QUIEN TÚ SABES

Publicado: 18-06-2013 en Sin categoría

 A Fidel lo han llamado de todo. Desde El Uno y El Caballo hasta una retahíla de insultos, pasando por algunos apelativos bastante ingeniosos. Recuerdo en una ocasión, en los ochenta, un amigo humorista y poeta me dijo: Chico, ¿sabes cómo le dicen ahora al tipo? Me encogí de hombros, y de inmediato me informó: Generoso Acosta. Hice una mueca, no entendía dónde estaba el truco, y se lo confesé a mi amigo, aquello sonaba plausible, Generoso es un nombre y Acosta un apellido razonablemente corrientes. Bueno, en ese caso te digo el nombre completo, replicó, le dicen Generoso Acosta De Las Masas.

 Para mí el mejor, el rey de los apodos a Fidel, el que podría venir entre paréntesis después de su nombre en las enciclopedias futuras, es sin lugar a dudas Quien Tú Sabes. Quien Tú Sabes presupone justamente eso, que sólo se puede estar hablando de una persona, que es a él a quien todos tenemos en mente cuando, por precaución, no queremos mencionar un nombre. Como una contraseña, establece complicidad inmediata. Todos estamos en la conspiración; todos, en efecto, sabemos.

 En este país está por escribirse la historia de cómo los de abajo se refieren a los de arriba, de cómo los leen y los interpretan. Me parece genial que la gente le invente nombretes a los políticos, los desacralice, los evalúe. El pensamiento rígido se sobresalta por ello: qué se puede esperar de quienes no conocen distinción entre respeto y miedo. Es el pensamiento que hay que barrer. Sobre todo ahora que, con El Narra, las cosas lentamente van cambiando.

                                                                                     17 de junio 2013

ALERGIA

Publicado: 11-06-2013 en Sin categoría

 Desde que nací soy alérgico al huevo.

 Como es de suponer, he escuchado millares de veces cuanto chiste se puede hacer al respecto. Y también, desde 1993, una serie de exclamaciones de solidaria perplejidad: ¿cómo te las arreglas para sobrevivir? Porque la vida puede ser muy complicada para un alérgico del patio, en particular durante los noventa, cuando en la mayoría de los hogares cubanos el huevo constituía el festín del fin de semana.

 Lo irónico es que puedo comer pollo, que, bien mirado, no es otra cosa que un huevo llevado a su máxima expresión. Eso me condujo a formularme interrogantes de raíz filosófica, desconcertantes ontologías personales: ¿en qué preciso momento el huevo-que-mata deja de ser tal para convertirse en pollo-que-alimenta? ¿Recién salido del cascarón? Bueno, pero ¿también me hacía daño diez segundos antes? La dificultad para llegar a certezas por la vía de la experimentación me condena a una eterna ignorancia. Es como cuando me preguntan si sólo soy alérgico al huevo de gallina y no a los de caguama, pato o avestruz; siento deseos de replicar al curioso: ¿y por qué no averiguas qué concentración exacta de ácido sulfúrico reduce tus tejidos a pulpa sanguinolenta?

 En el mundo hay cada vez más alérgicos. No es de extrañar, habida cuenta de cómo le va, de cómo prolifera toda suerte de intolerancias. Conozco alérgicos a los mariscos, a los lácteos, al chocolate, a la penicilina u otros medicamentos, y muchos, muchísimos al polvo y la humedad, pero -salvo casos extremos- ese es el nivel amateur, la cinta blanca para el aspirante: quienes rechazan el polvo y la humedad constituyen el proletariado de la población alérgica. La mía, en cambio, es una alergia de línea dura, porque no hay que pensar sólo en el huevo en sí y para sí, sino en cakes, pastelería, arroz frito, carnes empanadas, bombones con determinados rellenos, frituras, incluso algunos tipos de pan y ciertas pastas italianas; platos deliciosos, o eso me dicen, cuyo sabor moriré sin conocer.

 De ordinario, mi alergia es tan fuerte que me protege, pues a la primera cucharada de un plato sospechoso ya mi garganta empieza a hincharse, y eso me salva de ingerir cantidades fatales. Claro que aun así hay sorpresas: una vez por poco me voy del aire en casa de un amigo, pues algo me hacía daño y no sabía qué, y para aliviarme la garganta dejé de comer y tomé un vaso tras otro de vino casero… hasta que mi aterrado colega recordó que su padre, para clarificar el vino a la vieja usanza, echaba una clara en el barril. Otras veces ocurre que, pese a todas mis advertencias, los anfitriones creen que mi aprensión es mera paja intelectual, y me dan una pasta de bocaditos que “casi no tiene huevo” sin comprender que el casi en tal situación corresponde a la diferencia entre seguir vivo o terminar dando nombre a un grupo de Cine Aficionado en la Casa de Cultura de Palma Soriano.

