EL PUENTE SOBRE EL INN

Publicado: 25-05-2016 en Sin categoría

Desde el martes 24 estoy de nuevo en Innsbruck, Austria, participando con mis cortos Arte y Epica del 25 IFFI. Luego de dos semanas debo ir a Frankfurt, y el 11 de junio regreso a Cuba. Hoy estuve impartiendo una clase magistral en el Campus universitario acerca de la escritura de guiones. Luego vi la hermosa Taxiphone, del director argelino Mohammed Soudani. La recomiendo.

LAS LEYES DE MURPHY

Publicado: 23-05-2016 en Sin categoría

Cada vez parece más dudoso que la naturaleza, la sociedad y el pensamiento se rijan por las leyes que laboriosamente hemos formulado para tratar de explicarlos. En cambio, diríase que la única que en verdad los ha calado hondo es la Ley (las leyes) de Murphy. Es más, creo que el ser humano ha subido un peldaño en la evolución, se ha vuelto más maduro y civilizado al asumir los célebres postulados.

Si algo puede salir mal, saldrá mal.

Esa es la matriz, la ley primigenia, enunciada a mediados del siglo pasado y recogida junto a un buen puñado de corolarios y derivaciones en el libro de Arthur Bloch. Tan famosa se ha hecho esta ley empírica pero imbatible que existen volúmenes de las leyes de Murphy aplicadas a la maternidad, los médicos, los estudiantes, etc.

Primera ley de Finagle: Si un experimento funciona, es que algo ha salido mal.

Cada solución genera nuevos problemas.

La pieza más cara es la que se rompe.

Un objeto caerá donde haga el mayor daño posible.

La otra cola siempre se mueve más rápido.

La mancha siempre está del lado de afuera del cristal.

Un objeto que cae al suelo rodará hasta el sitio más inaccesible de la habitación.

La mejor manera de echar limón a un pescado es ponerse el pescado en el ojo.

Cuando un cuerpo se sumerge en agua, suena el teléfono.

La probabilidad de que la tostada caiga con la mantequilla hacia abajo es directamente proporcional al precio de la alfombra.

Etcétera. La naturaleza es perversa, de manera que cualquiera puede reconocer esos principios y sentir que reflejan su día a día. Cualquiera, en verdad, pues Murphy es también el Gran Igualador de ricos y pobres, ateos y devotos, fundamentalistas y descreídos. En su formulación se conjugan ingenio, humor y también un poquito de amargura, un saberse derrotado de antemano por la rebelión de los objetos. Tal vez hemos dedicado demasiado tiempo a mirar arriba, tal vez olvidamos que por lo general no son el destino, la extracción social o los demás quienes nos encabronan y nos vencen, sino la falta de lógica inherente a las cosas pequeñas. Pongo un reciente ejemplo personal:

 Hace poco tenía que llegar a un sitio a una hora específica. Justo cuando iba a salir, empezó a llover. Detesto llegar tarde a mis citas, así que salí de todas maneras. Una cuadra antes de llegar a destino, escampó. Apenas terminaba la visita, se fue la luz. Como el elevador no funcionaba, bajé cuatro pisos por la escalera a tientas. Al llegar abajo, recordé que había dejado un importante paquete arriba, así que volví a subir a ciegas, lo recuperé y bajé de la misma forma, rezando por no partirme la cabeza como consecuencia de un paso en falso. Apenas gané la calle vino la luz.

La ley de Murphy es la voz de Dios. De hecho, Él te insta a sufrir acá en la Tierra con la promesa de que en el Cielo será otra cosa. Eso debe significar que en el Cielo nuestra fila avanzará más rápido y la mantequilla quedará hacia arriba. Entretanto, podemos ir a la Luna o derrocar un gobierno, comunicarnos instantáneamente con el otro lado del mundo o clonar un ser humano, pero un objeto que se nos cae al suelo seguirá rodando hasta meterse debajo de ese mueble pesadísimo, de donde habrá que sacarlo haciendo semicírculos a tientas con un perchero. Y así ocurrirá hasta que se acabe el mundo… lo que seguramente tendrá lugar mientras estemos enjabonados y con champú en los ojos.

