EL CUARTETO DE NOS

Publicado: 09-02-2016 en Sin categoría

En Rock que pica escribí acerca de bandas latinoamericanas que apuestan por el humor y la incorrección política: Mojinos Escozíos en España, Bersuit Vergarabat en Argentina, Molotov en México, Porno para Ricardo en Cuba. Al final mencioné de pasada la banda uruguaya El Cuarteto de Nos; hoy quiero referirme a ella.

Mientras las listas de éxitos, los canales musicales y las discotecas siguen invadidas por basura para descerebrados, bandas como el Cuarteto se empeñan en considerar la lengua española algo más que un código para enviar mensajitos de un móvil a otro. Fundado en 1984 por los hermanos Musso, álbumes como Otra navidad en las trincheras (1994), El tren bala (1996), Cortamambo (2000), Raro (2006) y Porfiado (2012) constituyen para mí lo más recomendable de su discografía, los trabajos donde su ingenio e irreverencia alcanzan puntos más altos. Si en los primeros tiempos estaban más cercanos al desparpajo y la provocación per se (se armó en gran escándalo en Uruguay, con demanda judicial y todo, porque su canción El día que Artigas se emborrachó supuestamente difamaba al héroe nacional) y los temas de las canciones eran ferozmente incorrectos (No somos latinos, Maten las ballenas, Cristo te odia, Corazón maricón, Al cielo no, El putón del barrio, La pequeña Leti) luego fueron desarrollando una especie de filosofía del derrotado, más cercana a la de otra banda clave del panorama actual en Latinoamérica, la puertorriqueña Calle 13. En piezas como Yendo a la casa de Damián, Ya no sé qué hacer conmigo (cuyo clip, por cierto, fue alevosamente copiado por un realizador cubano hace unos años para  un hit de Buena Fe) o Buen día Benito deconstruyen y vuelven a armar las obsesiones del individuo frente a los iconos y preceptos de una sociedad que te exige el triunfo y aplaude que jodas al prójimo. Aunque musicalmente competentes y con un sonido que ha pasado por el rock alternativo, el rap y alguna vez los ritmos latinos, insisto en que lo que los hace excepcionales es la agudeza de la lírica, la habilidad para exprimir el idioma e introducir referencias ágiles y variopintas.

¿Qué esperamos de la música? ¿Un buen ritmo para bailar, una melodía para ponernos románticos, algo como un spray ambientador sonoro? A quien le baste con eso, let it be. En lo personal, me interesan los artistas que (me) provocan, que dicen cosas inquietantes y dinamitan cualquier noción amable y conformista con el mundo. Sobre todo, con este mundo de porquería que tenemos hoy. Pero gente como Calle 13 o el Cuarteto de Nos se hacen ricos haciéndose los pobres, dirán algunos. ¿Y qué? Me parece genial que no olviden de dónde vienen. Y si siguieran siendo pobres no grabarían discos, y no los conoceríamos, y así sucesivamente. Por otra parte, para curar un cáncer no hay que padecerlo.

 

P.S.: El sábado 6 asistí a dos conciertos sucesivos en Fábrica de Arte: el primero de Rhett Miller, un cantante tejano de country que no me impresionó demasiado, y luego a otro del espectacular trío de jazz integrado por Gastón Joya en el contrabajo, Rodney Barreto en la batería y Rolando Luna al piano. Por si fuera poco, tuvieron de invitados al pianista Harold López-Nussa y a… Omara Portuondo, que cantó, entre otras, Siboney y 20 años

P.P.S.: El jueves 18 de febrero a las 11 de la mañana será presentado mi libro Omega 3 en la Sala Carpentier de La Cabaña, durante la Feria del Libro. Publicado por Letras Cubanas, contiene cuarenta cuentos, treinta y nueve de ellos inéditos, a lo largo de 376 páginas; incluye el original del largometraje homónimo del 2014, el original de Épica, el original de La película de Ana de Daniel, un montón de cuentos escritos en Santiago de Chile entre 2010 y 2011, alguna pieza de fecha tan remota como 1996 y otras muy recientes, de fines del 2014.

(9 de febrero 2016)

RETÓRICA

Publicado: 02-02-2016 en Sin categoría

Según la prensa cubana, todas las provocaciones son burdas.