 Cuando estudiaba en la Vocacional Lenin, acudía al expediente de cambiar el masarreal o el pastel de la merienda por la malta, la tortilla del almuerzo por el pan, etcétera. (Claro que los interesados pronto descubrieron que, si se negaban a darme algo a cambio, al final de todos modos terminaría regalando la porción apetecida). Más tarde, cuando salí de Cuba por primera vez, descubrí que haberle cogido la vuelta a la cocina criolla no me resolvía ningún problema en ultramar: cualquier salsita, cualquier crema podía esconder al enemigo. Es curioso que ni mis padres ni mis hijas son alérgicos al huevo, aunque un poco de asma haya por ahí; vaya, da la impresión de que el tipo que diseñaba nuestro ADN fue a tomarse una cerveza y dejó a su hijo menor jugando con las complicadas cadenas genéticas.

 ¿Cómo he sobrevivido? Bueno, tomándolo con filosofía. Filosofía casera, desde luego, porque de la preparada en otro sitio uno nunca conoce los ingredientes.

                                                                                10 de junio, 2013

INNSBRUCK

Publicado: 01-06-2013 en Sin categoría

 Estoy en Innsbruck, Austria, hasta el lunes 3.  Es una ciudad que conozco bien, he pasado por la vieja capital del Tirol no menos de una veintena de veces, y conservo buenos amigos acá. Rodeada de picos nevados, es un sitio ideal para pasar unos días, pero al cabo te sientes claustrofóbico.

Entre los invitados en esta ocasión se cuentan el director mejicano Paul Leduc, la argentina Jeanine Meerapfel y el camerunés Jean Marie Teno. He visto algunas películas: el documental Forbidden voices, de la suiza Barbara Miller, acerca de tres blogueras reprimidas por sus gobiernos (el segmento acerca de Cuba es una mierda manipuladora), El amigo alemán de la Meerapfel (una conmovedora historia acerca del amor y el crecimiento personal), de nuevo la inmensa Frida, naturaleza viva de Paul Leduc, etc.

 Mis películas Casting y Vinci han sido presentadas fuera de competencia, debido a su inusual longitud. La reacción del público ha sido muy reconfortante, y he tenido la satisfacción de que Paul, Jeanine y Jean Marie las elogiaran. Por Dios, he visto a Paul Leduc reírse con Casting a mandíbula batiente. Ese es el mejor premio.

FRANKFURT

Publicado: 27-05-2013 en Sin categoría

 Estoy desde el sábado en Frankfurt, invitado a un modesto festival de cine cubano, Kuba in Film, para presentar mis películas La verdad acerca del G2, Casting y Vinci. No es mi primera vez por acá -de hecho, es la cuarta, desde 2001 en que vine con Daniel Díaz Torres y Hacerse el sueco- pero siempre me maravilla el entusiasmo  de este grupo de admiradores de Cuba y su cultura, su persistencia en mostrar, a contracorriente, el arte de un país sobre el que pesan estereotipos y sentencias.

 Durante aquella primera visita tuve la suerte de coincidir con la Noche de los Museos, la única en que la entrada es gratis, y explorar fascinado un museo tras otro. Todavía en el tercer viaje, en 2011, pude ver una exposición de esculturas y objetos del grupo surrealista. Ahora no tengo tiempo, son sólo tres días aquí antes de marchar el martes a Saabrucken, muy cerca de la frontera con Francia, y luego a otro festival en Austria; tres días de presentaciones, encuentros, una conferencia en la Universidad… Apenas si puedo recorrer esta ciudad casi completamente destruida durante la Segunda Guerra Mundial, su distrito financiero (Mainhattan, lo llaman), el centro y sus tiendas imposibles… Por lo pronto, cine cubano o acerca de Cuba: he visto Cuba sí, un documental rodado en 1961 por Chris Marker, en una Habana cambiante y jubilosa; Silvio Rodríguez: Ojalá, acerca de la gira del Trovador por los barrios capitalinos, de nuevo Chamaco de Cremata… fugaces reencuentros con la gastronomía europea (esos panes deliciosos, esas infinitas variedades de todo) con la tecnología, la relatividad de conceptos como civilización o crisis; con el frío, los cielos grises y la lluvia…

EL PAÍS DE MAÑANA

Publicado: 21-05-2013 en Sin categoría

 Este país siempre será bueno en el futuro.

 Invariablemente, lo que hace el gobierno se revertirá en beneficios tangibles en el plazo de unos años. Cuando no ocurre así –y nunca, o casi nunca, ocurre así- la culpa es del enemigo, lo que no es óbice para que con el paso de los años se vaya cambiando lo que no funcionó la primera vez. (De todos modos siempre intentan convencernos de que tan socialista es la solución nueva como la vieja, sólo que la nueva lo es un poquito más). En la práctica, vivimos en un presente eternamente hostil, esperando que las cosas mejoren si la nueva política que se implementa desde arriba, para variar, funciona. Como decía un conocido, éste va a ser un gran país el día que lo inauguren.

