CARTA DE VINOS

Publicado: 26-05-2015 en Sin categoría

 

Con Costa Gavras, 2 de mayo 2015

Con Costa Gavras, 2 de mayo 2015

 Además de Retour à Ithaque (Laurent Cantet, 2014) y Timbuktu (Abderrahmane Sissako, 2014), que ya he reseñado, el 18 Festival de Cine Francés en Cuba, que se desarrolla durante todo el mes de mayo, ha ofrecido un montón de películas al paladar exigente.

 (De hecho, el festival trae una ráfaga de modernidad. Al comenzar cada proyección y después de la publicidad del evento, con su característico tema musical que se va haciendo tan familiar como el del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, pasan otras de Air France y el último modelo de Peugeot. El público ríe con amargura).

 La comedia Qu’est-ce qu’on a fait au Bon Dieu? (Philippe de Chauveron, 2014) ha sido la más taquillera en Francia durante varios años. Examina el racismo y los prejuicios entre los grupos étnicos (no sólo de los blancos hacia árabes, judíos, chinos y negros, sino de estos entre sí y hacia los blancos) y las militancias políticas. Es un tema delicado, que todo el tiempo bordea la incorrección, pero los guionistas se las arreglan para sacar adelante la historia y dejar al final un sabor a la vez ligero y perfumado.

 Quai d’Orsay (Bertrand Tavernier, 2013) nos introduce en el mundo de la diplomacia; no de su glamour, sino de sus pequeñas miserias. Un joven escritor empieza a trabajar redactando los discursos para el ministro de Relaciones Exteriores, interpretado por un efervescente Thierry Lhermitte (el recordado Brochant de Le dîner de cons de Francis Veber). Por momentos la película se hace demasiado coyuntural, y algún personaje parece prescindible, pero deja un agradable gusto en boca.

 Le capital (Costa Gavras, 2012) nos lleva al mundo de las altas finanzas y las zancadillas que se ponen las grandes corporaciones. Costa Gavras nos ha acostumbrado a un cine político en el mejor sentido, aquel que, lejos de tomar la política como excusa para tiroteos y persecuciones de coches, busca hacernos sentir incómodos con nuestra pasividad de ciudadanos correctos. Es una película con cuerpo, rubí intenso, que instaura en el paladar sensaciones permanentes.

 Attila Marcel (Sylvain Chomet, 2013) y Aimer, boire et chanter (Alain Resnais, 2014), sin ser en absoluto lo mejor de ambos cineastas, resultan producciones significativas. Chomet, conocido fundamentalmente por sus extraordinarias películas animadas The old lady and the pigeons (1998), Les triplettes de Belleville (2003) y L’illusionniste (2010) nos entrega aquí una historia con actores reales, aunque tan estilizados como personajes de animación o cómic. Una historia, por demás, tierna, de taninos intensos. El canto del cisne de Resnais –moriría poco después de terminar la película– retoma los decorados teatrales y la exhibición del artificio habituales en su obra reciente para hablarnos del amor y la muerte entendidas como obsesiones, en esta pieza ácida y aromática…

 Chante ton Bac d’abord (David André, 2014) es un sospechoso documental acerca de un grupo de amigos que terminan el Preuniversitario (le Bac), sus conflictos familiares, sus expectativas y posibilidades. Aunque las actuaciones son muy naturalistas, la cámara y los encuadres están demasiado cuidados, y encima la película es… un musical. Raro, eso sí, pero por lo mismo interesante, este tempranillo aterciopelado y con aroma de hierba.

 Además de estos y otros títulos recientes, el festival trae copias restauradas de cuatro clásicos de indiscutido bouquet, entre ellos Zéro de conduit (Jean Vigo, 1933), La grande illusion (Jean Renoir, 1937). Y bueno, Laurent Cantet y Costa Gavras estuvieron por acá, y sostuvieron un par de encuentros con los cineastas cubanos…

 

PS: En estos días ha comenzado la XII Bienal de la Habana. La ciudad, siquiera por un mes, se llena de formas y conceptos interesantes.