Es curioso, ¿no? Después de tanto tiempo provocando, el enemigo –el que sea, el norteamericano, el interno, la región del mundo con que estemos peleados en ese momento– debería cogerle la vuelta al negocio de las provocaciones, tener cierto know how, digo yo, ir logrando provocaciones cada vez más brillantes y refinadas. Pero no, son invariablemente burdas, esto es toscas, obvias, elementales. Esa gente no aprende. Con lo hábiles que son en otros ámbitos, y ya ves, resultan incapaces de lanzar una sola provocación decente. Y sin embargo, alguna vez tuvo que existir un modelo, digo yo,  una provocación ingeniosa y bien urdida con la cual comparar las que siguieron. Es evidente que ya no las fabrican como antes. Tendríamos que diseñarla nosotros, mostrarles cómo se hace…

Otra frase muy frecuente en la prensa y en discursos: hace más de veinte años. O los años que sean: el punto es que da la impresión de que nadie sabe calcular bien, y tiran la primera cifra que se les ocurre, siempre que cumpla el requisito de ser levemente menor que la cifra real. Requisito que, por otra parte, puede jugarte una mala pasada: cierto cantante hoy emigrado, en ocasión de ganar un importante premio en Japón, quiso dedicarlo a los muertos en Hiroshima hace más de… eh… de… perdonen, es que estoy muy emocionado… Pues haber sacado la cuenta antes, bróder, o haber dicho hace más de quince minutos para ir al seguro. Otra variante es en la Plaza se congregó más de un millón de personas. Bueno, pero ¿cuánto es eso? ¿Un millón y apenas diez personas más, o un millón ochocientas cincuenta mil? Si contaste un millón, ¿qué trabajo te da decir el resto con exactitud? Claro que puede que algunas personas no pusieran de su parte y se la pasaran entrando y saliendo de la Plaza, haciendo por consiguiente muy difícil la decisión de si se las consideraba o no en el guarismo final. Bueno, pues regáñalos y exígeles que se estén quietos, que una manifestación, aunque casi obligatoria, es una cosa seria.

 En la aristocracia de las frases sacralizadas por el uso en nuestros medios masivos campea por suerte estas manifestaciones negativas no son mayoría entre nosotros…  mira tú qué consuelo. Me están tratando mal, me están tirando a mierda, pero es reconfortante saber que se trata de una excepción y no de la regla; en otras palabras, que de veinte usuarios que reciben atención en un momento dado, sólo me están ninguneando a mí. Es increíble lo que el conocimiento de ese hecho puede hacer por tu autoestima. Otra aplicación del concepto: descubrieron a un administrador que robaba, pero por suerte los demás no son así. Qué afortunados somos, era ese crápula concreto y ya. Aunque, si lo piensas un poco, hasta el momento de ser expuesto a la luz pública el malhechor de marras era tenido por un funcionario ejemplar, tan ejemplar como los demás administradores. Es el tipo de cosas que te hacen dudar un poco, ¿no?

Ahora bien, mi favorita entre esas formulaciones es la que se refiere a errores que todavía subsisten. Todavía. O sea, que desaparecerán alguna vez; es más, ya deberían haberlo hecho, tendrían que haber tomado ejemplo de otros errores que se portaron bien y desaparecieron a tiempo y sonrientes. Por lo general, esos errores son además rezagos del pasado, y vienen rezagándose por más de medio siglo. Serán negativos, pero nadie puede negar que disfrutan de una vitalidad asombrosa. Cosas positivas como la carne de res o la posibilidad de que los profesionales de la salud puedan viajar libremente al extranjero han durado mucho menos. Con toda humildad sugiero que en alguno de esos laboratorios y centros científicos de la periferia habanera dediquen algo de tiempo y dinero a descubrir y aislar el principio activo de los errores, para aplicarlo más tarde a las cosas buenas y efímeras.

Retórica. Frases hechas, repetidas automáticamente, despojadas ya de todo sentido. Frases en las que nadie cree, y el que las escribe menos que nadie, pero que la prensa cubana no atina a expresar de otra manera. Palabras que no describen la realidad para una prensa que tampoco lo hace. Sucedáneos.

Mentiras.

(2 de febrero 2016)

PERSONAJES IMAGINARIOS QUE DEBERÍAN EXISTIR

Publicado: 26-01-2016 en Sin categoría

Estos son algunos de los míos.

Los vampiros y los hombres lobo. En fin, no es que sueñe con que me claven colmillos en el cuello o transformarme con la luna llena, pero a mi juicio le darían a este mundo una dimensión más interesante, una pizca suplementaria de poesía. Hay algo deprimente en la noción de que el terror nocturno se reduzca a que un ladrón te aseste un trancazo para robarte la cartera.