(23 de mayo 2016)

YO, TÚ, EL ARTISTA

Publicado: 17-05-2016 en Sin categoría

¿Qué es, quién es el artista cubano de hoy? ¿El afortunado producto de las escuelas de arte? ¿Un vividor que ha encontrado la manera de pasarse la existencia vacilando, sin trabajar? ¿Un mecenas que, en lugar de irse a África a apadrinar niños como las estrellas de Hollywood, los tiene acá a la mano y abre espacios para ellos y los visita después de los ciclones?

Para el cubano de a pie, el artista es desde luego un tipo con suerte. Se levanta a la hora que le da la gana, se pasa el día, aparentemente, sin hacer nada –esto es, soplando una cornetica, embarrándose de colorines en su estudio como un chama o aporreando un teclado- y la vida, injusta como es, lo premia con un montón de viajes, muchísimo dinero y sistemática presencia en los medios masivos. Y uno de bestia. Por si fuera poco, dice cosas por las que ese mismo ciudadano corriente explotaría como Cafunga, y al muy cabrón no le pasa nada. Algunos que se fueron han regresado tan frescos y retomado acá su fama donde la dejaron.

La imagen romántica del ente sufrido y apasionado que se muere de hambre antes de traicionar su arte, que desprecia a los mercaderes y es despreciado por ellos, que se decanta decididamente por el espíritu y reniega de la frivolidad y el lujo ha quedado atrás para ser sustituida, en la percepción popular, por la del tipo que triunfa en los negocios y ha sabido cogerle la vuelta al sistema, aportando la dosis tolerable de crítica pero siempre a la caza de la oportunidad para orear el alma. Nuestro estrellato es artesanal, de segunda mano, al ciudadano le parece engreído y ridículo el artista que no esté siempre disponible, que se crea cosas, que se haga el diferente, el profundo. Cuando se queja de sus problemas o dice ser una persona normal, los demás lo miran enarcando una ceja y pensando qué sabrá ese tipo de las verdaderas candelas de la vida

Desde el punto de vista del poder, antes se consideraba traición, o poco menos, el excesivo flirteo del creador con los espacios internacionales. Ahora, por el contrario, es como si el Estado prefiriese que el artista se busque la vida por ahí, exponga sus piezas o baile o dé conferencias en sitios exóticos y deje de joder en suelo patrio. Conviene más el creador que tiene algo que perder, o bien que se larga de Cuba si se le pone el dado malo, que aquél otro cuya aspiración es, todavía, sacudir conciencias y generar iniciativas por acá. La Ley de Cine, por ejemplo. De quienes se quedan en su país, el poder espera que entonen loas cada vez que se les pida, que siempre estén disponibles para galas, homenajes o para realizar películas patrióticas; que no se enojen o se traguen su rabia si cualquier extranjero recién llegado –el equipo de Fast and Furious que en estos días ha rodado en La Habana, por ejemplo- recibe la atención y los permisos que los creadores nativos se las ven moradas para conseguir; que no protesten si les pagan tarde y mal, si sus criterios son ignorados y quedan sin respuesta sus demandas. Su rebeldía es tomada, en el mejor de los casos, por simpáticas excentricidades inherentes a la personalidad creativa; en el peor… bueno, puede que los medios masivos dejen de hablar de ti por un buen tiempo. En cuanto al artista emigrado, ya no se le borra de los registros como antes, sólo se le deja en modo reposo, en baja intensidad, pues quién quita que tenga éxito y vuelva en unos años trayendo de la mano a unos inversores entusiasmados.

Dondequiera los artistas pueden ser incómodos, pero siempre se las arreglaron para encontrar su nicho, su zona de confort, una demanda social que satisfacer. En Cuba hay mucho talento, y todavía algunos nombres convocan multitudes, pero la mayoría de los creadores –y no necesaria ni exclusivamente los nuevos– busca atajos para el éxito, necesita triunfar rápido: la creciente marea de pragmatismo ha recortado la espiritualidad y convertido el arte en otra manera de luchar. En todo caso, parece bastante claro que ni la gente ni el gobierno sabe muy bien qué hacer con este grupo, dónde ponerlos o qué rasero aplicarles. Eso sí, todos se abrogan el derecho a piratear sus obras.

