VIAJAR

Publicado: 16-09-2014 en Sin categoría

 Un buen amigo me contó que, siendo niño, allá por los tempranos setenta, le pidió muy seriamente a su madre que cuando sacaran polvo de hadas en la tienda le comprara un cartuchito. Además de una inocencia casi irresistible y una obvia devoción por las buenas lecturas juveniles –James Matthew Barrie en este caso– la anécdota sugiere la curiosa imagen de una cola de amas de casa cogiendo calzoncillos por este cupón, jabón por aquel otro y dos onzas de polvo de hadas –es un núcleo de cuatro, señora, no podemos darle más, lo estipulado es media onza por persona, ¿adónde pretende usted volar con tanto polvo?– en una maltrecha bodega de barrio.

 Un primo mío de Pinar del Río aseguraba, también en nuestra infancia, que cuando se hiciera grande quería ser diplomático. Para viajar a otros países, añadía astutamente.

 Hoy mi amigo es un emigrado y mi primo sigue empotrado en Pinar del Río. El primero, fuera de ese viaje que lo llevó adonde ahora lleva una vida digna, no ha podido visitar terceros países: el trabajo apenas si le deja tiempo libre, que emplea justamente en venir a La Habana a ver a los suyos. El segundo terminó estudiando para ingeniero agrónomo, y no sólo no ha salido de Cuba, sino que muy raramente viaja a La Habana.

 Mi amigo y mi primo simplemente querían volar. Salir de la rutina, de la vida opaca, ver otros lugares, maravillarse ante montañas y edificios, centros comerciales y nevadas. Tener aventuras con muchachas exóticas, perderse en ciudades fascinantes y terribles, encontrar el Necronomicon en una librería de segunda mano.

 Querían vivir.

 Tengo otros amigos que no han viajado nunca o lo han hecho por primera vez a los cincuenta años. Que oyeron con perplejidad la histórica tontería de Alarcón en la UCI, cuando aseguró que los cubanos no viajábamos porque el espacio aéreo se saturaría. Que se esperanzaron en enero de 2013 al ver abolido el permiso de salida, y volvieron a enfurruñarse más tarde porque la mayoría de las embajadas multiplicó los trámites para otorgar visas. Que no saben lo que es el Metro, un foro de Internet o cenar en un restaurant con su salario. Que, en una palabra, se cortarían una oreja si con eso pudieran pagar unos gramos de polvo de hadas en bolsa negra. 

 Ps: Ya estoy de vuelta en Cuba.

(16 de septiembre 2014)

TEOTIHUACÁN

Publicado: 09-09-2014 en Sin categoría
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 Entre 1990 y 1995 fui profesor de Arte Latinoamericano en la Facultad de Artes y Letras de la UH. (Antes de eso trabajé tres años en las Direcciones de Divulgación y Aficionados del Ministerio de Cultura, hasta que salió la oposición para la plaza de profesor). Me especialicé en el período Precolombino, que siempre me fascinó. Creo que conseguí transmitir a mis alumnos algo de ese hechizo, de la maravilla y el enigma que envolvían a las antiguas civilizaciones, y para ello eché mano a todo, desde los más recientes hallazgos arqueológicos hasta Azteca de Gary Jennings e incluso las fabulaciones de Von Danicken. Lo curioso es que estuve cinco años impartiendo dicha materia sin haber pisado nunca otro país latinoamericano que no fuera Cuba: conocía el tema por libros, documentales en VHS y diapositivas descoloridas. Después he visitado Nicaragua, Chile, Brasil y México, pero aún no he visto, por ejemplo, Sacsayhuaman, Tiwanaku o Macchu Picchu en Perú o las ciudades mayas de Guatemala.
 El sábado estuve en Teotihuacán, uno de los mayores centros urbanos y ceremoniales de la América precolombina, donde se encuentra además una de las mayores pirámides, la del Sol. Floreció en el periodo clásico, esto es, entre los siglos III y VII de nuestra era, de manera que ningún europeo llegó a conocerlo. Los Aztecas lo llamaban Teotihuacán, que en náhuatl significa “el sitio donde uno se convierte en dios”, pero ni los mexicas ni nadie sabía cuál fue el pueblo que erigió las colosales estructuras y qué fue de ellos más tarde. Aunque se ha averiguado mucho a partir de mitos y excavaciones, Teotihuacán sigue siendo un sitio extraño y misterioso, una urbe magnífica.
 Padezco de un vértigo terrible, pero me porté como un hombrecito y subí los más de sesenta metros de la pirámide del Sol. Aunque no se sabe a ciencia cierta si también se destinaba a sacrificios humanos –como muchas pirámides mayas y aztecas, en las que un ceñudo sacerdote armado con un cuchillo de pedernal u obsidiana te esperaba en la cima para abrirte el pecho y sacarte el corazón– o a propósitos más nobles, imaginé que de ser cierto el primer caso más de un cautivo habría muerto de un piadoso infarto antes de llegar arriba. Luego subí también a la pirámide de la Luna, esto es, hasta donde está permitido -algo más de la mitad de su altura- y desanduve los dos kilómetros largos de la Calzada de los Muertos.
 Se siente a la vez pasmo y orgullo ante semejantes obras humanas. Sin necesidad de involucrar a los extraterrestres, que ya estarán bastante ocupados sin eso, Teotihuacán es prueba –como las pirámides de Egipto o los moais de Rapa Nui, la Gran Muralla China o la torre Eiffel– de la tremenda capacidad del hombre para construir edificios perdurables. Luego uno regresa a La Habana, mira las secundarias en el campo o los edificios de Alamar y piensa con nostalgia en el Homo Sapiens, esa vieja especie extinta.
(9 de septiembre 2014)

