BAYAMO

Publicado: 21-04-2015 en Sin categoría

 Del 16 al 19 he estado en Bayamo, participando en el evento Canción al Padre, que, a través de conciertos, conferencias, exposiciones y lecturas, rinde homenaje al natalicio de Carlos Manuel de Céspedes. Fui invitado a conducir un taller de escritura de Guión Cinematográfico y presentar mi nuevo corto, Arte.

 Como un puñado de ciudades del interior del país, Bayamo es limpia y, a trechos, con sorprendente buen gusto. Escuché voces nostálgicas evocar a cierto secretario del Partido que, hace cinco años, llevó a Bayamo a su mejor momento… hasta que fue trasladado a Santiago. Con todo, me impresionó la belleza de las calles y las plazas, que querrían para sí tantas barriadas habaneras. Siendo, como era, mi primera vez por esos rumbos, hice lo que es de rigor, a saber, dar una vuelta nocturna en coche. También probé el legendario pru oriental, escuché a grupos musicales de Holguín (Electrozona) y Ciego de Ávila (Motivos personales), visité al artista plástico Raylven Friman y, en la noche del 18, asistí a un estupendo concierto de David Torrens, uno de los cantores con más carisma y dominio escénico del panorama nacional.

 Como es natural, en estos eventos uno se reencuentra con amigos y hace amistades nuevas, se integra a descargas que duran hasta el amanecer, hace planes, bebe y pasa la botella. Y hablando de rituales, en las frecuentes paradas durante el regreso para tomar café, comer algo o aliviar el cuerpo, compré además ese tipo de golosinas insalubres que es obligatorio traer de vuelta de cualquier viaje…

(21 de abril 2015)

COINCIDENCIAS Y PLAGIOS

Publicado: 14-04-2015 en Sin categoría

 De adolescente me fascinaban las ciencias, en particular la Astronomía. Recuerdo haber leído que a menudo dos investigadores que no se conocían entre sí, separados por la geografía y la cultura pero con objetivos comunes, hacían prácticamente a la vez un descubrimiento trascendente. En ocasiones, años más tarde se revelaba que uno copió o hizo trampas al otro, pero con no poca frecuencia resultó que la coincidencia era auténtica. Sonaba como si en determinada coyuntura el mundo estuviese preparado para un saber concreto y, surgida la necesidad, todo quedaba en ver quién levantaba primero la mano.

 De la misma manera, suele ocurrir que una idea artística germine con muy poca diferencia temporal en dos cabezas distintas. No es raro que lectores, espectadores u oyentes se pongan suspicaces cuando detectan coincidencias entre dos obras. Como diría Umberto Eco, vivimos con el síndrome de la sospecha. Es cierto que han existido los robos de ideas, el espionaje, la compra de secretos, y para evitarlos se registran ideas y obras en oficinas de Derecho de Autor. Pero no es el costado legal del problema el que me interesa ahora. Mi punto es que la explicación más simple puede ser también la correcta.

 Me referiré a dos ejemplos personales. En mi novela Bonsai hay un momento en que, describiendo los hobbies de un personaje, digo que solía hacer bonsáis, no ya de árboles, sino de ecosistemas enteros. Poco después de escribir eso leí en Thief of time, una novela de Terry Pratchett, que un monje hacía lo mismo, paisajes con montañas bonsái y elementos concomitantes. Ni en su obra ni en la mía la trama gira en torno a ese detalle –el título de mi novela es metafórico– se trata apenas de un elemento circunstancial, pero ahí está. El otro caso tiene que ver con Segundas partes, una historia que escribí el 15 de octubre de 2014 y que incluí en mi libro Omega 3, una compilación de cuarenta cuentos que verá la luz a fines de este año por la editorial Letras Cubanas. Trata sobre un tipo que despierta una mañana y descubre que está solo en el planeta, con la excepción de la insoportable y nada atractiva vecina de los altos, que se empeña en actuar como si nada hubiera ocurrido y rechaza sus insinuaciones de formar pareja y repoblar el mundo. Bueno, ahora en marzo mi socio Bacallao me trajo los primeros tres capítulos de una nueva serie americana, The last man on Earth, que cuenta en sustancia la misma historia. La serie ni siquiera había sido emitida cuando escribí el cuento, lo leí en mi peña y lo entregué para el libro. Evidentemente, no creo que nadie de la FOX haya venido a mi peña, copiado la idea, escrito, filmado y posproducido la serie en cuatro meses; viéndolo por el lado bueno, si alguna lección hay que sacar de ahí, es que mis ideas funciona(ría)n en Hollywood…

