LUBITSCH Y WILDER

Publicado: 01-07-2015 en Sin categoría

Ernst Lubitsch (1892-1947) y Billy Wilder (1906-2002) alemán el primero, austriaco el segundo, ambos de ascendencia judía, ambos nacionalizados norteamericanos, están entre mis directores favoritos. Aunque no se dedicaron sólo a la comedia, nadie ha superado la elegancia de las suyas. La brillantez de los diálogos, la audacia y el ingenio con que repetidamente burlaron el código Hayes, la limpieza y originalidad de sus líneas argumentales son de esos modelos que uno intenta seguir con la incómoda certeza de que jamás conseguirá, siquiera, acercárseles.

Ninotchka (1939), The shop around the corner (1940), To be or not to be (1942) y Heaven can wait (1943) son, a mi juicio, lo que nadie debería perderse de Lubitsch, sin que eso signifique que no tenga otras piezas extraordinarias (That uncertain feeling, de 1941, por ejemplo). En Heaven can wait, con Don Ameche y la bellísima Gene Tierney, un anciano Henry van Cleve (Ameche) rememora su vida. Durante un pasaje de su infancia, el chico tiene un escarabajo en una cajita, y quiere presumir ante una niña que le gusta:

Ella: ¿Un escarabajo?

Él: (mostrándoselo) ¿Te gusta?

Ella: Claro que sí.

Él: Te lo regalo (se lo entrega).

Ella. Gracias… pero no sé si hago bien en aceptarlo.

Él: Si no lo quieres…

Ella: No dije que no. dije “no sé”.

Él: No te preocupes. Igual tengo otro.

Ella: ¿Otro escarabajo?

Él: Ajá… (se lo muestra).

Ella: Qué lindo. Pero se va a sentir muy solo, el pobre… ¿Sabes lo que pienso? Creo que quiere estar con el mío.

Él:¿Qué? ¿También quieres este?

Ella: ¿Crees que soy de esas que se quedarían con el último escarabajo de un niño?

Él: Está bien. Quédatelo (se lo entrega).

Ella: Gracias, Henry. Si quieres, puedes acompañarme hasta la esquina.

Él (adulto, en off): Desde ese momento, algo me quedó muy claro: para conquistar a una chica, es necesario tener muchos escarabajos.

 

En la sátira antinazi To be or not to be –de la cual acá se conoció además el remake de 1983, con Mel Brooks– un joven teniente va al camerino de la gran diva a la que adora (Carole Lombard), y cuando ella –casada pero coqueta– le pregunta qué hace él, el militar contesta que pilota un bombardero, y

Él: Puedo soltar tres toneladas de dinamita en dos minutos.

Ella: (embelesada) ¿De verdad?

Él: ¿Le interesa?

Ella: Claro que sí.

Él: Quizás diga que no, pero me arriesgaré. ¿Me permitiría mostrarle mi avión?

Ella: Quizás.

Él: ¿Cuándo puedo venir a buscarla?

Ella: Mañana a las 2 en mi casa. No, en el aeropuerto.

Él: Adiós. Espero me perdone si le he hablado con un poco de torpeza, pero es la primera vez que hablo con una actriz.

Ella: Teniente, es la primera vez que conozco a un hombre que puede soltar tres toneladas de explosivos en dos minutos.

 

En Ninotchka, ingeniosísimo alegato anticomunista –y la primera vez que Greta Garbo rió en pantalla– la agente soviética Ninotchka (Garbo) es cortejada por un elegante burgués parisino (Melvyn Douglas). En un ambiente romántico, la severa bolchevique le cuenta que estuvo en la guerra

Ella: Era sargento de la Tercera Brigada de caballería. ¿Quiere ver mi herida?

Él: (fascinado) Me encantaría.

Ella: (tras mostrarle una herida… en la nuca) Un lancero polaco. Tenía dieciséis años.

Él: Pobre, pobre Ninotchka.

Ella: No sienta lástima por mí, sino por el lancero polaco. Yo sigo viva.

Él: ¿Qué tipo de mujer es usted?

Ella: Sólo lo que ve. Una pieza pequeña en la gran rueda de la evolución.

Él: Es la pieza más adorable que haya visto. Ninotchka, déjeme confesarle algo. Nunca soñé que sentiría esto por un sargento…

 