DOSSIER OMEGA 3

Publicado: 05-09-2014 en Sin categoría

Lo más probable es que la crítica en tanto profesión no deba existir. Pero ya que lo hace, debería ser como el texto que sigue. El autor señala cuanto considera bueno y malo en mi película -y con lo malo, huelga decirlo, no estoy de acuerdo- pero lo hace con profundidad y respeto, consiguiendo un ensayo meditado y documentado. Compárenlo con muchas criticas previas, que no pasaban de “pienso que es mala, y es mala porque es mala”.

OMEGA 3: LAS GUERRAS ¿CUBANAS? DEL HAMBRE
Omega 3, de Eduardo del Llano, es pionera en tanto resultado de una concepción intelectual

Antonio Enrique González Rojas

Ya en el siglo XVIII, Jonathan Swift ironizaba con las andanzas de su Gulliver, sobre los turbios y banales motivos de las guerras, con la imaginaria contienda entre las naciones “enanas” de Lilliput y Blefuscu, por una discordancia tan baladí como la manera de quebrar los huevos, si por el extremo grueso o por el extremo estrecho. Tras estas y otras causas (como rescatar a la esposa del caudillo o creer en un dios diferente) se oculta la congénita predisposición de los seres humanos a la práctica del poder personal o tribal, mediante la dominación de los semejantes, suprimidos así como potenciales competidores. Tal abstracto objetivo le explica el personaje de O’Brien a Winston en las climáticas postrimerías de la novela 1984, de George Orwell: más allá de cualquier pretexto social, ideológico, religioso, se persigue el sojuzgamiento de los semejantes.

1.
Tales concepciones de insoslayable sesgo distópico, harto tratadas en varias zonas del cine, la historieta y la literatura de ciencia ficción, adscritas a las zonas de la anticipación científica y la ficción especulativa, resultan el andamiaje discursivo básico de la cinta cubana Omega 3 (2014), segunda propuesta de largo metraje del también narrador, guionista y actor ocasional Eduardo del Llano. Efectúa el autor de la novela El obstáculo un salto epocal desde el Renacimiento Italiano, recreado en su ópera prima Vinci (2011), hasta un futuro más cercano que lejano, donde la intolerancia al prójimo se escuda en las divergencias nutricionales, y se guerrea por imponer las respectivas dietas defendidas por cada facción. De ahí el propio título de la película, que remite a determinados ácidos grasos.
No traiciona el director el tono sentado en su primera cinta, que sí resultó un timonazo significativo y hasta sorprendente para muchos, a su obra previa de trasfondo humorístico (como casi toda su literatura), protagonizada mayormente por su alter ego Nicanor O’Donell (como casi toda su literatura).
Cualquier sensación de veleidad e inconsecuencia que pudo suscitar esta propuesta inicial, queda bastante diluida con Omega 3, donde se reiteran las intenciones reflexivas, filosóficas, los aires existencialistas, eso sí con más carga irónica; el minimalismo narrativo y escenográfico; la puesta en escena no exenta de teatralidad, asentada en largos diálogos entre seres contrastantes y contradictorios, reunidos involuntariamente por el encierro en una locación carcelaria, con pocas esperanzas o ninguna, excepto el entendimiento mutuo, la solidaridad, en este caso el amor entre el soldado de la facción VEG (vegetarianos) –interpretado por Carlos Gonzalvo– y la policía de los OOLI (de Oología, rama de la Zoología especializada en los huevos), asumida por Dailenys Fuentes; y sobre todo victimizados y manipulados por un contexto hostil que los trasciende absoluta y kafkianamente, sin posibilidades de escapatoria, ni siquiera de comprensión de las circunstancias que los envuelven, gestadas por un tercer enemigo, los MAC (macrobióticos), liderados por un malvado oficial, a cargo de Héctor Noas.
Vuelve a renunciar del Llano al contexto cubano, sus conflictualidades, y a la época actual, colocando las acciones en coordenadas espacio-temporales no identificadas con claridad, pero definitivamente no criollas, como significativo recurso para deslindarse de la mayoría de sus colegas y, una vez más, de su propia obra de corto metraje. Desafía así, saludablemente, los encasillamientos conceptuales que fuerzan la relación entre cine cubano y tiempo-espacio cubano ergo comedias repletas de sexo y chistes de doble sentido sobre las desgracias y sinsabores actuales, como la muy reciente Boccaccerías habaneras (Arturo Sotto, 2014); algo a lo que están muy acostumbrados los públicos cubanos, por lo que la cinta deviene una verdadera celada preceptiva.
 
