POST SCRIPTUM

Publicado: 18-12-2014 en Sin categoría

 Bueno, aunque anuncié que me tomaba un descanso, los acontecimientos justifican unas breves líneas. Al fin los gobiernos de USA y Cuba encuentran las primeras palabras de un lenguaje común; hemos vivido un día en verdad histórico, y es de buenos cubanos regocijarnos por ello.* Y me alegro por la liberación de Alan Gross y otros prisioneros, pero sobre todo, por la de los Tres. Bienvenidos de vuelta Gerardo, Ramón y Antonio.

*En el Versalles deben estar muy, muy enojaditos…

(17 de diciembre 2014)

MITOS

Publicado: 16-12-2014 en Sin categoría

Los mitos generan nuevos mitos, se reproducen como el dinero de los millonarios y las manchas de mercurocromo.

 The masked marauders fue un álbum aparecido a finales de 1969. Aunque la portada no informaba acerca de los artistas involucrados, se suponía fueran nada menos que Mick Jagger, Bob Dylan y los Beatles a excepción de Ringo, quienes habrían grabado en secreto en unos remotos estudios canadienses. Sonaba bastante como ellos… si uno quería. En la época en que nacían supergrupos como Blind Faith y Led Zeppelin, que las figuras más famosas de la escena rock grabaran juntos y sacaran un álbum era una golosina demasiado sabrosa para ser ignorada, y aunque la nota de contracubierta abundaba en bromas fácilmente desentrañables –como que en un tema Dylan imitó a Donovan, cuando todo el mundo sabía que era el escocés quien copiaba ferozmente a Dylan con piezas como Catch the wind– la gente se lo creyó, y hay quienes lo siguen creyendo hasta hoy. La verdad es que fue una idea de Greil Marcus, el editor de la revista Rolling Stone, y que quien tocaba en el álbum era una oscura agrupación llamada The Cleanliness and Godliness Skiffle Band.

 En octubre del 1969 –esto es, por la misma fecha en que aparecía el Masked marauders– una radioemisora de Michigan inició la persistente leyenda –que no sólo dura hasta hoy sino que recientemente ha renacido con inesperado ímpetu– de que Paul McCartney había muerto en noviembre de 1966, siendo reemplazado por un lookalike llamado William Campbell. Pistas del hecho aparecían, según los propaladores del mito, en todos y cada uno de los discos de los Beatles posteriores a 1966, tanto en las canciones –frases enterradas en las mezclas, otras frases que sólo emergían si la pieza se escuchaba al revés– como en las fotos de cubierta y contracubierta. En los últimos años un montón de páginas web y al menos dos documentales, Paul McCartney really is dead (2010) y The winged beetle (2010), más disparatado el primero y aparentemente serio y minucioso el segundo, pretenden convencernos de que tras la muerte del bajista los demás contrataron en secreto a un tipo que no sólo se le parecía, sino que cantaba igual, tocaba igual, componía con el mismo estilo, y ha seguido haciéndolo por casi cincuenta años.

 Y también está The Rutles (all you need is cash) la película de 1978 dirigida por Gary Weis y el Monty Python Eric Idle, una parodia divertida –y a ratos camp, todo hay que decirlo– del mito Beatles a través de un grupo cuyo look y biografía se les parecen sospechosamente. En ella actúan no sólo el propio Idle y el cuasi Python Neil Innes, además de John Belushi, Dan Aykroyd y Bill Murray, sino que hacen cameos Mick Jagger, Paul Simon, Ronnie Wood… y George Harrison, encarnando a un impertérrito periodista. Un Beatle del otro lado del micrófono, en una película que, mofándose del mito, también lo eterniza.

 Y con este, el artículo número 100 de la segunda temporada (2013-2014), cierro esta etapa y me tomo un descanso. En marzo, probablemente, comenzaré la tercera. Que tengan todos –amigos y enemigos, admiradores y detractores, inteligentes y Charladilla– un buen fin de año.

E.

(16 de diciembre 2014)

LOS VERBOS DE LA REVOLUCIÓN

Publicado: 09-12-2014 en Sin categoría

 Estudiar. Confiar. Luchar, inventar.

 Esperar.

 Creer, defender.

 Temer.

 Construir, destruir. Surtir, resistir.

 Partir.