 Me pregunto si no se podría, en lo que esperamos el futuro luminoso, instaurar una semana para vivir bien con carácter anual. O por lo menos un día. Vaya, como un tráiler o un antipasto. Para que no toda la felicidad vaya a parar, como les aseguraron a nuestros padres y nos aseguran a nosotros, a los hijos –o, con más seguridad, a los nietos- sin que tengamos la oportunidad de darle una probadita primero.

 Entiéndanme bien, no me refiero a dar el día libre, vender comestibles ligeros en el Malecón, apostar estratégicamente unas pipas de cerveza, planificar eventos culturales y deportivos excepcionales para que la gente haga catarsis. Todo lo contrario, no pido una fecha festiva, sino algo tan anormal como un día normal. Un día sin maltratos, sin escaseces, sin que el ciudadano se sienta una mierda.

 Claro que, conociendo como funciona este país, imagino que primero se implementarían las Veinticuatro Horas de Futuro (VHF), de manera experimental para los destacados en la emulación, los más integrados, los ancianos y los niños menores de siete años. O tal vez en una provincia cualquiera, fácil de monitorear. O para todos, pero sólo seis horas, con ofertas especiales de dos días focalizadas en el turismo. Eso sí, nos asegurarían que en unos años las VHF se normalizarían. Si la crisis mundial remite, por supuesto.

                                                                                     (20 de mayo, 2013)

GRAFFITI

Publicado: 14-05-2013 en Sin categoría

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 Creo que fue a fines de los ochenta que apareció en el Monumento a José Miguel Gómez en G una pintada que conmovió a mi generación; Orlando Cruzata habló de ella en el programa televisivo En Confianza, sirvió de pretexto a poemas y canciones. Un enamorado había trazado su grito sobre la piedra blanca: Lina, Carlos aún te busca. No quiero saber quiénes eran Carlos o la esquiva Lina, si se encontraron o Carlos se cansó de buscar; para mí sigue siendo el graffiti más bello que alguna vez tuvo esta ciudad.

 A un costado de la Universidad pudo leerse por mucho tiempo la inscripción Batista asesino, trazada allí por manos revolucionarias en tiempos de luchas estudiantiles. Luego el letrero era restaurado cada cierto tiempo, y por unos meses parecía como si los enemigos de Fulgencio hubiesen reactivado sus odios. También me daba la impresión de que la caligrafía iba variando con el tiempo, con lo que el valor histórico del texto se diluía como sangre deslavada.

 Recuerdo un Abajo Fidel que apareció un día, hace algunos años, en un edificio no lejos de mi casa. Los del CDR (supongo que serían ellos) se dieron a la tarea de neutralizarlo enseguida, pero en lugar de resanar y repintar el tramo de pared trataron simplemente de raspar el herético graffiti, lográndolo sólo en parte: durante mucho tiempo, si pasabas por la acera de enfrente, aún podías leerlo con claridad. Sin embargo, los vecinos habían dejado clara su postura y salvado su responsabilidad con el frenético raspado, de modo que todo el mundo obraba como si el texto resultase invisible.

 Los muros de la Habana han encontrado esporádica y efímera vida con frases, símbolos o auténticas pinturas rubricadas por artistas y comunicadores de variada ralea: desde el grupo Arte Calle en los 80 hasta el Sexto y sus pintadas políticas, que el tiempo o más a menudo las autoridades se encargan de borrar. Así, habitamos una ciudad espartana, descolorida; los únicos textos a salvo de la obliteración son los de apoyo al gobierno, esos vivas a Fidel y Raúl que rara es la cuadra que no exhiba. Al respecto dice un personaje en Ocio y medio, una novela mía que permanece inédita:

 Son letreros en paredes, pero no graffitis. ¿Qué es lo que define a los graffitis? (…) Que son espontáneos. En Cuba son programados. Cuando un tipo escribe en París o en Londres “Fuck the police” en azul y le pone unos adornitos en blanco, puedes estar seguro de que la policía le cae mal, de que lo cogieron vendiendo droga o, qué sé yo, exhibiéndose en el Metro ante unas escolares. En cambio, el que me diga a mí que aquí alguien se levanta un día con los niveles de adhesión al régimen picando en la zona roja, y que ese fervor lo impele a escribir vivas a todo lo que está arriba…

 De esa inautenticidad trata mi corto Pravda de 2010: Nicanor sale a pintar letreros revolucionarios por toda la ciudad, pero con nocturnidad (a las tres de la mañana) lo que desorienta al mayor Rodríguez, que no sabe qué rumbo tomar ante semejante desfasaje entre forma y contenido.