 Hay un relato de la escritora cubana Karla Suárez, que si no recuerdo mal se titula En esta casa hay un fantasma y aparece publicado en su libro Espuma (1999), que prefigura la historia contada por Amenábar en Los otros. La película salió dos años después que el libro, pero francamente, tampoco imagino a Amenábar viniendo a Cuba para robar ideas y husmear en los papeles de una joven escritora.

 Naturalmente, también existen los plagios, conscientes o no. Pasemos de la literatura a la música: Lennon copió parte de la melodía e incluso alguna línea de la letra de You can’t catch me, de su ídolo Chuck Berry, en Come together. Harrison plagió, al parecer inconscientemente, He’s so fine del conjunto femenino The Chiffons en su famoso tema My sweet lord de 1970. Es irónico que uno de los rasgos más distintivos de My sweet lord, el riff de guitarra, fuera a la vez copiado con todo descaro por Noel Gallagher en el éxito de 1994 de Oasis, Supersonic. No fue la única vez que Oasis copió a los Beatles o a otras bandas sesenteras: su tema Shakermaker, del mismo álbum de 1994, Definitely maybe, toma la melodía de I’d like to teach the world to sing, viejo hit de una agrupación de tercera fila llamada The New Seekers. También Led Zeppelin… en fin, por ahí está el documental seriado Everything is a remix, de Kirby Ferguson. Si sigo poniendo ejemplos acabaré plagiándolo…

 Las coincidencias y los plagios son frecuentes en la creación artística: inocentes las primeras, casi siempre conscientes los últimos. Por otra parte, en un mundo saturado de textos –entendido el término en un sentido amplio, esto es, como cualquier tejido sígnico– donde la cita, el pastiche, la parodia revisitan e incorporan abiertamente unos textos a otros, un mundo de versiones, remakes, novelizaciones y partidos pirata, los límites se desdibujan, todo vale, todo, efectivamente, parece ser un remix. Es difícil generar una idea nueva, incluso una arista inédita de una idea vieja, sacarla de la nada sin que la permeen tus audiciones, tus lecturas previas. Lo demás es problema de cada cual con su conciencia. Y si la cosa se pone mala, también con los tribunales.

(14 de abril 2015)

LA TRIBU DE DIÓGENES

Publicado: 07-04-2015 en Sin categoría

 Los cubanos pasamos la vida acumulando cosas.

 Como si cualquier ciudad, incluyendo ciertamente La Habana, fuese uno de esos pequeños pueblos alejados de las rutas comerciales, la imposibilidad de contar con abastecimientos regulares nos obliga a aprovisionarnos de todo con urgencia y en la mayor cantidad posible. Si se pierde el papel sanitario, no bien nos alerten de que reapareció en una tienda determinada correremos allá y compraremos veinte, cuarenta, doscientos rollos para poder limpiarnos el culo decorosamente durante los próximos meses. Y, a la salida de la tienda, exhibiremos con orgullo la montaña de papel ante los infortunados que aún no lo tienen y no saben si se acabará antes de que les toque el turno. Y cuándo volverán a surtir.

 Almacenamos desde pomos hasta jabas plásticas, desde comida hasta calzoncillos. En este último caso, aunque tengamos algunos nuevos usamos los viejos, incluso con huecos, hasta que sean conceptualmente más huecos que calzoncillos.

 Coleccionamos música y videos. Como no tenemos Internet, la idea misma de que nuestros videos favoritos estén colgados en Youtube, que de ahí no se moverán, que nos pertenecen y podemos acceder a ellos con tanta frecuencia y seguridad como si los hubiésemos quemado en DVD y encerrado en una gaveta –más, de hecho– nos resulta escasamente confiable. En cualquier otro sitio uno compra sus discos o películas más queridas, el resto las busca online cuando se le antoja consumirlas, o va al cine o a un concierto, pero no necesita atesorarlas. El concepto de que las cosas no se acaban es tan inquietante para el cubano de a pie como el de un Granma de oposición.

