Publicado: 03-01-2016 en Sin categoría

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GNYO (JAPE, Eduardo, Luis Felipe, Era y León), 26 de diciembre 2015

 

Publicado: 22-12-2015 en Sin categoría

Billy Gibbons

Billy Gibbons en concierto en la Fábrica de Arte Cubano,

17 de diciembre 2015

 

AND NOW FOR SOMETHING COMPLETELY DIFFERENT

Publicado: 15-12-2015 en Sin categoría

Tomo prestada la frase característica del Monty Python Flying Circus (título, además, del primer largometraje del grupo) para hablar del 37 FINCL, pues este ha sido un buen Festival, un Festival renovado, con el espíritu de los viejos tiempos. Y no sólo porque los cinéfilos volvieran a hacer colas que doblaban la esquina y formaran matazones, o porque resulta raro ser presentado a Ethan Hawke a la entrada del ICAIC u ocupar la mesa adyacente a la de Joely Richardson en el Bar Esperanza, el último que cierra. Tampoco se trata de un orgasmo de diez días: el público nacional a menudo da vergüenza ajena, ahí están los vecinos de luneta que comentan la película escena por escena, los que al ver salir un ataúd murmuran “yo creo que el tipo se murió”, o que en medio del intenso monólogo de un personaje homosexual, aseveran audiblemente “la verdad que tener un hijo maricón es lo último”; los que ignoran los sistemáticos llamados a apagar los celulares y en plena proyección te sobresaltan con sus musiquitas horrendas y timbres ridículos, y hasta toman la llamada y la contestan; los que inician epidemias de toses nerviosas que te envuelven como el 5.1 en escenas de poca acción, etc. Hay cosas que no cambian nunca. Pero, insisto, este fue un buen año. Y lo verdaderamente excepcional, por muchas razones, fue la muestra cubana.

Por primera vez en muchos años hay casi una decena de largometrajes cubanos en competencia, y más de la mitad de ellos fueron producidos de manera independiente. Por primera vez en mucho tiempo el nivel de calidad de la producción nacional es, con alguna excepción, de bueno pá´rriba. Y por primera vez en demasiado tiempo hay variedad de géneros y temas, los realizadores dejan atrás la obsesión por denunciar el mundo homosexual, la represión y la marginalidad que indudablemente son parte, y parte dolorosa, de la realidad cubana, pero no constituyen su totalidad ni muchísimo menos. 

Hace falta que esto no sea casualidad, sino tendencia. Hace falta que comprendamos que no hay unos temas más cubanos que otros, como también que el cine cubano no tiene que hablar sólo de Cuba.

Las mejores películas cubanas de ficción, desde mi punto de vista, fueron El acompañante, de Pável Giroud, y Bailando con Margot, ópera prima de Arturo Santana. La primera es un drama con un guión de oro, conmovedor, bien actuado y dirigido, que cuenta la historia del acompañante de un enfermo de SIDA y la relación entre ambos. La segunda, para mí la nueva Bella del Alhambra, tiene el fausto y el glamour de una superproducción hollywoodense, devuelve al cine nacional la virtud del espectáculo; se trata de una película de cine negro, con explícitos homenajes a The maltese falcon de John Huston y una factura inédita en el cine cubano, por lo menos, desde Un hombre de éxito (1986) de Humberto Solás. 

Buenas, aunque un poco menos, son Espejuelos oscuros, de Jessica Rodríguez (una especie de drama sombrío en que nada es lo que parece, con estilizadas actuaciones de Laura de la Uz y Luis Alberto García), Café amargo de Rigoberto Jiménez (otro drama, este en la Sierra Maestra de 1957, donde cuatro hermanas viven solas… and then he came) y la comedia á la Allen La cosa humana del veterano Gerardo Chijona, que nos hace ver cuán sutiles pueden ser las diferencias entre un agente literario, un artista y un delincuente cultivado.

Cuba Libre, de Jorge Luis Sánchez, es un drama histórico ambientado en la Cuba de fines del siglo XIX, durante la ocupación norteamericana. Se agradecen el tema, la investigación histórica, algunos buenos momentos (como el del nacimiento del trago homónimo), pero sobre todo el regreso de las películas de mambises. Se lamenta la dirección de actores, algunas escenas redundantes y bamboleos del guión, el pésimo inglés de varios norteamericanos. Es una película desigual, qué duda cabe, pero necesaria.