Billy Wilder, joven refugiado que escapara del antisemitismo nazi, fue uno de los guionistas de Ninotchka: su talento no había pasado desapercibido para Lubitsch. Pronto comenzó a dirigir sus propias películas. En The major and the minor (1942) Susan Applegate (Ginger Rogers) una pelirroja bastante crecidita, se hace pasar por una niña de doce años para poder comprar un ticket de tren a un precio más barato; en el tren conoce a un oficial, un Mayor que la toma bajo su protección y la lleva consigo a la Academia Militar, donde todos los cadetes se enamoran de ella, que por su parte se ha prendado del Mayor… Así presentó sus credenciales el joven Wilder, rozando todo el tiempo la incorrección y la consecuente censura. Aunque realizó dramas de notable éxito y trascendencia en la historia del cine (Double indemnity de 1944, Sunset Boulevard de 1950, Ace in the hole de 1951, Stalag 17 de 1953, Sabrina de 1954) fueron sus comedias las que me convirtieron en un fan; destacaré entre otras The seven year itch (1955) con Marilyn Monroe, donde encontramos la famosa escena en que a Marilyn se le levanta la falda al detenerse sobre una reja de ventilación; Some like it hot (1959) también con Marilyn, y unos Tony Curtis y Jack Lemmon que se pasan casi toda la película travestidos; The apartment (1960), donde Jack Lemmon interpreta a un opaco empleado que vive solo y presta su apartamento a sus jefes para que maten la jugada con sus amantes, y una juvenil Shirley McLaine; Irma la douce (1963), de nuevo con Lemmon y la McLaine, encarnando en esta ocasión a una prostituta parisina; Kiss me stupid (1964) con Kim Novak y un osado juego de infidelidades consentidas; la curiosa The private life of Sherlock Holmes (1970), donde se insinúa la posibilidad de un pasado homosexual del detective, y The front page (1974), sátira sobre la prensa amarilla con Jack Lemmon y Walter Matthau, remake de His girl Friday (1940), de Howard Hawks.

Una breve muestra del arte del austriaco. La legendaria escena de la falda de Marilyn fue parcialmente censurada por la oficina Hayes, que consideró ciertas líneas demasiado atrevidas. Transcribo aquí los diálogos sin cortar, como fueron escritos por Wilder y George Axelrod; el fragmento censurado va en negritas. Richard (Tom Ewell) y la chica (Marilyn) acaban de salir del cine, de ver Creature from the Black Lagoon, la película de Jack Arnold de 1954:

Ella: ¿No le ha gustado la película? A mí sí. Pero es una pena que el monstruo acabe así.

Él: ¿Lo siente? ¿Qué quería, que se casara con la chica?

Ella: Da la impresión de ser malo, pero en el fondo no lo es. Le faltaba un poco de afecto. Es decir, saberse amado, deseado, necesitado…

Él: Qué interesante punto de vista.

Ella: (sobre la rejilla) ¿Nota la brisa del Metro? (pasa el tren) ¡Qué sensación!

Él: Refresca los tobillos, ¿verdad? ¿Qué quiere que hagamos?

Ella: No lo sé. Es tarde.

Él: No tanto.

Ella: Mañana es mi gran día. Debería dormir.

Él: ¿Qué pasa?

Ella: Trabajo en las TV. ¿Recuerda? La hora Dazzledent. Oh, aquí sopla otra vez (vuelve a levantarse su falda) ¡Este era más fresco! Debía de ser un expreso… ¿No le gustaría llevar faldas? ¡Qué lástima que lleve pantalones!

Él: No está mal. Pasta Dazzledent. Nunca la he probado.

Ella: Debería hacerlo. Es excelente. Yo también la uso.

Él: ¿Es propaganda?

Ella: Es como amigo. Vale unos centavos más, pero ocho de cada diez higienistas dentales…

Él: Ahora habla como un anuncio. Si me fiara de todos…

Ella: Puede creerme. ¡Cada palabra!

Él: ¿Qué dice en el programa? “Mis besos siguen frescos gracias al Dazzledent compacto”. Tonterías.

Ella: ¡Es la verdad! Se lo demostraré (lo besa) ¿Qué le parece?

Él: He recuperado mi fe en la publicidad americana. Sin embargo, antes de cambiar de marca, quiero certeza absoluta (la besa).

 

La habilidad para sugerir, para dejar entrever un número de significados apenas ocultos tras lo que se dice, no sólo por mor de la censura sino como un desafío a la inteligencia del espectador, es muy difícil de alcanzar para el guionista profesional. ¡Resulta tan fácil pasarse, ceder a la tentación de decir lo obvio! En este sentido, cada película de Lubitsch y Wilder puede servir como lección de sobriedad y sutileza.

Para terminar, la famosa anécdota del funeral de Lubitsch. William Wyler y Billy Wilder, abatidos, comentan: “Nos hemos quedado sin Lubitsch”. “Peor aún, nos hemos quedado sin las películas de Lubitsch”.

 

P.S.: El sábado 27 asistí al concierto de Buena Fe en el Karl Marx, con Frank Delgado como invitado. El motivo era el lanzamiento de su nuevo disco, el recopilatorio Soy.

  (30 de junio 2015)

BIENAL

Publicado: 23-06-2015 en Sin categoría
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 La Primera Bienal de la Habana tuvo lugar en 1984, mientras yo cursaba el cuarto año de Historia del Arte en la UH. Las autoridades docentes seleccionaron un grupo de estudiantes de Plástica del ISA y de mi propia carrera, entre ellos un servidor, para trabajar como guías en las sedes del evento. Me tocó en el Pabellón Cuba, y durante varios días debí apostarme en un área concreta y responder dudas de los espectadores, sugerir interpretaciones y reconducir polémicas. Recuerdo un militar que arremetió, con inesperada labia, contra la pertinencia de cualquier arte no figurativo; el público se arracimó para escuchar nuestro debate, tomando, en su mayoría, partido por el uniformado (está todavía muy arraigada la noción de que esas son cuatro manchas que podría hacer cualquiera), y tuve que optar por una retirada discreta luego de exponer mis puntos de vista.