 En cualquier morada cubana es normal encontrar sacos de cemento, losas y arena en el portal o una esquina de la sala. Bien porque la vivienda está en reparaciones, bien porque sobraron y servirán para la próxima, ahí están, ahí permanecen, de ahí no se mueven. Y si pasamos junto a un latón de basura o a un descampado donde se acumulan desechos, miramos a ver si encontramos algo que sirva… ni siquiera porque lo necesitemos hoy, sino porque podría hacernos falta algún día. ¿Está medio roto? Total, eso se arregla. ¿Está sucio? Se hierve. ¿Está descolorido? Se pinta…

 ¿Compramos un aparato nuevo? Guardamos el viejo, por si acaso, porque no se sabe… Tenemos mentalidad de recolectores. Si fuésemos una tribu, no llegaríamos ni a taínos.

Como los ancianos con síndrome de Diógenes, cada vez salimos menos y guardamos más trastos. Estoy convencido de que el Santo Grial está en algún apartamento de Centro Habana o el Vedado, entre unas tablas de cedro astilladas en la punta y un motor de refrigerador con vetas de óxido. Y el Grial, naturalmente, es de uso, aunque con un barnicito…

 

PS: Hoy hice, en el Fresa y Chocolate, un pequeño estreno de Arte, mi nuevo corto, el onceno de Nicanor. A partir de ahora anda por ahí.

(7 de abril 2015)

LOCO

Publicado: 31-03-2015 en Sin categoría

 Infinidad de veces me han llamado loco, y no pocas me han tenido seriamente por tal.

 Admito que no es para menos. He abandonado empleos conspicuos: fui profesor por cinco años en la Facultad de Artes y Letras de la UH, de 1990 a 1995, y lo dejé para dedicarme exclusivamente a escribir. Puede que ese no sea el trabajo mejor pagado del mundo, y menos en esa época, pero es un nicho cómodo y distinguido. Mi familia, con su característica y conmovedora falta de confianza, dictaminó que había perdido la cabeza.

 He vivido en Austria, España y Chile y he regresado acá. Peor aún, he tenido parejas inteligentes, hermosas y con ciudadanías interesantes, insistiendo para que permaneciera a su lado, y rompí con ellas cuando la relación dio en languidecer (alguna ha roto conmigo, tampoco es que sea un castigador, pero el punto es que no he buscado el confort a cualquier precio). Tuve, por supuesto, parejas igualmente bellas y fascinantes en suelo patrio, y de la misma manera, cuando creí que el amor agonizaba le he dado el tiro de gracia. Y a empezar otra vez. Los amigos -y la familia, naturalmente- me han dicho que no comiera mierda, que me quedara con fulana, que es buena y te ha aguantado muchísimo, que a la edad que tienes no encontrarás nada mejor, etcétera.

 He integrado un grupo que hacía un humor ferozmente crítico cuando no cualquiera se atrevía a hacerlo, he escrito o coescrito películas que estremecieron, y sin embargo me defino como de izquierda, un creyente en cierto tipo de socialismo tan hermoso como irreal, donde igualdad signifique levantar al caído, no aplastar al que sobresale; donde la gente diga lo que piensa, critique sin represalias y trabaje para mejorar, no para dilatar el sufrimiento; una sociedad democrática con el hombre, y no el dinero, en el centro. El loco soy yo, como cantaba Mike Kennedy…

 Después de dirigir diez cortos de éxito, en cuanto tengo la oportunidad de filmar con el respaldo del ICAIC no sigo el camino que promete aceptación masiva, sino que me pongo experimental y aparezco con un largometraje de tema universal que desconcierta al público. Y luego reincido con otro aún más raro y que implica una aproximación a un género, la CF, que en el imaginario nacional responde a modelos particularmente rígidos, instaurados por los estrenos hollywoodenses del verano…

 Por si fuera poco, hablo solo. Me gusta caminar –no sé conducir ni jamás me interesó aprender- así que a menudo salgo a andar la Habana. O la ciudad que sea, no vamos a ponernos chovinistas. Caminando se me ocurren historias, o soluciones para historias inacabadas. Me entusiasmo, me abstraigo, construyo argumentaciones, lanzo a los personajes a diálogos y controversias… y claro, ese es el momento que escoge un conocido para pasar, saludarme y mirarme con recelo. No lo culpo: un cincuentón de pelo largo y obvio desinterés por la moda, que camina y habla solo, ha de ser de la estirpe del Caballero de París (a quien, por cierto, vi muy a menudo en mi infancia y adolescencia, en la pizzería Cinecittá de 23 y 12).

