LA INDIFERENCIA

Publicado: 26-08-2015 en Sin categoría

Silvio, otra vez:

¿Qué silencio es culpable de la muerte de un hombre?

¿Qué silencio en nosotros ha colgado inocentes?

¿Qué silencio maldito ha segado algún nombre?

¿Cuántas veces al día merecemos la muerte?

Sientes una especie de abyecta alegría al ver caer a alguien y comprobar que fue él y no tú, que volviste a librarte, que eres todavía un sobreviviente. Por otra parte, lo conoces y sabes que no se merece lo ocurrido. ¿Te meterás en candela por él?

¿A mí qué me importan los problemas de los demás? Bastante tengo ya con los míos… o bien Sí, lo que le hicieron a ese tipo fue tremenda mariconá, pero diciéndolo en voz alta no resuelvo nada y en cambio me meto en candela

Esa es una filosofía segura, quién lo duda. En definitiva, la tipa de marras sabía lo que se buscaba, ¿verdad? Sabía en qué se estaba metiendo, así que si ahora explotó es problema suyo. En todo caso, yo no voy a ser el primero en defenderla; si otros lo hacen entonces puede que sí, que me pronuncie, porque eso acaba siendo como cuando un grupo cruza la calle con la luz errónea: no los van a multar a todos.

Cuando nos enteramos –por correo electrónico, pues la prensa no habla de eso– de un asesinato, un robo, un escándalo de alcance nacional, enarcamos las cejas y vamos a otra cosa. Es una curiosidad que le da cierto color al día, algo que comentar más tarde con los amigos. Cuando nos tropezamos con una manifestación opositora, la miramos como al tigre en el Zoológico, como a los toros tras la barrera. Eso, claro, hasta que llega la policía: entonces empezamos a gritar consignas.

Las cadenas de emails han demostrado, no sólo que alguien escucha –eso se ha sabido siempre– sino que eventualmente la presión ciudadana puede ralentizar, frenar e incluso hacer retroceder actos y medidas impopulares. A veces no, claro, pero eso no constituye excusa.

Me gustaría decir que la indiferencia, la apatía, la pérdida del coraje ciudadano y de la solidaridad con la víctima de una injusticia constituyen una de las razones clave de que este país esté como está. Me gustaría… pero no sería del todo cierto, pues esta causa es a la vez consecuencia del fracaso de un proyecto social, la grisura resultante del escamoteo de cualquier futuro por el que valga la pena esperar. Y del miedo.

Por otro lado, la indiferencia es un mal mundial. El ciudadano del Primer Mundo pestañea cuando lee que hay guerra en el Tercero, que se produjo un atentado, un terremoto o un golpe de Estado. Como señala Kundera, cada cierto tiempo hay una campaña para alimentar a los niños pobres de alguna nación remota y desventurada. Qué bien, se hacen algunos conciertos, se dona dinero, pasa el tiempo… ¿y qué? ¿Es que los niños ya engordaron, ya están ahítos? ¿O sucede más bien que, con gestos como ese, el primer mundo se quita de encima por un tiempo la sensación de culpa?

 

P.S.: Hace un par de días terminé el corto Épica, el decimosegundo de la serie de Nicanor. Estoy muy satisfecho con él, creo que es de los mejores de la saga. El estreno será en los primeros días de septiembre, y luego, como es habitual, se regará por ahí.

P.P.S.: El 21 murió Daniel Rabinovich, de Les Luthiers. Coño, con tanto político longevo…

P.P.P.S.: El 21 también estuvo relacionado con la pérdida de otro gran artista: Frank Delgado, Gerardo Alfonso y Carlos Varela ofrecieron un concierto en el Karl Marx a la memoria de Santiago Feliú. Muy emotivo para todos, en particular para sus amigos y compañeros de generación.

(25 de agosto 2015)

LAS CLASES

Publicado: 18-08-2015 en Sin categoría

¿Es la cubana una sociedad de clases?

(Antes de entrar en materia, una anécdota: cierto día, en la Lenin, la profesora de Historia dijo algo así como “en la sociedad comunista desaparece la explotación del hombre por el hombre, y no hay clases”, y Ojeda, que dormía con la cabeza sobre el pupitre después de tres turnos aburridos, se espabiló con el final de la frase, y repitió esperanzado “¿no hay clases?”).

