Varios

Dic 2009

22 escarabajos en un libro

22 escarabajos en un libro

Por Eduardo Berti

En 1968 Leopoldo Marechal publicó el cuento “El Beatle final”, en el que unos ingenieros se proponían fabricar una especie de robot-poeta a partir de la figura de Ringo Starr (el mismo Ringo que, curiosamente, Samuel Delany hace aparecer en su novela de ciencia-ficción “La instersección de Einstein”). Cuatro décadas más tarde, el escritor español Mario Cuenca Sandoval acaba de lanzar “22 escarabajos”, autodenominada primera “antología híspánica del cuento Beatle”, tomando como piedra fundamental aquel relato del argentino y sumándole no sólo otros posteriores (desde “Las notas vicarias” de Hipólito G. Navarro, hasta “Come together” de Rodrigo Fresán o “Rock in the Andes”, de Fernando Iwasaki) sino, ante todo, una docena de textos inéditos firmados por Marcelo Figueras, Andrés Neuman, Care Santos o Iban Zaldua.

“Los mitos son realidades que prometen adaptarse, siempre, al porvenir “, dice Cuenca Sandoval es una jugosa introducción que excede la explicación del proyecto (no “una literatura beatle” como supuesto género, sino la inserción de esa música en el “patrimonio sentimental” de los autores), para internarse en un análisis tan profundo como apasionado: los Beatles “definieron una forma de escribir canciones y, año tras año, la subvirtieron”; los Beatles contribuyeron a la ruptura de toda distinción entre “alta y baja cultura” y convirtieron lo que parecía moda pasajera en algo “que ha provocado que, cuanto más nos alejamos de ellos en el tiempo, más grandes nos parezcan”.

En su papel de antólogo, Cuenca organiza el libro en tres grandes secciones. La primera, “Yesterday”, se centra en la evocación melancólica e incluye relatos como “Café anacrónico”, del ecuatoriano Miguel Antonio Chávez o “33 ladrillos traídos de Liverpool“ del guatemalteco Maurice Echeverría, donde “un cuarentón amante de los Beatles” es interceptado por unos “indígenas-raperos” y acaba profiriendo: “El reggaetón no es más que el fracaso de la civilización tal y como la conocemos: como matar a Lennon otra vez”.

En la segunda parte, “Beatles posmodernos”, la aproximación al universo pop ya no se realiza desde la experiencia sentimental, explica Cuenca, sino que constituye un espacio narrativo, “un cosmos con sus propias coordenadas”. Es el caso del cuento “Back To The Egg”, del peruano Leonardo Aguirre, hecho mitad en inglés y mitad en castellano a partir de frases, versos, títulos y axiomas beatlescos (“I’m sorry, uncle Albert, por la parrafada long and winding” ) y del relato de la española Pilar Adón que tiene como personaje a Prudence Farrow, la hermana de Mia Farrow que inspirara la canción “Dear Prudence”; pero también es el caso de “Degeneración JL” del español Roberto Valencia que multiplica un sinnúmero de Lennons en el mundo como consecuencia de “los grupos de versiones, los émulos y los supuestos discípulos, los fanáticos y los atormentados” y, más aún, del delirante manifiesto “revolucionario” pergeñado por el mexicano Xavier Velasco (“Un fantasma recorre el fin del mundo: el marxismo-lennonismo”) en el que se acusa a los “maccartneístas” de “vivir en el ayer”.

El libro cierra con la sección “Yo soy la morsa”, cuya estrategia dominante es el “relato apócrifo”, es decir: datos de la biografía Beatle en circunstancias imaginarias. El procedimiento, como bien dice Cuenca, tiene algo de las “leyendas urbanas” que Alan Clayson y Spenser Leigh recogieron en su libro “Ringo era la morsa (101 mitos falsos sobre los Beatles)”, pero también remite a un audaz ejercicio hipotético que circula en estos días en la página web “Christopherbird” (www.io9.com): una graciosa ucronía según la cual los Beatles siguieron tocando juntos (a imagen de los Stones) hasta la muerte de George Harrison.

Este segmento final incluye uno de los mejores cuentos del libro: “Los Beatles”, del cubano Eduardo del Llano, donde se muestra a los cuatro músicos dispuestos a componer una canción en torno a otro personaje tan imaginario como Eleanor Rigby, lady Madonna, Michelle o el sargento Pepper. Metódicamente, John hace girar un globo terráqueo y el dedo enjoyado de Ringo termina apuntando a Cuba. El personaje inventado por los Beatles será un tal Eduardo del Llano, nacido en 1962 (“el año en que empezamos a ser famosos”, acota Lennon) y de profesión escritor, no músico ya que “no puede tocar rock’n roll porque el gobierno prohibe esos ritmos subversivos”.

El año 2010 promete abundantes efemérides y tributos beatles. Se cumplirán treinta años de la muerte de Lennon y cuarenta de la separación de la banda; se anuncia una versión en 3D de “Submarino amarillo” y, tal vez, una película con la vida de Brian Epstein, su famoso maganer. La antología “22 escarabajos” (cuya salida ha coincidido con la traducción de la novela “Beatles” del novelista noruego Lars Saabye Christensen, quien usa al grupo como leitmotif para contar los años sesenta) plantea un homenaje diferente, alejado de toda hagiografía pero no desprovisto por ello de emoción y compromiso.