(17 de mayo 2016)

LOS VIEJOS

Publicado: 10-05-2016 en Sin categoría

Mi cuento Senectud Rebelde (aparecido en el volumen Todo por un dólar, publicado por H. Kliczkowski en Madrid en 2006), hablaba de un habanero con iniciativa que abría, a escondidas de los inspectores, un asilo de ancianos por cuenta propia. En ese momento parecía una idea divertida, y además vagamente irreal: mi hija menor estaba en edad preescolar e iba a un círculo privado no lejos de casa –en esencia una señora, propietaria de una casa con patio, que cuidaba niños- y pensé que a nadie, que yo supiera, se le había ocurrido mirar con sentido práctico a la otra punta de la vida.

Bueno, ahora mi generación está en edad de tener que ocuparse de sus padres. Esto no es una metáfora política, es literal: tengo varios conocidos que llevan años atendiendo ancianos que no pueden valerse por sí mismos. Día a día, noche tras noche, acuden a su llamado, los alimentan, los lavan, los medican, los acompañan. En el país no hay asilos suficientes, y muchos de los que hay  han devenido meros almacenes de viejos sin las condiciones adecuadas, algo que nadie querría para sus padres; no pocos son verdaderas antesalas del infierno. Cuando aparece alguno más o menos decente, no es raro que los angustiados descendientes descubran que las plazas se consiguen mediante soborno. Por otro lado, si intentan contratar a una persona que los ayude a cuidar al progenitor desvalido en casa, deberán pagar precios abusivos y correr riesgos diversos: descuido, robos, maltratos…

Es duro para los ancianos ser echados a un lado. No creo que por tener méritos revolucionarios en su pasado merezcan más atención que quien no los tuvo, pero sí es lógico que muchos de ellos se sientan traicionados por un gobierno a cuyas ocurrencias consagraron sus mejores años. Es duro también para sus hijos encargarse de ellos sin ayuda, cuando la vida cotidiana, aun sin personas enfermas y dependientes, ya da bastante trabajo. Tengo un amigo ciego que debe ocuparse de sus padres. Tengo otro que lleva años sin dormir una noche entera, atendiendo, con la esporádica ayuda de una hermana, a su madre postrada. Apenas tiene vida social… bueno, apenas tiene vida. Lo hace porque no le queda otra, porque uno no abandona a su madre, pero sé perfectamente cómo piensa, sé de su desesperación y su fatiga. Es un profesional de mi generación, pero ha tenido que reducir al mínimo su trabajo y su proyecto de vida. Indefinidamente.

Y esos son ancianos con suerte, pues al menos tienen quien vele por ellos. Otros viven gracias a los envíos de algún hijo emigrado, pero están esencialmente solos.

Otros no tienen a nadie.

No hay adónde volverse. El Estado no hace nada, el Estado tiene otras ocupaciones. Evidentemente, para el Estado unos viejos son más importantes que otros.

P.S.: El 5 de mayo murió el poeta, periodista e investigador Bladimir Zamora. Lo conocía desde los años 80, cuando yo colaboraba y él trabajaba en el Caimán Barbudo. Los de GNYO lo llamábamos en broma Slawomir Bamorek, el poeta de la Malá Strana, como si fuera checo, cuando en realidad era todo lo cubano –bayamés- que se puede ser.

P.P.S.: Words Without Borders (WWB) me ha publicado un cuento (en español Contra la corriente, en inglés Swimming upstream) en su edición de mayo de 2016. Este es el linkhttp://www.wordswithoutborders.org/article/may-2016-cuba-swimming-upstream-eduardo-del-llano-dick-cluster

(10 de mayo 2016)

GUILLERMO TELL, revisited

Publicado: 03-05-2016 en Sin categoría

Después de terminado un Congreso del Partido en que la abrumadora mayoría de los delegados eran profesionales o dirigentes, blancos, y más del noventa por ciento mayores de treinta y cinco años –de edad física, se entiende; de edad mental probablemente todos rebasaban los setenta- me vienen a la mente la canción de Carlos Varela, el hijo de Tell y su anhelo por maniobrar con la ballesta del padre.