 Una pequeña explicación acerca de surtir: ha sido el verbo preferido de las amas de casa. Me voy corriendo a la tienda, Emelina me dijo que surtieron. Eso significa que la gente hará colas enormes y se llevará cuantas unidades pueda de lo que hayan sacado, sean llaves de paso o rollos de papel sanitario. Y, por su excepcionalidad, también implica que el estado natural de las tiendas es un decepcionante semivacío.

(9 de diciembre 2014)

SUERTE

Publicado: 02-12-2014 en Sin categoría

 Como Dios, la suerte no existe –en el sentido de que podamos invocarla o conjurarla mediante amuletos o ceremonias– pero siempre le echamos la culpa de todo.

 Todos hemos comentado alguna vez estar atravesando una buena –o mala– racha profesional o en el amor. Es raro quien no evita pasar por debajo de arcos de escalera, o no se siente contrariado si uno o varios gatos negros le cruzan por delante; que levante la mano quien no se pone la camisa o los calzoncillos de la suerte el día en que tiene una entrevista de trabajo o pretende ligar, quien no ha besado los dados antes de tirarlos. La mayoría te dirá que no cree, pero que lo hace por si acaso. Igualito que con los santos.

 Es verdad que a veces el azar se pone del carajo. Yo, por ejemplo, en las tiendas y cafeterías tengo una suerte pésima: siempre me toca detrás de alguien que quiere comprar el establecimiento y dispone de mucho tiempo. Ya saben, vas con cierta prisa para agenciarte una cosa, única y concreta, pero quien te precede compra diez mercancías diferentes, y todavía le dice a la empleada frases al estilo: “y aquellas galleticas de allí, ¿son buenas?”, “mira, ponme veintisiete caramelos de esos de leche”, “¿qué son aquellos paqueticos verdes?”. Y si a eso le sumas la operatividad habitual de los empleados locales…

 En realidad hacemos una percepción selectiva: el suceso anómalo ocurre tal vez tres veces de cada diez, pero son esas las que recordamos, las que parecen responder a un patrón. Se supone que eso explique cuán familiares nos resultan las Leyes de Murphy: todos las reconocemos, a todos nos ha ocurrido eso de que el objeto que cae siempre va a parar al sitio más inaccesible de la habitación, que la mancha más visible está invariablemente del otro lado de la ventana, que nada es tan fácil como parece serlo. Las leyes de Murphy documentan la mayor epidemia que conoce la humanidad: la conspiración de los objetos, la mala fortuna.

 Esa suerte es Dios. Y no sólo eso: es todo el Dios que vamos a tener.

 Por otra parte, hay infortunios objetivos: resulta innegable que no es lo mismo nacer en Cuba que en Estocolmo, en una familia humilde que en casa de millonarios, feo y con canillas que con la apostura de Brad Pitt. Sin embargo, también es verdad que aun ese hado puedes enfrentarlo, que a casi todo consigue uno sobreponerse, que puedes contrarrestar la mayoría de esas jugarretas del azar: María Callas era narizona y gordita pero a golpe de espiritualidad y talento pasaba por bella, Jean Paul Belmondo era feo aquí y en Groenlandia pero hizo de su fealdad virtud, etcétera. Y si naciste en Cuba puedes, como hacen muchos y definió Carlos Moctezuma en la maravillosa Los sobrevivientes (1978) de Titón, “cogerle la vuelta al sistema”. O enfrentar lo absurdo, aunque hacerlo traiga duras consecuencias. O, piedra a piedra, físico o en espíritu, fabricar un búnker de bienestar. O largarte a otras latitudes. O resignarte, quedarte callado y decir que tienes mala suerte.

 Ps: El jueves 11 a las 4 de la tarde mi novela Bonsai, publicada por Ediciones Unión,  será presentada en la sala Villena de la UNEAC.

(2 de diciembre 2014)

LA DESNUTRICIÓN DE LOS SENTIDOS

Publicado: 25-11-2014 en Sin categoría

 Mi amigo el escritor José Manuel Prieto, graduado de la Lenin que vive en New York, escribió hace tiempo un cuento titulado Nunca antes habías visto el rojo, historia de amor y a la vez relato del bombardeo que reciben los sentidos del cubano cuando camina por una ciudad del primer mundo. En efecto, es como si uno descubriera no sólo nuevos colores, sabores y timbres, sino la verdadera naturaleza de los que hasta entonces creía conocer. Y el cuento de Prieto data de los años ochenta.