(26 de mayo 2015)

DOS IDIOMAS

Publicado: 21-05-2015 en Sin categoría

 Los cubanos no nos entendemos.

 Lo que ocurrió en la Cumbre de Panamá entre oficialistas y emigrados es sólo un botón de muestra de la profunda brecha, no ya ética o ideológica, sino semántica que separa a los cubanos que viven acá (seamos o no sociedad civil) de los que se han asentado en otras tierras. Brecha que también existe entre los que estamos acá, y entre los emigrados. Nadie se entiende con nadie, todos clamamos por la tolerancia pero tenemos una lista de candidatos al primer pescozón.

 Leo las diatribas de críticos emigrados –o locos por emigrar– a Regreso a Ítaca y, por extensión, a Padura, y me pregunto de qué coño hablan cuando se refieren a voces engoladas o clichés de extranjero paternalista. A ver, yo me desgañito clamando contra los extranjeros paternalistas, como el mismo Cantet en su corto de 7 días en la Habana, pero en Regreso a Ítaca veo un guión maduro y redondo, personajes creíbles, probables y estupendamente actuados, y mucha distancia de los clichés a que han echado mano con insistencia realizadores extranjeros y cubanos al tratar la realidad de la isla. Salvo que quieran decir que el cliché es la cubanidad misma, y que toda película sobre Cuba, si no dice que Fidel y los comunistas jodieron este país, es una película falsa e incompleta.

 Me maravilla, además, que esos duros raseros los apliquen exclusivamente al cine, al arte cubano. Hay un placer enfermizo en defenestrar y buscarle errores ciertos e imaginados a cuanto se hace aquí, a exigirle al arte nacional que refleje la que para ellos es la única realidad –y manera de tratarla– que certificarían como auténtica. Hay una rabia de fondo, no ya contra el sistema que detestan, sino contra los que nos quedamos acá, no importa si somos oficialistas o críticos con la oficialidad: el pecado es estar aquí y no decir lo que ellos, cubanos refinados tras recibir el espaldarazo democrático –o domesticados por el american way, según se mire– consideran que debe decirse sobre Cuba. Hay un gozo malsano en rebajar lo que se hace, lo que ocurre en Cuba; en creernos aborregados, ignorantes y primitivos; en encontrar, de diez explicaciones posibles a un hecho, la peor y creer que sólo esa puede explicar lo que dijo o hizo un artista cubano. O el gobierno cubano. Gozo, en definitiva, cobarde, porque quien lo practica se sabe impune, con Internet de alta velocidad y aplaudido por un coro de descerebrados que han ido a meter la cabeza en arenas foráneas, optando por la solución personal y egoísta porque no se atrevieron a quedarse acá a virar esta tierra de una vez.

(20 de mayo 2015)

BRITPOP

Publicado: 19-05-2015 en Sin categoría

 El britpop fue, a comienzos de los 90, no sólo la respuesta británica a la invasión norteamericana –el grunge de Seattle–, sino un regreso al tipo de canción que hizo internacionalmente famosos, treinta años antes, a los Beatles, los Kinks y The Who. De hecho, la batalla entre Oasis y Blur en 1995 estaba montada sobre la estructura de la rivalidad entre los Beatles y los Stones, con la diferencia de que a esas alturas Oasis y Blur efectivamente se detestaban.