En el período de tránsito al socialismo la clase obrera ejerce su poder sobre los remanentes de la burguesía, hasta alcanzar la sociedad más justa, en que todos somos iguales y cada cual recibe lo que necesita. Eso nos decían; eso, palabra más o menos, copié en un montón de libretas durante mis años de estudiante. La clase dominante es la dueña de los medios de producción, y las relaciones de producción determinan la superestructura en una sociedad. Por ahí iba el materialismo histórico.

¿A alguien le parece que eso describe la sociedad cubana contemporánea? ¿Que la clase obrera es dueña de los medios de producción? ¿Que no hay burguesía y, si la hay, languidece ante el poder del proletariado?

Hace tiempo no me codeo con teóricos marxistas –ni con teóricos en general– pero supongo que no la tengan fácil si les da por definir la estratificación social en la Cuba de hoy. Para empezar, el proletario nacional no anda sobrado de conciencia de clase, no se siente parte de un grupo destinado a cambiar nada; la única conciencia que tiene es de sí mismo y su familia, de cómo sobrevivir, y no es raro que vea como un rival al compañero de trabajo y al vecino. O peor, como alguien a quien joder. No se siente reflejado en el Parlamento y sí aplastado por el Estado. AplaEstado. La ciencia de la masa pasa por alto al individuo. Como en los planos iniciales de Modern times de Chaplin, como en el cine de King Vidor, Fritz Lang o Einsenstein, el hombre corriente sólo existe en tanto parte de ese organismo colectivo y acéfalo.

Los acomodados, la clase media local, ¿constituyen una verdadera burguesía? ¿O, al menos, una verdadera clase media? El tipo que vende DVDs quemados es dueño quizás de un par de ordenadores con los que manufactura su mercancía: ¿clasifica por ello como burgués, aunque sea un burgués muy pequeñito? El botero que convierte en taxi su viejo auto y el que ha montado un pequeño restaurant o una cafetería en casa y vive cercado por los impuestos, ¿se transformaron en clase explotadora durante una noche de luna llena o son meros proletarios emprendedores? El gerente de una corporación no es el dueño del hotel o la empresa, pero su hija, que se viste e interacciona como burguesa ¿no lo es? El que tiene otra nacionalidad, o está casado con un extranjero y habla como madrileño o mexicano, el nuevo rico que no posee grandes empresas –porque no se lo permiten– pero tiene en el banco un montón de dinero, ¿integra un estrato especial, o es un burgués mondo y lirondo? Si verde y con pinchos, guanábana…

¿O se trata acaso de aristocracia? Muchos dirigentes y funcionarios que se creen indestructibles, y sus hijos, se vanaglorian de un tren de vida tan distante del de un trabajador común como el de un rey dieciochesco del de un burgués de filas. No son absolutamente ociosos como los aristócratas, pero planifican los matrimonios para bruñir sangres, consolidar alianzas y fortunas…

¿Funciona aún el marxismo para definir esta sociedad? ¿O cualquier otra? No ha existido un socialismo viable, y en cambio el imperialismo sigue ahí. No abogo por botar al niño con el agua sucia, el materialismo histórico es un corpus ideológico coherente que explica muchas cosas del pasado… lo que no necesariamente lo convierte en la verdad, la explicación inmutable y definitiva. El pensamiento y la Historia han seguido adelante.

 Sin la tutela soviética, los marxistas locales dejaron de pensar. Y el gobierno de escucharles.

¿Qué hay del presente? ¿Qué clases son estas? ¿Adónde pertenece un intelectual que no tiene la menor intención de erigirse en vanguardia de la clase obrera? ¿O el dirigente sindical que no representa a nadie y no puede hacer nada, o el estudiante que sólo aspira a terminar la carrera y largarse? ¿Adónde un campesino que jamás ha pretendido aliarse con el proletariado y no es dueño de sus propias reses?

¿Nos dirán que lo que no se ajusta a la teoría no existe?

 ¿Qué somos?

¿Burgueses? ¿Aristócratas? ¿Proletarios?

¿Esclavos?

(18 de agosto 2015)

EL GRUPO

Publicado: 11-08-2015 en Sin categoría

Todos los grupos del mundo se deshacen. Todos los sueños se van. Todos recordamos un momento en que nos pareció que las utopías eran posibles.

El grupo de la temprana juventud persiste en nuestra memoria como un reducto sagrado. Con esos tipos que se sentaban contigo en el aula o te buscaban en el parque te sentías invulnerable; con tu generación,  ibas a dejar tu huella y transformar las cosas. No importa que haya sido al revés, que el mundo nos haya masticado, triturado y escupido: mientras no nos mine el Alzheimer el grupo sobrevive y podemos evocarlo, intacto; es nuestro refugio, nos salva. Encontrar a sus miembros varias décadas después es una experiencia agridulce, porque nos negamos a aceptar que de aquellos polvos vinieron estos lodos. Y que uno mismo, a los ojos de los demás, ha cambiado tanto como ellos a los nuestros.