2.
La ciencia ficción -harto cultivada en el terreno literario cubano desde hace más de un siglo, si se toma como antecedente la novela decimonónica El eslabón perdido, de Francisco Calcagno, y otro tanto para la historieta, sobre todo en la pasada década de los ochenta-, ha ido más o menos al ritmo del mundo, pasando por las diferentes etapas más características. Todo lo contrario en cuestiones cinematográficas, teniendo en cuenta que a Omega 3 la separan 112 años de la primera cinta del género: Viaje a la Luna (George Meliés, 1902), después de la cual mucho ha diluviado sobre este terreno. Así que la fílmica nacional se saltó los viajes interplanetarios, los extraterrestres y sus platillos voladores, la robótica, las máquinas del tiempo, las guerras galácticas, los mutantes atómicos o genéticos, los clones, para caer de plano en la referida zona post-apocalíptica, bélica y distópica, con elementos del ciberpunk, presente en la sofisticación informática con ordenadores holográficos, recreados en este caso como elementos contextuales.
La dirección de arte de Omega 3 se acoge a códigos muy nítidos del cine mundial de ciencia ficción catalogada como “militar”, por desarrollar facetas de conflictos armados y también la post-apocalíptica, por recrear un mundo inmerso en una catástrofe que desmembró la civilización tal como la conocemos. Por ende, enuncia un futuro distópico; antípoda este de las brillantes utopías propugnadas en determinada época por la ciencia ficción soviética, de las naciones de Europa del Este y hasta de la propia Cuba, como integrante caribeño del macroproyecto comunista mundial del siglo XX.
Espacios decadentes como las angostas trincheras de la Primera Guerra Mundial, donde confluyen objetos raídos de diferentes épocas, oscuras y opresivas barracas, salas de máquinas, asépticas instalaciones médicas, se combinan con un ingenioso rejuego de Vladimir Cuenca, diseñador de vestuario, con los uniformes VEG y MAC, basados respectivamente en los marines estadounidenses y los SS nazis, estos últimos con cierto tufillo de atuendos sadomasoquistas -que a su vez están influenciados por esta arista del militarismo. El aspecto lampiño de los personajes futuristas es un código corporal bastante común en estas zonas de la ciencia ficción, que busca el extrañamiento de estos seres, dando la sensación de regularización e impersonalización casi robótica, al estilo de cintas como la singular THX 1138 (George Lucas, 1971) o la gótica Alien³ (David Fincher, 1992), ambas con multitudes de sino carcelario como contexto de las acciones.
Consecuentes con este apartado son los discretos pero efectivos y precisos efectos visuales a cargo de Jorge Céspedes, cuyo crédito como Supervisor (comúnmente nombrado en el cine estadounidense como Visual Effect Supervisor) quizás es la primera vez que aparece en un largometraje cubano, que no es precisamente el primero en aventurarse en estas áreas, pues la muy lamentable Los desastres de la guerra(Tomás Piard, 2012) también apeló a la especulación post-apocalíptica, sin ser de modo confesamente ciencia ficción. Omega 3 sí es pionera en tanto resultado de una concepción intelectual que, desde un conocimiento sólido, se apropia de y reconjuga, conscientemente, los códigos estético-conceptuales de tan amplio género.
La sobriedad y la precisión son valores destacables en lo referente a la dirección de arte, que consigue sugerir con el mínimo de recursos, más que prefigurar, un universo bastante coherente, creíble, con mérito muy especial para la secuencia animada mediante rotoscopía digital y 3D, concebida para un importante flash-back de la cinta a un pasado pacífico, en plena sedimentación de las intolerancias dietéticas.
A cargo de un amplio equipo de los Estudios de Animación del ICAIC, con Alejandro Rodríguez al frente y Ariel Blanco como productor, este técnicamente impecable momento es todo un oasis visual, cuyos valores no son únicamente estéticos, pues la luminosidad y el refulgente colorismo agudizan las diferencias con el lóbrego presente diegético. Además, como anécdota, ilustra las paroxísticas dimensiones del odio humano, sea por carne, religión, color de la piel, preferencia sexual, género, clase, casta, nacionalidad y toda una larga lista de motivos.
 
