos, dar un paso más y tener la osadía de asumir el género e interpretarlo en inglés era estar loco de atar, constituía un desafío y la autocondena a una vida prácticamente clandestina, sin esperanzas no ya de triunfo o confrontación internacional, sino de dar conciertos libremente o grabar en estudios profesionales. Y cuando conseguían grabar, los problemas no terminaban ahí. Recuerdo algo que me contó el guitarrista de Los Magnéticos: en cierta ocasión, grabando en los estudios de la EGREM en Santiago de Cuba, en medio de la interpretación ejecutó un sencillo efecto con el pedal de la guitarra, y el ingeniero de sonido interrumpió la grabación creyendo que se trataba de un error… Por entonces se radiaba mucho el rock del bloque socialista, y si los grupos húngaros estaban por lo general muy bien grabados (Lokomotiv GT, Fonográf, Omega) los alemanes y soviéticos dejaban bastante que desear en ese terreno.

En noviembre de 1988 publiqué en El Caimán Barbudo El rock como estigma, un extenso artículo en dos partes en que defendía el movimiento de rock cubano e intentaba legitimarlo como expresión válida de la cultura contemporánea. Mi texto fue comentado y reproducido por numerosas agencias extranjeras; aquí, aunque los peores tiempos habían pasado, inmediatamente me cayeron encima puristas que me acusaron de toda clase de crímenes ideológicos. En los años que siguieron desarrollé el tema en la misma revista con artículos sobre algunas de las bandas más relevantes de entonces, Venus, Zeus, HojoXOja (sic), etc. Con todo, la mía fue sólo una pequeña voz para la causa; entre otros, Humberto Manduley, Juanito Camacho o el Guille Vilar han hecho mucho más que yo, dedicándose a la investigación y divulgación sistemática del rock producido en nuestro país.El rock en Cuba de Humberto Manduley (Atril Ediciones musicales, 2001), es el primer libro que se aventuró a contar la historia invisible. Todavía recuerdo una frase de Manduley durante el lanzamiento del libro en la Cabaña: durante varias décadas, la única institución revolucionaria que se interesó por el rock cubano fue la PNR. Y en verdad, por varias décadas rarísima fue la banda, si alguna hubo, que no tuviera frecuentes encontronazos con las fuerzas represivas, como relata estremecido el propio Camacho en La verdad acerca del G2, o Frank Delgado en su pieza Los Almas contra Tropas Especiales. Por cierto, Humberto ha seguido investigando el tema, ahora fuera de Cuba, y tiene dos nuevos libros entre manos.

Con todo lo dicho, no sorprende que escaseen las grabaciones de bandas cubanas anteriores al año 2000. Los sobrevivientes de los Pacíficos digitalizaron y editaron en USA su demo Havana 1967, que era exactamente eso, un puñado de grabaciones –en su mayoría covers– realizadas a hurtadillas por entonces. Hasta donde sé, ninguna de esas audaces bandas de los 60 y 70 que tocaban en fiestas de quince y descargas privadas (Almas Vertiginosas, Secciones Ocultas, los Jets, los Kents y tantos otros) consiguió hacer, y menos publicar, grabaciones profesionales. Por demás, salvo alguna pieza de excepción, su repertorio se centraba en hits anglosajones. Luego, en los 80, Zeus y Venus –la primera banda en ejecutar exclusivamente material propio– consiguieron registrar demos decentes; Gens grabó de madrugada en la Escuela de Medicina (donde trabajaba uno de sus miembros) su excelente demo La quimera (1988), también con temas de su autoría. En los 90 Havana publicó Puertas que se abrirán (1997), Cosa Nostra Invisible Bridges (1999)…

La mentalidad represiva hacia el rock, si bien no ha desaparecido –de nuevo, bastaría preguntarle a cualquier policía quiénes son sus clientes favoritos– al menos se ha replegado. Las autoridades descubrieron que Lennon era bueno, y encima estaba muerto, y así ocurrió que las mismas personas que años atrás lo tildaron de producto decadente de la subcultura capitalista inauguraron el parque con su nombre y prácticamente lo canonizaron. Fueron apareciendo espacios como el Patio de María, el Maxim Rock, el Submarino; visitaron La Habana Audioslave, Rick Wakeman, Sepultura, y The Dead Daisies en febrero pasado… Las nuevas tecnologías han hecho posible la proliferación de estudios caseros, donde grabar ya no es un milagro. La inmensa mayoría de las bandas escribe sus propios temas y a menudo participa en la concepción de los clips promocionales. 