 Entre 1985 y 1990, ya graduado, escribí algunas críticas en Juventud Rebelde, Trabajadores, Revolución y Cultura; luego me fui apartando del medio y concentrándome en la literatura y el cine. A estas alturas no pretendo ser un especialista en Artes Plásticas, y apenas si consigo mantenerme informado acerca de las principales tendencias.

 Para la XII Bienal (22 de mayo al 22 de junio) la ciudad se ha llenado de conceptos y formas interesantes. Para empezar, el Morro mismo ostenta una collera rosada –el color del evento– que lo hace parecer más que nunca un pene alerta, una declaración de priapismo a la entrada de la bahía. Sólo en la Habana Vieja y Centro Habana hay una treintena de instituciones vinculadas a la muestra principal, desde aquéllas que han sido sus sedes históricas, como el Centro Wifredo Lam, el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales y las dos alas del Museo Nacional de Bellas Artes, hasta el edificio de la editorial Abril, frente al Capitolio, cubierto completamente por una instalación del coreano Han Sungpil. Y luego están las obras a lo largo del Malecón, el Pabellón Cuba, y las muestras colaterales, encabezadas por  Zona Franca, la muestra de Arte Cubano Contemporáneo en el colosal recinto del Complejo Morro-Cabaña; la embajada de España, la Fábrica de Arte, un montón de galerías en Plaza, Playa y otros municipios… Es prácticamente imposible verlo todo, así que me limitaré a reseñar algunas de las piezas y performances que más me interesaron.

 Performances de Cirenaica Moreira en la embajada de España, 23 de mayo: hizo dos; uno de ellos, Un ejercicio de poligamia (Sesenta voluntarios para besar a la artista) consistía justamente en eso, documentado con fotografías que se exhibieron posteriormente. Los besos eran a través de condones femeninos con que Cirenaica se cubría la boca; en realidad hubo cosa de un centenar de voluntarios pero a última hora la mayoría se acobardó, de modo que fueron alrededor de una veintena de besados, un servidor entre ellos. Detalle interesante, la mitad de los besados fueron besadas.

 Performances de Grethell Rasúa y Mabel Poblet en la embajada de España, 23 de mayo: Grethell trabaja regularmente con fluidos corporales, de los más sublimes a los más perversos. Durante uno de sus performances, presentado en video, lamía lascivamente un cactus, lacerándose y ensangrentándose como es de suponer. Otro, Por el bien mayor, este en directo, consistía en sacarse sangre a sí misma y escribir con el líquido un texto bastante largo. El de Mabel Poblet tenía que ver con la energía consumida y la purificación tras el acto amoroso: la artista se daba una interminable ducha caliente en un cubículo cerrado, de manera que podía entreverse su cuerpo a través del vapor.

 Las piezas de Tomás Sánchez en Bellas Artes: Tomás sigue siendo el maestro del paisaje metafísico. Una de las obras, Adoración, me impresionó en particular por el tratamiento cinematográfico de la luz. También en Bellas Artes está Tramas, de Gustavo Pérez Monzón, otro sobreviviente de aquella memorable Pintura fresca del 79.

 El salón de los premiados, en la galería del Fresa y Chocolate: artistas distinguidos con el premio Nacional de Artes Plásticas desde los años 50. Recuerdo Plaza cívica, una foto de Ernesto Fernández Nogueras de 1957, que nos revela la construcción del mausoleo de Martí en la Plaza. La cabeza del héroe está en el suelo, asegurada con unos maderos afincados en sus ojos, de manera que parece que acaban de cegarlo.

 Las piezas de Glenda León: En la Cabaña exhibe cosa de un centenar de fotos de jabones con pelos humanos. Los jabones son de colores diferentes y los pelos forman dibujos de inesperada belleza; yuxtapuestos constituyen una suerte de mosaico del instante. En el Centro de Desarrollo de las artes Visuales tiene Música concreta, una instalación consistente en un piano cuyo teclado ha sido comprimido y empaquetado formando un cubo que yace, pulcro, sobre la zanja desnuda que debería ocupar.

 Las banderas de Michel Mirabal, en La Cabaña: Banderas de la serie Proteína, obras matéricas sobre madera que incorporan casquillos de balas, arroz, pedazos de carne y otros ingredientes. Hay un humor frontal en estas piezas que parecen resumir la tragedia de la cubanidad. Con la misma ironía, Mirabal refleja los sucesos recientes: My new friend es una bandera norteamericana; Fiesta consiste en una bandera cubana y otra norteamericana entrelazadas a la manera de la propaganda política más kitsch, con fuegos artificiales de fondo. Las obras que aparecen en mi corto Arte integran esta serie.

 Las piezas de José Toirac y Meira Marrero: Expuestas en el Morro, son exquisitos ejemplos de sátira política. Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz consiste en un grano de maíz… pero de oro. Parábolas es una serie de fotos de Fidel relacionadas con pasajes bíblicos; por ejemplo, vemos a Fidel y Vilma Espín aplaudiendo, la obra se llama La conversión de María Magdalena; En el monte de los Olivos muestra a Fidel, con pantalón verde olivo, cortando caña; La resurrección es una página de Juventud Rebelde con fotos del político en un momento en que se rumoró con mucha fuerza que había muerto, etcétera.