Buena para los críticos y los festivales, menor para mí, resulta La obra del siglo de Carlos M. Quintela. Realizador hábil, buen director de actores, Quintela nos cuenta de tres hombres (abuelo, padre e hijo, interpretados los primeros por dos Marios, Balmaseda y Guerra) que conviven incómodamente en un apartamento, nada menos que en la Ciudad Nuclear de Juraguá… sólo que la anécdota de la película no es consecuencia directa de la debacle de la CEN, puede ocurrir en la Habana Vieja o en cualquier otro sitio, de manera que las dos líneas de la película, la documental y la de ficción, corren por separado sin imbricarse a derechas. Su cine parece fabricado para complacer a esa parte de la crítica internacional que asume que el cine latinoamericano debe ser lento, opresivo y centrado en el sufrimiento.

En el fondo están Caballos, de Fabián Suárez, y Vuelos prohibidos, de Rigoberto López; de un esteticismo pretensioso y vacío la primera, francamente inhábil la segunda.

Para no perderse, en otras áreas, el largometraje documental El tren de la línea Norte, de Marcelo Martín (cuyo anterior documental, Elena, comenté en el artículo Derrumbes, de marzo del 2013) y el corto La nube, de Marcel Beltrán.

Del resto de Latinoamérica, recomiendo en primer lugar El club, del chileno Pablo Larraín, a quien tengo por uno de los mejores cineastas del mundo, El clan, del argentino Pablo Trapero, la brasileña Qué horas ela volta?, de Anna Muylaert, y (fuera de competencia por alguna razón) Troika, del veterano director peruano Francisco Lombardi.

La película irlandesa Viva, de Paddy Breathnach, filmada en Cuba y con estupendas actuaciones de Héctor Medina, Jorge Perugorría y Laura Alemán, tiene producción, posproducción y factura de primer nivel, pero aun así no rebasa el nivel de un sensiblero compendio de clichés. Como el corto Tiznao, del dominicano Andrés Farías, continúan esa tradición de extranjeros viniendo acá a contar lo que para ellos es Cuba: un país de travestis, deportistas y bailarines en ambiente sórdido, donde todos quieren irse y todos alegremente, jinetean.

Todo esto ocurre en momentos en que la desconfianza de los cineastas hacia el ICAIC y la impopularidad del Instituto alcanzan su punto máximo. Su dirigencia no puede hablar de respeto a la pluralidad de criterios y luego intentar expulsar a Eliecer Ávila de una Asamblea donde se debate acerca de la censura. Si quienes tratan de hacernos creer que están de nuestro lado reaccionan así, ¿qué podemos esperar de más arriba? De igual manera, tampoco pueden dejar pasar lo que le ocurriera a Cremata. Como dije en un momento de mi intervención en la mencionada Asamblea del 28 de noviembre al insistir en la urgencia de hacer algo, lo ocurrido con Juan Carlos sienta un precedente que nos retrotrae al Decenio Negro, y como hoy fue él, mañana puede ser cualquiera de nosotros.

Y claro, seguiremos luchando por la Ley de Cine.

Acá, en el blog, descansamos hasta el 5 de enero…

  (15 de diciembre 2015)

MI COMUNISMO

Publicado: 08-12-2015 en Sin categoría

El pensamiento personal es contradictorio, evoluciona, aunque raramente como un todo. Así, su expresión en ensayos o entrevistas varía, a menudo por causas tan sencillas como el estado de ánimo del emisor, las noticias del día o lo que entendió o consideró oportuno entender el periodista. En una entrevista que me hicieran para la La Jiribilla en 2005, y a menudo esgrimida como si fuese la única entrevista que hubiera concedido en mi vida, definí mi filiación de izquierda y dije que no se me ocurriría atacar a la Revolución o a Fidel. Bueno, pues lo sostengo. Criticar a una y al otro sí, todo lo que me parezca necesario y me dicte la conciencia, pero el ataque, entendido como insulto y descalificación, lo evito siempre que puedo. El ataque excluye el diálogo y el análisis, y coloca el enfrentamiento en un plano lamentable.