Sherlock Holmes. En el 2000, de paso por Londres, hice unas fotos en el 221B de Baker Street. Hay un museo. No a todos los personajes reales se les ha dedicado un museo, pero el ficticio Holmes tiene por lo menos uno. Ese tipo excéntrico y brillante –a quien Billy Wilder dedicó su película de 1970 The private life of Sherlock Holmes, concepto por demás fascinante si consideramos su amistad con Watson y su admiración por Irene Adler– se ha instaurado de tal manera en nuestro universo que es difícil creer que nunca estuvo físicamente ahí. Me cae bien. Mientras más tipos raros, mejor.

Gandalf. Con Sean Connery, uno de los hombres de edad avanzada de quienes más de una amiga me ha confesado estar enamorada. No es poco mérito, considerando que se trata de un anciano barbudo y andariego. La sabiduría, la bondad, el don de hacer magia y la vitalidad del personaje lo hacen irremediablemente atractivo. Me gustaría pedirle consejo acerca de un par de cosas.

Thursday Next. La detective literaria de las novelas de Jasper Fforde. Como parte de su trabajo en una entidad llamada Jurisfiction, debe entrar a las novelas clásicas y corregir las metidas de pata de los personajes y las transgresiones de los fans. Una mujer inteligente con un buen empleo, de treinta y pocos años y con un dodo como mascota, ¿quién puede pedir más? Como dato curioso, la primera novela de la serie, The Eyre affair (2001) fue rechazada setenta y seis veces antes de que Hodder & Stouhton la publicara. Quiero transcribir unas esperanzadoras líneas de ese libro; el padre de Thursday trabaja en la CronoGuardia, lo que significa que puede detener el tiempo y viajar por diferentes universos donde, como es lógico, las cosas han ocurrido de diferente manera. Se encuentra con su hija en un café y le entrega una bolsa con un regalo:

-Hace poco estuve en el 78 –anunció-. Te he traído esto.

Me pasó un single de los Beatles. No reconocí el título.

-¿No se separaron en el 70?

-No siempre (…)

Satán en su versión Bulgákov. El mago Voland y su fabuloso séquito, como aparecen en El maestro y Margarita, la insuperable novela de Mijaíl Bulgákov, son irresistiblemente atractivos, divertidos y sensuales (de hecho, Margarita acepta fungir como bruja desnuda en el Baile de Medianoche). Más que hacer el mal, muestran el ridículo tras las convenciones sociales e ideológicas. Mi héroe.

(26 de enero 2016)

DESCUBRIMIENTOS

Publicado: 19-01-2016 en Sin categoría

Aun cuando con la edad resulta cada vez más raro, pues uno tiende a aferrarse a autores, tendencias y géneros que conoce y prefiere, de tarde en tarde sucede que, por recomendación de un amigo o por puro azar, lees un libro de un escritor que no conocías. Después de terminar la mayoría tiendes a revisar seriamente el criterio con que seleccionas a tus amigos o por lo menos a desestimar sus nuevos consejos, pero con suerte dos o tres veces ocurre que el libro en verdad te apasiona y buscas más, y de la noche a la mañana devienes un fan del tipo. En el último año me ha ocurrido con tres autores. 

Joe Abercrombie: Empecé por La mejor venganza (Best served cold, 2009), la primera de tres novelas independientes pero relacionadas con la Trilogía de la primera ley, y no pude parar hasta leer las seis novelas. El mundo fantástico de este escritor británico recuerda la Europa medieval o el Renacimiento temprano, y es cruel y duro y lleno de humor no necesariamente negro pero que en semejante contexto se tiñe rápido. En La mejor venganza la protagonista es Monzcarro (Monza) Murcatto, una hermosa bien que vapuleada jefa de mercenarios, y sus aliados un envenenador y su discípula, un presidiario autista, un bárbaro del Norte y una torturadora profesional. Y esos son los Buenos…

China Miéville: A pesar de su nombre es también un escritor británico. En 1996, conocí a su madre, Claudia Lighfoot, en el primero de los coloquios sobre los Beatles que tuvieron lugar en La Habana en la segunda mitad de esa década, y que tuvieron su punto más alto con la actuación de The Quarrymen en el teatro América el 29 de noviembre de 1998. Claudia era una exhippie que escribió una guía cultural de La Habana por encargo de cierta editorial británica (en la que tuvo la gentileza de mencionarme entre los escritores cubanos que consideraba interesantes); en algún momento me contó de su hijo China, que escribía CF. Claudia murió hace algunos años, y en 2015 mi amigo Bacallao me pasa una novela de su primogénito, La estación de la calle Perdido (Perdido Street Station, 2000), la primera de la Serie de Bas-Lag. En las primeras páginas encontré que el protagonista era un científico gordo amante de una khepri, una mujer insecto, en una ciudad steampunk. Coño, me dije, esto empieza bien…