El grueso de mi generación, y tal vez también de la que me sucedió, aún quería utilizar esa ballesta que Tell estimaba podía estropearse en manos distintas a las suyas. Como los socialistas utópicos, confiábamos hasta cierto punto en que podríamos propiciar una sucesión generacional razonable si tan sólo conseguíamos convencer al rudo ballestero de Uri de cuán sensatos y bienintencionados éramos, de que la idea que nos movía era utilizar el arma de manera más cómoda, práctica y moderna, pero básicamente para lo que estaba diseñada, esto es, para tirar la flecha. Ingenuos, suponíamos que el padre se merecía un descanso y, una vez persuadido, agradecería nuestro ofrecimiento.

Hoy Tell y sus compadres no pueden, no ya tirar la flecha con un mínimo de seguridad de que dará en el blanco, sino cebar la ballesta, alinear la flecha, recordar cómo se dispara. Está viejo y cegato, pero es más tozudo que nunca, sigue proclamando que partirá la manzana por el medio y ni siquiera se da cuenta de que el bisnieto –pues el hijo tuvo descendencia- hace rato que se ha ido, y está en otro rincón de la plaza de Altdorf con su Iphone 6 en la mano, porque allí hay WiFi; precario y carísimo, pero conexión al fin. 

 Al bisnieto de Guillermo Tell no le interesa en lo más mínimo utilizar la ballesta familiar, ni ninguna otra. No quiere adaptarla a su manejo, tomar la responsabilidad de proponer un nuevo método de uso, ni siquiera exige que el anciano guerrero ocupe su lugar y se arriesgue al tiro. El chico sólo piensa en su progreso personal, en vivir mejor, en tener los derechos y posibilidades de cualquier otro joven del mundo, y su mente está limpia por completo de metarrelatos liberadores, de la idea de unirse para luchar por una causa, de enfrentar la injusticia y virar esta tierra –o cualquier otra- de una vez; si un estado de cosas no le conviene, se muda a otro sitio donde el statu quo sea más de su gusto. No quiere, en suma, cambiar el mundo, su proyecto de vida es pragmático y simple como un tema de reguetón.

Resulta estremecedor que a dos décadas y media de su estreno, la canción siga reflejando el enorme abismo generacional que divide a nuestra sociedad, esa grieta, diríase, de tierra ferozmente castigada por un sismo. Y cada vez es peor, naturalmente, pues los viejos son más viejos y los jóvenes… maduran. El lenguaje de Tell y los suyos sigue siendo el mismo, el del recelo, la desconfianza en las intenciones de cualquiera que no esté plenamente integrado a sus filas. (Y, como demuestra la historia reciente, incluso en las de aquellos que lo están). Según su modo de ver, ellos tienen la salvaguarda de la nación, y ningún otro proyecto, ningún otro discurso, ni la más mínima desviación son admisibles –bueno, a veces hay que tolerarlas estratégicamente, aunque la idea soterrada es volver atrás tan pronto sea posible- pues la nacionalidad misma se iría al  garete…

 Pero volvamos a tierra helvética y al siglo catorce. Guillermo suda, la mano le tiembla, no oye bien. Lo irónico es que no sólo el chico con la manzana en la cabeza ha cambiado, sino que ni la manzana es la misma. Tampoco hay público en la plaza de Altdorf, la gente se ha cansado de esperar, muchos se han ido refunfuñando que lo de la maravillosa puntería del ballestero era puro cuento, y los pocos fanáticos que aún vivaquean por allí están, como el bisnieto, ensimismados en sus tablets y teléfonos móviles. Ya no tienen fe, y han descubierto que se puede vivir así. Y no como cuando uno está sin pareja, que sabe que más tarde o más temprano aparecerá otra, sino que ahora comprenden que sin la fe se está más ligero, y se sigue siendo buena persona. Tal vez mejor persona, colige alguno, cínico. Entonces, entusiasmados por el hallazgo, le pasan un mensaje de texto a sus amigos, sin importar que muchos de ellos vivan en el tenebroso imperio de los Habsburgo…

P.S.: El 1ro de mayo falleció el guitarrista y compositor Sergio Vitier.

(3 de mayo 2016)

IDEOLOGICAL PROBLEMS, ME?