 Primeros planos, primeras planas de Ares, en el Morro, es una serie de enormes páginas de periódicos imaginarios; los textos de las noticias salen velados, como fuera de foco, pero las caricaturas están cargadas de sentido: Zapping muestra a un funcionario con el mando apuntando a su propia cabeza; Límites tiene a varios personajes hablando, con las lenguas extendidas hacia arriba, pero una línea discontinua establece el límite y corta los trozos de lengua que se aventuraron más allá; Futuro es una página en blanco…

 Autorretrato a los 50 años, de Tonel, expuesto en el Morro, es un libro de artista publicado en Canadá. Las páginas sólo tienen el año, el nombre que se le diera en Cuba y la edad del artista por entonces; digamos, 1967, Año del Viet Nam Heroico, encabeza una página en blanco, al pie de la cual se lee Autorretrato a los nueve años…, y así sucesivamente.

 Los jardines invisibles de Arturo Montoto, en la Cabaña, muestran cosas tiernas, íntimas, vislumbradas tras rejas y barrotes.

La historia es de quien la cuenta, de Duvier del Dago, en la Cabaña, se apropia de imágenes tomadas de la prensa, de comics, publicidad o películas, recontextualizadas; son particularmente reconocibles las citas de Milo Manara. En esta dirección están también las piezas de Eduardo Abela: un ícono ruso de San Jorge y el Dragón donde San Jorge tiene la cabeza de Elpidio Valdés y su caballo la de Palmiche, un papa con el rostro de Homero Simpson, etc.

 Revolución, de Lidzie Alvisa, en la Cabaña, nos lleva a la primaria, a esos millares de veces en que se escribió Revolución como parte de la fecha, o del contenido de alguna clase; la obra consiste en una pizarra donde está escrita la palabra; por detrás de la pizarra, las letras son cajas plásticas rellenas en sus tres cuartas partes con polvo de tiza.

 El Pez peo de Lázaro Saavedra en el Lam;  Interferencia, de Reinier Nande en el Centro de Desarrollo; en la Cabaña, las revisitaciones medievales de Agustín Bejerano; la arqueología del presente, de Camejo; las cosas de Guillermo Ramírez Malberti, como Colonial window (el símbolo del programa Windows detrás de una reja colonial, inclinada a la derecha como el icono) y Ceda el paso, ésta en el Pabellón Cuba, en que las franjas de la calle están coloreadas como la bandera LGBT; Patriotic fashion, de Janette Brossard (perros vestidos con ropitas diseñadas a partir de las banderas cubana, norteamericana, británica); Casa de muñecas, de Marlys Fuego (una casa de juguete con muñecas desnudas alrededor de la piscina, en la cama, etcétera, en inequívocas actitudes de orgía lésbica; delante de mí, una abuela despistada exclamó con entusiasmo “ay, si mi nieta ve esto, se vuelve loca”) son otras tantas piezas con el humor y el ingenio en la médula.

 Hay un buen puñado de artistas extranjeros, algunos de extensa fama como el hindú-británico Anish Kapoor (que presentó su trabajo en el lobby del Payret) o el ya mencionado Han Sungpil, con su gigantesca imagen de una pagoda surcoreana cubriendo el edificio de la editorial Abril, una intervención urbana de la estirpe de Christo. El austriaco Nikolaus Gansterer presentó en el Lam una instalación con dos plantas de tabaco, una sometida a Bach y la otra a una banda de Doom metal, para demostrar que la primera crecía mejor que la segunda. (Para mí, en todo caso, si algo demuestra el experimento es que las plantas dañinas prefieren a Bach). Leonello Zambón y Eugenia González, de Argentina, exhibieron en el Centro de Desarrollo El sueño de lo quieto, una instalación que reivindica la vida en medio de las ruinas; el italiano Michelangelo Pistoletto mostró en la Fototeca imágenes de su proyecto Tercer Paraíso, que lo ha llevado a dibujar por todo el mundo y en diversos soportes una reformulación del símbolo del infinito (en Cuba lo hizo con barcos cerca de la bahía, tomados en fotografía aérea). El norteamericano Casey Neistat presentó en el Pabellón Cuba sus videos que hurgan en la tecnología aceptada como buena y la personalizan según el gusto y las necesidades del artista (My custom glasses, Almost perfect camera). El húngaro-norteamericano Levente Sulyok, con Redistribución de lo sensible, también en el Pabellón, ofreció un espacio para las obras de artistas cubanos no incluidos en la Bienal…