Alguna vez Gabriel García Márquez dijo que “la única nostalgia común que uno tiene con sus hijos son las canciones de los Beatles”. Cuenca Sandoval recoge esta frase para añadir que “la nostalgia de sus canciones es anterior a la disolución de la banda (…), algo que se encuentra más allá de la nostalgia por un época que la mayoría de los autores de esta antología ni siquiera conocieron”.

Publicado el martes 15 de diciembre de 2009 en el diario “Crítica” de Buenos Aires, Argentina.

 

CINE CUBANO: LO NUEVO
Victor Fowler

(…) Si, durante largos años, el cine cubano produjo obras que –dada la relación entre los personajes y la Historia- era posible interpretar como alegorías de la nación, el presente nos coloca ante obras que intentan recuperar los viejos códigos del cine de género hollywoodense y que dan lugar a películas de las que ha sido desterrado cualquier discurso ideologizante. De lo anterior son ejemplos largometrajes como Frutas en el café (Humberto Padrón, 2005) u Omertá (Pavel Giroud, 2008), la no estrenada Mata, que Dios perdona (Ismael Perdomo) o la reciente Los dioses rotos (Ernesto Daranas, 2008). Un ejemplo más sería la obra de los realizadores Eduardo del Llano (quien, además, es humorista y guionista cinematográfico) y Jorge Molina quienes, en menos de una década, han dirigido cada uno 6 cortometrajes de profundo impacto en la escena nacional.
En este punto, vale la pena tomar en cuenta las dimensiones de la producción nacional (alrededor de 4 largometrajes por año) para entender y aceptar que un cortometraje sea suficiente como para estremecer a la crítica, las audiencias, los estamentos de dirección, así como los conceptos alrededor de determinado asunto de la vida o de la hechura y sentido de las películas mismas. En cuanto a del Llano, desde Monte Rouge (que parodiaba la acción de los organismos policiales y de seguridad en el país) hasta Brainstorm (donde se burla, sin piedad, del inmovilismo político, la manipulación mediática y el silencio de los discursos oficiales sobre aspectos álgidos de la vida cubana), la obra de este realizador ha ganado en cuanto a la riqueza de las puestas en escena, marcas de estilo y transparencia de la poética creativa del autor. Otro ejemplo de autoría sería el que nos da el cine de Jorge Molina quien, con igual cantidad de cortometrajes (aunque a lo largo de casi veinte años), continúa siendo el único cineasta cubano que explora los mundos del erotismo, la pornografía y la violencia; su más reciente estreno, El hombre que aullaba a la luna (2008) es también muestra de una poderosa poética personal. Tanto del Llano como Molina son figuras habituales en los circuitos de festivales y muestras que tienen lugar lo largo del país y sus obras merecerían un mayor reconocimiento (…)

 

Tomado de BlogaCine

Nicanor O’Donell, el antihéroe cubano de Eduardo del Llano, sale de escena en el hilarante cortometraje “Exit”

Ya hemos hablado aquí en BlogaCine del trabajo independiente de Eduardo del Llano y de su personaje-fetiche, Nicanor O’Donell. Para quienes llegan tarde, Eduardo del Llano es un escritor, humorista, director de teatro y de cine cubano que se dio a conocer en el resto del mundo gracias a sus cortometrajes protagonizador por O’Donell. Suerte de antihéroe, Nicanor es el cubano común y corriente que de repente se ve devorado por los absurdos cotidianos propios de la realidad revolucionaria y burocrática de la isla.

Aunque el personaje data de finales de los años 80 —supe de su existencia cuando yo estudiaba en la EICTV, en pleno Periodo Especial—, adquirió fama mundial cuando el cortometraje Monte Rouge, el primero de la saga, se difundió en la red. Dentro de Cuba, el trabajo ya circulaba en pen drives, discos duros portátiles, y DVDs y CDs quemados. Y los siguientes cortometrajes tomarían idéntica ruta de distribución. Gracias al desarrollo y abaratamiento de las herramientas de producción digital, Eduardo del Llano y su grupo producirían nueve cortos más. El último, el que pone fin a la saga, se titula Exit, y pueden verlo al final de estas líneas.

Si en Monte Rouge del Llano enfilaba su humor corrosivo contra los “segurosos” de la Isla; y en Brainstorm, contra el periodismo complaciente; en Exit todo el vitriolo se dirige hacia los propios artistas cubanos y, desde luego, hacia los artistas extranjeros que no dudan en alabar realidades tercermundistas que jamás permitirían en sus países desarrollados. Del Llano, a través de O’Donell, le pega duro y fuerte a la necesidad de figuración de sus colegas y a la falta de escrúpulos de los artistas europeos a la hora de explotarla. Creo que es uno de los trabajos más ácidos y despiadados de Eduardo del Llano. También, uno de los más profundos pues indaga en los límites éticos del arte.

