LOS VIEJOS RESTAURANTES

Publicado: 29-07-2016 en Sin categoría

Hace unos días andaba por la Rampa con unos amigos, y una muchacha sugirió comer en El Mandarín.

Durante mi infancia y adolescencia, ese era el tipo de restaurantes a los que resultaba complicadísimo entrar. Para El Mandarín, el Polinesio, el Conejito, el Cochinito, Doña Rosina, Siete Mares, Pekín, había que reservar con antelación o en el mejor de los casos sonarse estoicamente una larguísima cola. Eran restaurantes estatales, los únicos restaurantes posibles en los años 70, así que la cosa no estaba tanto en que su cocina fuese espectacular como en que constituían la única opción con clase para comer afuera, en familia o con una chica a la que se deseaba impresionar. De hecho, la mayoría eran mediocres, otros realmente buenos, o así los recuerdo, pues ofrecían platos raros y exóticos en un país al que por entonces no afectaba tanto la escasez como la uniformidad. Comer en La Torre era el non plus ultra de la distinción, el nirvana gastronómico.

Serían alrededor de las ocho cuando entramos al Mandarín y no había casi nadie. Aun así, la mitad de los platos sólo existían en la carta y tuvimos que esperar un buen rato por el pedido. La calidad era mediocre, las raciones exiguas, los precios razonables si los convertías a CUC, imposiblemente altos si los considerabas en relación a un sueldo promedio en MN; elevados, en todo caso, como pago por el servicio prestado. El sitio mantiene cierta distinción kitsch, ese tipo de distinción desabrida de establecimientos que han conocido tiempos mejores.

Los viejos restaurantes siguen ahí, como si nada hubiera pasado. Sobreviven porque son del Estado, tienen cierta tradición y un grupo de empleados a la vez cínicos y estoicos, pero no se esfuerzan siquiera en competir. Sobrepasados por los restaurantes privados, están vacíos y la comida es mala… y a nadie le importa. No tratan de aparentar lo que no son. Han sido derrotados pero se saben impunes. Son espacios grandes y desérticos que la iniciativa privada –o, hasta cierto punto, cualquier iniciativa– renovaría y pondría a funcionar, pero nadie baja la orientación, y entretanto los administradores no pueden diversificar su oferta cambiando de proveedor, adoptando tácticas comerciales más agresivas. Así, el proceso degenerativo es indetenible: los chinos ya no tienen de china más que la decoración, en los italianos se manufacturan esas pizzas gordas y gomosas al estilo cubano, los cerdos criollos son la única raza porcina del mundo sin piernas, puras piel y barriga.

Los restaurantes privados no sólo han multiplicado el guarismo de sitios adonde salir a comer, no se limitan a ofrecernos platos étnicos, cocina de autor, ingenio y limpieza: nos han devuelto, además, el placer inherente a la degustación. Durante mucho tiempo, aquí uno comía para no caerse muerto. Recuerdo en una ocasión, allá por el 96, en que llevé a un socio austriaco a un Rápido y pedimos pollo frito. Cuando mi amigo terminó de lidiar con su pedazo de volátil reseco, le pregunté: Was it good? Me miró con melancolía y respondió Well, it was something to eat. Tenía razón: se trataba de algo para comer y punto, un trozo de comida funcional y deslavado como el rostro de un robot, impersonal como un televisor visto por detrás. No había placer involucrado. Entre aquel fragmento de pollo y un plato con sabor y estilo había la misma distancia que media entre unos Kikos plásticos de los setenta y un par de zapatos Gucci.

Los restaurantes privados tratan de seducirnos –y algunas veces engañarnos, qué duda cabe, pero la mentira es parte de la seducción- mientras los viejos restaurantes estatales se rigen más por la filosofía de Muerde y huye o Lo que te den, cógelo.

 Hay procesos irreversibles. Ya nadie se cree especial porque lo inviten a comer al Cochinito. Ya nadie espera que un camarero lo trate bien y se esfuerce en personalizar el servicio en un viejo restaurant. Resultaría sospechoso. Tengo para mí que si esos sitios se volvieran de pronto los mejores del mundo, nadie lo notaría.

 Los viejos restaurantes son todo un símbolo.

 (29 de julio 2016)

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comentarios
  1. Rufino dice:

    El proceso degenerativo de los restaurantes no es mas que consecuencia del proceso degenerativo del pais en todos sus ambitos.