¿Qué es la izquierda? El mundo actual es pragmático, desmemoriado, se enorgullece de su cinismo. Una de las ventajas que llegan con la edad es la posibilidad, más que de recordar, de poner las cosas en perspectiva. Creo que la Revolución fue necesaria. En el contexto de los años sesenta, devino ejemplo y modelo de gesta humana y antiimperialista. Como cualquier modelo, fue idealizado e imitado; cometió un montón de errores, muchos de ellos graves, pero el vector del desarrollo decididamente apuntaba en su dirección, y siguió haciéndolo por un tiempo. Voy más lejos: si ahora una máquina del tiempo me llevara a 1957, probablemente me iría a la Sierra a unirme a los rebeldes, aun sabiendo todo lo que ocurrió después. Tal vez no tuviera los cojones para hacerlo, eso nadie lo sabe de antemano, pero desde luego es donde querría estar.

¿Qué es la Revolución, ahora? Hace poco terminé el estupendo libro El 71, de Jorge Fornet, un retrato de ese año clave para la historia reciente de Cuba. Al leerlo, se infiere que ese fue el momento en que la utopía dejó paso a la rigidez. Otros sitúan ese momento en 1976, cuando entra en vigor la nueva Constitución y la Revolución se convierte en establishment. En cualquier caso, lo que tenemos ahora es un Estado conservador y reluctante al cambio, que sólo acepta en dosis mínimas e impostergables. Un Estado que constantemente parece arrepentirse, reconsiderar cada paso adelante, para compensarlo a menudo con dos pasos atrás. A veces le seguimos llamando Revolución, otros jamás han dejado de nombrarlo régimen o dictadura, muchos recurren a un concepto de máxima generalidad y lo denominan, simplemente, la cosa. Lo irónico es que hace tiempo alcanzamos un punto en que se es más revolucionario cuanto más inconforme con la Revolución.

¿Qué es el comunismo? ¿La seguridad social en Dinamarca? Resulta indiscutible que todos y cada uno de los intentos de erigir una sociedad socialista eficiente han fracasado, y que fracasan menos aquellos que más se entreveran con estructuras económicas capitalistas. ¿Significa eso que habría que desechar definitivamente esa vía, o sólo que es preciso reformular métodos y estrategias? En definitiva, tampoco es que la democracia capitalista lleve el planeta a mejor, que funcione en la mayoría de los países ni que resuelva, dentro de un país dado, los problemas esenciales de toda su población, aunque ha sido tremendamente eficaz en hacerle creer que sí, que eso es lo que hay, así que sólo queda resignarse y abrirse un nicho a base de esfuerzo personal. La clase media, miope y adormecida, se lo traga; ¿cómo no va a hacerlo, si  acepta cosas como que los Estados Unidos invaden países para llevarles la democracia?

Milán Kundera sostiene que no hay nada tan aburrido como el paraíso comunista. Tal vez, si uno se guía por las imágenes kitsch de gente sonriente e indistinta que ofrecían el arte y la propaganda del socialismo real. En mi novela Bonsai, una comunidad imaginaria perdida en la geografía cubana construye un comunismo próspero y viable, no porque no cometan pintorescos y graves errores sino porque, de casualidad, le dieron la patada a la lata. En todo caso, veo el sueño de una sociedad justa, sin desigualdades de clase, pobreza o subdesarrollo como la búsqueda del amor personal: generalmente no encontramos jamás a nuestra media naranja cabal, pero la perseguimos siempre, o un buen tiempo, pues la insatisfacción no nos abandona. Así acabamos a menudo enredados en matrimonio con alguien que no es, pero se parece a ese quimérico alter ego, a la utopía; alguien con quien las cosas más o menos funcionan, bien que sin excluir el hastío y la mentira. Resignarse al matrimonio es comprensible; seguir soñando con la dama ideal, también.