Y es que en Exit, Nicanor es contratado por un artista francés interesado en retratar el dolor de los artistas cubanos. Su trabajo consistirá en partirle la cara a puñetazos a los artistas. Pero será muy bien remunerado: cinco euros por artista. Al final, nada más y nada menos que quinientos euros. Lo suficiente para calmar el apetito insaciable de su mujer.

Claro, también es quizás el corto más gracioso. La secuencia final, la del pintor primitivo interpretado por el pana Osvaldo Doimeadiós, uno de los mejores comediantes y actores cubanos, literalmente me hizo escupir el café contra el monitor.Exit está protagonizado por Luis Alberto GarcíaEnrique MolinaNéstor Jiménez, y las encantadoras Annia Bú y Miriel Cejas.

Una última cosa: Exit, definitivamente, no es seguro para la oficina (NSFW). Que no haya menores de edad a tu alrededor cuando lo vayas a ver. Hay palabras y frases que se les grabarán en sus tiernas e impresionables mentes de forma inmediata e indeleble y que sólo saldrán a relucir en sus boquitas cuando haya extraños a tu alrededor.

 

RINCONETE

Lunes, 29 de marzo de 2010

Por Luis Rafael

Fundó el popular grupo humorístico Nos y Otros durante sus años de estudio en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, en la década de los ochenta. Eduardo del Llano (Moscú, 1962), aunque nacido en Rusia se educó en Cuba, a cuya cultura aporta su mirada irónica y mordaz, su humor, que ayuda a la catarsis y a la reflexión sobre los problemas más encendidos de la sociedad.

Cursaba la licenciatura en Historia del Arte cuando decidió desandar los caminos de la comicidad en la interpretación de la realidad surreal, a veces marcada por el absurdo, de la Isla. Nació entonces Nos y Otros y un boletín que dibujaban a lápiz, antecedente de sus colaboraciones con publicaciones humorísticas nacionales como el semanario Dedeté. Pero las viñetas satíricas y los chistes fueron solo el inicio. Más adelante estuvo entre los gestores del Festival Humorístico Aquelarre y ganó sus premios en diversas ocasiones; escribió guiones de cine, obras teatrales, poemas, cuentos y novelas, cargando la mano en los elementos cómicos de la realidad cubana. Denuncia incongruencias del sistema político de la Isla y se enfrenta a los estereotipos, critica actuaciones y decisiones de la burocracia administrativa, ganándose admiradores y reprimendas de la oficialidad. En particular, su personaje álter ego Nicanor O´Donnell, que protagoniza varias de sus narraciones, desata huracanes de pasión, y no precisamente amorosa.

Basado en uno de los cuentos de Nicanor y aprovechando las nuevas tecnologías digitales, Del Llano produce de forma independiente el cortometraje Monte Rouge, que es interpretado como una sátira de la Seguridad del Estado y enseguida recibe el premio de la censura, como antes la película Alicia en el pueblo de las Maravillas (1991), de la que fue coguionista junto al director Daniel Díaz Torres. Pero Del Llano no cede a las presiones y continúa su labor creativa, tratando de jamás autocensurarse «de antemano», porque piensa que como artista no debe sentirse limitado por la censura, aun cuando reconozca que exista «en todos los lugares del mundo».

En sus relatos evidencia las contradicciones de una sociedad que se suponía a salvo de la crítica y sin embargo se crispa ante la risa. Los viajes de Nicanor afirman su humor inteligente y cuestionador. La clessidra di Nicanor (1997, Premio Italo Calvino 1998), Obstáculo (1997), Tres (2002) yTodo por un dólar (2006), dan cauces a su fértil creatividad iconoclasta, que deja huellas en libros para adultos y para niños (El elefantico verde, 1993), en obras teatrales, espectáculos, peñas y tertulias de que resulta ameno anfitrión y en filmes producidos por el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficas (ICAIC) o de forma independiente (Sex Machine Productions). Empeñado en demostrar que la realidad cubana tiene diversos matices y que el humor ayuda a entender nuestra historia, presente y futuro, Eduardo del Llano aporta su ingenio y su talento a la cultura de la Isla, donde reírse ha sido desde siempre útil para mejor pensar.

Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, 1997-2010. Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es

 

