Épica: un viaje en el tiempo para cinéfilos refinados

El sarcástico Nicanor regresa a los sesenta.

Marilyn Bobes

Estrenado en la más reciente edición del Festival de Cine Latinoamericano de La Habana, el corto de 25 minutos Épica, de Eduardo del Llano, es una refinada joya de la saga que este talentoso cineasta cubano viene realizando con el personaje de Nicanor desde hace unos cuantos años.

Bastaron a del Llano tres actores (Luis Alberto García, Carlos Gonzalvo y Néstor Jiménez) para conseguir un material imaginativo, cuidadoso con la reconstrucción de época y con una banda sonora excelente de Velia Díaz, apoyada con eficacia por un puñado de canciones de Frank Delgado.

Un viaje en el tiempo (desde 2015 hasta 1960) hace que Nicanor, el personaje protagónico, reflexione, humorística y desgarradoramente al mismo tiempo, sobre ese período de la historia no solo de Cuba, sino del mundo, reservándole al espectador la sorpresa de la persona con la que dialoga y cuya trayectoria vital mucho tendrá que ver después con esta conversación imaginaria: una brillantísima muestra del desempeño actoral de García y Gonzalvo, dirigidos con mano maestra y apoyados por el expresivo mutismo de Néstor Jiménez, en la modesta representación del barman.

Una sola locación, la del bar –reconstruido con esmerado respeto a la época aludida– basta para conseguir una logradísima verosimilitud a partir de eso que del Llano llama ficción especulativa, recurso poco explotado por la cinematografía cubana y en la que este realizador se mueve como pez en el agua.

A pesar de no haber logrado un Coral –que hubiera estado muy bien merecido, por cierto–, el director de Épica tiene la satisfacción de haber provocado risas, llantos y una identificación absoluta con el público que asistió a la sala Charles Chaplin el día del estreno.

Como productor independiente de Sex Machine, Eduardo del Llano es un nombre muy conocido entre los consumidores de un cine alternativo que circula a través de memorias y computadoras y que llega con este nuevo corto al número 12 de la saga de Nicanor.

Del Llano había pensado que ya había concluido con este personaje extraído de su literatura, pero como pasa a muchos escritores y guionistas, tuvo que recurrir nuevamente a él para expresar estas conmovedoras y amargas conclusiones que expresan la desilusión de una generación por el futuro esperado y que nunca llegó.

Sentido del humor no falta, pero el saldo final de Épica es la nostalgia, la necesidad de buscar en el pasado de la revolución cubana el concepto que da título al corto y que en 2015 se ha convertido, sobre todo, en incertidumbre muy relacionada con el panorama internacional contemporáneo.

Cada detalle está muy bien cuidado en un filme que se realizó gracias al esfuerzo de un equipo, que liderado por Del Llano puso a prueba el talento y la entrega de cada uno de sus integrantes.

Este es uno de los casos que ratifica que la falta de presupuesto no es determinante a la hora de conseguir buenos resultados en cuanto a un audiovisual se requiere.

A Del Llano le parece que le será muy difícil superar esta entrega de la saga de Nicanor y yo coincido con él en que se trata de la más depuradas de sus entregas en un ciclo que se dispone a cerrar, pero que tal vez no sea su última incursión con este alter-ego.

La puesta en imágenes de un texto que primero fue literatura es algo que el director de Épica domina muy bien.

Excelente guionista, es también capaz de dirigir con brillantez y su habitual minimalismo le permite una comunicación con el espectador sin mediaciones disgregadoras, al mismo tiempo que se adscribe a una corriente de “cine pobre” que ha dado no pocas sorpresas agradables al cine cubano de los últimos cinco o 10 años.

Ojalá Épica halle eco en las personas que deciden la distribución del cine cubano y este excelente material pueda ir, nuevamente, a la gran pantalla, para ser disfrutado por el público mayoritario que se merece.

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