Tal vez la represión histórica contra los rockeros explique parcialmente por qué durante varias décadas muchas bandas del patio optaron por un sonido crudo, con vocalización gutural y guitarras telúricas (en un ámbito de influencias que va desde el thrash hasta el black metal noruego) o bien por el legado punk con su aura de provocación y rebeldía, y no prosperasen movimientos de vuelta al hard rock clásico, mucho menos al sonido melódico de los sesenta (algo como el britpop de los noventa o el garaje rock con tintes sesenteros de las bandas suecas The Hives y Mando Diao). Sin embargo, el panorama actual tiende otra vez a una apertura estilística, y junto a metaleros como Tendencia es posible escuchar en escenarios y grabaciones a intérpretes de pop rock como David Blanco y Osamu, blueseros como Elmer Ferrer, o el sonido alternativo de Sweet Lizzy Project…

(20 de octubre 2015)

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comentarios
  1. “…la mía fue sólo una pequeña voz para la causa; entre otros, Humberto Manduley, Juanito Camacho o el Guille Vilar han hecho mucho más que yo, dedicándose a la investigación y divulgación sistemática del rock producido en nuestro país…”

    Estas son las cosas que le ganan antipatías a Eduardo del Llano. No voy a ponerme “ladillero” o a cavar trincheras antiblogueras con Varela Pérez y Charlitos, pero…

    Eduardo, no es que Manduley o Camacho hayan hecho más que tú. Es que tú no has hecho nada. ¿Quién se acuerda de un cabrón artículo publicado en 1988? El Renacimiento ya pasó, ¿recuerdas? Tu película se llama “Vinci”, pero no eres Leonardo.

    Ponle stop, hermano, antes que la egolatría haga metástasis en tu cuerpo como un cáncer inmisericorde.

  2. Mr. Ladilla dice:

    El bloguero se apea con artículos de siglos pasados, publicados en revistas de mala muerte con grupitos de música de lo peor y que nadie recuerda porque no han trascendido mas allá de la memoria del esquizoide bloguero y unos cuantos amigos. ¿A quién le interesa esta sarta de grupos de “música” que ni siquiera una grabación tienen? ¿Quienes son estos personajillos, Camacho, Vilar o Manduley conocidos en su casa a la hora del almuerzo?

    • Usted disculpe, con todo respeto, el mismo que usted no muetra en este blog, pero El Caiman Barbudo era la revista de la juventud publicada por Juventud Rebelde que ademas era el organo de la UJC, fue muy , pero muy importante en su epoca como vehiculo cultural y en ella publicaron muchos de los mejores autores. Que usted la defina como una revista de mala muerte, deja en entrever lo poco que sabe usted de Cuba. Si no conocio a Camacho, Vilar o Manduley supongo entonces que o nacio usted hace muy poco o cayo en paracaidas la semana pasada.

    • Pues, Mr. Ladilla, de un plumazo ha puesto ud. en entredicho casi 50 años de cultura cubana. Nombres imprescindibles de la misma publicaron artículos, cuentos, poemas en esa revista que califica de “mala muerte”, no sé si por desconocimiento o porque su odio enfermizo hacia Eduardo del Llano le hace cargar sin medida contra todos y todo lo que se vincule al entorno pasado y actual del autor de este blog.

  3. esther paderni dice:

    Cada vez que leo como viviamos , sin gota de libertad de expresion ,en un regimen totalitario y dictatorial ,me horrorizo de haber sido parte de ese pueblo por 20 años y gracias a Dios solo 20 años que me han parecido demasiado pues un dia sin libertad equivale a un siglo

    Date: Wed, 21 Oct 2015 02:44:43 +0000 To: lolos123@hotmail.com

    • Mr. Ladilla dice:

      Mi estimada Esther le recuerdo que lo que dice caerá en los oidos sordos del bloguero. Tenga en cuenta que es de los que está orgulloso de vivir donde vive y que hay que salvar sus logros. Estoy esperando por el testamento político del bloguero parásito para definir cual es su posición, ya que sus escritos tiene un marcado componente ameboide. Vaya que el bloguero es un maja de sombra.