Reseña en la revista Quimera, a cargo de Ruth Vilar

Quimera

Cuando podría parecer que los Beatles ya habían conquistado todas las parcelas de la sociedad y de la cultura, aparece oportuno el volumen 22 Escarabajos. Antología hispánica del cuento Beatle para demostrarnos lo contrario. Con él, Mario Cuenca Sandoval, editor de esta selección de relatos, y Páginas de Espuma hacen una más que destacable aportación al género de la ficción literaria con temática Beatle. A pesar de que el fenómeno Fab Four mueva legiones de admiradores que parecen no saciarse nunca, en los catálogos de novedades y en los anaqueles de las librerías escasean títulos que rescaten a los cuatro de Liverpool de las secciones de biografía y de crítica musical y que aborden sus figuras, su trayectoria y su obra desde la creación literaria. Por supuesto, hay honrosas excepciones, algunas de ellas firmadas, precisamente, por autores presentes en 22 Escarabajos, confesos y bien documentados fanáticos de la banda como Fresán o Iwasaki, pero no constituye la tónica general. No será porque tales libros no vengan a cuento. Cualquier fecha es susceptible de coincidir con un aniversario Beatle: sin ir más lejos, en agosto de 2009 se cumplían cuarenta años de Abbey Road, disco que pasa por ser el último que la banda grabó, y en diciembre hará treinta del asesinato de Lennon.
Ahora bien, el sentido de la oportunidad y el relativo vacío editorial en este ámbito suponen méritos menores de 22 Escarabajos. Sus principales virtudes son la representatividad de los escritores escogidos y la calidad de las piezas con que contribuyen. Gracias a la diversidad de los primeros (a sus distintos orígenes, bagajes y estilos literarios) esta antología ofrece una acertada panorámica de narradores en activo y en castellano que cultivan el género del cuento. En este sentido, el libro aprovecha al lector por partida doble, porque no sólo recoge y le brinda veintidós estupendos cuentos Beatle sino que además reseña la biografía y la bibliografía de cada uno de sus autores. Y, si bien esto último podría interpretarse como una perogrullada, como un requisito obligado de toda antología, la propia naturaleza de este volumen, que establece un vínculo puramente temático entre sus partes, anticipa la heterogeneidad del conjunto. Los textos que conforman 22 Escarabajos son tan variopintos como las canciones de la banda que los inspira. Dado que el elemento Beatle que todos comparten confiere suficiente solidez al volumen, Mario Cuenca Sandoval potencia en su selección la máxima flexibilidad formal de los textos, que se reconoce tanto en los ya publicados como en los hasta ahora inéditos. De este modo, el volumen deviene un poliedro con múltiples facetas. Por una parte, la extensión de los cuentos es variable y va de la eficaz brevedad de la fábula a partir de una imagen que es ‹‹Come together››, de Rodrigo Fresán, de apenas cuatro páginas, al despliegue pausado del tiempo cotidiano y a la vez extraordinario en ‹‹Two virgins››, de Marcelo Figueras, de unas cuarenta. En lo que respecta al estilo, encontramos cuentos de una claridad cortante como el que firma Andrés Neuman, ‹‹Cómo maté a John Lennon››, y otros que acumulan voluntariamente referencias históricas, interlocutores alternos, diferentes idiomas, transcripciones seudofonéticas o rasgos lingüísticos locales, etcétera; es el caso de ‹‹Rock in the Andes››, de Fernando Iwasaki, o de ‹‹Double fantasy››, de Salvador Luis.
El libro prueba que la premisa ‹‹variaciones sobre el tema Beatle›› abre la puerta a un estimulante y amplísimo abanico de posibilidades. Caben en él aproximaciones frontales al mundo Beatle (como la supuesta y absorbente entrevista a Ringo Starr en ‹‹Jet lag’ 68››, de Esther García Llovet, o el delirio intertextual que compone ‹‹Back to the egg››, de Leonardo Aguirre) y otras sutiles (como los relatos en primera persona ‹‹Julia››, de Care Santos, y ‹‹Las notas vicarias››, de Hipólito G. Navarro). Cabe tanto el monólogo imposible de un personaje real (‹‹Compota de manzana››, de Patricia Esteban Erlés) como las confesiones de dos hombres cuyas vidas estuvieron marcadas por algún concretísimo disco Beatle (‹‹Revolver Smile››, de Iban Zaldua, y ‹‹33 ladrillos traídos de Liverpool››, de Maurice Echeverría) o el retrato desatado de uno de los miembros de la banda (‹‹George Harrison, hindú››, de Raúl Pérez Cobo). Cabe el cuento futurista (‹‹El Beatle final››, de Leopoldo Marechal) y cabe el mito báquico (‹‹A day in the life››, de Javier Fernández). Y caben desde luego, porque la semilla de esta ambigüedad se encuentra en el supuesto del que parten todos los textos (a saber: cuento Beatle, esto es: ficción sobre la realidad), los relatos que mezclan realidad y ficción. Los mejores relatos que contiene el volumen han sido construidos utilizando esta estrategia narrativa.
Eduardo del Llano compone en ‹‹Los Beatles›› una verdad descabellada, pero cortada con el patrón de lo verosímil. Salta de 1967, de una reunión infructuosa de los miembros de la banda (que las habría), a su propio presente de escritor a través de la simple recepción postal de un casete que Yoko Ono habría encontrado entre los objetos personales de John Lennon cuando él murió y que ella habría franqueado en 1981. Del Llano orquesta este episodio, que justifica su papel como narrador real, mediante la más remota, y tal vez por eso indudable, casualidad. Relata el encuentro de los Fab Four, evocando la hipotética relación que John, Paul, George y Ringo podrían haber mantenido en su labor cotidiana de creadores, lejos de los escenarios y de las fans, y detallando en su diálogo en qué consistirá ese casete que aún no existe; resuelve el cuento con eficacia y concisión en un solo párrafo final.
Con ‹‹Degeneración JL››, Roberto Valencia nos ofrece un mosaico figurativo bien construido donde anticipa algunas de las infinitas reencarnaciones que viene sufriendo John Lennon en los lugares más remotos, sin que sus suplantadores conozcan límites de sexo o de raza, sin que compartan rasgo biográfico alguno, sin que concurra siquiera el más vago parecido físico. El relato despliega su catálogo de personajes, alternando los fragmentos que le dedica a cada uno con los de otro, y otro, y otro, en una inteligente progresión. Salpica la voz narrativa con comentarios objetivos de tono próximo al del reportaje y manipula la estructura del cuento situando en notas a pie de página una de las historias. ‹‹Degeneración JL›› es un prometedor anticipo de 7 Versiones de John Lennon, libro de relatos en el que trabaja actualmente el autor.
Pero es el propio Mario Cuenca Sandoval quien, además de haber completado una apreciable labor de selección y edición sistematizada y de firmar un prólogo que completa e ilustra a la perfección dicha labor, se lleva la palma con su cuento ‹‹El rodillo de la roca N››. El texto adopta la forma de un artículo sobre la relación del poeta Phil Apostolakis con los Beatles y sobre la influencia que ejerció en la creación del Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band. Este relato apareció publicado en Quimera en octubre de 2007. Por su calidad, era de obligada inclusión en esta antología. Está ahí para gozo del lector.
22 Escarabajos reúne estos y otros textos, tan repletos de referencias Beatle que su lectura resuena en la mente como si incorporasen banda sonora. Cuenca Sandoval resuelve el desorden de la abundancia de títulos agrupándolos en tres bloques: en primer lugar, los relatos sentimentales o nostálgicos, que incorporan el elemento Beatle como parte de una época vivida; en segundo lugar, los relatos Beatle o posmodernos, entre los que se cuenta el considerado relato inaugural del género en lengua castellana, ‹‹El beatle final››, escrito por Leopoldo Marechal y publicado por primera vez en 1968; y, en tercer lugar, los relatos apócrifos o fakes.
22 Escarabajos es un buen libro en el que, eso sí, se echan de menos una mayor presencia de escritoras y alguna otra voz, aparte de la de Marechal, que conociese el mundo a. B. (antes de los Beatles).
Ruth Vilar