3.
Si bien todos los referidos signos genéricos definen por las claras la adscripción de la cinta a la ciencia ficción, además de subrayarla dentro del contexto audiovisual cubano, no busca del Llano sostenerse solo en la visualidad y su exaltación espectacular, sino que, consecuente con la muy minimal Vinci, apuesta mucho a la historia, a la construcción de personajes y a las interacciones (colisiones) entre estos. Urde una suerte de triángulo de amor y poder entre los personajes de Gonzalvo, Fuentes y Noas, gélido manipulador que ejerce tortura psicológica sobre ambos, como el referido O´Brien de 1984, manipulándolos en pos de un misterioso “experimento”, digamos que “psico-dietético”, con métodos refinadamente filo nazis, para finalmente quebrar voluntades, al igual que en la novela de Orwell.
Contrapuesto a las actuaciones dignamente orgánicas de los prisioneros, cuyas capacidades expresivas no traicionan los frecuentes primeros planos (que sí delatan ciertas fallas en el maquillaje de la herida en el rostro de Gonzalvo), sin lograr tampoco muy altas cotas de intensidad dramática y hondura emocional, Noas trastabilla a la hora de maniobrar en la peligrosa cuerda tragicómica, para construir su cínico y complejo rol, quizás en sutil guiño al carismático coronel nazi Hans Landa, interpretado por Christoph Waltz en Inglourious basterds (Quentin Tarantino, 2009). Al interpretar un ser de por sí voluble, que además, como parte de un cruel juego de gato y ratón, finge estados de ánimo, talantes y actitudes, no puede lucirse ficticio. Entre un actor que finge y un actor que interpreta a alguien que finge, existe un trecho que Noas, a pesar de sus indiscutibles talentos, no trascendió a cabalidad.
Omega 3 es una cinta que acusa desbalance entre la bastante lograda visualidad (dirección de arte, fotografía), en la cual se concentraron los gestores para obtener un producto competente, competitivo e identificable en el género; y la narratividad (guión, montaje), la cual, carente de la fluidez y efectividad dramatúrgica necesarias para generar el suficiente suspense, in crescendo hasta el anticlimático final, de las requeridas cotas de tensión dramática en las confrontativas escenas entre los tres protagonistas, pues no se equipara con los apartados más logrados. Queda el filme como un ejercicio de estilo nada despreciable de Eduardo del Llano, no exento de autenticidad conceptual y visual, dado el irónico rejuego con los códigos del género, en pos de articular, con elementos-tipo de la ciencia ficción, un discurso singular, para nada mimético y que, con su inusual matiz, ayuda sobre todo a sanear un poco el contexto fílmico cubano.

DEFENSA DE OMEGA 3

Publicado: 05-09-2014 en Sin categoría
Como ya dije, no voy a contestarle individualmente a ningún crítico. En cambio, transcurridos los primeros días, asiento aquí mis puntos de vista en lo tocante a la recepción de Omega 3.
 