Casi nadie es lo que pensaba ser, o está donde soñaba. En el Pre yo titubeaba entre la Geología y la Física Nuclear –es lo que da leer ciencia ficción y ser, a un tiempo, aficionado a la espeleología– hasta que en el último segundo posible, planilla en mano, me dije bueno, tú escribes, pide algo que tenga que ver con eso, y me decanté por Historia del Arte como primera opción. Entre las nueve restantes se encontraban Economía, Planificación de la Economía Nacional, Biología, Arquitectura, Geografía y Lengua Inglesa. Gracias a Dios que me dieron la primera, porque no me imagino de biólogo o arquitecto, y muchísimo menos planificando la economía nacional.

Uno revisa ahora vetustas libretas de teléfonos donde apuntó, casi cuatro décadas atrás, a los socios, a las muchachas que le gustaban. O supongo que eso fueran, pues en la mayoría de los casos ya ni siquiera le pongo rostro a esos nombres: Chino, Suárez, Conde, Pingüino, Margarita…

Un par de veces al año se reúne mi graduación de la Vocacional Lenin. Lo que queda de ella: hay un montón de emigrados y también algunos muertos. En compensación, a menudo se nos suman algunos exprofesores. Yo no asisto siempre, pero cuando lo hago me dejo llevar, como todos, por ese espíritu de nostalgia y desengaño. Miramos las escasas fotos de entonces, evocamos las mismas anécdotas, irremediablemente escuchamos las bandas de los 70 mientras nos reímos de la inocencia y el fervor que nos permeaban en la época del uniforme azul. Y hablamos del que está en Madrid o la Florida, y alguien pregunta en voz alta qué habrá sido de fulano, mientras tú preguntas en voz baja cómo mengana se habrá puesto tan gorda, con el culito tan lindo que tenía….

Entiendo que los graduados de la Lenin que emigraron a Miami también se reúnen allá, pero hasta ahora la integración de las dos orillas ha sido puntual. Y mi generación no es la más golpeada. Con frecuencia encuentro a chicos en sus tempranos veinte: de mi grupo sólo quedo yo, me dicen. A algunos se les reencuentra a medias, se les recobra virtualmente. Hace poco, Luis Felipe me contó que había dado en Facebook con una condiscípula de la Universidad de quien perdimos la huella desde entonces. Está en el sur de España, se mantiene bastante bien y asegura ser feliz. Ahora se escriben a cada rato, pero es poco probable que vuelvan a verse.

Claro que, si los compañeros de aula eran como la familia en que crecemos –está ahí, no la elegiste, acabas por tomarle cariño y la idealizas cuando te falta–, NOS-Y-OTROS es otra cosa. Me gusta encontrarme una vez al año con los sobrevivientes de la Lenin, incluso que algún tipo canoso y rollizo me salude en la calle y me pregunte si no lo recuerdo de la Universidad –yo estaba en el grupo de Filología, era socio de fulano o novio de fulana, chico, cómo no te vas a acordar– pero de GNYO nunca tengo bastante. Es el círculo que escoges, la inviolable cofradía de tus iguales, el ismo con que decidiste enfrentar el mundo. Y aunque el mundo siempre lleva las de ganar, no nos ha vencido todavía…

P.S.: He visto Vuelos prohibidos, de Rigoberto López, y La ciudad, de Tomás Piard. Mientras menos hable de ellas, mejor.

(11 de agosto 2015)

LOS VIEJOS CÓMICOS

Publicado: 04-08-2015 en Sin categoría

Buster Keaton es el mejor comediante de todos los tiempos.

Sherlock Jr es su mejor película.

Ergo, Sherlock Jr es la mejor comedia de todos los tiempos.

Probablemente es mucho suponer, ¿no? ¿Qué sentido tiene decir que Keaton es mejor que Chaplin, o viceversa? ¿Cómo calibras poéticas y estilos tan diversos, cómo los puntúas y equiparas? Y sin embargo, la polémica siempre ha estado ahí, como atestigua Bertolucci en The dreamers (2003). De la guisa de aquella entre los Beatles y los Stones: puedes preferir a los Stones/Keaton, siempre que admitas que los Beatles/Chaplin están por encima de todo. La pregunta sería, más bien, ¿por qué son tan buenos los viejos comediantes? Y ¿por qué mientras más viejos, mejor?