 Incluso en el parque Lennon, a tres cuadras de mi casa, hay una enorme muela blanca que de noche parece flotar sobre la garita central. Y a lo largo del Malecón hay algunas instalaciones estupendas. Ahora bien, como ya dije, no lo he visto todo –conspiran el transporte, el calor, el tiempo, y las cubanerías: esta sala la cerraron el día de mi visita porque la cuidadora no fue a trabajar, aquella colección la retiraron antes porque alguien programó para esa fecha obras en el edificio– ni puedo hablar de todo, necesitaría escribir un libro y es probable que ya haya gente con más conocimiento que yo enfrentada a esa tarea. Es evidente, eso sí, la variedad temática y formal de la muestra, la mirada a menudo irónica, deconstructiva y desencantada, la predilección por los formatos mixtos. Quería mencionar además la exposición Wild Noise, obras del Bronx Museum of the Arts (BxMA) de Nueva York presentadas en el Bellas Artes habanero, que si bien estrictamente hablando no es parte de la Bienal, desde luego coexiste con ella. Entre muchos otros me interesaron Pull, de Mary Mattingly, esferas de materiales rústicos instaladas en el MNBA, el Parque Central y el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, que integran pájaros y peces vivos en una especie de nicho autosustentable; Inner melody, las gomas retorcidas, ferozmente expresivas, de Chakaia Booker, y sobre todo Mao-Hope march, de Öyvind Fahlström, el video de una marcha absolutamente surrealista emprendida en 1966, en la que los manifestantes enarbolaban carteles con los rostros de Mao Tse Tung y el comediante Bob Hope…

 Y para terminar, me habría gustado que Tania Bruguera, con su pasaporte en el bolsillo, participara libremente en la Bienal.

 

P.S.: Acuso recibo de la novela Crónica de una civilización revelada, de Abel Lloret, que el autor ha tenido la gentileza de enviarme por correo ordinario. Apenas he comenzado a leerla; hasta el momento, sabe bien.

P.P.S.: Durante los días 19 y 20 rodé Épica, el corto número 12 de la saga de Nicanor, con Luis Alberto García, Néstor Jiménez y Carlos Gonzalvo. Ahora me espera un par de meses de posproducción; espero tenerlo listo a comienzos de septiembre.

 
(23 de junio 2015)

PAÍSES

Publicado: 16-06-2015 en Sin categoría

 Cuando era un niño de ocho o nueve años, algunas noches iba a casa de Rodolfito, un vecino, y nos sentábamos en el portal de su casa a escuchar al padre, que sabía muchísimo de Geografía; en especial, me fascinaba que parecía conocer las capitales de todos los países. Poco a poco empecé a aprendérmelas; el tipo me examinaba por continentes, y aunque siempre tuve algunos errores –en África, sobre todo; no es fácil a los ocho años lidiar con Bamako o Ouagadougou– conseguía enumerar de corrido un buen montón de naciones con sus capitales.

 Ahora bien, un elefante es siempre un elefante, una marsopa una marsopa y un trozo de molibdeno un trozo de molibdeno, pero el saber de la geografía política es altamente inestable, un mapa jamás se queda quieto, como si el planeta fuera un apartamento de clase media que la dueña redecorase cada vez que empiezan a aburrirle los colores.

 Mi cuento El beso y el plan, que da título a un volumen publicado en 1998 por la colección Cemí de Letras Cubanas, cuenta las peripecias de la británica Chrissy, una hippie que, a fines de los sesenta y siendo apenas una adolescente, concibe el proyecto de ir de país en país haciendo el amor con un hombre en cada uno, como una suerte de performance en pro de la paz universal. Por determinadas razones aplaza el proyecto y no lo emprende hasta fines de los ochenta, cuando ya ronda la cuarentena, pero se mantiene hermosa y continúa sedienta de utopías. Todo empieza bien, con gran cobertura mediática, hasta que de pronto se desmembra la URSS y ya no debe acostarse con uno, sino con quince exsoviéticos, y con un puñado de exyugoslavos… Por si fuera poco, algunos territorios que luchan por su independencia tratan de sobornarla para que los visite y se tire a un nativo, lo que a los ojos de la comunidad internacional legitimaría sus aspiraciones libertarias… Todo esto se lo cuenta a Nicanor O´Donnell, a cuya puerta ha venido a tocar: ha dejado a Cuba para el final, y Nicanor es el elegido. Sólo que, nervioso ante semejante responsabilidad y a pesar del hecho de que Chrissy está durísima, Nicanor no consigue una erección decente…

 Sin remontarse demasiado y hablar de la complicada historia de Prusia, o todavía más atrás, de las repúblicas de Ragusa o Venecia, el imperio Romano o las ciudades mayas, sin ir tan lejos como para referirme a naciones imaginarias (Ofir) y ciudades fabulosas (El Dorado, Shangri-La) tengo edad suficiente para recordar países que cambiaron de nombre al mudar sus circunstancias políticas, como Ceilán al convertirse en Sri Lanka, el Congo Belga en República Democrática del Congo y Alto Volta en Burkina Faso; dos países que se fundieron en uno, como las Alemanias, y uno dividido en dos partes que terminaron siendo naciones distintas (Pakistán y Bangladesh); otros que se rompieron en no-tan-menudos pedazos, como la URSS, Yugoslavia y Checoslovaquia; algunos que desaparecieron por completo, absorbidos o tras un rediseño de fronteras, como Biafra y Rhodesia, y territorios que se desgajaron y siguen ahí, como el bisoño Sudán del Sur. (A propósito de secesiones, me viene a la memoria que, a fines de los noventa, la Liga Norte de Italia quería separarse y constituirse en nación independiente como República de Padania…) Hubo también ciudades que cambiaron de nombre, como Leningrado al volver a llamarse San Petersburgo, y capitales que dejaron de serlo, como Bonn cuando Berlín volvió por sus fueros.