  Aunque el fenómeno contó con otros nombres importantes como Radiohead, Suede, Elastica, The Verve, Keane o Pulp, fueron Blur con Modern life is rubbish (1993) y Parklife (1994) y Oasis con Definitely maybe (1994) y (What’s the story) morning glory? (1995) las bandas que focalizaron la atención y las ventas: Blur con irónicos textos de crítica social a la manera de Ray Davies y los Kinks, Oasis con la descarnada franqueza de la clase obrera norteña y constantes referencias a los Beatles. A la larga vencieron estos últimos, que en 1996 tocaron en Knebworth para una de las mayores audiencias hasta entonces reunidas para un concierto de rock; por su parte, aunque sacó a la venta todavía un par de buenos discos (particularmente el Blur de 1997), la banda de Damon Albarn nunca volvió a ser lo que fue, y el propio Albarn busco otro ángulo de ataque al año siguiente con la creación del proyecto Gorillaz.

 En Cuba el britpop no tuvo muchos seguidores: el rockero del patio suele preferir un sonido más fuerte, la potencia antes que la melodía; así, el grunge venció fácilmente al britpop, Nirvana, Soundgarden y Pearl Jam se impusieron a esos inglesitos con flequillo. Yo mismo, que siempre he sentido predilección por las bandas británicas, no me desordené con Blur o con el O.K. Computer (1997) de Radiohead. De hecho, la primera vez que escuché a Oasis me costó trabajo digerir el paisaje sonoro de guitarras menos poderosas que chirriantes, como grabadas con barata tecnología sesentera; creo que la canción que cambió las cosas fue Champagne supernova, el tema que cierra el What’s the story… La melodía y la voz de Liam Gallagher, con trucos vocales tomados en préstamo a Lennon, el hipnótico riff de guitarra y el amargo nonsense de la letra me atraparon y me convirtieron en un fan moderado de la banda de Manchester. En el 2000 compré en Londres el álbum Standing in the shoulders of giants que recién salía, y unos meses después los vi en concierto en Hamburgo; por entonces, sin embargo, el britpop era historia. Su tercer álbum, Be here now (1997), había decepcionado a todo el mundo, y por otra parte el movimiento, aunque popularísimo en Inglaterra y con notable repercusión europea, no consiguió sacudir el mercado americano como en los tiempos de la British invasion.

  Durante el declive del britpop –al menos, de su época dorada– brillaron dos de mis bandas favoritas, la escocesa Travis y la galesa Stereophonics. Los álbumes The man who (1999) y The invisible band (2001) de Travis constituyen espléndidas lecciones en el terreno del rock-pop melódico; el atractivo timbre del vocalista Fran Healy devela matices y realza cada tema, ninguno de los cuales parece de relleno y muchos haber existido siempre. Reacio a soportar la cobertura mediática de sus predecesores y más centrado en la música que en el escándalo, el cuarteto de Glasgow fue a su vez inspirador de agrupaciones más conocidas, como la londinense Coldplay. Por su parte, los Stereophonics, liderados por Kelly Jones –cuya voz ronca y desgarrada llena los intersticios que deja una instrumentación minimalista y sin alardes de virtuosismo– alcanzaron la madurez con You gotta go there to come back (2003), aunque también recomiendo el estupendo bootleg Completely acoustic (2002) donde revisitan clásicos que parecerían escritos para ellos.

 ¿Qué quedó del britpop? Como siempre, algunas buenas canciones: Creep de Radiohead, Country house y Song 2 de Blur, Bitter sweet symphony de The Verve, Live forever, Wonderwall, Don´t look back in anger y Champagne supernova de Oasis… Por otra parte, fenómenos posteriores como Amy Winehouse o Adele demuestran que los ingleses conservan una fe absoluta en su pasado…

(19 de mayo 2015)

LA SOLIDARIDAD

Publicado: 12-05-2015 en Sin categoría

 En 1993 fui invitado por primera vez al festival de Innsbruck, en Austria, a presentar Alicia en el pueblo de Maravillas. Era mi segundo viaje al extranjero (había estado en la URSS en el 89) y el primero a un país capitalista. En Cuba padecíamos el Período Especial, la gente enfermaba de neuritis y yo temía ser el próximo, pues si el ciudadano corriente se moría de hambre imagínense cómo estaría yo, con mi alergia al huevo. La invitación original era para Daniel Díaz Torres, pero él tenía otro compromiso por esa fecha y sugirió que fuera yo en su lugar, salvándome probablemente la vida.