I
Los ataques más feroces –y los que más duelen, pues atañen a mi profesión base– se refieren al guión. Leo con frecuencia que el ritmo es lento y la historia no avanza. Nada más falso. Permítanme, para exponer mis ideas, esbozar primero una breve sinopsis de la historia.
Mediante la diezmacion romana, se escoge a tres soldados para una misión. Los vemos (nervioso el joven, resignados los mayores) comentar lo que les espera mientras se visten de combate en la barraca: ahí recibimos información inicial acerca de los Ollies y los Macs. Los soldados marchan al campo de batalla; la música introduce un contraste cómico, del tono épico a lo Metallica mientras corren por los pasillos a una melodía casi burlesca cuando están tendidos a cielo abierto contemplando el objetivo. Se acercan al edificio; dentro encuentran, entre otras cosas, una langosta gigante y el jefe del grupo comenta que el sitio recuerda un restaurant, palabra que el más joven ni siquiera conoce. Más tarde, cuando Nick va a tomar al prisionero –un guardia que ha salido afuera a dar cuenta de su ración– resuena un bombazo y la pantalla va a negro. Ahí viene la escena en el supermercado, la única verdadera retrospectiva en la película, donde descubrimos a un Nick joven que no se atreve a intervenir mientras delante de él la multitud lincha a un ciudadano solo por comer carne y las pantallas transmiten noticias que sugieren la inminencia del conflicto. Todo esto ocurre en menos de veinte minutos.
Más tarde Nick despierta en una celda. Hay una prisionera Ollie, pero Nick sabe (lo ha mencionado el soldado joven en la barraca) que los Macs no toman prisioneros. Recela de ella, y ella de él. Luego, poco a poco, la muchacha va contando algo de su vida, sin ahondar mucho. Se enfrentan. Ríen al fin, comprendiendo lo ridículo de pelearse en esas condiciones y la futilidad de la conducta heroica e intransigente del desaparecido Bolaños.
Sacan a Nick para el interrogatorio con el oficial Mac. Este insinúa una posible alianza de los Vegs y los Macs, que Nick rechaza, y se muestra ante Nick como un ser humano vulnerable (escena, por cierto, particularmente difícil de escribir, el arco comienza con el oficial en una posición de fuerza y termina con su llanto). Nos enteramos aquí de la verdadera naturaleza del conflicto, lo que hace que una serie de pistas previas (la langosta, el supermercado) cobren sentido. Nick roba un trozo de tofu para llevárselo a Ana. Ella vuelve a su recelo inicial: ¿por qué no mataron a este tipo, si todo el mundo sabe que los Macs son radicales y matan a los prisioneros? Sin embargo, enseguida siente que ha sido demasiado dura con él, va a su lado y le cura la herida. Él habla, se sincera. Ahora ríen, empiezan a sentirse bien el uno con el otro. Entonces Nick descubre algo terrible: la muchacha es aquella niña cuyo padre fuera linchado ante sus ojos porque los ciudadanos corrientes, como él, no se atrevieron a impedirlo. Siente que le debe algo a esta mujer, y trata de distraerla del terrible recuerdo.
Más tarde los llevan a un examen médico. Por el camino, Nick ve una montaña de cadáveres, y a su vera descubre el reloj de su jefe de grupo; comprende entonces que sus compañeros están definitivamente muertos, apilados como basura presta a ser quemada. Solo le queda Ana, frente a la cual se siente responsable por haber dejado que mataran a su padre. 
Después del examen médico, el oficial Mac juega con ellos; se revela como lo que es en realidad, un individuo cruel y cínico, que les hace ver que conoce cuanto ellos hacen, cuanto han dicho o pensado. Desestabiliza a Ana con insinuaciones eróticas –que provocan celos de Nick: evidentemente, este no es ya el mismo Nick que, recién capturado, desconfiara de Ana–, les muestra pruebas gráficas de que, después de doce años de Guerra, los Vegs y los Ollies son tan culpables de crímenes como los propios Macs; les dice, y disfruta al hacerlo, que no necesita la información que tengan, pues el motivo de su presencia allí es otro. Ana le toma la mano a Nick: ya son uno frente a la adversidad.
Entonces, ironía suprema, el experimento de que serán objeto es algo por lo que cualquiera de nosotros se sentiría feliz: un banquete a base de carnes y mariscos. Sádico, el oficial Mac les pregunta si no es tiempo de fundar un hogar y tener hijos, utilizando a su favor los sentimientos que nacen en la pareja. Nick se sacrifica por Ana: es su oportunidad de redimirse por no haber defendido al padre. Así cierra el arco dramático de la relación entre el Veg y la Ollie.
Pero el experimento no termina ahí, hay una coda: los vemos tiempo después, reproduciendo la domesticada estructura de familia de clase media, cerrando el bucle al inocular al hijo las mismas obediencias que condujeron al desastre…
Sí, la historia se ralentiza durante el segundo acto, porque deliberadamente quise focalizar en el trío de personajes clave, en cómo se van estableciendo las simpatías y los odios. (Después de todo, el segundo acto transcurre en una prisión, tampoco es que haya mucha actividad ahí). Ahora bien, decir que la trama no avanza es un absurdo, esa es una historia bien narrada y estructurada. Y, algo muy importante, cuanto he contado está en la película, no es nada que solo sepa yo por ser el guionista. A quien no lo leyó de esa manera, le aconsejo la vea otra vez. 
Omega 3 es un drama por debajo del cual, en el subsuelo, corre la comedia. Y, como el petróleo, lo que se esconde en el subsuelo a veces aflora a la superficie.
La secuencia de animación parece apartarse de la historia central, pero la información que ofrece entroncará más tarde con ella. Es la única vez que mostramos el mundo antes de la Guerra –de ahí el abigarramiento y la paleta más viva que en el resto de la película–; sucede al momento en que Nick ha resultado herido y antecede a su despertar en prisión, como un sueño o un recuerdo. Integrar al hilo narrativo escenas que más tarde revelarán su pertinencia es un recurso que, desde luego, no he inventado yo. Apuesto a que a esos mismos críticos que lo impugnan en Omega 3 mueven la cabeza con expresión de entendidos cuando es un director europeo o asiático quien lo emplea. Arteros, los críticos dicen cosas como “los personajes no están bien trazados”, “la historia da vueltas”, “los diálogos son inductivos, no funcionan”… pero no dicen dónde y cómo, no señalan una escena concreta, un plano concreto. Son afirmaciones vacías, como la de que el guión es insalvable. A ver, yo tengo un premio de guión en Gramado 2012, un Coral de guión en La Habana ese mismo año, mi Segundo Coral consecutivo en La Habana 2013… Eso no me hace infalible, naturalmente, pero debería bastar para que admitan que sé lo que hago, que no soy un improvisado y puedo escoger la mejor manera de contar una historia.
 