 

“New Brooklyn”

Película protagonizada por Blanca Lewin gana Festival de Cine Digital

La historia dirigida por Christopher Cannucciari triunfó en la categoría de Largometraje Ficción, y recibió su premio en la ceremonia de clausura realizada en el Cine Arte de Viña del Mar.

El largometraje de ficción “New Brooklyn” fue el gran ganador del 8° Festival Internacional de Cine Digital – DIFF Chile 2010, que finalizó ayer luego de cuatro días de intensas actividades que incluyeron más de 100 funciones, y múltiples actividades académicas.

La película del realizador estadounidense Christopher Cannucciari cuenta con la actuación protagónica de Blanca Lewin, quien interpreta a Marta, una actriz chilena que viaja a EE.UU. para hacer una carrera en Nueva York sin la sombra de su novio, un famoso actor en Chile, el cual es interpretado por Pablo Cerda.

El premio fue entregado hoy en la ceremonia de clausura llevada a cabo en el Cine Arte de Viña del Mar, y que tuvo a Ingrid Isensee y Nicolás Poblete como sus animadores.

En la categoría de Largometraje Documental resultó ganadora la cinta “In Soweto”, una coproducción belga – sudafricana dirigida por Lot Vandekeybus, Kristel Driesmens y Orlando Verde. La cinta aborda la historia de un grupo de belgas que viaja hasta Soweto en Sudáfrica para conocer y compartir experiencias con la Murga Nathi, la primera murga africana de la cual se tiene registro.

La mención honrosa fue para la cinta española “Relatos” de Mario Iglesias; mientras que el Premio DIFF fue para el documental “The Quantum Activist” de Ri Stewart – Renee Slade.

El jurado de largometrajes estuvo integrado por Héctor Morales, Carlos Núñez y Fernando Brom.

Por su parte, la sección de Cortometrajes fue dirimida por un jurado integrado por Cristián Arriagada, Alejandra Fritis, Patricio Loutit, Pablo Alibaud, y Fernando Guazzoni, quienes eligieron a la película chilena “El Monte de Gabriel” de Christopher Murray para adjudicarse la categoría de ficción. Este corto aborda la historia de Gabriel, un ferviente católico que sube todos los días al monte que hay en su pueblo en busca de una revelación o manifestación divina.

En el género documental triunfó la cinta argentina “Achupallas” de Sebastián Giovenale, que retrata cómo este pueblo y sus habitantes se comportan cuando son informados de que allí van a grabar un documental.

“El pintor de cielos” del español Jorge Morales resultó ganadora en la categoría Animación / Experimental. El cortometraje aborda la historia de un pintor maniaco, marcado por su pasado trágico, y su fiel ayudante quienes investigan incansablemente la búsqueda de un remedio contra las tempestades.

Por su parte, el cortometraje del viñamarino Claudio Díaz, “Golpe de espejo“, se adjudicó el primer lugar en la categoría Bicentenario al retratar los contextos visuales que se producen a partir de las respuestas de ocho testimonios de jóvenes nacidos entre 1973 y 1989, y que hablan sobre esa época.