 Cuba parece una foto descolorida de sí misma. Se echan de menos la Navidad, las tiendas y cafeterías que avanzan sobre la acera para seducir al transeúnte, los desfiles de carnaval, la vibración de una urbe moderna. La joie de vivre. No hay colores intensos; incluso la vegetación y el cielo parecen deslavados.

 Nuestros sentidos padecen hambre crónica; como nuestro estómago, consumen apenas lo necesario para funcionar, pero han perdido el goce inherente a su desempeño. Son putas baratas que se van con lo que conocen y creen por ello que lo conocen todo. Asumimos que comemos bien porque todos los días nos llenamos con pizzas de diez pesos o tragamos arroz y puerco frito o pollo de la cuota, cocinados de la misma manera con ingredientes diezmados. Damos por sentado que somos sensuales, gozadores y melómanos porque reducimos la música y el sexo a su elementalidad más ramplona. Como quien se examina diariamente ante el espejo y por ello no percibe los kilos y arrugas nuevas, andamos por barrios otrora elegantes como el Vedado y Miramar y nos parecen los mismos, pero si nos detenemos a mirar encontraremos las grietas, los desconchados, la fealdad y la mugre.

 No hay flores. La calle no nos tienta: nos mira de reojo. Escasean los paisajes bonitos, los sitios para sentarse y ponerse filosófico o nostálgico mirando el amanecer, el mar o la ciudad. Pocos colores y demasiadas latas vacías.

 Vivimos en un sistema que le declaró la guerra al placer.

 La libreta de racionamiento de nuestros sentidos cada vez tiene menos páginas.

(25 de noviembre 2014)

MIS CANCIONES

Publicado: 18-11-2014 en Sin categoría

 Afino con la misma frecuencia con que pasan cometas.

 En los primeros años de NOS-Y-OTROS –allá por 1983 a 1987– Luis Felipe, León, Aldo y yo tratamos de componer y grabar canciones, la mayor parte en inglés, otras en español. Aunque los instrumentos eran sumamente precarios (una guitarra rusa de cuerdas de acero, una armónica de juguete, percusión directamente sobre una mesa) y grabábamos en una toma y al aire frente a una pequeña grabadora mono, la verdadera razón de que los resultados fueran malos era que como músicos dejábamos muchísimo que desear. Yo, sobre todo: León era bastante afinado y en un día bueno podía imitar convincentemente a McCartney y Serrat, Luis Felipe y Aldo pasaban, pero no había manera de que yo consiguiera entonar las melodías que me sonaban en la cabeza. Para complicar las cosas, yo era el único, al menos al principio, que conocía algunos acordes en la guitarra –me los enseñó Molina, un socio que tocaba el bajo en el combo de la Lenin– pero como no tengo oído musical no podía acompañar a León, o a mí mismo, con los acordes correctos. Aldo fue el primero en desentenderse de nuestra, ejem, música; en 1988 León abandonó el GNYO, y Felipe y yo, junto con los nuevos ingresos, decidimos concentrarnos en la literatura y el teatro. Sin embargo, todavía en 1999 y 2000 nos reunimos un par de veces con León –por entonces ya Aldo vivía en Uruguay– y con el Keko Fajardo, el primer vocalista de Extraño Corazón, eficaz ejecutante de la armónica y buen socio, y grabamos algunos temas nuevos. Gracias a la paciencia del Keko, algunos pasajes casi sonaban como música; León había aprendido mucho en la guitarra, Felipe se sabía tres acordes, y yo, el flamante lead guitar, seguía sin poder afinar… en fin, fue la última vez. Aunque conservo las grabaciones; créanme que este es un mundo mejor sin ellas.

 Pero si malos éramos como músicos, la aventura sirvió para descubrir que podíamos escribir letras para otros. Lo primero que hice en este sentido fue, probablemente, dotar de partes cantables los temas Échale guarapo fresco y Afílame el lápiz, negra, compuestos por Edesio Alejandro paras las bandas sonoras de Kleines Tropikana (Daniel Díaz Torres, 1997) y Perfecto amor equivocado (Gerardo Chijona, 2004). Ese mismo año nació laBalada de Nicanor, en coautoría con Frank Delgado. Frank es uno de los mejores letristas que conozco, y no necesitaba –ni necesita– mi ayuda lírica, pero el tema era para el primer corto de Nicanor, y Frank me pidió le escribiera algunas frases que definieran poéticamente al personaje. Lo hice, él las recombinó para que rimasen y añadió otras frases de su cosecha y voilá, ahí estaba la canción. Fue una sensación rara, reconocer mis textos dando cuerpo a una melodía de verdad. Luego, más o menos según el mismo procedimiento de aportar un puñado de versos y dejar que Frank los redondeara, escribimos Tú dale al cuerpo lo que te pida, aunque sea candela y Los héroes para High Tech (2005) y Photoshop (2006) el segundo y tercer corto de la serie, e introduje también algunas ideas en Las cuerdas de la guitarra de Bob Dylan, un tema de Frank no destinado al cine.