  2. Jaime dice:

    Eduardo. En este punto sí le doy la razón a quienes critican el sistema socialista. Tú mismo lo has dicho: a los restaurantes estatales no les interesa competir, les da lo mismo pues siempre van a recibir su pago. Y esto lamentablemente no es exclusivo de este tipo de restaurantes. He ido a Cuba varias veces y de que siempre me he quejado, es de la mala atención en los establecimientos públicos, sean en MN o en CUC. Ninguno se caracteriza especialmente por la atención. La libre competencia, la oferta y la demanda, el esmerarse por captar clientela, es algo exótico es los negocios del sistema cubano. No les interesa

  3. Dayron Paz dice:

    To esto es pinga a quien cojone le importa globero escribe algo contra el govierno broder deja la pendejeria. has como yo que le cai a tiros a la policia de mayari arriba y me tocan los cojone porque digo las cosa como son al par par y al bino bino cojone ya esta bueno de pendejada

    • Samuel Smith dice:

      Dyron, en honor a la verdad, es una crítica a la propiedad estatal, que es decir al sistema socialista, o sea, el gobierno.

    • Franz Kawelson dice:

      ¡Esto es un asunto de cojones y no de libritos!

    • O. Romey dice:

      Dayron, mi socio, tú sabes que yo siempre te he apoyado en todo. ¿Te acuerdas cuando dijiste que le ibas a caer a trompones al que se metiera con Eduardo…? Arriba campeón, suénate ahí con gusto, no te limites…

      • Pepe Alicate dice:

        O. Romey:

        Socio Dayron Paz es cherna desde hace años, el le daba el fondillo al jefe de sector de su circunscripcion , al mismo jefe de sector que se tiro a su mama y que algunos dicen que hasta el padre de Dayron, vaya es triste el caso de esta yeguasa. Y aqui en Miami anda limpiando platos en un Bar Gay ya tu sabes ” limpiando palos” digo platos.

    • Elpidio Valdes dice:

      Gayron Pan usted es tronco de maricon.. Usted lo unico que hizo en Mayaria fue chupar tubos como una loca. Lo se de buena tinta. Te acuerdas de Chacon? Sargento de tercera. Se la chupaste en lo de Willmer. No te hagas la loca que usted es maricon. Yo si te se.

  4. Ruben dice:

    La ensoñacion del bloguero por el pasado, tal parece que añora regresar a los años 70. El sindrome de Estocolmo.

  5. Sanchez dice:

    La Habana de los 70 no tiene nada que ver con el sindrome de Estocolmo, by the way, cual es el problema con el sindrome de Estocolmo?, hay libertad de todo tipo, alto nivel de vida, etc???

  6. Sanchez dice:

    Apunto que me refiero a lo que la gente normalmente denomina Sindrome de Stocolmo, relacionado a la socialdemocracia europea, y no al episodio sueco de 1974….

  7. Dayron Paz dice:

    Me cago en la madre de to los singaos hijos de puta porque yo respeto a del Yano, el problema es que como dijo quien lo dijo es to es un asunto de cojone y no de librito. Viva Cuba libre y me rsingo en to los comunista!!!!!!!

  8. Manuel González dice:

    La guerra es todo el pueblo
    Y la carne de vaca de quién es?

  9. charlitos dice:

    Evidentemente la memoria culinaria de el bloguero es bastante famelica, pues solo alcanza a lo que vio y quizas comio despues de los años 70′. Nunca se comio un pan con bistek en la fritera de los cuatro caminos, ni las biajacas fritas con aceite de mani en el surgidero de Batabano, ni el lechon asado del bar de Polo en el Fraile, ni el pan con butifarras del Congo de Catalina, ni los sandwiches de jamon y pierna del Cinco Palmas de La Lisa, ni las croquetas de pollo de La Dominica en Bacuranao . Con estas y otras muchas delicatessen no se necesitaban ni los de antes ni los de ahora. Yo lo siento por Eduardo y sus contemporaneos que se lo perdieron.

    • Dayron Paz dice:

      verdad charlito yo comi mucha claria sancochada en mayari arriba

    • Alache dice:

      No olvidar que el globero es ruso y anora cada dia de su mediocre vida la epoca en que Castro 1ro convirtio a Cuba en neocolonia de la, (a Dios gracias), despingada URSS.

  10. Mr. Ladilla dice:

    Parece que el bloguero tuvo mejores días cuando era amamantado por el subsidio soviético. A juzgar por la apariencia andrajosa que casi siempre tiene y el cuchitril donde vive creo que ni siquiera la dieta de los viajecitos parásitos le alcanza para llevar una vida medianamente decente.

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