  4. Samuel Smith dice:

    Escribir en los 80’s un artículo en el Caimán Barbudo en defensa del rock era casi un suicidio. Recuerdo que la revista Somos Jóvenes tuvo la osadía de escribir sobre las incipientes jineteras y tengo entendido que ardió Troya.

    “Las autoridades descubrieron que Lennon era bueno, y encima estaba muerto, y así ocurrió que las mismas personas que años atrás lo tildaron de producto decadente de la subcultura capitalista inauguraron el parque con su nombre y prácticamente lo canonizaron” Eduardo, me hubiese gustado que dijeras su nombre completo con mayúsculas FIDEL ALEJANDRO CASTRO RUZ.

  5. Vea, señor Calvo Bolaños, que me parece justo reivindicar a ciertas publicaciones como “El Caimán Barbudo” y, ¿por qué no?, “Revolución y Cultura”, donde fungió usted como editor durante algún tiempo. Mucho habría que agradecer a esas páginas cuando se hable de testimonios escritos sobre la música rock y otros temas tabúes para el establishment revolucionario. Pero…
    Juan Camacho. Humberto Manduley. Guillermo Vilar. René Arencibia. Ernesto Juan Castellanos. Joaquín Borges Triana… Esos son nombres imprescindibles en la historia del periodismo cubano (cuando de defender los valores del rock se trata).
    Pero…
    ¿Eduardo del Llano?
    No me jodas, Luis Felipe, no me jodas.
    Será tu socio (y yo también defiendo a mis socios a capa y espada). Pero Eduardo no es periodista y sabe de rock lo que cualquiera. Le gustan The Rolling Stones, bien por él, pero eso no lo convierte en musicólogo.
    Eduardo es un artista. Un escritor. Un cineasta. Coño, que no puede ser el Hombre del Renacimiento.
    ¿Me concederías al menos una pizca de razón en esto?

    • O. Romey dice:

      Yo te doy toda la razón, amigo Liborio, no solo una pizca. Y lo digo desde la simpatía hacia el creador que es Del Llano y desde el respeto hacia su obra.

      También coincido con Luis Felipe en que esto quedaría mejor si nos olvidamos del vacío y hablamos del agua.

      Aunque perfecto fuera si el agua no se vendiera ella misma (aun minimizando su voz) como un manjar del Olimpo. Pero no me voy a poner perfeccionista, que no es de buen gusto…

  6. Estimado Liborio, no son ganas de joder ni de la plausible defensa a ultranza de un amigo: basta con revisar el apartado “Biografía” de este blog para ver que Eduardo no quiere pasar por periodista, ni musicólogo, ni siquiera musicógrafo. Eso no excluye que sus colaboraciones en medios de prensa tengan tanta calidad como las escritas por periodistas formados en las aulas o en el diario bregar de una redacción y que cuando escribe sobre la música que le gusta –desde la sensibilidad, no desde el rigor del musicólogo– le salgan textos tan vívidos como su crónica sobre un concierto de los Stones o tan polémicos, en su momento, por defender un tipo de música que para muchos era una forma de diversionismo ideológico.
    Y más claro no puede ser Eduardo cuando dice que “Con todo, la mía fue sólo una pequeña voz para la causa; entre otros, Humberto Manduley, Juanito Camacho o el Guille Vilar han hecho mucho más que yo, dedicándose a la investigación y divulgación sistemática del rock producido en nuestro país”. El minimiza su voz, pero usted lo ningunea –al punto que hasta esa minimización le parece egolatría– como si Eduardo jamás hubiera quebrado una lanza por la situación del rock en Cuba en tanto fenómeno social.
    En fin, estimado Liborio, que no se trata de quién lleva razón, si usted o yo. Ahí están los textos de Eduardo sobre el tema que para usted son naderías y para mí resultan evidencia suficiente de algo que comenta en este post (“su pequeña voz para la causa”, se insiste). Es el clásico vaso medio lleno o medio vacío. Lo malo es que en ese dilema se nos olvida comentar sobre la calidad del agua. Saludos.