Llegué a Viena, me recibió un tipo gordito y sonriente, me subió a un tren y cosa de cinco horas más tarde llegaba yo a la capital del Tirol. Por teléfono, el anfitrión vienés me describió como un cubano típico; el resultado de su evaluación fue que por poco no me identifican en la estación ferroviaria de Innsbruck, pues la cubanidad también depende del punto de vista. En fin, pasé unos días estupendos en la ciudad, hice amigos, descubrí películas y cineastas, conjuré la amenaza de la neuritis.

 De regreso a la capital austriaca, el mismo individuo se encargó de llevarme al aeropuerto. Ahora bien, antes de hacerlo me dijo que tenía algo para mí: me había escuchado mencionar a mi hija pequeña –Ana tenía entonces cinco años– y, generosamente, le había pedido a sus hijos algunos juguetes que no usaran mucho para que yo se los llevara a la niña. Sonreí agradecido, y traté de seguir sonriendo al ver que la donación consistía en… dos muñecas descoloridas y desnudas, una de ellas además tuerta y con la cabeza chafada. Por supuesto, las eché a un contenedor de basura en el mismo aeropuerto de Viena, y le compré a Ana un osito tirolés. Por muy jodidos que estuviéramos en Cuba –me imagino los tintes del retrato de la niñez cubana que el buen padre vienés le habrá hecho a sus hijos– yo no le iba a traer a mi hija una muñeca que parecía recién violada por un pelotón rijoso tras dos años de maniobras.

 La solidaridad es hermosa, pero la hacen y reciben seres humanos impelidos por muy diversas motivaciones, de modo que no es extraño que en algún momento del proceso intervengan la mezquindad y el orgullo. El gobierno cubano ha enviado médicos y maestros a un montón de países, ofreció ayuda cuando el Katrina devastó New Orleans, y eso está muy bien… aunque al mismo tiempo resulta un poco ostentoso, habida cuenta del estado en que se hallan nuestros propios hospitales. Ha ocurrido que, llamados a ser solidarios por un tiempo, hemos perdido algo para siempre; si hay que donar ropa y enseres para los damnificados por un ciclón, siempre habrá quien diga “que escapen con este pulovito, total, es mejor que nada, y tiene menos uso que la camisa ripiada que dio la vecina de los altos”. Por otra parte, si somos nosotros quienes recibimos donaciones, los artículos no alcanzan y una buena parte aparece luego a la venta en tiendas estatales.

 La solidaridad de los países ricos consiste, por un lado, en un montón de ONGs caritativas que, ante una catástrofe natural o una guerra –peleada a menudo con armas vendidas por corporaciones paisanas, cuando no por sus propios gobiernos– colectan y entregan artículos de primera necesidad y envían cooperantes; por otro, en apadrinar un pueblecito africano o adoptar un niño. No se resuelve el problema, no se va al origen –de hecho, se suscita la envidia y el encabronamiento de infantes y aldeas vecinos– no se deja de comprar y consumir productos confeccionados en talleres de países pobres donde trabajan otros niños, pero se queda como poseedor de un alma buena y religiosa. Y las personalidades mediáticas se hacen retratar interactuando con chiquillos del Tercer Mundo para conseguir ayuda y donaciones… y bueno, para añadir un poquito de corrección política a su fama.
 
(12 de mayo 2015)

NOTAS DE CINE

Publicado: 01-05-2015 en Sin categoría


En los noventa se criticaba en comedia; ahora se critica en drama. Es como si volviera a ganar fuerza el viejo criterio de que los temas serios hay que tratarlos dramáticamente, que la comedia es para la gozadera y sólo la tragedia vale a la hora de ponernos profundos y atrevidos.