(8 de diciembre 2015)

LOS BEE GEES (Y ROBERTO CARLOS)

Publicado: 01-12-2015 en Sin categoría

A finales de los 70, cuando estalló el Saturday night fever, enseguida odié a los Bee Gees. Por herético que ahora suene, aquellos advenedizos eran presentados como los nuevos Beatles. Chillaban en You should be dancing y Stayin’ alive, pero ahí no había voces desgarradas, solos de batería o guitarra, no había nada a lo que un rockero pudiera aferrarse… Sabía nebulosamente que tenían un pasado (había visto su éxito My world, uno de los primeros videos de bandas extranjeras pasados en la TV cubana) pero fuera de ahí lo ignoraba casi todo: lo único palpable era esa música disco con letras pueriles. La burbuja reventó en julio del 79 en Chicago con la revuelta de centenares de personas que, al grito de Disco sucks!, quemaron álbumes del género y se enfrentaron a la policía, y con los Bee Gees free weekends de diversas estaciones de radio.

Y sin embargo, no obstante y a pesar de todo… ahora me gustan, especialmente porque fui descubriendo su trabajo previo al Saturday night fever, sus álbumes de cuando aún no habían recurrido al falsete y las voces de Barry y Robin e incluso la de Maurice eran identificables; álbumes como Bee Gees´1st (1967), Idea (1968), Odessa (1969) To whom it may concern (1972) o el más orientado al R&B Main course (1975). Nunca fue música muy elaborada en melodía o lírica, pero había temas de innegable magia y cuidados arreglos orquestales, y la vocalización soul del hermano mayor y el vibrato etéreo y un tanto gangoso de Robin eran acunados por fascinantes armonías.

La carrera de los Gibb (británicos, aunque el conjunto nació en Australia, adonde la familia emigró durante la infancia de las futuras estrellas) estuvo signada por peleas entre Barry y Robin, altibajos estéticos o de popularidad, e incluso por la muerte, y no sólo como objeto lírico. Llama la atención que varios de sus primeros éxitos contuvieran letras francamente sombrías, como New York mining disaster 1941, donde un grupo de mineros atrapados en un derrumbe se pasan fotos de sus seres queridos y se preguntan si habrá todavía alguien buscándolos; I started a joke, donde el sujeto debe morir para que el resto del mundo sea feliz, o I gotta get a message to you, en que sabe que le queda una hora de vida y camina junto a un predicador a quien pide le entregue un mensaje a su amada… en fin, textos lúgubres, demasiado centrados en la muerte para compositores tan jóvenes (todas fueron escritas en sus veinte). Luego, los hermanos fueron muriendo de menor a mayor: primero Andy (que no era miembro del grupo pero inició su carrera cuando los Bee Gees estaban en la cima, y de hecho les debió sus mayores éxitos) en 1988 a la edad de treinta años; después los mellizos Maurice en 2003 y Robin en 2012. Al primogénito, Barry, le ha tocado la dura suerte de sobrevivir a todos sus hermanos menores.

El nombre Bee Gees –por cierto, viene del plural de las letras B y G- especialmente los Bee Gees de la etapa disco, constituye para mucha gente sinónimo de kitsch intolerable, de pop fresa, pero lo cierto es que en 1997 fueron incorporados al Salón de la Fama del Rock and Roll. Por demás, la banda tuvo hits en cinco décadas consecutivas, escribió éxitos para estrellas como Diana Ross, Celine Dion, Barbra Streisand, Dionne Warwick o Kenny Rogers, y sus temas han sido interpretados por Janis Joplin, Elvis Presley y Nina Simone. Y si conocieron descalabros como el de Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1978), Saturday night fever fue la banda sonora más vendida de la historia.

Y en lo tocante al falsete… uno lo escucha ahora, desprejuiciadamente, y no puede menos de admirar la técnica vocal, el control de la respiración y la limpieza con que Barry emite y sostiene las notas (consideren Too much heaven o Reaching out del álbum Spirits having flown de 1979). En su momento fue una elección artística acertada, y no necesariamente inédita: los intérpretes de corridos mejicanos, supuestamente muy machos, también lloran y se quejan en falsete. Con todo, mi voz favorita dentro de los Bee Gees es sin duda la de Robin, rarísima en el mundo del rock y el pop, privilegiada con un vibrato que apenas parece humano y que en temas como Lamplight, Never been alone o I started a joke reverbera como proveniente de la twilight zone

Me gustaría ver una película sobre ellos, con actores interpretándoles. Si la hay de los Beach Boys…

Ya he hablado antes de cómo el gusto se endurece al contacto con el tiempo. Lo interesante es que también se verifica el fenómeno contrario: entidades artísticas, movimientos estéticos, géneros que nos parecían carentes de todo interés, de todo swing, con el tiempo no nos parecen tan malos, llegamos a cogerles la vuelta, a apreciarlos, acaban por gustarnos. En parte, la nostalgia opera como vasodilatador; por otro lado, pasamos por experiencias que nos fuerzan a reconsiderar la rigidez de nuestro credo.