Publicado: 26-04-2016 en Sin categoría

A propósito del concierto de The Rolling Stones en La Habana el pasado 25 de marzo, la prensa –internacional, sobre todo, y algunos blogs del patio- repitió con frecuencia que el rock había estado prohibido en Cuba, que durante varias décadas por escuchar la música del enemigo se iba a la cárcel; se habló de diversionismo ideológico y de la desconfianza del régimen hacia el género musical. Comprendo que los periodistas tienen que vivir, que los titulares y las noticias han de ser pegadizos, pero como ocurre con casi todo lo relacionado con Cuba, ahí hay simplificación deliberada, mucho de miren-lo-que-ha-pasado-en-ese-país-comunista-raro-y-exótico. A mi modo de ver, eso tiene algo de cierto, algo de falso y muchísimos matices.

Veamos: el 13 de marzo de 1963, en la clausura del acto para conmemorar el VI Aniversario del Asalto al Palacio Presidencial, Fidel Castro dijo:

(…) Claro, por ahí anda un espécimen, otro subproducto que nosotros debemos de combatir. Es ese joven que tiene 16, 17, 15 años, y ni estudia, ni trabaja; entonces, andan de lumpen, en esquinas, en bares, van a algunos teatros, y se toman algunas libertades y realizan algunos libertinajes. […] Claro que no chocan contra la Revolución como sistema, pero chocan contra la ley, y de carambola se vuelven contrarrevolucionarios. […] Muchos de esos pepillos vagos, hijos de burgueses, andan por ahí con unos pantaloncitos demasiado estrechos; algunos de ellos con una guitarrita en actitudes «elvispreslianas», y que han llevado su libertinaje a extremos de querer ir a algunos sitios de concurrencia pública a organizar sus shows feminoides por la libre.

Que no confundan la serenidad de la Revolución y la ecuanimidad de la Revolución con debilidades de la Revolución. Porque nuestra sociedad no puede darles cabida a esas degeneraciones. […] Estoy seguro de que independientemente de cualquier teoría y de las investigaciones de la medicina, entiendo que hay mucho de ambiente, mucho de ambiente y de reblandecimiento en ese problema (…)

Ahí empezó todo: Fidel no sólo estigmatizaba al rockero con pantalones demasiado estrechos que anda con una guitarra y va a teatros (¡!), identificando moda con ideología e ideología con preferencia sexual, levantando así el banderín para que los que eran más revolucionarios que nadie reprimieran a cuanto joven les pareciera retratado, sino que apelaba a sentimientos aún más profundos: el machismo y el nacionalismo (o mejor chovinismo), la desconfianza, el odio a cuanto estuviera, o aun pareciera, contaminado de ambigüedad. Dice Ernesto Juan Castellanos en su ensayo de 2008 El diversionismo ideológico del rock, la moda y los enfermitos

(…) hubo por aquella época muchos casos de autotitulados «revolucionarios de Patria o Muerte» que, escudados tras uniformes y carnés de los más diversos orígenes, solían organizar piquetes de furibundos extremistas y, empuñando filosas tijeras, acudían a las zonas más concurridas de El Vedado, sobre todo La Rampa, para arremeter contra cualquier joven cuya apariencia personal no fuera de su agrado. Entonces, al estilo de las cuadrillas de linchamiento de las películas de Hollywood, inmovilizaban a la víctima, le desmochaban el cabello, le cortaban los pantalones a lo largo de toda la pierna si no estaban suficientemente holgados, y le caían a trompones y patadas al «culpable» si se defendía, casi siempre con absoluta impunidad ante las autoridades que acudían al lugar y se llevaban detenida a la víctima por «escándalo público» y «conducta impropia».

El ejemplo más subido de color de estas represalias contra la juventud que se resistía a la moda del almidón y los pantalones con filo, ocurrió en la noche del 25 de septiembre de 1968, cuando un operativo policial a gran escala arrestó y confinó durante días, semanas e incluso meses, a numerosos grupos de jóvenes que se encontraban en La Rampa, cerca del hotel Capri y de la heladería Coppelia, en El Vedado.

 Como ocurría desde las Palabras a los intelectuales de junio de 1961, los delimitadores de primaveras tenían la mesa servida. Si te gustaba el rock en inglés serías sin duda homosexual y vago y te gustarían las drogas, así que la sociedad tenía que reprimirte y reformularte. A este respecto, es curioso que no en todos los países socialistas el rock era considerado un peligro: como dice el crítico español Diego Manrique

(…) en Bulgaria, Rumania o Cuba se reprimía a los músicos y a sus seguidores de pelos largos. Por el contrario, la República Democrática Alemana se esforzaba en desarrollar equivalentes a las estrellas de la República Federal, una política de Estado que se concretó en el llamado Ostrock (rock del Este). La descentralizada Yugoslavia permitía la coexistencia de potentes escenas musicales que se expresaban en serbio, esloveno o croata. Checoslovaquia, con su base industrial, era proveedora de instrumentos musicales —incluyendo sintetizadores— a los otros países del COMECON (…).