La Muestra debía ser de Cine Independiente, no sólo de Cine Joven. No hay una Muestra de Tembas Realizadores. Su formulación presupone que eres joven o eres del ICAIC, cuando lo cierto es que hay un montón de realizadores de mediana edad que no tienen ningún espacio esperando por ellos.

Vestido de novia (Marilyn Solaya)

Una buena ópera prima.

Lo mejor: El tema. Las actuaciones de Luis Alberto García e Isabel Santos. El ritmo. La música. Algunas escenas, como aquella en que le arrebatan las pelucas a los travestis y los cargan en la guagua.

Lo que no me convence: El maniqueísmo. Todos los hombres en la película son tremendamente malos, malísimos. El único bueno es el personaje de Luis Alberto; su mujer, el transexual, no le ha contado su pasado porque intenta encontrar un espacio, aun a costa de esa mentira, donde fructifique su amor con el hombre que ama. Puedo entender eso. Ahora bien, cuando el esposo regresa tras descubrir la verdad y largarse, le dice a ella que se va al interior del país, y le pide que se vaya con él, ¿qué está haciendo? Pues lo mismo que antes intentara ella: encontrar un espacio donde fructifique su amor con la persona amada. Ah, no, pues de pronto esa mujer sufrida es más habanera que nadie y dice que para el interior no se va; será, infiero, que fuera de La Habana no hay coros masculinos ni viejos que se caguen encima. Y la película parece darle la razón, legitimar su negativa. Bueno, desde mi punto de vista ella es tremenda hija de puta.

Toda la secuencia de los sucesos del 5 de agosto parece una concesión a los públicos extranjeros, para que gocen con esas imágenes que sugieren que se trata de hechos que ocurren todos los días. A ninguno de los personajes de la película le dan siquiera un yiti en esa coyuntura; es cierto que el personaje de Isabel se va en balsa, pero eso no ocurrió sólo ese día, ¿verdad?

Y, por muy basada en hechos reales que esté la historia -los hechos reales son a menudo inverosímiles y no tienen estructura dramática- se me hace difícil creer que el personaje de Luis Alberto viviera mucho tiempo con una mujer que, obviamente, no tiene menstruación, en este país, en esta ciudad en que todo se sabe, y no sospechara nada.

Fátima (Jorge Perugorría)

Tal vez por ser menos pretenciosa que Vestido de novia, Fátima me gustó más. Está llena de estereotipos, pero es una historia que transcurre con gracia, muy bien llevada por la pareja protagonista, interpretada por Carlos Enrique Almirante y Tomás Cao. Los personajes tienen matices, y Fátima se instaura sólidamente en el alma del espectador. Lo mejor que ha hecho Jorge Perugorría detrás de las cámaras.

La emboscada (Alejandro Gil)

Una película interesante; la mejor de tema bélico, en mucho tiempo, en el cine cubano.

Lo mejor: Caleb Casas y Tomás Cao. Las escenas que preceden a la emboscada, los diálogos y personajes durante la emboscada misma. El final.

Lo que no me convence: Lo que parece instaurarse como el presente, la emboscada, no lo es: hay toda una historia en el futuro que, además de matar el suspense respecto a si uno de los personajes sobrevivió a los hechos narrados, se sustancia en otro conflicto padre–hijo como el del pasado del personaje encarnado por Patricio Wood. Que el hijo de este además de rebelde sea homosexual es innecesario, una concesión a los nuevos estereotipos. Buena parte de las escenas del pasado y futuro resultan televisivas, planas.

La pared de las palabras (Fernando Pérez)

Fernando es un maestro, y sin duda el mejor cineasta cubano vivo. Pero no es infalible.

Lo mejor: La actuación de Maritza. El cuadro al final.