El premio especial del jurado fue otorgado para el corto francés “Le jeu de dames” de Irene de Lucas.

Las menciones honrosas en la categoría de cortometrajes recayeron en “La paradoja de Arrow” del español Jorge Caballero; “La ley del hielo” del chileno Ignacio Rodríguez; y “Brainstorm” del cubano Eduardo del Llano.

El 8° Festival Internacional de Cine Digital – DIFF Chile 2010 es producido por el Centro Cultural Quinta en Movimiento, apoyado por la Escuela de Comunicación de la Universidad del Mar, Lastarria 90 Cine Digital, y cuenta con el financiamiento del Fondo de Fomento Audiovisual perteneciente al Consejo Nacional de la Cultura y las Artes y otras empresas privadas. El evento es patrocinado, además, por la Ilustre Municipalidad de Viña del Mar, y la Comisión Bicentenario del Gobierno de Chile. (2010)

 

Eduardo del Llano, Sex machine y el humor cubano

Leonardo Depestre Catony, 15 de noviembre de 2010

Quienes conocen al cubano Eduardo del Llano (1962) saben de su original vena humorística. Quienes han visto las películas realizadas a partir de sus guiones, reconocen al autor que siempre da en el blanco. Pero los que lean Sex Machine, publicado por la Editorial Letras Cubanas en 2009, habrán disfrutado de un texto tan divertido como agudo, bien pensado e idóneo para comentar.

Uno de los elementos que más se agradece en los libros de Eduardo del Llano, es su manera de incorporar a los protagonistas de siempre —Nicanor O’Donnell, Rodríguez, Ana…— en el registro de nuestra memoria familiar. Otro recurso eficaz es el de la nada fácil capacidad de escribir para todos, es decir, más allá de clasificaciones según edades, preferencias por determinado género literario, o simples predisposiciones hacia la literatura de humor.

Título atractivo para el libro, Sex Machine es además uno de los breves relatos. He aquí este fragmento:

Ana —dijo Nicanor, levantando las manos como un misionero—, escúchame. Acabo de llegar de Europa. Fueron tres meses muy largos, y te extrañé mucho. Allá todo es normal, créeme. De hecho, quien me recomendó la Sex Shop fue el mismo compañero del Comité de Solidaridad con Cuba que me atendió en Hamburgo. Por supuesto, no gasté todo el dinero. Ahora bien, tenemos un problema, y esta es una manera de resolverlo. Lo hice porque te amo.1

Obsérvese el qué se dice y el cómo se dice en la narrativa de Del Llano, el dramatismo (o melodramatismo) de los personajes, y la utilización del humor a partir de una situación “seria”, todo expresado mediante la palabra eficaz y la lógica de las circunstancias. He ahí una de las claves del difícil arte de hacer sonreír.

Numerosos cuentos —para configurar dos libros en uno— se suman al ya citado, entre ellos: “Los enanos de Bergman”, “Una página en blanco”, “Primates”, “Los héroes”, “Monte Rouge”, “Honoris Causa”, “Amor propio…”, cada uno, dechado de originalidad, observación, sentido de la crítica y delirante gracia.

Cuba ha dado destacados autores del buen humor: desde los tiempos de Miguel de Marcos y Gustavo Robreño, hasta los del maestro Héctor Zumbado y Enrique Núñez Rodríguez. Dentro de esa rica y saludable trayectoria de literatura de humor, se inserta la obra de Eduardo del Llano, cuyo estilo narrativo nos descubre por sobre todo a un excelente escritor, y además, a un agudo humorista, motivo para aún mayores elogios.

Pero por si no bastara con el contenido del libro, Sex Machine tiene una ilustración de cubierta sugerente, a cargo del actor y también pintor Jorge Perrugorría.

De Eduardo Del Llano merece apuntarse que  no solo es novelista y cuentista; también poeta y antólogo,  ganador del Premio Italo Calvino en 1996 y del Premio de Cuento de la Revolución Cubana en 1998. Entre sus libros —y esto es por si el lector aún los descubre en librerías o bibliotecas— se cuentan Los doce apóstatas (1994); Nostalgia de la babosa (1993, poesía); El elefantico verde (1993, literatura infantil), Criminales (1994); La clessidra di Nicanor (1997);Obstáculo (1997); Los viajes de Nicanor (2000); Tres (2002); El universo del al lado (2007),Unplugged (2008)…

Vale recordar su condición de coguionista de los filmes Alicia en el pueblo de maravillas (1991),Kleines Tropikana (1997) y Hacerse el sueco (2000), los tres dirigidos por Daniel Díaz Torres; La vida es silbar (Premio de guión en el Festival de Cine de Sundance, en Estados Unidos, 1998) y Madrigal (2006), dirigidos ambos por Fernando Pérez.

Es también autor de los guiones de varios cortometrajes muy exitosos y además actor, pues no olvidemos que durante la década de 1980 integró el grupo teatral Nos-Y-Otros.

