SOUVENIR

Desde luego, Nick es el tipo más valiente que conozco.

Normalmente no se le nota. Quiero decir que en el día a día de un millonario que ha amasado su fortuna en el negocio de los gorros para bebés no hay muchas oportunidades de manifestar el coraje personal. Nick es de naturaleza apacible, nunca alza la voz y colabora con numerosas campañas humanitarias. También es algo excéntrico: mientras otros compran coches o cuadros, él colecciona puertos USB.

Cuando secuestraron a su esposa Eva, la familia enloqueció. Esto fue hace cosa de un año y medio, quizás recuerden la ola de secuestros que conmovió al país. Era algo tan frecuente que un programa televisivo seleccionó a la Miss Víctima nacional entre medio centenar de candidatas que habían pasado tan terrible experiencia. Los criminales estudiaban cada caso y pedían un rescate acorde a las posibilidades económicas de la familia; en una ocasión se llevaron a la hija de un mendigo y exigieron por ella una camiseta enguatada y dos periódicos viejos. Por Eva, toda vez que el marido era rico, pidieron un millón ochocientos treinta y siete mil dólares con veintinueve centavos. En medio de la histeria, y a pesar del hecho conocido de que no se llevaba demasiado bien con la media naranja desaparecida, Nick no perdió su talante, y dijo que pagaría. Incluso se ofreció a pagar la llamada en que el secuestrador le dictó las condiciones.

Con un maletín en la mano, Nick fue esa noche al sitio indicado, un almacén en las afueras. Yo iba con él; como soy masajista profesional, me pidió lo acompañara por si Eva necesitaba de mis servicios tras muchas horas de incómodo encierro. El secuestrador no se opuso a mi presencia. Era un criminal tan conocido, desafiaba con tanta desfachatez a las autoridades, que no sólo se presentó con un grupo de secuaces en tres vehículos, sino que también llevó su propio equipo de rodaje para filmar la transacción. Se hacía llamar Yogi porque, si los familiares se negaban a pagar o pretendían engañarle, no mutilaba a las víctimas sino que les tatuaba un inmenso oso sonriente a un lado de la cara.

-Aquí está el dinero –dijo Nick, mostrando el maletín- ahora suelta a mi mujer.

-Faltaría más –dijo Yogi, e hizo una seña a sus hombres. Se abrió la puerta de uno de los autos, y salió Eva.

-A ver, a ver –dijo el director del equipo de rodaje- el problema es que el carro de la víctima no parqueó donde acordamos, y esa parte del almacén es demasiado oscura. Voy a instalar unas luces y en un minuto repetimos la escena.

Yogi se encogió de hombros.

-Ya sabes, los artistas –dijo, sonriendo. Nick no le devolvió la sonrisa. Esperó a que el director repitiera la salida de Eva. Cuando la mujer llegó a su lado, la besó.

-¿Estás bien, cariño? ¿Necesitas un masaje?

Ella, todavía abrazada a su esposo, dijo que sólo quería largarse de allí.

Nick le entregó el maletín a Yogi.

-Así me gusta –dijo Yogi- es un placer tratar contigo. Tendríamos que hacer negocios más a menudo.

Y dio la vuelta para marcharse.

-Un momento –dijo Nick- falta un detalle.

Yogi lo miró, sorprendido.

-¿De qué hablas? Tengo el dinero, te he entregado a tu esposa salva e intacta. No le tocamos ni un pelo, y eso que más de uno de mis muchachos se la hubiera tirado sin contemplaciones. Incluso sufrió un dolor de muelas durante el secuestro e hice que le empastaran la pieza a mi costa. Dile que te cuente.

-Es verdad –dijo Eva- me trataron bien. Vamos.

-Falta un detalle –repitió Nick- yo no puse objeciones a repetir la escena por razones artísticas, así que ahora vas a escucharme, Yogi.

-Oh, ya sé de qué va esto –dijo el criminal- me pedirás que te devuelva parte del dinero, me dirás que tus negocios van mal, que la nueva línea de gorros de bebé con WiFi no está dado los resultados esperados. Un convenio es un convenio, amigo, así que márchate con tu mujer antes de que cambie de idea.

-No quiero que me devuelvas el dinero. Quiero que me devuelvas el maletín.

Yogi se mantuvo sin pestañear durante medio minuto.

-¿El maletín?

-Es un recuerdo.

Los hombres de Yogi rompieron a reír.

-¿Crees que nací ayer? –preguntó el secuestrador, y se volvió hacia su lugarteniente- Chris, revísalo.

El tipo empezó a sacar fajos de billetes.

