La verdad acerca del G2

Alejandro Ríos

En Cuba, G2 son una siglas que meten miedo pues identifican a la policía política, el Departamento de Seguridad del Estado, que arrastra siniestra fama, sobre todo, desde su cuartel general, Villa Marista, donde, paradójicamente funcionaba una escuela de los Hermanos Maristas, antes de 1959.

Cuentan quienes han sufrido jornadas de interrogatorio en dicho infierno, émulo de la Stasi alemana y la KGB soviética, que además de las intensas torturas psicológicas, hay otras que se valen de daños físicos.

El feudo oscuro de Abelardo “Furry” Colomé Ibarra, quien ostenta la cartera del Ministerio del Interior desde 1989, apenas ha sido abordado por el cine cubano a no ser para el elogio de sus operativos de espionaje. Esa filmografía alentada por el primer y segundo presidentes del Instituto de Cine (ICAIC), Alfredo Guevara y Julio García Espinosa, respectivamente, ha figurado entre las más pedestres y olvidables de la devoción de ambos funcionarios por los desmanes de la cúpula de la Seguridad del Estado, rayana en el romance.

Hay un “seguroso” solapado que interpreta de modo memorable Carlos Cruz en Papeles secundarios, de Orlando Rojas, y la paranoia de la vigilancia del “gran hermano” recorre el argumento sarcástico de Alicia en el pueblo de Maravillas, por lo cual el filme fuera duramente censurado.

Eduardo del Llano, uno de los guionista de Alicia…, evolucionó de tal modo en su crítica de la represión del Ministerio del Interior que en el año 2004 se mofa abiertamente del llamado “aparato” con su cortometraje Monte Rouge, donde el protagonista debe aceptar, resignado, la instalación de técnica de escucha en su casa para saber qué opinan los opositores.

Luego de diez cortometrajes dedicados al mismo personaje Nicanor O’Donnell y una película sobre Leonardo Da Vinci en prisión, del Llano vuelve a ironizar sobre esa zona intocable del régimen cubano en el falso documental La verdad acerca del G-2.

La premisa es sumamente ingeniosa: en respuesta al grupo ocasional de rock guitarrístico G-3, liderado por Joe Satriani, se crea en Cuba uno similar con el nombre de G-2. Todo el tiempo veremos a dos guitarristas que explican sus avatares para crear el dúo con divertidos apuntes sobre las carencias y dificultades de la realidad cubana y en dos ocasiones desfilan ante las cámaras reconocidos artistas y músicos interpretándose a sí mismos para hacer comentarios delirantes sobre la presencia agobiante del G-2 en la cultura cubana, donde tanto daño ha infligido. Y lo hacen con cierto desenfado y sin miedo porque también pudieran estarse refiriendo al grupo musical de marras.

Los dos guitarristas imaginarios, Nick Pedraza y Ozzy O’Donnell, el propio Eduardo del Llano y un llamado teórico del rock, entre otros testimonios se dan gusto ironizando sobre el absurdo de la sociedad cubana actual. Hay un momento, incluso, donde se reproduce la supuesta foto de uno de los músicos junto al dictador Fidel Castro.

El documental no se ha estrenado en Cuba o al menos la prensa no ha dado noticias al respecto y el propio Eduardo del Llano no lo incluye en las últimas entregas de su blog. Es muy probable que los jerarcas del G-2 no se quieran dar por aludidos porque, en definitiva, ellos no muy dados a escuchar rock.

Anuncios
comentarios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s