La crítica es en Eduardo del Llano, y en particular en este libro Sex Machine,  el resultado de un análisis profundo y multicausal de las circunstancias de una época, no de un propósito por extraer el zumo del humor al precio más económico —y menos elaborado— de la sátira irreflexiva.

Leer Sex Machine deviene así un ejercicio práctico y crítico sobre la naturaleza humana y la realidad cubana. Un ejercicio llevado a la literatura con maestría narrativa. ¿Acaso puede pedirse más? Recomendamos con una sonrisa  su lectura y disfrute.

1 Eduardo del Llano: Sex Machine, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2009, p. 122.

 

La “Pravda” de nosotros

En la entrega anterior abordamos la existencia de un arte crítico y comprometido con la Cuba actual, en la figura de Los Aldeanos. En esta ocasión abordamos el trabajo del cineasta Eduardo del Llano.

Armando Chaguaceda | Para Kaos en la Red | Hoy a las 17:43 | 167 lecturas | 3 comentarios

www.kaosenlared.net/noticia/la-pravda-de-nosotros

Pravda

Escena de “Pravda”: Nicanor frente al oficial.

Del Llano es un, reconocido guionista y escritor cubano, quien (bajo el lúdico y autogestivo sello de Sex Machine Productions) encabeza un grupo de artistas comprometidos con la  creación de audiovisuales críticos, satirizando de forma reflexiva sobre la realidad nacional.

Toda la serie gira alrededor de las peripecias del personaje Nicanor O’Donnell, un intelectual cubano, crítico y patriota, quien debe lidiar indistintamente con los conservadurismos familiares, la mercantilización de la vida cotidiana, la simulación pública, la censura de prensa y las visitas de los agentes policíacos.

En uno de sus últimos trabajos, titulado “Pravda” (término ruso que significa verdad y alude al periódico del Partido Comunista, publicación principal de la URSS de 1918 a 1991)  Nicanor es un admirador de la gesta del Moncada, génesis de la revolución cubana de 1959.

Nicanor es apresado y sometido a un interrogatorio kafkiano por hacer “pintadas clandestinas” con banderas y consignas revolucionarias del Movimiento 26 de Julio. El corto, musicalizado con un tema del dúo de Hip Hop Los Aldeanos (que puede verse en http://www.youtube.com/watch?v=w7irxBbHFEc) es un reflejo excelente de las relaciones entre arte, activismo y poder en la Cuba actual.

Los diálogos reflejan la apropiación del nacionalismo y el patriotismo como patrimonio estatal  (Nicanor- “Yo soy un patriota” /Agente- “Si, eso es lo que dicen todos, como si hubiera una patria para cada uno”/ Nicanor- “¿Y no la hay…?”/ Agente- “No, es una para todos…la que te toca”).

La sospecha oficial respecto a cualquier manifestación de autonomía y la arbitraria clasificación de las iniciativas ciudadanas, al margen de lo que formalmente reconoce la ley (Agente- “¿Por qué llevas varias noches saliendo a escondidas a pintar banderas y vivas al 26 en los muros del Vedado?”/Nicanor- “ya le dije…me interesa mantener vivo el significado primigenio, el ritual del acto”/Agente- “El modus operandi…”/Nicanor- “Si así lo quiere, aunque el término me parece un tanto viciado por el uso…mire esas consignas siempre aparecieron clandestinamente”/Agente- “¡Antes de la Revolución…para protestar contra la dictadura…siguiendo su lógica usted las pinta porque es un disidente, porque establece un símil entre …/Nicanor- “¿Un disidente que hace grafitis con las consigna del régimen que se supone detesta?/ Agente- “¡A nadie le entran esos ataque patriótico a las tres de la madrugada¡ /Nicanor-“A mi si”/ Agente- “Pues no es normal”/ Nicanor- “Que no sea normal no lo hace subversivo”/ Agente- “Eso lo decido yo”/ Nicanor- “¡Vaya, yo creía que lo decidía la ley¡”.

A quienes desconocen las dinámicas internas de control político vigentes en Cuba por medio siglo puede parecer surrealista el diálogo. Sin embargo este expresa de manera casi exacta los argumentos de agentes del poder al confrontar activistas y creadores autónomos.

Cualquiera que tenga una experiencia de interacción con esos agentes (y con su cultura política) testimoniará que sostener una propuesta critica desde la izquierda puede conllevar el calificativo de ser “agentes subversivos” o , cuando menos,  “manipulados por el enemigo”.

Las iniciativas autónomas son “acciones desestabilizadoras de la CIA” o los llamados a un socialismo participativo y la autorganización popular una “cosa que está bien para otros países, pero aquí no, porque aquí la Revolución ya se hizo. Y si alguien osa defender su pertenencia sincera a alguna corriente de izquierda, los agentes le contestarán que “ser de izquierda en Cuba es defender las ideas de Fidel y Raúl” cerrando de forma poco dialógica tan amable conversación.

Pero la gente suele ser terca cuando, además de creer en la causa que defiende, percibe orfandad en la postura que le confronta.

Como colofón el creador, en un acto de transparencia transgresora frente al poder, Nicanor le anuncia al interrogador: “El sábado que viene voy a hacer otro grafiti, de hoces y martillos, con la frase Todo el Poder a los Soviets”.