 La demencia como explicación de la disidencia, la sicología represiva, fue tristemente utilizada en la Unión Soviética. Hasta comienzos del siglo XX, en la Inglaterra victoriana y otros países se tenía la insatisfacción femenina por una enfermedad –histeria- y se la trataba con masajes de clítoris. Pero, si esos extremos parecen remotos, resulta curioso cómo la gente puede ir abriendo sus entendederas a la igualdad de raza, de género, de preferencia sexual, incluso, mínimamente, a la diferencia política, pero no deja de mirar raro al vecino o la chiquita de enfrente y enjuiciarlos si se salen de la norma, si no exhiben el comportamiento tenido por sensato para su edad y posición. La locura sigue siendo, entonces, una explicación oportuna para cualquier divergencia respecto al deber ser social. Los adolescentes se llaman locos unos a otros como podrían llamarse asere, bróder o mijo, pero muy pocos de esos locos de ocasión se atreverán a ser ellos mismos cuando los atenacen las ligaduras invisibles.

 Locos legítimos quedamos pocos.

(31 de marzo 2015)

LOS APODOS

Publicado: 24-03-2015 en Sin categoría

 

 Desde séptimo grado, cuantos fueron mis condiscípulos de la Lenin y la UH me conocen como El Filo.

 En realidad me pusieron El filósofo, por aquello de que escribía, pero hasta los apodos tienen diminutivo. Como protesté al principio, me lo dijeron más, y se quedó conmigo definitivamente. Luego una muchacha descubrió que la raíz significa amor en griego, y me lo dijo, y fue mi novia, y desde entonces me gusta ser El filo.

 Si los apodos pueden resultar crueles, nadie negará que a menudo son, además, imaginativos. En todos los grupos hay una gorda y un chino, pero esos son apenas adjetivos, no verdaderos motes. A una muchacha bajita y activa pueden llamarla simplemente enana, pero La guasasa es mucho más certero y divertido. De la misma manera, a quien es ostensiblemente feo le viene mejor el cómic o el muppet. Un tipo tiene la cabeza grande, y no es lo mismo decirle cabezón a secas, que Maceta gratuita, como llamábamos a uno en la Lenin, o Cabeza de puerco, como en otra ocasión escuché nombrar a alguien que trabajaba donde un amigo. Maceta gratuita: la palabra gratuita es, a su vez, gratuita, pero el creador del nombrete la añadió por pura eufonía. En ese sentido, recuerdo a otro muchacho al que rotulamos como Mamerto ferto. La segunda palabra ni siquiera existe, pero coño, suena bien.

 Algunos surgen por analogía fonética: decirle Limp Bizkit a un bizco, por ejemplo. A ciertos individuos los identifican sus muletillas. Otros apodos remiten a obras conocidas: un tipo feo y velludo puede ganarse el sobrenombre de Chewbacca. En la Lenin eran famosos Los cacas, mote colectivo que da una idea bastante certera de la catadura moral de los tipos. Oí hablar de un negro tan negro que los socios lo llamaban El negativo. Y de una chica con tantos aparatos (ortopédicos y dentales) que era conocida como Jalisco Park.

 Sting es Sting, no Gordon Matthew Sumner. Hay gente cuyo verdadero nombre no sabemos nunca. Tal vez debería existir una guía telefónica de apodos.

 Los nombretes no son apelativos que nuestros padres encontraron bonitos o convenientes, porque así se llamaban sus ídolos o los bisabuelos, o porque empezaban con Y. No son nuestros nombres de pila, que no describen nada, aunque a menudo nos condenan. No, los apodos reflejan nuestro físico, o nuestra personalidad, o una rara mixtura de ambos. El hecho mismo de que los inventemos habla de la inefectividad de nuestros nombres oficiales. Nos lo pone gente que nos conoce bien. Dentro de la onomástica constituyen la oposición, la alternativa. Desconfío de alguien que no se ha ganado un buen apodo en su vida.