    • Mr. Ladilla dice:

      En resumen El Caimán Barbudo una revista panfletaria haya publicado quién haya publicado. Camacho y Manduley, incontinente verbal el primero y escribidor (que no escritor) el segundo buenos para nada. Vilar, un baboso lamebotas del establishment para ganarse al fin como parásito un viajecito a Liverpool. Todos ellos copiadores de información de revistas extranjeras y musicólogos de tocadiscos. Si esa es, junto al bloguero la representación de la cultura nacional pues la cultura está muy jodida.

    • Felipe, es curioso lo que dice Liborio, porque demuestra una vez más que a menudo no leen lo que escribo, sino lo que creen que escribí. Mi aporte a la promoción del rock nacional no fue sólo El rock como estigma, sino al menos otros cuatro artículos en la misma revista, suerte de monografías sobre grupos específicos, y además el mockumentary La verdad acerca del G2. Y tanto en el libro de Manduley como en varios artículos de Borges Triana hay citas de mi artículo primigenio, aparezco como bibliografía. Igual no es mucho, es exactamente lo que digo (con todo, la mía fue sólo una pequeña voz para la causa) pero tampoco se limita a un solo texto.
      Un abrazo
      E.

      • Concedido. Hiciste “alguito”. No vamos a fajarnos por eso.
        Lo que quiero decir es lo siguiente: basta con que tengas buen gusto musical, no tienes que ser musicólogo. Tú eres Eduardo del Llano, compadre, un tipo a quien la gente admira. Me molesta que algunos aprovechen tus tendencias egomaniacas para satanizarte.
        No lo vas a creer, pero te aprecio.

      • Omar dice:

        Liborio caraj!

        Omar

  7. Abel Lloret dice:

    Hace tiempo ya, en un canal hispano de la Florida, vi un día por casualidad un programa dedicado a grupos de pop/rock cubanos de los 60, y especialmente a Los Pacíficos, con una entrevista a uno de sus integrantes, ya madurito, obviamente, rememorando aquellos tiempos, las grabaciones, etc . Pusieron varias canciones de su única grabación conocida: “Havana 1967”, de las que me llamaron la atención sus interpretaciones de “You really got me” the los Kinks y “I’m down” de los Beatles, bien ejecutadas, y cantadas sin acento perceptible. Luego busqué por curiosidad la página web anunciada por el mismo exmiembro del grupo, en la que tenían disponible, a la venta, dicha grabación.
    A propósito, ¿alguien de quienes visitan este blog estuvo también (like me) aquel día de 1987 por el Karl Marx, cuando habían anunciado la proyección de la película “Yellow Submarine”, y el Guille Vilar prometió también poner el recién salido disco “Cloud Nine” de Harrison? Al final todo se malogró y además se armó una pelotera de tres pares de c… El Guille tratando de explicar y apaciguar ante el exaltado público. Pero bueno, al final también muchos socios nos pusimos a formar piqueticos por aquí y por allá, y a pesar de todo nos divertimos, jodiendo y tocando guitarra, beatlerianamente. Juventud, divino tesoro, que hasta en medio del caos y el desastre lleva a evocar recuerdos memorables.

    • Yo estaba allí. Seguro nos vimos. Esa madrugada nos emborrachamos en casa de Santiago Feliú, quien estuvo cantando canciones de los Beatles mientras hubo ron… y otras cosas.

      • Abel Lloret dice:

        A lo mejor nos vimos. Yo y varios socios estábamos justo al lado del Guille, junto a la tribuna improvisada donde éste pronunció su discurso aclaratorio, entre alborotos y rechifladas.

  8. Bueno, Luis Felipe, sí, en eso tiene usted razón: en que no importa quien la tenga. A mí el Eduardo periodista me resulta antiflogitínico y nada de lo que publicara en ejercicio de tal faceta me resulta leíble (mucho menos creíble). Prefiero al escritor, al cineaste (muy bueno)… y al bloguero, por supuesto!
    “El rock como estigma”, publicado en El Caimán Barbudo… no aporta nada. Ni entonces ni ahora. Es mi opinión.
    Pero para gustos…
    Mis respetos,
    Liborio.

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