Y aquí llego a Roberto Carlos.

De nuevo, en mi adolescencia era lo peor, lo cursi, la blandenguería romántica. Sólo servía para apretar en el último tercio de las fiestas. Si te gustaba alguna canción, lo mejor era no confesarlo.

Con el tiempo uno descubría que el tipo es un dios en Brasil. Un Dios de cierto tipo de pop particularmente sencillo, pero dios al fin. Que gente como Caetano Veloso había cantado con él. Y que algunas de sus melodías se te pegaban como rémoras y las tarareabas a toda hora.

(Como les ocurriera a los Bee Gees, ha habido demasiada muerte en su vida. Tres de sus mujeres murieron de cáncer).

La cosa es que hace unos meses, inmerso en una ruptura amorosa, me descubrí escuchando Detalles y Usted ya me olvidó y asintiendo como si recién ahora comprendiera de lo que hablaba el brasileño, como si el tipo las hubiera compuesto para mí y me las cantara a nivel de socio, poniéndome la mano en el hombro y diciéndome Asere, lo que no te mata te fortalece, olvida a esa mujer que no hay más ná… Coño, estoy oyendo a Roberto Carlos, me dije, ¿qué puede haber después de esto?

Ya salí del bache, pero Rober, asere, gracias por tirarme el cabo.

(1 de diciembre 2015)

BARS

Publicado: 22-11-2015 en Sin categoría

Hace un rato fue la premiación del 16 BARS. Las obras justaban en una de tres categorías: Cortometrajes, Competencia Iberoamericana, Competencia Internacional. Omega 3 se medía en la Iberoamericana con otras dieciséis películas de Argentina, España, México, Brasil, Venezuela, Colombia, Perú y Chile. En esta categoría se dieron cuatro premios: Mejor Edición, Actuación, Dirección y Mejor Película. En Actuación (que no estaba dividida en masculina y femenina) el jurado, excepcionalmente, otorgó dos menciones; dicho de otro modo, hubo seis distinciones para diecisiete películas en la Competencia Iberoamericana.

Dailenys Fuentes obtuvo una de las seis: mención a Mejor Actuación por su trabajo en Omega 3.

Ayer, el periodista Agustín Argento había señalado:

“[…] el fuerte de la producción radica en la calidad actoral de Carlos Gonzalvo (un combatiente vegano), Dailenys Fuentes (una policía que come productos de granja) y Omar Franco (sic) (un general del ejército macrobiótico), junto a un ritmo narrativo que no decae y mantiene la tensión […]”

Es un modesto premio, pero premio al fin y al cabo. Me alegro por Dailenys, que se lo merece, y por la película, que como ha ocurrido en los festivales precedentes, ha ganado un puñado de seguidores, pocos pero incondicionales.

De lo visto en el BARS, recomiendo la canadiense The editor, de Adam Brooks y Matthew Kennedy (ganadora en la Competencia Internacional) una ingeniosa parodia al gore y al cine italiano en la cuerda de Fellini, y la argentina Resurrección, de Gonzalo Calzada, gótica por los cuatro costados.

(21 de noviembre 2015)

MUY BUENOS AIRES

Publicado: 19-11-2015 en Sin categoría

Estoy desde ayer y hasta el lunes 23 en la capital argentina, participando con mi película Omega 3 en el 16 BARS (Buenos Aires Rojo Sangre), un festival dedicado al cine de terror, ciencia ficción y gore. Es el quinto festival que selecciona la película para su competencia oficial (antes estuvieron el FANTASPORTO en Portugal, el IFFI en Austria, el TOHORROR en Italia y el Hemoglozine en Madrid) y probablemente el último, pues por lo general estos eventos escogen para competir obras estrenadas durante el año anterior o el corriente.

El BARS es, en el mejor sentido, una convención nerd. Se celebra en el cine Monumental y participan películas de todo el mundo, desde México hasta la India, de Canadá a Francia.