(24 de marzo 2015)

EL REGRESO DE NICANOR

Publicado: 17-03-2015 en Sin categoría

 Ha ocurrido un montón de cosas en los últimos tres meses. Durante el festival de la Habana fueron estrenados cinco largometrajes cubanos de ficción. Aún no he visto La pared de las palabras de Fernando Pérez, pero de los cuatro restantes el que más me interesó fue Venecia, de Kiki Álvarez. Hasta entonces, no era Kiki un cineasta cuya estética me sedujera especialmente, pero Venecia apuesta por la anécdota mínima, por mostrar la punta del iceberg, con buenas actuaciones y firme pulso narrativo, a través de una Habana que, para variar, no es un montón de ruinas habitado exclusivamente por marginales y clientes de Mariela. Y, desde luego, lo consigue con destreza y elegancia.

 Durante la feria del libro fue lanzada mi novela Bonsai, que ya había tenido una breve presentación el 11 de diciembre, durante el Festival. Tuve el honor de que compartiera horario y local con otros dos títulos de Ediciones Unión, los volúmenes de cuentos El insaciable hombre araña, de Pedro Juan Gutiérrez y Elogio de la escafandra, de Herbert Toranzo.

 El concierto de The dead daisies en la Tropical el 28 de febrero fue otro punto alto en lo que va de año. Si yo he tenido la suerte de ver a un puñado de bandas por ahí, para el rockero cubano de filas era la primera vez que podía comprobar la sustancia de algunos músicos hasta ahora conocidos en video: Darryl Jones, Bernard Fowler, Dizzy Reed, Richard Fortus, Marco Mendoza…

 Murió Terry Pratchett. Y yo, a pesar de las pésimas fuentes informativas de don Liborio, sigo absolutamente vivo. Aquí vuelvo, invisible para muchos, irritante para otros, interesante, colijo, para algunos; retorno a la palestra con bríos frescos y un corto recién horneado, que debe estrenarse en abril. La novedad es que se trata… de una historia de Nicanor.

 Hace cuatro años, a comienzos de 2011, decidí que con diez películas la saga de Nicanor ya estaba bien. No por falta de historias, ni porque creyera que con diez cuentos se resumían los problemas de la Cuba de hoy: para eso hacen falta varios centenares, en especial si consideramos que una historia no agota un tema ni muchísimo menos… No, lo que ocurrió fue que quería probar otros tonos, otras maneras de narrar, y ahí vinieron La verdad acerca del G2, Casting y No somos nada, y los largos Vinci y Omega 3. Ahora me he planteado, en principio, dos nuevas entregas de Nicanor, y luego volveré probablemente a dejar descansar al personaje para explorar otras tesituras. En fin el Nicanor 11 se llama Arte, trae a Luis Alberto García y Néstor Jiménez junto a varios actores jóvenes, la mayoría provenientes de El Público y otros grupos de teatro, y tiene que ver con la comunicación entre el Poder, el Artista y el Público…

(17 de marzo 2015)

PORTUGAL

Publicado: 08-03-2015 en Sin categoría

  

En Oporto, 6 de marzo, durante una degustación de vinos

 Desde el miércoles 4 estoy en Oporto, Portugal, participando con Dailenys Fuentes y Carlos Gonzalvo en el 35 FANTASPORTO: “Omega 3″ fue seleccionada para la competencia oficial en este importantísimo evento. No obtuvimos un premio, pero la reacción del público y la prensa ha sido muy positiva. Ricardo Figueira, de “Euronews” –quien sí fue galardonado por su cobertura del festival año tras año– escribió:

Com meios limitados, é certo, mas com um bom guião e atores, Eduardo del Llano atinge com humor o coração de uma sociedade que impõe a ditadura do saudável e politicamente correto (…)

Recibimos muchos elogios por la originalidad de la historia y las actuaciones, en particular la de Gonzalvo.

Mañana regresamos a Cuba.

Y con esto doy por iniciada la tercera temporada.