Lo que no me convence: Todo lo demás. Desde mi punto de vista, esta es la primera película fallida de Fernando Pérez. Una amiga que la vio dijo “emociona, pero no es película”. Creo que la entiendo. Conmueve, qué duda cabe, pero gracias a los sentimientos que aborda, no a la película misma. Los sucesos no tienen consecuencias, las cosas ocurren porque sí. El personaje de Laura de la Uz no entronca de ninguna manera con la historia principal y sólo sirve para desgranar algunos momentos cómicos y supuestamente audaces. Todo el asunto de la semilla es burdo, elemental y roza el ridículo. Los personajes son planos y no evolucionan, aparecen y desaparecen cuando se les antoja a los guionistas.

Como antes con Eliseo Subiela, el público y la crítica cubanos están encandilados con Fernando Pérez. Como el finado Rufo Caballero tratando de encontrar lo inencontrable (virtudes y profundidad en Barrio Cuba de otro ilustre finado, Humberto Solás), la gente se empeña en que le encante La pared de las palabras, porque es de Fernando.

Regreso a Ítaca (Laurent Cantet)

Lo mejor: Prácticamente todo. Es una película impresionante. Parece liviana y se va enredando. Excelente ritmo para ese tipo de historia, extraordinarias actuaciones –en especial la de Néstor Jiménez-, conmovedora. Después de la insufrible 7 días en La Habana, Padura nos entrega al fin un guión sólido y a la altura de su talento.

Lo que no me convence: Algo tendrá, pero no se me ocurre nada.

Contigo pan y cebolla y Crematorium (Juan Carlos Cremata)

Aunque prefiero El premio flaco, me gustó la adaptación de Contigo pan y cebolla. Entre las virtudes de Cremata no es la menor su habilidad para llevar al cine clásicos teatrales.

Lo mejor: Algunas actuaciones. La dirección de arte.

Lo que no me convence: Algunas actuaciones.

En lo tocante a Crematorium, no me gustó; su humor me resulta demasiado esperpéntico. El segundo cuento, el de las dos mujeres en el cementerio, me parece el mejor.

Tras el estreno de una película cubana, la gente pregunta ¿está fuerte? La explicación probablemente radique en que, hasta cierto punto, el cine en Cuba ha sustituido el espacio crítico que debía corresponder a una expresión opositora legítima (legitimada), de manera que la gente no busca en él tanto la calidad artística como el reflejo de la realidad, mientras más descarnado mejor; ese reflejo que no le ofrecen el noticiero ni los diarios. Cualquier cercanía a otros tempos y maneras narrativas por parte del cine nacional es recibida con desconfianza, indiferencia o rechazo.

El 30 de abril comenzó el 18 Festival de Cine Francés, con la película franco – mauritana Tombuctú, de Abderrahmane Sissako. La recomiendo, es una obra dura y poética a la vez, un ferviente alegato contra la intolerancia con toques de humor exquisito.

(1ro de mayo 2015)

EL PASADO, EL PRESENTE

Publicado: 28-04-2015 en Sin categoría

 Todo el mundo se ve ridículo en las fotos viejas. El pelo, la indumentaria, la postura.

 El pasado siempre parece grotesco. Inexplicable. Desde la tranquilizadora comprensión del presente, leemos o vemos un documental acerca de los años setenta, el siglo diecinueve o el imperio romano, y sentimos el alivio de no haber vivido en esa época absurda. ¿Cómo fueron tan imbéciles nuestros antepasados que no se dieron cuenta de esto, permitieron aquello o depositaron sus esperanzas en lo otro? ¿Cuántas veces hemos dicho qué va, a mí en ese tiempo no me cogerían pá eso, Yo en lugar de esa gente no me hubiera dejado meter el pie, y frases similares? Y luego pasan treinta años y nos resulta inconcebible aquel mismo presente que tan confortable se nos antojara entonces.