II
Los efectos digitales no son forzosamente el pollo del arroz con pollo en una película de CF. Por si no bastara el ejemplo de la Stalker de Tarkovski, piensen en The road, de John Hillcoat, The book of Eli, de los Hughes bros, y en la muy interesante Coherence, de James Ward. Omega 3 tiene los efectos que necesita. Algunos críticos y buena parte del público creen que la CF es exclusivamente Pacific rim y Godzilla, ignorando la amplitud de espectro del género. Podrían tomarse el trabajo de leer algo de CF, digo yo.
¿Que hay algunos errores aquí y allá? Es cierto… ¿y qué? Todas las películas contienen pifias, en Internet hay foros de cazadores de gazapos. Hace poco vi un documental de tres horas y media acerca de Blade runner y se menciona la existencia de varios errores; entre ellos, la peluca de Zhora cuando intenta escapar a través de un cristal, muy diferente al pelo de la actriz en la escena previa. Y nadie descalificaría por eso la obra maestra de Ridley Scott…
En lo tocante a la reacción del público cubano… Bueno, ese era el riesgo y yo lo sabía, nunca esperé que fuera una película taquillera, y medir la valía de una película por la cantidad de gente que la disfruta es superficial y malintencionado. Los que no quieran aburrirse, los que esperan de mí algo popular y crítico quedarán, espero, complacidos con mi nuevo corto No somos nada, que se estrena en dos semanas. Por demás, no nos engañemos: si se hubiera programado una película de Bela Tarr, David Lynch o Carlos Reygadas en pleno agosto en el circuito de estreno, el grueso del público de cualquier país también hubiera abominado de ella. He visto a la gente levantándose masivamente y abandonando el Chaplin en una presentación de Caché, de Haneke. 
Por cierto, en Cuba existe una Asociación Macrobiótica, varios de cuyos miembros asistieron a la premiere y me felicitaron por la investigación previa al guión, por la manera en que el oficial Mac desgranaba sus argumentos.
Siempre dije que lo de que se trataba de la primera película cubana de CF era más que nada una estrategia publicitaria. En cada entrevista, y en mi discurso de presentación durante la premiere, me referí a obras de Piard, Rolando Díaz, Brugués, Alien Ma y hasta a mi propio corto Brainstorm del 2009 como antecedentes. Lo novedoso de Omega 3 está, a mi modo de ver, en que por primera vez en el cine nacional se diseña todo un mundo futuro, hasta en los menores detalles.
Justamente porque el cine cubano apenas ha incursionado en los géneros, porque prácticamente todas las películas han descrito personajes y circunstancias locales, no estamos acostumbrados a un relato en que se busque un acento español neutro; de ahí que cualquier actor cubano que hable sin los cubanismos al uso nos parezca teatral y engolado.
Puedo esperar y comprender que el espectador común se aferre a la anécdota, pero los críticos tendrían que calar más hondo. Omega 3 está llena de símbolos y sugerencias que complejizan la lectura (al mismo actor que introduce la rebaja a 0.99 en el supermercado lo vemos más tarde contando los muertos, lo que remite a la inquietante noción de que somos mercancía para usar y tirar; en la escena de arrancada el niño no quiere comer y luego en el restaurant Nick transige a comérselo todo, implicando que la obediencia ciega al dogma dietético y por extensión a todo dogma es algo para lo que se nos condiciona desde la cuna; la omnipresencia de los crucigramas, que habla de conceptos que se cruzan y complementan, etcétera) y los críticos locales simplemente no ven nada de eso.
Yo creo de veras que la historia de Omega 3 es original en grado sumo: hay numerosas películas que describen distopías posapocalípticas, pero ninguna, hasta donde conozco, que vincule el desastre a los fundamentalismos dietéticos. Y opino que la película es estupenda, qué quieren que les diga: lo que los críticos ven mal en ella yo lo veo como superficialidad o ceguera de los críticos. Es la suya una profesión parásita y vacía de la que he desconfiado siempre, antes incluso de que empezaran a meterse conmigo. Aun así, y contra lo que muchos piensan, puedo vivir con las críticas negativas honestas, pero detesto la levedad y la mala leche, que no tienen que ver con la crítica cabal y sí con la agresión, con venganzas y ajustes de cuentas. Algunos no son siquiera verdaderos críticos, pero escriben para ganarse puntos con revistas y sitios de oposición que publican a cualquiera siempre que descalifique cuanto se hace en Cuba. Eso me recuerda que hace un par de años insulté a cierto escribidor que publicó un texto sobre Vinci porque lo suyo no era un verdadero análisis sino ataques y burlas personales, señalamientos errados y torpes generalizaciones desde una arrogancia de perdonavidas. Otro, que arremetió contra mí antes y ahora desde una pretendida altura intelectual a la que jamás conseguirá subir, es él mismo un mediocre novelista que moriría si en las tiendas dejaran de vender tintes para el pelo.
El espectador tiene, naturalmente, todo el derecho a que mi película no le guste, pero si para decirlo emplea el choteo y las calumnias, no espere de mí una sonrisa de agradecimiento.
 