 Santi Feliú, Carlos Varela, Gerardo Alfonso, William Vivanco, Raúl Torres, Dionisio Arce, Diana Fuentes y Fernando Bécquer grabaron sendas versiones de la Balada de Nicanor para los cortos de la serie; el único, de hecho, en que no apareció el tema fue el noveno, Pravda (2010), para el cual Los Aldeanos compusieron Nikanol, que bastó por sí solo. Para los créditos finales de algunas de esas películas coescribí piezas con los artistas enrolados: La ruta del yacaré con Vivanco para Intermezzo (2008) –que, rebautizada Anaconda, incluyó en su álbum El mundo está cambiao sin darme crédito–, El señor está improvisando con Raúl Torres para Brainstorm (2009), La maldita circunstancia con Dago para Pas de Quatre(2009), Paranoid con Harold López Nussa (para la voz de Diana) en Aché (2010), y Las putas verticales con Fernando Bécquer para Exit (2011). En ocasiones seguía el método ya probado con Frank, en otras yo pergeñaba una estrofa y el músico la otra y así sucesivamente; en algún caso escribí la letra íntegra.

 Uno es osado y le coge el gusto a las cosas, así que para mi documental GNYO de 2009 escribí el tema Sólo para adultos con Tony Ávila. En ese caso nos reunimos en la sala de su casa en Cárdenas y finiquitamos el texto de una sentada; más tarde lo grabamos en el estudio de Osamu. Hice laCanción del descreído con Dago para el making de Exit, y también con él I love meat para los créditos de Omega 3.

 Durante la grabación de algunos de esos temas me acostumbré a sugerir ideas en el campo de la producción musical. Incluso a lo largo del trabajo con Osvaldo Montes para las bandas sonoras de Vinci (2011) y Omega 3 (2014), resultó que a menudo mis sugerencias tenían sentido. Lo difícil para mí sigue siendo transmitir lo que pienso cuando el más sencillo tarareo es un martirio.

 Osamu se embulló tanto con Sólo para adultos que la regrabó a su vez para su segundo disco, así que le regalé una letra (en realidad el texto de una vieja canción de NOS-Y-OTROS) que empezaba Sabes cuándo reír, sabes cuándo callar, sabes lo que decir, sabes cuándo llorar… a la cual le añadió un estribillo; el tema acabó llamándose Ciudadano correcto y abriendo el fonograma. Me encantó el sonido de la canción, de modo que un par de años después le envié otra letra; a esta le cambió bastante más para adaptarla a su estilo, aunque manteniendo el sentido y el título, e invitó a David Blanco a cantarla con él. Se titula Ya no más, integra su más reciente álbum y, por lo que sé, está sonando bastante.

(18 de noviembre 2014)

EL AÑO 2000

Publicado: 11-11-2014 en Sin categoría

 Durante mi infancia y adolescencia, el año 2000 era sinónimo de futuro remoto, ciencia ficción, progreso inimaginable.

 Seguramente cosas como la novela Looking backward (1888) del escritor socialista norteamericano Edward Bellamy, publicada en Cuba en 1969 como El año 2000 por la Colección Dragón, prepararon el terreno. En cualquier caso, cuando uno apenas cuenta diez o doce años, la perspectiva de los 37 (la edad que yo tendría a la llegada del 2000) parece increíblemente remota. Suponía que para entonces habría paz mundial y viviríamos en el comunismo desarrollado, ir a la Luna sería tan sencillo como un viaje interprovincial, nadaríamos en la abundancia… En fin, era lo que aseguraban los mayores. Como casi siempre ocurre con las predicciones, el mundo se empeñó en tomar para otro lado: el muro comunista se vino abajo y quedó en pie el peor ladrillo, Corea del Norte; cada vez hay más guerras, la gente no nada en la abundancia sino más bien hacia ella… Sólo una cosa resultó cierta: ir a la Luna sigue teniendo más o menos el mismo nivel de dificultad que un viaje interprovincial.