 La guerrilla, rural o urbana, históricamente no ha solido adoptar las sentadas como método de combate por una buena razón, más o menos la misma de que a ningún súbdito de Gengis Khan le diera por fundar un comité de Derechos Humanos. Cada época ha encontrado sus utopías, sus tabúes y sus métodos de lucha, que condicionaron la visión del mundo de quienes la vivieron. Hay un grupo que dice que la lucha urbana contra Batista empleaba tácticas terroristas; me parece un error tan grave como el de considerar que cuando Martí dijo Hace falta un solo partido para hacer la Revolución tenía en mente, no la independencia de España, sino lo que vendría después. (En especial, considerando su opinión acerca del socialismo). Prolifera ese acercamiento epidérmico a los años idos, cuando resultaría tan obvio que cualquier análisis histórico tiene que empezar por el estudio del contexto y en consecuencia la lógica de los analizados, que no se puede juzgar el pasado según la ética del presente. En sentido horizontal, tal cosa equivale a la noción de que la democracia norteamericana es una receta buena para todo el mundo, y hay que ir allí para obligar al reluctante a tomar la medicina.

 El ciudadano promedio de cualquier país tiende a creer que hemos rebasado la barbarie, que vivimos en el más civilizado de los mundos posibles, y lo sigue pensando mientras cambia de canal pues le aburren las noticias acerca de israelíes y palestinos, Guantánamo o algún estudiante alucinado que perpetró una masacre en el colegio. Tenemos la ilusión de que el presente nos abriga, damos por sentado lo que nos rodea, olvidando, por ejemplo, que los derechos de los trabajadores en las democracias actuales fueron ganados paso a paso a lo largo de dos siglos por los movimientos obreros, socialistas y comunistas a golpe de huelga reprimida, cárceles y despidos. En numerosas películas y series históricas la dirección de arte, reforzada ahora por los VFX, consigue detalles cada vez más convincentes, pero los actores tienen donaire de supermodelos y el lenguaje ingenioso y cínico de las tribus urbanas, en tanto las tramas consiguen convencernos de que todo se reduce a una cuestión de buenos y malos.

 El presente olvida, y cree que el pasado es un videojuego o un documental de National Geographic. No se trata, por supuesto, de justificar errores y crímenes, pero tampoco es justo considerar a nuestros antepasados un hatajo de criminales obtusos con peinados ridículos. Cada vez hay más información, pero menos memoria.

(28 de abril 2015)

BAYAMO

Publicado: 21-04-2015 en Sin categoría

 Del 16 al 19 he estado en Bayamo, participando en el evento Canción al Padre, que, a través de conciertos, conferencias, exposiciones y lecturas, rinde homenaje al natalicio de Carlos Manuel de Céspedes. Fui invitado a conducir un taller de escritura de Guión Cinematográfico y presentar mi nuevo corto, Arte.

 Como un puñado de ciudades del interior del país, Bayamo es limpia y, a trechos, con sorprendente buen gusto. Escuché voces nostálgicas evocar a cierto secretario del Partido que, hace cinco años, llevó a Bayamo a su mejor momento… hasta que fue trasladado a Santiago. Con todo, me impresionó la belleza de las calles y las plazas, que querrían para sí tantas barriadas habaneras. Siendo, como era, mi primera vez por esos rumbos, hice lo que es de rigor, a saber, dar una vuelta nocturna en coche. También probé el legendario pru oriental, escuché a grupos musicales de Holguín (Electrozona) y Ciego de Ávila (Motivos personales), visité al artista plástico Raylven Friman y, en la noche del 18, asistí a un estupendo concierto de David Torrens, uno de los cantores con más carisma y dominio escénico del panorama nacional.

 Como es natural, en estos eventos uno se reencuentra con amigos y hace amistades nuevas, se integra a descargas que duran hasta el amanecer, hace planes, bebe y pasa la botella. Y hablando de rituales, en las frecuentes paradas durante el regreso para tomar café, comer algo o aliviar el cuerpo, compré además ese tipo de golosinas insalubres que es obligatorio traer de vuelta de cualquier viaje…

(21 de abril 2015)