Pero nada es exclusivamente en blanco o negro. Todo el tiempo tendemos a mirar el pasado según la lógica del presente, a olvidarnos de la perspectiva histórica. Fidel erraba, y su error era más grave por cuanto lanzaba no tanto una prohibición como una campaña purificadora, pero téngase en cuenta, primero, que en 1963 ya había ocurrido el atentado de la Coubre, el bombardeo a los aeropuertos militares y la invasión a Bahía de Cochinos, varios atentados contra su vida, diversos sabotajes, la Crisis de Octubre… Los procesos de Hollywood contra los comunistas y sus simpatizantes, a fines de los años 40 y durante los 50, evidenciaron cómo funcionaba el mundo de la Guerra Fría: la ideología enemiga entendida como una suerte de infección que ataca el cerebro si se le da la menor entrada, de manera que al individuo contaminado hay que segregarlo para que no contagie al resto. Por demás, no sólo en el socialismo se recelaba del rock, se prohibían canciones y cancelaban conciertos. En 1966, la reacción contra la frase de Lennon de que los Beatles eran más populares que Cristo, con multitudes de adolescentes quemando los discos de los Beatles ante la mirada cómplice de la policía; la censura de A day in the life por la BBC (por referencia a las drogas) y parte de la letra de Let´s spend the night together en el Ed Sullivan Show (por implicaciones sexuales); el polémico arresto de Jagger y Richards en 1967 (el affaire Who breaks a butterfly on a wheel?); al año siguiente, la reacción de las autoridades religiosas ante Sympathy for the devil o la prohibición en USA del single Street fighting man de los Stones (ambas por razones políticas); la campaña emprendida en 1985, ya en época de Reagan, por las damas decentes y encumbradas de la PMRC contra el rock and roll porque, según ellas, glorificaba la drogadicción y la violencia, son sólo algunos ejemplos de una larga lista. En los 60, los mismos Stones eran considerados por los padres británicos unos monos gritones y desaseados con los que jamás dejarían salir a su hija (lo que fue inteligentemente manejado por su manager Andrew Loog Oldham) y sufrieron numerosas cancelaciones de gigs a uno y otro lado del Atlántico porque las autoridades de esta o aquélla ciudad se negaban a dejarlos actuar; en 1964 Dean Martin se burló de ellos en el Hollywood Palace Show de la TV norteamericana… Y, de la misma manera que acá se tenía al rock por un arma de penetración ideológica imperialista, las voces conservadoras en USA aseguraban airadas que el rock y los hippies eran parte de una estrategia comunista para hundir a los jóvenes en drogas y perversiones sexuales y anular así su conciencia social y política…

Pero, dirán algunos, la diferencia es que esa represión, esa descalificación del Otro no se convirtió en política de Estado en Occidente, se limitó a hechos aislados y remotos, y en todo caso había una legalidad, a la peor se llevaba a juicio a los rockeros, no se les excomulgaba sin más explicaciones, eso ya no pasa en los países democráticos. Bueno, ¿y qué hay con el campo de prisioneros en Guantánamo, y con el prejuicio actual de Europa y USA contra las personas que profesan el Islam, e incluso que lucen árabes? Todo el mundo sabe que en los aeropuertos los revisan y apartan más que a cualquier otro pasajero, en las grandes ciudades se les mira con recelo, se les acosa constantemente, los aparatos represivos y de inteligencia les tienen por los primeros sospechosos. De acuerdo, ocurrieron y ocurren esos terribles atentados en New York, Londres, París, y hay que prevenir nuevos actos criminales, pero ¿acaso cada musulmán es terrorista, y merece de antemano un trato discriminatorio, sólo por su color de piel? Una cosa es comprender y otra, muy distinta, disculpar: si admitimos la situación descrita en atención a las circunstancias, ¿no estamos a un paso de justificar la represión contra los rockeros, también nacida en circunstancias delicadísimas?