-No encontrará nada –dijo Nick- no hay documentos secretos o fotos comprometedoras en un doble fondo ni nada de eso. Es un maletín ordinario. Sólo tiene valor sentimental.

-Un frasco de perfume, una nota manuscrita y quemada por los bordes, una cartera o un libro tienen valor sentimental –replicó Yogi- pero un maletín negro de ejecutivo no despierta más emoción que un abrelatas. Menos, probablemente.

-Está limpio –dijo Chris.

-Lárgate –indicó Yogi.

-De aquí no me muevo sin el maletín –repitió Nick.

Ahí fue donde sentí que el tipo era un valiente. La expresión del criminal hacía rato había dejado de ser conciliadora, los rufianes se removían nerviosos y acariciaban sus pistolas, Eva lo halaba de la manga, pero Nick no retrocedía un centímetro.

-El maletín es parte del precio –dijo Yogi.

-Sabes que no. Si me hubieras pedido un millón ochocientos treinta y siete mil dólares con veintinueve centavos y un maletín, sería parte del precio. Pero los millones no vienen ya envasados como el champú. Si te hubiera traído el dinero en una bolsa negra de tirar la basura lo habrías aceptado igual.

-Pero no lo hiciste.

-Porque tú no especificaste.

Yogi miró a Chris con esa expresión de “¿qué hago con este tipo?” Por si acaso, me escondí detrás de Eva. Sin embargo, el secuestrador todavía confiaba en la lógica.

-Al entregar la pasta en el maletín, técnicamente lo integrabas al rescate.

-De ninguna manera –replicó Nick- las vecinas a cada rato se regalan dulces en pozuelos y platicos. Siempre se devuelven.

-Pero en todas las películas el secuestrador se lleva el dinero en el recipiente de la entrega.

-Uf, el cine. Ya se sabe que los guiones son un montón de clichés…

Los del equipo de rodaje tosieron, incómodos.

–Sin ánimo de ofender –dijo Nick, y continuó- lo que quiero decir es que no importa si no hay precedentes. Ningún precedente tiene precedentes. Estamos sentando uno.

-El maletín lo escogiste tú –contraatacó Yogi- si era tan importante, ¿por qué no trajiste el rescate en una bolsa o una mochila?

-El dinero es más fácil de contar cuando viene en fajos organizados en un recipiente rectangular. Si hubiera empleado una bolsa todavía estarías contando billetes.

-Es verdad –murmuró Chris. Yogi le echó una mirada asesina. Luego sacó su pistola y presionó con el cañón la sien derecha de Nick.

-El maletín se queda, y tú te vas mientras puedas moverte, lo que, si continúas empleando ese tono, no será por mucho tiempo.

-Ya me escuchaste –dijo Nick- tendrás que matarme. O tatuarme un oso.

El dedo de Yogi vibró sobre el gatillo. Transcurrieron unos segundos durante los cuales todo fue posible. El millonario se mantuvo tranquilo, con la respiración pausada. Valiente, muy valiente, como si lo tuviera todo bajo control y supiera de antemano que el criminal bajaría la pistola.

El criminal bajó la pistola.

-Entréguenle el puto maletín.

Todos respiramos aliviados. Chris le entregó el objeto a su dueño.

-¿Y qué clase de recuerdo es este, si se puede saber?

-Perteneció a mi primera esposa –dijo Nick.

Eva se apartó de su marido como si hubiera recibido una descarga eléctrica.

-Espérate, ¿todo esto es por esa zorra? ¿Nos pones en peligro por ella? Devuélvelo.

-No.

-Claro, si siempre lo he sabido, sigues enamorado de esa puta.

-No hables así.

-Hablo como me venga en gana.

-Mi amor, después lo discutimos.

-Ahora. ¿La amas?

-No es eso.

-Ah, ¿no? Perfecto. Devuelve el maletín.

-Eva, por favor…

La mujer le asestó una bofetada que resonó en todo el almacén. Incluso los rufianes de Yogi hicieron una mueca.

-Nick O´Donnell, te llevas el maletín o me llevas a mí.

Nick la miró fijamente.

Les he contado todo hasta este punto porque, si bien luego los del equipo de rodaje subieron el video a Youtube, se trata de una versión editada. Por suerte no cortaron esta parte, así que pueden verlo ahí. Hay un zoom a la cara de Nick, que permanece un par de segundos contemplando a su mujer, luego el maletín, y al final responde. En posproducción le pusieron a ese momento unos violines de fondo. Precioso, una belleza.

Lo que yo digo, ese tipo tiene los cojones de acero.

(26 de noviembre 2014)

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