Una respuesta tan obvia como indiscutible sería: bueno, todos eran talentos excepcionales. La maestría de Chaplin está más allá de toda duda, aunque es poco probable que algún productor le permitiera hoy en día realizar centenares de tomas de un plano hasta conseguir la perfección absoluta; es mucho más verosímil que le dijera “la tercera está bien, déjala así y luego la arreglamos digitalmente”. Por otra parte, los viejos cómicos realizaron auténticos milagros. Hay planos sin corte en Sherlock Jr (1924) que muestran acrobacias imposibles; Harold Lloyd consiguió en Safety last! (1923) una prodigiosa secuencia, con la imagen icónica del hombre colgando del reloj a decenas de metros sobre la calle, que mantenía y hasta hoy mantiene a los espectadores en vilo; hay rutinas de Laurel y Hardy –como mero ejemplo véase lo que hace Laurel, el actor más completo del dúo, en la escena del laberinto en A chump at Oxford (1939)– que parecen propias de un personaje animado de Disney.

Los hermanos Marx no resultan tan graciosos subtitulados, más que nada porque los juegos de palabras de Groucho o el falso acento italiano de Chico se pierden con la traducción. Con todo, hay escenas memorables como la del espejo en Duck soup (1933) y el camarote de A night at the opera (1935), mil veces imitadas, cuya insuperable comicidad descansa en lo visual. Abbott & Costello eran una versión deslavada del Gordo y el Flaco, esto es, una pareja de perdedores integrada por un personaje pretendidamente sensato y otro abiertamente torpe. Entre sus mejores momentos sugiero Abbott and Costello meet Frankenstein (1948) donde comparten cartel con el vampiro y el hombre lobo profesionales, Bela Lugosi y Lon Chaney Jr, y que lleva al paroxismo la capacidad de Costello para encontrarse en circunstancias terribles que sólo él ve y cuya existencia le resulta luego imposible demostrar. Por su parte, Los tres chiflados (The three stooges), esencialmente unos payasos, se especializaron en el slapstick a través de una dilatada ristra de cortos muy divertidos, pero donde sería imposible encontrar la menor traza de la sofisticación de Chaplin o Keaton. Aun así, son infinitamente más funcionales que Adam Sandler o Eddie Murphy.

El cine mudo implicaba una estética diferente, una estilización que podemos imitar como ejercicio de estilo –ahí está la extraordinaria The artist (2011) de Hazanavicius– pero no nos engañemos: es un camino que quedó cegado, trunco, y no guarda más relación con el cine de hoy que el Homo neanderthalensis con la genealogía del Homo sapiens. Sus códigos, en el canasto perceptivo del espectador corriente, han quedado al fondo, cubiertos con muchos otros que llegaron después. Un número de jóvenes cubanos, que no crecieron con el programa de Armando Calderón, con frecuencia pestañean desconcertados y se aburren ante una película de Chaplin o Keaton. Podemos disfrutar una obra silente como una curiosidad, pero lo que no conseguiremos ya es retrotraernos a la mentalidad para la que aquella era simplemente el cine. La manera de contar la historia y ponerla en escena hace un siglo nos resulta mágica, y sobrehumanos los intérpretes de entonces, de la misma manera en que escuchar un acetato con todo y scratch es hoy en día casi una experiencia religiosa.

Y sin embargo, ellos crearon los trucos, convirtieron en arte la atracción de feria. La noción de irrecuperable belle epoque que se asocia con los viejos maestros, que nos hace decir que no hay ya en el séptimo arte comediantes renovadores como Chaplin, Keaton, Harold Lloyd o Laurel & Hardy, ni siquiera como Abbott & Costello y Los tres chiflados, a menudo nos hace olvidar también que no puede haberlos: aquéllos eran pioneros en tierra ignota, inventaron sobre la marcha el lenguaje para poner en escena viejas rutinas del vodevil y el circo, y emplearon para la comedia –y el drama– los nuevos efectos emanados de la técnica misma, en particular del montaje: recursos pensados expresamente para la gran pantalla. Sus películas tienen el adorable candor de los cuentos de hadas, que nos fascinan en la niñez y nos ponen nostálgicos luego; hicieron lo suyo durante la infancia del cine, pero el cine creció y es ahora un ejecutivo cincuentón que ha desterrado la ingenuidad y no se permite chiquilladas. Hace a menudo el ridículo, qué duda cabe, pero con el talante de quien está de vuelta de todo.