En Cuba, la satanización del rock y sus seguidores –y la consideración de que el inglés era la lengua del diablo- tuvo su peor momento a fines de los sesenta; luego las cosas fueron cambiando poco a poco, aunque todavía ahora mucha gente en el gobierno -con todo y haber canonizado a Lennon- piensa que los melenudos son unos depravados peligrosos. En mi artículo El rock como estigma (revisited) digo que (…) El rock en Cuba de Humberto Manduley (Atril Ediciones musicales, 2001), es el primer libro que se aventuró a contar la historia invisible. Todavía recuerdo una frase de Manduley durante el lanzamiento del libro en la Cabaña: durante varias décadas, la única institución revolucionaria que se interesó por el rock cubano fue la PNR. Y en verdad, por varias décadas rarísima fue la banda, si alguna hubo, que no tuviera frecuentes encontronazos con las fuerzas represivas, como relata estremecido el propio (Juanito) Camacho en La verdad acerca del G2, o Frank Delgado en su pieza Los Almas contra Tropas Especiales.

Pero, como queda dicho, no todo –ni todo el tiempo– fueron burócratas miedosos e inflexibles tratando de ostentar lealtades a costa de los sufridos jóvenes y sus preferencias musicales. Por un lado, sé de gente que fue expulsada de una escuela, castigada o al menos severamente reprendida por escuchar rock y lucir rockero, especialmente en los 60 y tempranos 70. Por otro, la represión coexistía con el pragmatismo, la lucidez y la rebeldía: yo estudié en la Vocacional Lenin durante esa última década, y recuerdo que más de una vez vino algún especialista a darnos una charla sobre los riesgos del diversionismo ideológico, y sin embargo los miércoles había bailables en las plazas de formación… y se ponía rock. Todos nosotros seguíamos el hit parade norteamericano e intercambiábamos grabaciones en cassettes, y prácticamente cada sábado había fiesta en casa de alguien y se ponía rock… y bueno, Feliciano y Roberto Carlos. Nadie entró nunca a requisarnos los discos o a meternos presos. En la radio estaba el programa Now, que insistía en la decadencia del capitalismo, decadencia que ilustraban con música norteamericana y británica. Juanito Camacho recuerda otros espacios anteriores, de la segunda mitad de los 60: Escenas de la vida norteamericana, Sorpresa Musical, De, ¿Qué tal, gente joven? y desde luego Nocturno, que no sólo radiaba temas de rock como Let´s spend the night together o Hush, sino que tuvo una pieza de los Yardbirds (Hot house of Omagarashid) y otra de los Beatles (Hey Jude) como tema de cierre. Y añade Ernesto Juan Castellanos: (…) resulta irónico que mientras las escuelas, la radio y la televisión gastaban sus mejores empeños en desterrar la música popular anglosajona del gusto de la juventud cubana, en uno de los edificios del ICR, a un costado del Pabellón Cuba, se prensaran placas con la selección musical preferida hasta por los más exigentes, que pagaban $5 por un disco de cartón de dos canciones y $20 por uno de aluminio con ocho temas. Y el extremo de la falta de lógica era que, mientras estaba prohibido hablar sobre los Beatles y el rock en las escuelas, Juventud Rebelde, el órgano de prensa de la Unión de Jóvenes Comunistas, los mencionaba para bien y casi diario, a fines de los años 60.

A la larga, Porno para Ricardo tenía razón: ¡viva el diversionismo ideológico!

P.S.: Falleció Prince. No era de mis artistas favoritos, pero igual se trataba de un gran músico y, lo que es peor, de un hombre relativamente joven.

P.P.S.: Acabo de ganar, en el 12 Festival de Cine Pobre de Gibara, el Premio Especial del Jurado de Guion Inédito otorgado por el Brooklyn Filmmakers Collective (BFC) al Mejor Guión Inédito de Largometraje de Ficción, por mi guión Making. 

P.P.P.S.: Recién he terminado mi nuevo corto, La leyenda de los Abominables Hombres de Confianza. El estreno será en mi peña de la Casa del ALBA, en Línea y D, este viernes 29, a las 8 pm.

(26 de abril 2016)

Publicado: 21-04-2016 en Sin categoría
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Smokey Robinson y Usher en Fábrica de Arte, 20 de abril 2016