III
Blade runner es mi película de CF favorita. Lo de que Omega 3 es su reencarnación… hombre, hay gente que no reconoce el humor y la provocación aunque los pinten de verde y se los sacudan delante. Claro que yo no pretendo –aunque lo deseo, está en los genes del creador trazarse las metas más altas– que mi película tenga la trascendencia de la obra de Scott. Por otra parte, si buscan -al menos en Wikipedia, no les pediré más- verán que, recién estrenada, Blade runner fue un fracaso de crítica y público, que los ataques se centraban en su ritmo lento y la poca química en la relación de Rick y Rachel. Eso no significa, claro está, que cualquier película que fracase en su estreno y reciba críticas al guión y la estructura vaya a convertirse en una Blade runner, pero sí deja abierta la posibilidad de que las cosas mejoren. En todo caso, creo firmemente que a Omega 3 puede irle muy bien en el resto del mundo, y que el tiempo dirá cuál es en verdad su relevancia.
(5 de septiembre 2014)
 





DF

Publicado: 02-09-2014 en Sin categoría

Estoy en México DF por dos semanas, para confeccionar el DCP de Omega 3. El domingo visité el Museo de Antropología, uno de mis viejos anhelos desde que era profesor de Historia del Arte, y probablemente desde antes.

Aquí el concepto de cercanía es diferente. Cerca es lo que queda a 40 minutos en taxi.

En lo tocante a la negativa recepción de Omega 3, no seré yo quien intente coartar el derecho de los críticos a escribir estupideces. O del idiota común, de a pie. No pienso honrar a ninguno con una respuesta, ni mucho menos evangelizar a nadie. Baste decir que, para mí, Omega 3 es una de las historias de CF más originales en mucho tiempo. La nueva Blade Runner. Y que esto empieza ahora.

MEMORIAS DE MI ACTIVIDAD POLÍTICA

Publicado: 30-08-2014 en Sin categoría

 En mis años de niñez y adolescencia había que ir, cada cierto tiempo, a recibir presidentes foráneos. Recuerdo al argelino Houari Boumedienne y al tanzano Julius Nyerere –aunque siempre he sido bueno para los nombres, a este último hay cierta canción de Virulo que me ayuda a evocarlo– y claro, al soviético Brezhnev. Nos levantábamos temprano e íbamos a un sitio prefijado para esperar un par de horas y luego agitar una banderita durante los diez segundos o menos que le tomaba a la caravana rebasar nuestro emplazamiento en su camino hacia la Habana.

 Por si fuera poco, iba a los desfiles del Primero de Mayo y otras concentraciones por la razón que fuera. Tenía su encanto encontrar a gente conocida, pero la mayor parte del tiempo te aburrías mortalmente, no veías nada y entendías menos. También pedíamos libertad para gente que no la tenía: los pescadores cubanos secuestrados por lanchas piratas en 1970, la luchadora norteamericana Angela Davis, el militante chileno Luis Corvalán… Era el signo de los tiempos, artistas tan diversos como Lennon y los Stones, o Pablo Milanés del lado de acá escribieron canciones apoyando a Angela. Corvalán, por su parte, estaba confinado en Isla Dawson, un campo de concentración donde la dictadura de Pinochet enviaba sin juicio, torturaba y asesinaba a militantes de la izquierda. De todo eso, claro, me he enterado más tarde. En esa época iba porque me decían que debía hacerlo, y tener deberes era algo natural.