 Como describe Carlos Varela en Graffiti de amor, desde que el tatuaje volvió a ponerse de moda mucha gente ha optado por recolocar devociones y odios, trayéndolos de la vía pública al dominio relativamente seguro del cuerpo; sin embargo, todavía es posible encontrar por ahí frases e imágenes sugerentes y provocativas, tontas o ingeniosas, de amor o de rabia, con urgencia o con arte. El graffiti da vida, color e interés a espacios urbanos que de otro modo serían zonas muertas, manchas de gris; las pintadas hablan de la inteligencia y la ironía ciudadanas, el derecho individual a expresarse y provocar, a dejar tu huella en el mundo.

 Voto por el graffiti habanero.

                                                                                           (13 de mayo 2013)

CREMATA

Publicado: 07-05-2013 en Sin categoría

 Esta semana fui a ver el reestreno de Las viejas putas, en versión de (y dirigida por) Juan Carlos Cremata, en la sala Llauradó.

 Es una obra en cuadros, que le sacaría a Freud más de un sudor frío. Disfruté en particular la escena entre dos ancianas solitarias, una de las cuales trata de convencer a la otra para vivir juntas en lésbica armonía, y aquélla en que la viuda interpretada por un espectacular Orlando Manrufo conversa con la tumba de su difunto marido acerca cómo va la vida, la del país y la suya. No es mi favorita entre las aventuras teatrales de Cremata, pero no importa. Si no recuerdo mal, he visto cinco de sus puestas: antes de Las viejasLa hijastra (a la cual hice referencia en otro artículo, hace unos meses) Nuestro pueblitoSleep (Duerme) y El malentendido. Todas muyyy largas, extremadamente laaargas a nosotros nos gustan laaargas,confiesa el propio director  antes de cada función, prefigurando lo transgresor de tono y contenido que en su trabajo resulta no menos significativo que la valía de la puesta en escena y la rotundidad del trabajo actoral. Y qué bien que así sea. Una temporada de Cremata sacude La Habana.

 El humor, a veces vertebrando toda la pieza, otras asomando aquí y allá en contrapunto a una esencia trágica, a menudo explosivo y de gruesos ribetes pero ocasionalmente sutil, es una clave esencial de toda su obra, escénica y cinematográfica. Esta última, a la que se consagra con la urgencia de los workoholics que tenemos al reloj por enemigo, consta de no pocos títulos esenciales: el corto de ficción Oscuros rinocerontes enjaulados, el pasatiempo documental La época, el encanto y fin de siglo, y los largos NadaViva CubaEl premio flaco y Chamaco, aunque la lista crecerá pronto pues está terminando dos nuevas películas. Una y otra vez demuestra su imaginación visual, su destreza para construir guiones intensos, su predilección por los temas difíciles. Nada, conmovedora; Viva Cuba, la película con niños (que no infantil) más redonda y pujante del cine cubano; El premio flaco, en la que se arriesgó a ofrecer el protagónico a una actriz desconocida y acertó de lleno… Más allá de los premios, y tiene un montón, la obra de Cremata viene con garantía de calidad. Una película puede gustar o ser mejor que otra, pero desde mi punto de vista ninguna es mala, ni siquiera mediana. ¿De cuántos directores nativos se puede decir algo así?

 Como Padura, como Frank Delgado, Cremata es una figura medular en el arte cubano de estos tiempos, no sólo por la valía de su obra o la manera en que sus provocaciones sacan de la modorra a esta ciudad jadeante -recuerdo sus jugosas presentaciones de sus propias películas, con audacia espontánea e imbatible- sino porque es auténtico. Puede tener ideas peculiares en materia indumentaria (Juan Carlos fue el primer tipo que vi en esta ciudad vistiendo un kilt, hace unos años) pero no se disfraza ni reniega; por el contrario, blasona de su naturaleza y sus verdades. Cuando ha elogiado algunas de mis piezas (lo recuerdo entusiasmado con Brainstorm y Casting en particular) lo aprecio doblemente porque vienen de alguien que puede ser muy ácido con lo que no le convence.

 En lo que esperamos los primeros emails airados de espectadores que salen al paso, le aconsejo vaya a ver Las viejas putas. Y llegue temprano, antes de que se acaben las entradas. O algo peor.

ps: Hace unos días inauguré una nueva sección en mi website. Se llama Dicen y la encontrarán arriba, en la raíz, junto a Álbum familiarNicanor O´DonnellLiteratura y las demás. En ella compilo una selección de críticas y reseñas acerca de mi obra, que mantendré razonablemente actualizada.

                                                                                     (6 de mayo, 2013)