Jorge Enrique Lage: Es un escritor cubano absolutamente inclasificable. En este caso fue una amiga, C, quien me recomendó la novela La autopista: The movie (2014) y me gustó tanto que le escribí a Lage pidiéndole más obras suyas; poco después me hizo llegar Carbono 14 (una novela de culto) (2012). En sus textos hay ciencia ficción, sexo mondo y urgente, referencias a los manga y al cine comercial, amalgamados en una especie de globalización trash; en La Habana de Carbono 14 un personaje investiga el misterio de la ropa interior femenina, que parece anterior al origen del Homo Sapiens, mientras una chica más o menos extraterrestre aparece desorientada y desnuda en un callejón al estilo Terminator; en la otra novela se construye una autopista que enlaza a Cuba con Norteamérica, y los ciclones son antropomorfos y caminan como Voltus 5. Para mi gusto a Lage se le va un poco la mano en la transcripción de textos en inglés y la utilización de palabras en ese idioma, pero en materia de imaginación e imaginería es un demiurgo de primera fila.

PS.: Acuso recibo del volumen La utilidad de lo inútil, del filósofo calabrés Nuccio Ordine, que me ha enviado Abel Lloret. Es un ensayo erudito acerca de la necesidad de aquellos saberes y disciplinas que las sociedades contemporáneas tienden a relegar por no revertirse en ganancias inmediatas y tangibles.

(19 de enero 2016)

LA INCUBACIÓN DE LOS INCUBANOS

Publicado: 12-01-2016 en Sin categoría

Ya bautizados y descritos poseídos, domesticados y descerebrados, propongo ahora una categoría que engloba a los más radicales, el escalón superior de los poseídos: los incubanos. Los que sienten vergüenza de su origen, y van más allá del rechazo al sistema político vigente en Cuba para profesar una especie de racismo contra sus compatriotas, que a su modo de ver somos irremediablemente inferiores e intelectualmente degenerados por el hecho de vivir bajo dicho régimen. Han desarrollado un amargo escepticismo, un choteo desdeñoso y nivelador que llama a desconfiar de todo lo creado en la Antilla grande, a dar por sentados la medianía y el fracaso de cuanto se haga o proyecte en Cuba. Ven en su propia cubanidad un defecto a superar, y les escuece como un herpes.

Para los incubanos la pobreza y la corrupción sólo existen aquí, el país se reduce a eso. Sus cerebros no registran la violencia, la brutalidad policial, la xenofobia y la crisis económica en el resto del mundo. Este país está del carajo, ya se sabe, y la impaciencia y la rabia son las cartas en el juego colectivo, pero no deja de ser irónico que los incubanos cometan el mismo error que el gobierno, esto es, identificar nación con revolución. En consecuencia, nada nacional –o regional- les parece bastante bueno, y a menudo son sus críticos más feroces, y a cada iniciativa gestada acá le auguran y desean la peor de las suertes. Miran las películas del patio como un reto a la capacidad personal de encontrar errores, como si enfrentaran un gato que tratan de hacerles pasar por liebre. No se trata de ponerse paternalistas con el cine nacional, errores son errores, pero es bastante triste seguirlo con el único fin de levantar gazapos.

No es una actitud exclusiva de la emigración, ni mucho menos inherente a ella; de hecho, conozco muchos que se fueron y aunque, como es natural, se esforzaron por integrarse en su nueva patria, se enorgullecen de su matriz y su cultura. (Y es que hay algo de eso que jamás te abandona: en el libro El cine soviético del principio al fin [ediciones ICAIC, 2011] Zoia Barash relata que, para Andréi Mijalkov-Konchalovski, la adaptación a Occidente comenzó por un descubrimiento: en la URSS tenía una percepción exagerada de su propia importancia, fuera de allí casi nadie lo conocía. Luego comprobó que la mayoría de las películas que ha realizado en Hollywood resultan demasiado rusas para los norteamericanos, y demasiado norteamericanas para los rusos). Ahora bien, algunos emigrados se ponen de pinga, diciendo cosas como que  lo mejor que le puede pasar a Cuba es ser colonia de alguien. Postulan que el cubano sólo puede emigrar y adaptarse, o bien imitar lo mejor posible. No analizan: condenan. No ven matices: simplifican. Asumen que todo lo que se haga bajo el comunismo está contaminado de grisura, doble moral y cobardía.