 

P.S.: Hace apenas unos días falleció la actriz cubana Alina Rodríguez. Aunque trabajó en alguna película en cuyo guión intervine (Alicia en el pueblo de Maravillas) y llegué incluso a considerarla y entrevistarla para un papel en Omega 3, nunca tuve la suerte de dirigirla. En cambio, la admiré en María Antonia de Sergio Giral, en El premio flaco de Cremata, en Conducta de Daranas, en televisión, en teatro… Se ha ido, pero como suele ocurrir con los grandes, ahí queda.

(4 de agosto 2015)

DOMESTICADOS Y DESCEREBRADOS

Publicado: 28-07-2015 en Sin categoría

El tigre que enfrenta al tigre en primavera

                                                                     es valiente como la flor de loto.

                                           El conejo que enfrenta al tigre en primavera es,

                                             en cambio,

                                                                  un poquito comemierda.

                                                                                         (N. O’Donnell)

No soy buen dibujante, pero recuerdo una caricatura que hice en la Universidad: la Tierra flotando en el espacio, y un individuo  parado encima, diciendo una sola palabra.

Dudo.

Claro que todos tenemos un puñado de verdades esenciales, pero fuera de ahí hay que dudar de todo. En especial de cualquier corpus ideológico que nos presenten como la verdad, la solución, el camino.

Hace un tiempo llamé poseídos a los fundamentalistas de un lado y del otro, los extremistas innobles. Hoy propongo una ampliación de la nomenclatura.

El razonamiento del funcionario domesticado, del dictador de filas, es en este país no truenan por no llegar, truenan por pasarse. Su filosofía es la de no llamar la atención, no arriesgarse, lucir uniforme: no hay nada tan opaco, tan impersonal como un censor. Los miras en una reunión, en un evento, y son todos iguales, visten igual, hablan reproduciendo gestos y argumentos de sus pastores.

En este sentido, conviene recordar que no sólo es censura la poda de un texto o su retiro del espacio público; también lo es no tomar una decisión, que los medios esquiven un hecho, condenar una obra al limbo de la espera. La prensa cubana sigue sin hablar de la retirada de cartel de la obra de Cremata o del escándalo de las vacaciones turcas de Castro Jr, ni siquiera para rebatirlos. Ellos deciden, no ya lo que se publica, sino lo que ha ocurrido y lo que no. Es una prensa domesticada y descerebrante. La verdadera prensa son las cadenas de emails, siempre que también se dude de ellas.

Emigrar es un acto de libertad. No hacerlo, teniendo la opción, también. Uno y otro entrañan pecados originales: el que se queda acá debe decidir si se compromete, se enfrenta o se enquista; el que se marcha ha optado por perder el pulso de su país y abrazar uno nuevo.

Entre los emigrados tengo muchísimos amigos, y algún amor del pasado reciente, con quienes hablo a menudo de la realidad cubana; podemos coincidir o no, pero el diálogo es posible en tanto ninguno considere al otro una persona incompleta. Es normal que quien se va sienta curiosidad por lo que acontece en la tierra que dejó atrás, que opine y compare. Es, en cambio, una aberración que se crea más valiente que nadie desde el patio vecino y quiera dictarle a los de adentro lo que se debe hacer, y condenarlos porque no lo hacen a su gusto. Buena parte del odio de estos poseídos se focaliza en los intelectuales que viven en Cuba, particularmente en aquellos que consiguen cierto éxito. Sólo descubren y aplauden al que está en problemas, y eso mientras sus problemas son mediáticos: ni antes ni después les interesaba o sabían siquiera de su existencia, antes y después todos los intelectuales en Cuba son oportunistas y parásitos. Para los descerebrados no hay historia, el país que dejaron se detuvo en el instante de su partida, y ahora compiten a ver quién es domesticado mejor y más rápido. Asumen que los valores de su nueva residencia son los únicos posibles, y todos los demás exóticas desviaciones de la norma.

Me resulta particularmente estúpida la insistencia de los descerebrados de ultramar en la jodida frasecita de la cadena y el mono. Es repugnante la manera en que dan por sentado que, si uno no critica más a fondo, es porque no se atreve; repugnante pero comprensible, pues el razonamiento revela a sus autores tan identificados con la doble moral que ganaron por acá que creen que todo el mundo funciona como ellos. 

El perfecto idiota latinoamericano es el que piensa que los latinoamericanos somos idiotas.

Un blog como este no pretende adoctrinar, pero desde luego tiene vocación pedagógica.