 En el mismo medio siglo he visto cambiar los mapas nacionales, desde aquellas seis provincias facilitas –Pinar del Río, La Habana, Matanzas, Las Villas, Camagüey y Oriente– hasta catorce y ahora quince, sin olvidar el Municipio Especial. El territorio es el mismo, pero cada vez hay más provincias y más pequeñas, como una casona subdividida en solares.

Guerras de independencia, invasiones, cambios de signo político, todo conspira contra el sufrido estudiante que pretende conocer y almacenar la lista completa de naciones. Ahora mismo hay etnias o territorios insatisfechos con su estatus, soñando con un mapa nuevo, patrias en potencia, constituciones a medio redactar. Cualquier país posible, si le das el tiempo suficiente, terminará por existir, y ahí se moverá de nuevo el caleidoscopio.

 Y, al cabo, ¿es este un mundo mejor? Por un lado, casi todos los países son independientes, desaparecieron el apartheid, los sistemas coloniales, las dictaduras comunistas europeas; por otro, las tensiones globales y la presión imperialista no hacen sino crecer en este planeta maltrecho y percudido. Tal vez al final alcancemos por unos segundos la perfección cartográfica, el mapa ideal, un momento de equilibrio antes de que se descojone todo.

(16 de junio 2015)

IFFI

Publicado: 07-06-2015 en Sin categoría

Desde el domingo 31 estoy en Austria, compitiendo con Omega 3 en el 24 “International Film Festival of Innsbruck” (IFFI), un evento con foco en el cine del Tercer Mundo. Vine acá por primera vez en 1993, para el segundo IFFI, y un puñado de veces desde entonces, de manera que me conozco la ciudad como un guía turístico. Me reencontré con viejos amigos e hice algunos nuevos, establecí contactos interesantes, tuve el honor de conocer, por ejemplo, al gran realizador serbio Goran Paskaljevic, de quien se presentó una retrospectiva…

El jurado, integrado por la estrella india Nandana Sen, la actriz y productora alemana Marina Anna Eich y el actor austríaco Klaus Rohrmoser, premió la película tadzhika Muallim, de Nosir Saidov. Como ocurrió en el “FANTASPORTO”, Omega 3, a pesar de no resultar premiada, obtuvo muchos elogios y buenas críticas, como esta que transcribo:

OMEGA 3 –science fiction satire about food ideologies
(Elisabeth Schabus)
Cars (carnivores) have been the Antichrist for ages, but now even Ollies (“Egg-eaters!”) hate Vegs (“tomato-worshippers”), and Fishies battle Frux with the ferocity of Djihadists. But the Macs (“macrobiotic crap!”) –the “Opus Dei of nutrition”, aptly clad in black– are the real bad guys. They make no prisoners, everyone knows that. They kill everybody who won’t come around to see the light of reason about how to eat properly – you are what you eat, after all, aren’t you? But what if the Macs took an Ollie and a Veg into their secret laboratory and made them eat meat? Will their metabolisms change for better or for worse?
OMEGA 3 is the first science fiction film out of Cuba […]. In Eduardo del Llano‘s brilliantly evil science fiction dramedy the world has been at war for 12 years about what kind of food ideology is the best for all mankind. And as with all ideologies, tolerance goes out of the window when belief systems are at stake. As far as aesthetics are concerned 80’s original MAD MAX meets THE FIFTH ELEMENT in this beautifully made Science Fiction film –but the loving detail in music, costumes and dialogues goes much further than that. You’ll love every little detail, once you get the chance to see the film.
One of the funniest moments is when the Mac officer in charge of the laboratory experiment confesses that even he tried to eat meat once: “I was young and naïve”, he breaks down crying. Cue the heavy metal song “I can’t help it but I love meat” over the end credits […]

De lo que vi, recomiendo la cinta ganadora –una historia intimista acerca de un maestro y su familia en una aldea llena de prejuicios y violencia–, la película india Rang Rasiya –que aborda la vida de Raja Ravi Varma, un pintor del siglo XIX que fue el primero en atreverse a pintar desnudos a los personajes de la mitología; de hecho, es la primera película india en que aparecen actores y actrices desnudos, y ha sido muy boicoteada en su propio país–, y el documental We come as friends, del realizador austríaco Hubert Sauper, un duro reflejo de los verdaderos intereses tras la flamante solidaridad del Primer Mundo con Sudán. El sábado 6, para cerrar el Campus –un seminario con estudiantes de cine seleccionados de Austria, Italia y Eslovenia–, impartí una clase magistral acerca de los estereotipos culturales y los riesgos de hacer cine de género en un país como Cuba. Mañana regreso a La Habana. Estoy en la prefilmación de mi nuevo corto y tengo mucho que hacer. Eso sí, ha sido una semana estupenda.