Es mi primera vez en el país, así que hoy hice un poco de turismo en esta ciudad legendaria. Por lo pronto caminé por Corrientes y me compré dos libros de Roberto Fontanarrosa (Una lección de vida y Negar todo y otros cuentos) y el último DVD de Les Luthiers, Chist!  Noblesse oblige…

(18 de noviembre 2015)

LOS AUTORES QUE NO

Publicado: 17-11-2015 en Sin categoría

me gustan, aunque sean tenidos por buenos, son unos cuantos. En el cine: Pasolini, Antonioni, Terrence Malick… Los dos primeros me aburren, el tercero me parece inflado.

También me sucede con escritores: Hermann Hesse, William Faulkner y, oh herejía, Cortázar. Hace años, una amiga me recomendó 62 modelo para armar, diciéndome: si no te gustan los otros libros del gran Julio, te gustará este, es el más ligero y comprensible. Me lo agencié en Europa, y… terminé regalándoselo por su cumpleaños, y preguntándome, si era esto lo que tenía por ligero y comprensible, qué llamaría ella denso y complicado.

En música, me intoxico rápidamente con el punk y el thrash. No soporto el flamenco ni el guaguancó. La banda sonora del infierno, en lo que me toca, pueden integrarla The Ramones y Camarón de la Isla.

No se trata de que sean malos. Si alguien tiene un problema aquí, si alguien tiene que demostrar algo, evidentemente soy yo y no Antonioni o Cortázar. Lo que ocurre es que no me entran, y punto. Si para ser un intelectual cien por ciento hay que conocer a todo Hesse o poner los ojos en blanco ante la espiritualidad de Malick, pues paso de la intelectualidad cabal, esa que, como ha señalado alguien, nunca lee a los clásicos, siempre los relee.

Autores hay que no me gustaban y fui aceptando con el tiempo. Es raro, al crecer uno se va volviendo resistente al aprendizaje, pero puede ocurrir. De otros me he sonado disciplinadamente su mejor obra, y ni así. No puedo con ellos. Y, en cambio, hay muchos autores que sí me gustan y ni con tres vidas sucesivas bastaría el tiempo para disfrutarlos.

P.S.: Recomiendo el tercer disco en solitario de Keith Richards, Crosseyed heart, editado hace un par de meses. Es un resumen de los ingredientes que Keef ha sabido aportar al sonido Stones: blues a lo Robert Johnson, soul, country, reggae… Para no perderse los temas Lover´s plea, Illusion (con Norah Jones como vocalista invitada), Robbed blind y, sobre todo, el que da título al álbum.

(17 de noviembre 2015)

LEY DE CINE O MUERTE

Publicado: 10-11-2015 en Sin categoría

(a propósito de la más reciente Asamblea de cineastas, el sábado 31 de octubre)

Lo primero que conviene aclarar es que el G20 no es el grupo de cineastas cubanos que luchan por la Ley de Cine, sino el comité designado por la Asamblea de Cineastas para redactar y mover documentos, para hacer el trabajo duro, siempre de acuerdo a lo que se propone en la Asamblea y para ser sometido posteriormente a su aprobación. O sea, que por la Ley de Cine luchamos todos los Cineastas en Asamblea, no un grupito de veinte audaces. No se trata de quitar mérito, sino de no centralizarlo.

El temor acá no parece ser tanto a la Ley de Cine per se –la verdad es que apenas ahora existe un borrador, así que ni las autoridades ni el público ni la mayoría de los cineastas sabíamos a derechas de qué iba, cuáles podrían ser sus alcances– sino al hecho, insólito y herético, de que la propuesta de ley vaya de abajo arriba, y de que quienes la apoyamos no nos hayamos rendido después de varios años de incomprensión y vaselina. No creo que quienes desconfían de la Asamblea de Cineastas lo hagan únicamente porque no saben (me suena a la noción del socialismo utópico de que los capitalistas explotaban a los pobres porque nadie les había predicado que como resultado aquellos morían de hambre, y eso se veía feo, y que sería mucho más bonito y armónico si todos tuvieran una vida decente). Opino, por el contrario, que les aterra perder el control exclusivo de las decisiones, y esperan que nuestra energía se diluya en ires y venires, trámites y reescrituras. Toda vez que la creación del ICAIC fue una de las primeras leyes revolucionarias, ciertos cerebros sin demasiado oxígeno habrán establecido la inquietante progresión hoy derogamos una ley fundacional – mañana se acaba el mundo, sin parar mientes en que lo que fue bueno y tuvo sentido y consiguió edificar y promover nuestro cine hace casi sesenta años ha sido superado –dialécticamente, qué ironía– por el desarrollo de sociedades, relaciones y tecnologías. Esas cosas pasan…

