GUTENBERG

Publicado: 07-06-2016 en Sin categoría

 Sería probablemente en 2001 cuando cuatro alemanes sonrientes se nos acercaron a Daniel Díaz Torres y a mí en el festival de Fribourg, Suiza, donde presentábamos Hacerse el sueco, su más reciente película, y dijeron que querían hablarnos. Fuimos a cenar y uno de ellos, con un sospechoso parecido a Eric Idle de Monty Python, nos explicó de qué se trataba: planeaban invitarnos al pequeño festival que celebraban en Frankfurt, dedicado al cine cubano. Dijimos que sí, naturalmente, y unos meses después estábamos allá. Desde entonces he visitado la vieja ciudad en cinco o seis ocasiones, incluida esta que comenzó ayer por la tarde.

 Como mis cortos pasan miércoles y jueves, un socio nativo me invitó a aprovechar el martes visitando Mainz y Wiesbaden, dos ciudades cercanas. Mainz, Maguncia, la antigua Mogontiacum romana, capital de Renania-Palatinado, es además y sobre todo la ciudad natal de Johannes Gensfleisch (carne de ganso) Gutenberg, el inventor (en el hemisferio occidental) de la imprenta, y en ese sentido tal vez la personalidad más relevante del pasado milenio. Visité el museo donde se conservan dos ejemplares de su famosa Biblia, el primer libro impreso en gran escala de la historia (occidental). Pasé rápidamente por la iglesia de San Stephan, con los famosos vitrales realizados por Marc Chagall a fines de los años setenta del siglo pasado, y luego un buen rato en las instalaciones del canal televisivo ZDF, evocando con tristeza las descojonadas instalaciones de la televisión cubana. Luego fuimos a Wiesbaden, enclave en la antigüedad de termas romanas…

Pero Gutenberg se llevó la palma. Su invento cambió la historia como ningún otro. Las cuarenta y dos líneas por página de su Biblia diseñaron el mundo moderno. Antes, todo lo copiaban los monjes; a partir de él, sólo tenían que venir los iluminadores a hacer las letras capitulares a mano, y otro especialista las primeras líneas, en rojo, del texto de cada sección… Poca cosa, comparada con la parte que ponía Gutenberg con sus tipos móviles y su imprenta, cuya plancha de impresión, por cierto, era una vieja prensa de uvas de las que se empleaban habitualmente en esa región vinícola.

Qué poca cosa somos ante hombres como ese…

Ps: Ha muerto Héctor Zumbado. Qué tristeza. Fue un buen socio y un maestro, uno de los grandes. Con él los NOS-Y-OTROS aprendimos muchísimo, y nos tiró tremendos cabos.

(7 de junio 2016)

 

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