 Paradójicamente, el año 2000 fue muy bueno para mí. La editorial habanera Extramuros publicó mi libro de cuentos fantásticos Los viajes de Nicanor, un homenaje a Simbad y Gulliver. Salió la película Hacerse el sueco, de Daniel Díaz Torres –con guión a dos manos entre el director y yo– que obtuvo el Premio del Público en el Festival de la Habana y ganaría otros al año siguiente en Innsbruck y Friburgo. Además, por razones de trabajo viajé muchísimo: en marzo a un festival en Suiza y de ahí, por un mes, a una beca literaria en un sitio llamado Hawthornden Castle, en Escocia, a ocho millas de Edinburgh, donde escribí la primera versión del guión de Perfecto amor equivocado (mi nuevo proyecto cinematográfico, ahora con Gerardo Chijona, que vería la luz en 2004). Algún día a la semana tomaba un bus de doble cubierta hasta Edinburgh para husmear en las tiendas de discos de segunda mano y asomar la nariz al Castillo de los Estuardo; en cambio, no fui a una visita que organizaron los demás becarios al Loch (lago, en gaélico) Ness porque costaba casi sesenta libras y, seamos francos, uno no paga por el paisaje sino con la inconfesada esperanza de que el monstruo haga acto de presencia, en caso contrario es sólo otro lago bonito y demasiado caro. Entre Suiza y Escocia pasé unos días en Londres, que empleé en visitar el British Museum, la Tate Gallery y asistir a un concierto de Sting en el Royal Albert Hall el 4 de abril.

 Meses más tarde fui a Managua a impartir un breve curso de escritura de guión en la Universidad Centroamericana (UCA), y en los ratos libres navegué por el lago Nicaragua e hice breves escapadas a las ciudades de Granada y León. Luego volé a Hamburgo, contratado para desarrollar el tratamiento y eventualmente el guión para un largometraje de un director llamado Peter Timm, proyecto del que me desentendí más tarde; allí recorrí Sankt Pauli y la Reeperbahn, con el antiguo enclave del Star Club, donde tan a menudo tocaron los Beatles, y vi a Oasis en el Sporthalle (de hecho, un Oasis incompleto, pues por enésima vez Noel Gallagher se había encabronado con su hermano Liam y marchado directamente a Inglaterra, pero los demás decidieron cumplir con sus compromisos y contrataron a un guitarrista suplente para losgigs que restaban; broncas como estas terminarían por joder la banda en 2009). Finalmente, en octubre, fui a Nueva York, invitado por una entidad llamada Videoteca del Sur a dirigir un taller de guión con alumnos que no podían costearse un profesor más caro, dominicanos y panameños que ambicionaban ver sus proyectos en pantalla. Fueron quince días, durante los cuales aproveché para visitar el MOMA, el Museo de Historia Natural, ir –invitado por Enrisco– a un concierto de Steve Howe en el Bottomline, subir al Empire State, tomarme una foto ante las Torres Gemelas del WTC, maravillarme con la noche de Halloween, peregrinar al Dakota y Strawberry Fields, dictar una conferencia en una universidad de Harlem… en fin, cuanto se puede hacer en dos semanas intensas en una de las más fascinantes ciudades del mundo.

 Sí, fue un buen año a nivel personal; al mundo le bastó con que no hubiera una hecatombe informática. Sin embargo, no comprenderíamos cuán bueno había sido hasta que pudimos compararlo, en retrospectiva, con el terrible 2001, cuando se nos vino encima la tragedia del 11 de septiembre y el mundo cambió. Para peor, naturalmente. Desde que el futuro es pasado han llegado nuevas guerras en nombre de la democracia, nuevos crímenes y peores crisis, seguimos destrozando el planeta y negándonos a aprender. Y la Luna parece más lejos que nunca.

 Ahora no tenemos un año tan redondo y adecuado como meta. ¿El 3000? Bueno, yo ya seré muy viejo, aunque para entonces sí, seguro, este será un país desarrollado. Esto me trae a la memoria una frase genial que le escuché al gran humorista Héctor Zumbado: lo malo del comunismo son los primeros seiscientos años, ya después se pone bueno…

(11 de noviembre 2014)