El proceso de aprobación de una ley es largo, pero no debe ser artificialmente dilatado. Es sintomático que instancias e instituciones que en algún momento nos acompañaron, sentaditos en nuestras Asambleas y haciendo esporádicos llamados a la paciencia y el optimismo, hayan dejado de acudir a las convocatorias. Tan sintomático, al menos, como que otras instituciones no hayan acudido nunca. El ICAIC, que a veces me ha dado la impresión de portarse como una veleta, parece por fin haber clavado su pica junto a las nuestras. En todo caso, vamos en serio, no tanto porque no tengamos nada que perder como porque estamos dispuestos a perderlo. Esta Ley beneficiará a los cineastas, pero también al Estado, y creemos que es justa y necesaria, y la queremos ya.

Ley de Cine o muerte. Sobre todo si nos dejan elegir.

(2 [10] de noviembre 2015)

LOS POSOS DEL GUSTO

Publicado: 03-11-2015 en Sin categoría

En Midnight in Paris (2011), Allen habla sobre la fascinación por el pasado no vivido y por consiguiente idealizado. Pero, ¿no idealizamos también nuestra juventud? La música de mi época, esa sí era música. ¿Cuántas veces hemos dicho algo así?

Con el cine ocurre lo mismo (ningún actor es tan bueno como fulano, ya no se hacen películas como antes): el gusto se asienta, nos forma, se resiste al cambio, nos hace ver con desconfianza los nuevos lenguajes. A comienzos del siglo XX, las vanguardias artísticas fueron consideradas con hostilidad por la academia. El pop de los sesenta, que hoy nos parece clásico, en su momento era la cultura alternativa. Los peinados y la moda actuales se nos antojan imposibles. Para la generación de mis padres, que divinizó a la Loren, la Lollobrigida y la Gardner, todas las mujeres que me gustaban eran flacas.

No importa que los artistas nos esforcemos por innovar, por buscar nuevos lenguajes: como consumidores, lo que conocimos en nuestra juventud es la cosa real, el deber ser, lo que se instaura como patrón y medida. Según ganamos edad, el mejor elogio que podemos hacer a algo nuevo es me gusta porque me recuerda a fulano o suena como mengano. En materia de gusto somos más conservadores que en política.

Si para el joven el ayer es ridículo, el ahora, para todo aquel que no lo sea, es insustancial y frívolo. Sólo el pasado es tranquilizador, tiene la pátina de la respetabilidad. El arte de hace unas décadas ha sobrevivido, el tiempo lo ha legitimado. Incluso lo que entonces no nos gustaba hoy nos parece pasable.

Hay períodos en que el arte florece objetivamente, tiene un esplendor particular; se podría argumentar, entonces, que quien fue joven en esa época realmente tiene razón al defender la valía de aquellos productos culturales que configuraron su credo estético. Pero que tenga o no razón es irrelevante a los efectos de lo que ocurre dentro del sujeto, de la génesis del gusto personal, de cómo se sedimenta y obtura el paso a futuras reformulaciones.

¿Somos objetivos a alguna edad? ¿Es el arte esencialmente inaprehensible cuando no lo enarbolamos como bandera?

Resulta difícil imaginar que, en treinta años, los jóvenes de hoy recordarán con nostalgia el reguetón.

 

P.S.: Otras puestas relevantes del XVI Festival de Teatro de La Habana: Villa, del grupo chileno Teatro Playa, con texto y dirección de Guillermo Calderón; Glory box La Revolución, espectáculo australiano de cabaret de Finucane & Smith, y La cenicienta, por Les Ballets de Monte Carlo, del principado de Mónaco. 

(3 de noviembre 2015)