 Recuerdo haberme emocionado de veras una única vez, aquel octubre de 1976 tras el horrendo atentado al avión de Cubana. El padre de un condiscípulo en la Lenin integraba la tripulación de la aeronave. Ahí el discurso de Fidel cobró sentido, y todos derramamos una lágrima.

 En el 97, cuando los restos del Che fueron traídos a Cuba, Luis Felipe, Era y yo decidimos ir a la Plaza y hacer la enorme cola para verlo durante un par de segundos, antes de que siguieran destino a Santa Clara. Nadie nos envió, nadie nos dijo que sería conveniente. (Ya sé que algunos especialistas insisten en que aquéllos no son los restos del Che, pero a efectos de lo que cuento eso resulta irrelevante. Nosotros fuimos a homenajear al Che).

 No sé si desde la tribuna se note mi ausencia allá abajo, pero hace muchos años que no voy a los desfiles o recibimientos. Mi última bienvenida fue a Gorbachov; mi última parada probablemente antes. El nihilismo y la rutina hacen estragos en nosotros, los viejos activistas. Sé que debe ser duro para mi país arreglárselas sin mí, pero ya estoy retirado, no soy más una fuerza política activa.

(30 de agosto 2014)

PEDRO

Publicado: 26-08-2014 en Sin categoría

 El sábado 16 asistía a un concierto de Pedro Luis Ferrer en la nueva sede del grupo de teatro El Ciervo Encantado, en 18 e/ Línea y 11, en el Vedado. Es una sala pequeña, aunque no tanto, y el concierto tuvo un sabor íntimo: público en complicidad y adoración, en tanto el artista hizo lo suyo con la sencillez y la cercanía de una peña casera.

 Aunque hace un par de años que nos vemos muy ocasionalmente, Pedro y yo somos amigos, he tenido el privilegio de ser invitado a descargas –y asados, éste es un cubano de la vieja escuela que disfruta la carne de puerco, la yuca, los tamales y demás exquisiteces canonizadas por la tradición– en el portal de su casa, coincidimos por un tiempo en Madrid, hemos conversado sobre arte y política en incontables ocasiones, e incluso una vez, en Cárdenas, me honró pidiéndome leer un par de textos míos durante un concierto suyo. Y no olvido una ocasión en que, abocado a una decisión importante en mi vida, su consejo inmediato, duro y decisivo salvó mi alma.

 Pedro es uno de los grandes, eso todo el mundo lo sabe, y lo es no sólo por su música, de por sí inmensa, sino por su estatura ética. Recuerdo a una amiga estremecida, allá por los tardíos ochenta, poniéndome un cassette en su casa: “Mira lo que Pedro Luis dijo anoche en un concierto”. Cuando la excomunión era el castigo por decir y cantar lo que se pensaba, él siguió cantando y pensando; cuando nadie se atrevía, él lo hizo, y no por afán de protagonismo, sino por ser consecuente con lo que le dictaban el corazón y las entrañas.

 Pedro ha investigado los géneros de la música cubana, e incluso ha creado interesantes simbiosis, como la changüisa; un buen número de sus temas populares son guarachas donde exprime deliciosamente el idioma. Si hace recuento, como en esta ocasión, impresiona la cantidad de canciones estupendas que ha lanzado a la palestra e instaurado en la memoria colectiva: Mariposa, Inseminación artificial, Como me gusta hablal español, En espuma y arena, Mario Agüé, Romanza de la niña mala, Qué misterio hay en ti, Carapacho pa’ la jicotea, 100 % cubano, Abuelo Paco, En la luna, Yo no tanto como él, La tarde se ha puesto triste, Fundamento, Yo no quiero manteca, Si no me voy de Cuba, Ahora que permiten criticar…y otras que se me escapan o recuerdo sólo a medias, como aquel tema de unas remotas Aventuras televisivas: Cuídate del enemigo que te mata, que te mata, que te mata (…) Si el enemigo viene a darte la muerte dásela tú (…) Muérete por ser libre, muérete por tu nombre (…) Con una vitalidad y agudeza que los años respetaron, en vivo el trovador desgrana sus versos –a veces tiernos, a menudo satíricos– o los de Raúl Ferrer o cualquier gran poeta, famoso o no, a quien decida rendir homenaje; hace anécdotas propias o ajenas con una gracia que envidiarían muchos actores; improvisa con desconcertante agilidad si sucede algún tropiezo técnico o lo interpela alguien del público. Cuando habla de la familia uno comprende de dónde viene, dónde ha bebido su inagotable ingenio.

 Pedro es ecológico. Una fuente de energía limpia y –esperemos que por mucho, muchísimo tiempo– renovable.  

(26 de agosto 2014)