El sentido de unas Memorias, como yo lo veo, no es tanto relatar las peripecias de tu vida como sugerir, recomendar, alertar. Los libros que me maravillaron, las películas y piezas musicales que jalonaron mi aprendizaje, las lealtades y enemistades que construí, la Historia mirada desde la perspectiva individual, todo eso puede ser útil a los que leen, siquiera para confirmarlos en la decisión de opinar exactamente lo contrario. Incluso mi más furibundo detractor, el peor de los domesticados y descerebrados –a menudo las tres cosas coinciden en ciertos individuos– ha ensanchado su esfera de intereses con los temas que propongo, ha aprendido aquí cosas que ignoraba. Es cierto que algunas de ellas podía buscarlas en libros o en Internet sin esperar a que yo les imprimiese mi huella, pero poder no es hacer, ¿verdad? Internet rebosa de instrucciones para construir barcos, y no por eso cada usuario tiene un astillero en casa. El maestro no inventa los contenidos, sino que dirige la atención del alumno hacia ellos. Al elegir mi blog, independientemente de la razón por la que crean hacerlo, lo que hacen es sentarse en el aula.

Así que ya saben, todos a hacer la tarea…

(28 de julio 2015)

FINCEL

Publicado: 21-07-2015 en Sin categoría

Una amiga mía me decía con vehemencia feminista: “¿Cómo se puede esperar algo de un país en que dos tipos se encuentran, y la conversación consiste en que uno le pregunta al otro: Asere, y anoche la jeba qué? Y el otro le contesta Ná, normal, le di cabilla…?”

 Desde luego, los cubanos nos creemos los más fogosos y los mejor dotados; es frecuente escuchar “aquí no puede haber playas de nudismo porque todos los hombres tendrían erecciones permanentes, o les saltarían encima a las mujeres”. No sé si los esquimales se considerarán calientes, buenos en la cama (o como se diga allá, ¿en la nieve?); en todo caso, no somos sólo nosotros: muchos pueblos, latinos, africanos, asiáticos, se tienen por ases de la gimnasia horizontal. Es algo relacionado en primera instancia con el machismo, pero más al fondo con una conciencia hipertrofiada de la identidad nacional, el chovinismo.

Por otra parte, todo el mundo ha visto, o siquiera conoce de la existencia de porno cubano, pellejos realizados con más entusiasmo que tecnología. La cuestionable ética de algunos realizadores los ha llevado a hacer público lo que debió mantenerse en privado. Bueno, pero, ¿por qué no invertir los términos, convertir en motivo de orgullo lo que hasta ahora lo fuera de vergüenza, y en lugar de perseguir o castigar a los, eh, cineastas aficionados, no creamos un festival del género en Cuba? Con el espíritu que suele caracterizar a ese tipo de iniciativas en suelo patrio, no dudo que lo venderíamos como el mejor del mundo, el más grande de Latinoamérica, el encuentro del porno No Alineado, el XX del ALBA; en una palabra, el Festival Internacional del Nuevo Cine Erótico Latinoamericano (FINCEL).

Es una idea…

(21 de julio 2015)

CENSURO UNA ROSA BLANCA

Publicado: 16-07-2015 en Sin categoría

La Editorial José Martí acaba de rechazar mi libro Una doble moral con hielo, por favor, compilación de artículos aparecidos en el blog entre 2010 y 2014. Artículos sobre cine, literatura, memorias de mi infancia y juventud y, naturalmente, de tema político.

Cualquier editorial tiene derecho a seleccionar lo que publica. Lo que jode es, justamente, que hagan tan descarada gala de la doble moral que da título al libro. Tuvo inicialmente una evaluación positiva, y al devolvérmelo me confirmaron que muchos especialistas lo leyeron y les encantó, pero claro, es muy agresivo, políticamente incorrecto, leerlo en la seguridad de la oficina es una cosa y publicarlo otra.

Pero de qué te sorprendes a estas alturas, pensarán muchos, no eres el primer ni el último censurado, ni siquiera es lo primero o lo último que te censurarán, cómo puedes ser tan ingenuo, cómo creer todavía en algo o en alguien, ellos son un producto del sistema. Bueno, como diría Cantinflas, “ahí está el detalle”, en la filosofía de total, las cosas son así, no cojas lucha que no vas a resolver nada. De hecho, mi única sugerencia es que le cambien el nombre a la empresa. Editorial Hays o Editorial Leopoldo Ávila les vendría mucho mejor.

(16 de julio 2015)