(7 de junio 2015)

BENDITAS MENTIRAS

Publicado: 02-06-2015 en Sin categoría

  Un conocido que ahora vive en Miami, médico por más señas, me comentaba años atrás que, fuera de lo necesario para su carrera, nunca había leído un libro. No era la primera ni sería la última persona que haya pasado por la vida sin rozar la Literatura; ahora bien, lo que me hace recordarlo es la explicación que daba: yo no leo novelas ni cuentos ni poesía porque eso no existe, eso es mentira, algo que se le ocurrió a alguien, no cosas objetivas de la realidad. Lo curioso es que la razón de nuestro contacto era la común fascinación por el rock de los 60 y 70, que con frecuencia nos llevaba a intercambiar grabaciones; por lo visto a mi conocido el galeno la música sí le parecía suficientemente real. Quizás en alguna ocasión vio un paisaje con montañas, un lago y una pieza de Emerson, Lake and Palmer…    

 Hace unos días me abordó un librero de esos que montan su negocio en el portal de su casa, y me dijo que tenía Un libro sucio, volumen de cuentos de NOS-Y-OTROS publicado en 1998 por la Editorial Capiro de Santa Clara. Aunque con una edición significativa –3300 copias–, el libro fue retirado de las librerías a los pocos días de lanzado porque alguien estimó que era contrarrevolucionario, de manera que Un libro sucio devino una pieza rara, un ítem de coleccionista. Los autores asumimos que lo que restaba de la edición había sido destruido o se pudría en un almacén, y voilá, tres lustros después aparece este tipo que tenía en existencia todos mis libros, y de este en particular una cantidad apreciable de ejemplares, así que me regaló algunos a cambio de que le firmara otros…

 Muchos libreros no ofrecen gran cosa más allá de los textos de Fidel, el Che, Martí y la santería, porque eso es lo que buscan los turistas. Son los que te dicen “mira, buenos libros”, y los soban como si te ofrecieran esclavos. A otros, sin embargo, les he comprado joyitas: libros y periódicos y cómics que sostengo en mis manos con devoción, como un bebé o el Grial; libros que, todavía cerrados, te hacen gozar con las promesas implícitas en el diseño de portada, las notas de contracubierta y, muy importante, la pátina del uso; como en el sexo, uno se toma su tiempo para lanzarse a fondo, prefigurando las historias que atesoran. Y es que entrar a una librería de viejo y rebuscar entre ediciones refinadas o plebeyas, entre groseros textos de Mecánica o inesperadas maravillas, es una de las pocas aventuras aún al alcance de los pasos y el espíritu en el triste, desangelado mundo de hoy. Donde algunos encontramos magia, la mayoría no ve sino polvo y pérdida de tiempo.

 El de librero es un oficio en vías de desaparición. Me refiero, claro está, al que en verdad ama los libros, que puede conversar contigo sobre determinado autor y ponderar una edición rara, que te cuenta una anécdota de la vida de cierto escritor –no importa si real o apócrifa– que desconocías; de ese hablo, no del que mañana podría ser vendedor de maní. El librero como druida, como sacerdote de una devoción rara y antigua.

 Que no nos engañen las matazones en la Feria del Libro: se lee menos, y lo que es peor, se necesita menos la Literatura. Durante el evento se agotan, más que nada, los libros infantiles y los manuales de autoayuda, pero esa no es exactamente una dieta idónea para el espíritu y, en todo caso, nadie que se permita un banquete de una semana y pase luego el resto del año sin comer puede decirse bien alimentado. No es que la mayoría de la gente no sepa qué responder a la vieja interrogante de qué tres libros se llevaría a una isla desierta, es que no entendería siquiera la pregunta. Es cierto que hoy, gracias a la tecnología, existen otras posibilidades pugnando por seducirnos, pero el hecho es que los jóvenes compran tablets y Ipods, no libros electrónicos.

 Tengo un amigo colombiano, Alvaro Castillo, que publica a autores cubanos en ediciones pequeñas, de cien o doscientos ejemplares. Su editorial se llama San Librario, nombre y concepto hermosos, que hablan de una fe inextinguible en la utilidad de la Literatura. Sería interesante ponerlo a dialogar con el médico que cree que las novelas y la poesía son mentiras inútiles…

 (2 de junio 2015)

CARTA DE VINOS

Publicado: 26-05-2015 en Sin categoría

 

Con Costa Gavras, 2 de mayo 2015

Con Costa Gavras, 2 de mayo 2015

 Además de Retour à Ithaque (Laurent Cantet, 2014) y Timbuktu (Abderrahmane Sissako, 2014), que ya he reseñado, el 18 Festival de Cine Francés en Cuba, que se desarrolla durante todo el mes de mayo, ha ofrecido un montón de películas al paladar exigente.

 (De hecho, el festival trae una ráfaga de modernidad. Al comenzar cada proyección y después de la publicidad del evento, con su característico tema musical que se va haciendo tan familiar como el del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, pasan otras de Air France y el último modelo de Peugeot. El público ríe con amargura).

 La comedia Qu’est-ce qu’on a fait au Bon Dieu? (Philippe de Chauveron, 2014) ha sido la más taquillera en Francia durante varios años. Examina el racismo y los prejuicios entre los grupos étnicos (no sólo de los blancos hacia árabes, judíos, chinos y negros, sino de estos entre sí y hacia los blancos) y las militancias políticas. Es un tema delicado, que todo el tiempo bordea la incorrección, pero los guionistas se las arreglan para sacar adelante la historia y dejar al final un sabor a la vez ligero y perfumado.