¿Cómo se incuban los incubanos? Muy sencillo: con una sola frase. Una frase es cuanto necesitan oír para sentirse valientes y analíticos.

Todo es culpa de Fidel y Raúl.

Sobre ese postulado elemental construyen la arboladura de su odio. No existen otros elementos, otros factores, les tienen sin cuidado el contexto y la letra pequeña de la Historia. No intentan siquiera derramarse en simulacros de objetividad, para ellos el mundo se divide en buenos y malos absolutos, y en ese último rubro les basta señalar a los hermanos Castro. Esa frase funciona a guisa de Modelo de ensayo sobre cualquier tema cultural, social o económico relacionado con Cuba

(12 de enero 2015)

LA FAMILIA PETERS

Publicado: 05-01-2016 en Sin categoría

Este poema apareció en el plaquette Nostalgia de la babosa, de la editorial Abril, en 1992, así que debo haberlo escrito en algún momento entre 1980 y el año de su publicación:

                                                REVISTAS ILUSTRADAS

hablando de casualidades

está lo de aquel alemán

que no era mucho más alemán ni sociable que nadie

 

y aquella italiana

que perdió a sus padres en la guerra

y el día del reportaje a la fábrica

pensaba en la próxima huelga

 

ellos no se encontraron      no se rozaron en el Metro

en buses de turismo jamás ocuparon asientos contiguos

pero ahora la voluntad de una profesora oxidada

los convierte en miss y mister Peters

con dos hijos y chalet para el verano

en una clase de inglés aquí en La Habana

Lo inspiró una clase (no de inglés sino de alemán, así que el apellido era otro, me parece recordar que Lehmann) en la escuela de idiomas Abraham Lincoln, en el Vedado. En mi época de estudiante universitario (1980-1985) descubrí que una manera útil de aprovechar la sesión que me quedaba libre (tenía clases en la UH por la mañana un año y por la tarde el siguiente) era matricular en cursos de lenguas, por entonces gratis y no demasiado solicitados. Así estudié ruso (para rescatar lo aprendido en la Lenin) alemán e italiano, y más tarde francés en la Alianza. Como ejercicio docente, las profesoras solían mostrar fotos de hombres y mujeres en alguna colorida revista europea para que les inventáramos una historia y utilizáramos los vocablos y conjugaciones recién aprendidos. En la vida real dichos individuos no tenían probablemente nada en común, lo que puede funcionar como metáfora de los cursos de idiomas en sí, pues a diferencia de las aulas de la educación regular, aquéllos son babélicos por excelencia, convocan criaturas de diferentes edades, intereses y extracciones sociales, jineteros, personas de avanzada edad que se niegan a vegetar, estudiantes hambrientos, amas de casa aburridas, funcionarios con un viaje en perspectiva, tipos que necesitan un certificado de dominio de un idioma extranjero para redondear su curriculum. Gente con el don para las lenguas foráneas y gente incapaz de pronunciar correctamente yes o bitte. Gente que se empecinaba en ladrar el alemán o cantar el italiano, porque así lo escucharon en las películas. Alumnos con imaginación y otros incapaces de construir a miss y mister Peters. También había, invariablemente, alguien recién llegado de la URSS o la RDA que hablaba muchísimo mejor que el resto de nosotros, y a quien la profesora preguntaba durante las inspecciones.

Gente diversa, el reino del azar. Conocidos, ningún amigo. Alguna aventura ocasional con una condiscípula, algún deslumbramiento: recuerdo una chica, R, de la que me prendé como un poeta del Sturm und Drang y jamás me atreví a decirle nada; hace poco tuvimos un intercambio –epistolar, pues vive en Europa- y fue dulce hablar de los viejos tiempos y contarle de mi remota fascinación por su belleza.

Mucho he olvidado de lo aprendido entonces, pues sin la práctica regular, el vocabulario se desvanece. Con todo, algo del tronco básico de cada lengua ha permanecido conmigo, y un número de palabras vuelven cuando las necesito. Gracias a los Peters y su vida sencilla.

 (5 de enero 2016)

Publicado: 03-01-2016 en Sin categoría

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GNYO (JAPE, Eduardo, Luis Felipe, Era y León), 26 de diciembre 2015