Creo que en esa frase se condensa la voluntad, libertaria y patriota, de un arte critico empeñado en insistir, a despecho de aquellos “palos que nos dió la vida” anunciados por la lírica criolla.

Y que por esta apuesta, como por muchas acciones cotidianas decentes y solidarias de médicos, maestros y gente común, permanece vivo (aunque herido) el legado de una Revolución, a despecho de las fuerzas oscuras que lo asesinan con sus actos.

 

¡Coopere con el artista cubano!

28 julio, 2013 Por Frank Padrón

A Eduardo del Llano le gusta el cine corto (de metraje) pero largo (de ideas) como demuestran sus más recientes filmes: el recién salido del “horno”, Casting (2013) y el anterior, Exit (2011), que hasta ahora no se había estrenado comercialmente.

Ha sido acertado el hecho de exhibirlos juntos, no solo dada su condición hasta ahora de inéditos y porque se trate del mismo autor, sino porque a ambos los enlaza un tema común, o al menos muy semejante pese a sus evidentes singularidades: las angustias del artista, muchos de sus problemas y preocupaciones existenciales y profesionales en un contexto tan complejo como la Cuba contemporánea.

En Casting, como su título indica, se convoca a varios actores para integrar el elenco de un filme que se realizará con un país europeo, algo, sabemos, tan habitual entre nosotros. Desde un guión ingenioso, al mejor estilo “del Llano”, asistimos a cuestiones intergeneracionales, a la elasticidad y legitimación del gusto, a la incidencia en el trabajo de los problemas personales, a manipulaciones , hipocresías y utilitarismos, a cuestionamientos en torno a las coproducciones (y sus respectivas concesiones), o algo tan candente ahora mismo como las gestiones independientes y diversas en torno al hecho fílmico… todo muy bien insertado y mejor plasmado en un relato donde sobresale la coherencia tras la aparente improvisación que la propia narrativa impone, y donde el humor ácido y corrosivo alberga realidades dramáticas y hasta trágicas.

Es notable el tremendismo de ciertos personajes y situaciones, como el llanto interminable de Jorge o el exabrupto que llega a la violencia de Tomás, pero en general, estas secuencias se suman a los objetivos del filme.

Se maneja muy bien el consabido “cine dentro del cine” —en una primera instancia el mediometraje implica todo un “ars poetica” del propio séptimo arte—; el recurso muestra su dorso cuando los personajes se nombran como los actores, algo que coquetea no solo con el realismo sino con la relatividad, con las transiciones a veces imperceptibles entre ficción y realidad, de ahí los cambios cromáticos y de textura que frecuentemente propone la acertada fotografía del maestro Pérez Ureta.

Las actuaciones son otro mérito indudable: las del propio Eduardo del Llano (casi siempre in off), Mario Guerra, Carlos Gonzalvo, Jorge Molina, Tomás Cao, Héctor Medina , Claudia Alvariño y Luis Alberto García.

Este último, el Nicanor del Decálogo que rubrica el guionista y director, vuelve a centralizar el otro título: Exit, esta vez con una problemática todavía más desgarradora y conflictual: hasta dónde el artista puede degradarse por brillar (o por cobrar); hasta dónde pueden llegar las concesiones, incluyendo el grado de desfachatez de ciertos “mecenas” de extramuros; qué limites hay (si los hay) entre ética y estética.

 

Feliz retorno a casa

OnCuba 28 julio, 2013

Desde hace cinco décadas atrás, el acto de disfrutar de los filmes de estreno en los cines principales de la Isla, acompañados por cortos y documentales de producción nacional, se convirtió en un hecho habitual para el público cubano. Una tradición que se remonta a los años en que la presencia del Noticiero ICAIC Latinoamericano y los muy recordados Filminutos (animados) eran motivos suficientes para el rencuentro de los espectadores con la pantalla grande.

Este verano, el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), felizmente retoma de forma estable, esa añeja costumbre, ausente en los últimos años. Al finalizar agosto, se habrán exhibidas 18 obras de 14 realizadores del cine cubano, que servirán de antesala a los esperados filmes de estrenos de diversas cinematografías; una muestra del retorno, al circuito de exhibición del país, de cortos, animados y documentales a su espacio -pudiéramos llamarle- natural.

Como parte de esta programación se incluyen los cortometrajes Exit (2011) y Casting (2013), últimas producciones del polémico actor, narrador, guionista y director cubano Eduardo del Llano. Dos cintas en las que la cámara no es demasiado arriesgada, no existe un alarde de efectos visuales, ni se intenta revolucionar la estructura. Se trata de un contar y leer al modo tradicional, donde el director no se plantea innovar, sino más bien escudriñar en la psicología del ser humano y en los procesos sociales que le rodean.

En estas obras audiovisuales encontramos –una vez más- esa mirada irónica y mordaz que caracteriza al autor del largometraje Vinci (2011). Un humor inteligente y cuestionador, que convida a la catarsis y a la reflexión sobre los problemas más candentes de la sociedad cubana. En esta ocasión, su flecha aterriza en la diana de la ética de los artistas en la Cuba actual.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s