 Quai d’Orsay (Bertrand Tavernier, 2013) nos introduce en el mundo de la diplomacia; no de su glamour, sino de sus pequeñas miserias. Un joven escritor empieza a trabajar redactando los discursos para el ministro de Relaciones Exteriores, interpretado por un efervescente Thierry Lhermitte (el recordado Brochant de Le dîner de cons de Francis Veber). Por momentos la película se hace demasiado coyuntural, y algún personaje parece prescindible, pero deja un agradable gusto en boca.

 Le capital (Costa Gavras, 2012) nos lleva al mundo de las altas finanzas y las zancadillas que se ponen las grandes corporaciones. Costa Gavras nos ha acostumbrado a un cine político en el mejor sentido, aquel que, lejos de tomar la política como excusa para tiroteos y persecuciones de coches, busca hacernos sentir incómodos con nuestra pasividad de ciudadanos correctos. Es una película con cuerpo, rubí intenso, que instaura en el paladar sensaciones permanentes.

 Attila Marcel (Sylvain Chomet, 2013) y Aimer, boire et chanter (Alain Resnais, 2014), sin ser en absoluto lo mejor de ambos cineastas, resultan producciones significativas. Chomet, conocido fundamentalmente por sus extraordinarias películas animadas The old lady and the pigeons (1998), Les triplettes de Belleville (2003) y L’illusionniste (2010) nos entrega aquí una historia con actores reales, aunque tan estilizados como personajes de animación o cómic. Una historia, por demás, tierna, de taninos intensos. El canto del cisne de Resnais –moriría poco después de terminar la película– retoma los decorados teatrales y la exhibición del artificio habituales en su obra reciente para hablarnos del amor y la muerte entendidas como obsesiones, en esta pieza ácida y aromática…

 Chante ton Bac d’abord (David André, 2014) es un sospechoso documental acerca de un grupo de amigos que terminan el Preuniversitario (le Bac), sus conflictos familiares, sus expectativas y posibilidades. Aunque las actuaciones son muy naturalistas, la cámara y los encuadres están demasiado cuidados, y encima la película es… un musical. Raro, eso sí, pero por lo mismo interesante, este tempranillo aterciopelado y con aroma de hierba.

 Además de estos y otros títulos recientes, el festival trae copias restauradas de cuatro clásicos de indiscutido bouquet, entre ellos Zéro de conduit (Jean Vigo, 1933), La grande illusion (Jean Renoir, 1937). Y bueno, Laurent Cantet y Costa Gavras estuvieron por acá, y sostuvieron un par de encuentros con los cineastas cubanos…

 

PS: En estos días ha comenzado la XII Bienal de la Habana. La ciudad, siquiera por un mes, se llena de formas y conceptos interesantes.

(26 de mayo 2015)

DOS IDIOMAS

Publicado: 21-05-2015 en Sin categoría

 Los cubanos no nos entendemos.

 Lo que ocurrió en la Cumbre de Panamá entre oficialistas y emigrados es sólo un botón de muestra de la profunda brecha, no ya ética o ideológica, sino semántica que separa a los cubanos que viven acá (seamos o no sociedad civil) de los que se han asentado en otras tierras. Brecha que también existe entre los que estamos acá, y entre los emigrados. Nadie se entiende con nadie, todos clamamos por la tolerancia pero tenemos una lista de candidatos al primer pescozón.

 Leo las diatribas de críticos emigrados –o locos por emigrar– a Regreso a Ítaca y, por extensión, a Padura, y me pregunto de qué coño hablan cuando se refieren a voces engoladas o clichés de extranjero paternalista. A ver, yo me desgañito clamando contra los extranjeros paternalistas, como el mismo Cantet en su corto de 7 días en la Habana, pero en Regreso a Ítaca veo un guión maduro y redondo, personajes creíbles, probables y estupendamente actuados, y mucha distancia de los clichés a que han echado mano con insistencia realizadores extranjeros y cubanos al tratar la realidad de la isla. Salvo que quieran decir que el cliché es la cubanidad misma, y que toda película sobre Cuba, si no dice que Fidel y los comunistas jodieron este país, es una película falsa e incompleta.

 Me maravilla, además, que esos duros raseros los apliquen exclusivamente al cine, al arte cubano. Hay un placer enfermizo en defenestrar y buscarle errores ciertos e imaginados a cuanto se hace aquí, a exigirle al arte nacional que refleje la que para ellos es la única realidad –y manera de tratarla– que certificarían como auténtica. Hay una rabia de fondo, no ya contra el sistema que detestan, sino contra los que nos quedamos acá, no importa si somos oficialistas o críticos con la oficialidad: el pecado es estar aquí y no decir lo que ellos, cubanos refinados tras recibir el espaldarazo democrático –o domesticados por el american way, según se mire– consideran que debe decirse sobre Cuba. Hay un gozo malsano en rebajar lo que se hace, lo que ocurre en Cuba; en creernos aborregados, ignorantes y primitivos; en encontrar, de diez explicaciones posibles a un hecho, la peor y creer que sólo esa puede explicar lo que dijo o hizo un artista cubano. O el gobierno cubano. Gozo, en definitiva, cobarde, porque quien lo practica se sabe impune, con Internet de alta velocidad y aplaudido por un coro de descerebrados que han ido a meter la cabeza en arenas foráneas, optando por la solución personal y egoísta porque no se atrevieron a quedarse acá a virar esta tierra de una vez.

(20 de mayo 2015)